El pontífice reivindica en las Cortes Generales el legado ético y jurídico de los maestros dominicos de la USAL. Teólogos y filósofos desvelan la intrahistoria de un pensador que combatió el mercado de la especulación, defendió los derechos de los indígenas americanos y diseñó una bioética precursora hace quinientos años.Más información: Los mismos que han aplaudido al Papa pretenden legislar en breve contra su doctrina sobre inmigración, aborto y eutanasia El pontífice reivindica en las Cortes Generales el legado ético y jurídico de los maestros dominicos de la USAL. Teólogos y filósofos desvelan la intrahistoria de un pensador que combatió el mercado de la especulación, defendió los derechos de los indígenas americanos y diseñó una bioética precursora hace quinientos años.Más información: Los mismos que han aplaudido al Papa pretenden legislar en breve contra su doctrina sobre inmigración, aborto y eutanasia
El Papa ha convertido a Salamanca, su Universidad y la figura de Francisco de Vitoria en uno de los ejes de su intervención en el hemiciclo, donde ha reivindicado la vigencia de la Escuela de Salamanca como una de las grandes aportaciones intelectuales y morales de España a la comunidad internacional.
En un discurso centrado en la dignidad humana, la justicia y la responsabilidad del poder, el pontífice ha situado el pensamiento salmantino como una referencia imprescindible para responder a los nuevos desafíos del presente.
Tras recorrer algunas de las grandes expresiones de la cultura española, desde las páginas universales del Quijote hasta la hondura espiritual de Santa Teresa de Ávila o la inquietud de Unamuno ante el sentido último de la existencia, el Papa ha sostenido que hablar de la persona humana conduce naturalmente a Salamanca, donde hace cinco siglos maduró una reflexión decisiva sobre el valor irreductible de todo ser humano.
El pontífice ha recordado que, cuando se abrían mundos nuevos, algunos maestros salmantinos comprendieron que la razón no podía ser invocada para justificar cualquier forma de dominio. Desde aquella sede universitaria, ha explicado, se introdujo en el discernimiento histórico la pregunta por la dignidad de la persona y por los límites morales y jurídicos de la autoridad.
En ese punto, el Papa ha reconocido también que ni la sociedad ni la propia Iglesia estuvieron siempre a la altura de aquellas intuiciones.
Sin embargo, ha subrayado que el interrogante abierto por la Escuela de Salamanca permitió afirmar la existencia de vínculos jurídicos y morales entre los pueblos. Una reflexión que, desde España y desde las aulas salmantinas, contribuyó a formar una conciencia más amplia sobre la dignidad, la justicia y el bien común.
El Papa ha citado expresamente a Fray Francisco de Vitoria y ha destacado que su pensamiento ayudó a consolidar la idea de que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y de que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes.
Esa aportación, ha señalado, no quedó encerrada a orillas del Tormes, sino que trascendió hasta formar parte de la conciencia jurídica y moral compartida por la comunidad internacional.
El discurso adquiere una especial relevancia para Salamanca en pleno V Centenario de la Escuela de Salamanca y apenas unos días después de la investidura póstuma de Francisco de Vitoria como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca el pasado día 5 de junio.
El catedrático en volandas: humor, toros y sentido común
La reivindicación papal conecta con una realidad histórica que la Orden de Predicadores y la Universidad de Salamanca conservan con celo. Detrás del imponente andamiaje del derecho internacional existió un hombre de carne y hueso con un magisterio profundamente apegado a las calles salmantinas.
«Hay varias anécdotas de Francisco de Vitoria. Fue alguien muy querido por sus alumnos y muy admirado por sus compañeros», relata el fraile dominico Ricardo de Luis Carballada, exprior del convento de San Esteban, capellán de la Universidad Pontificia de Salamanca y experto en ciencia tomista.
La dureza de los últimos años de Vitoria dota a su legado de un hondo sentido del sacrificio. «Al final de su vida estaba muy enfermo de gota, que era una enfermedad muy común en su tiempo. Felipe Segundo también la tuvo porque comía mucha carne roja y esa enfermedad le dificultaba el acceso a ir a clase», explica Ricardo de Luis.
La devoción de sus estudiantes era tal que la enfermedad no impidió la docencia: «Los alumnos venían a buscarle al convento en una especie de andas, lo llevaban desde el convento a clase para que pudiera ir a clase y ellos no se perdieran las clases magistrales».
Ese fervor estudiantil se alimentaba de unas lecciones vibrantes y pegadas a la realidad cotidiana. «Era un hombre con muchísimo sentido común. Sus clases debían ser eso, muy vivas, muy actuales. Porque hacía muchas referencias a la vida práctica e incluso tenía mucho humor», detalla el dominico.
Vitoria no rehuía los debates mundanos del siglo XVI. Se mostraba tolerante con el ocio juvenil, afirmando que las fiestas de los estudiantes «estaban bien porque los seres humanos necesitamos divertirse».
Incluso utilizaba la ironía al abordar la polémica de la tauromaquia de la época: «Le hablaban de los toros. También se mostraba, pues, al menos partidario de los toros. Le dicen: pero bueno, es que son peligrosos. Eso también es peligroso subirse al andamio. No prohibimos la albañilería».
Esta visión integral del conocimiento entronca con el espíritu del Renacimiento español. María Martín Gómez, catedrática de Filosofía en la Universidad de Salamanca y la responsable de leer la laudatio del doctorado honoris causa póstumo el pasado 5 de junio, destaca este perfil integrador:
«Es verdad que los autores de la escuela de Salamanca son renacentistas. Entonces ese es un punto importante que eran también humanistas. Es decir, que al igual que hablamos de un humanismo de Erasmo de Rotterdam o un humanismo de Leonardo da Vinci, estos autores eran humanistas del siglo 16 y que se entendía así por humanistas que verdaderamente cualquier saber humano los estudia».
«Tenemos a un Domingo de Soto preocupado por la física y la caída de los graves, que no sé si sabes que se adelantó a la enunciación de Galileo, que tenemos a unos teólogos hablando de era un saber que también les interesaba como comportamiento de los seres humanos y por tanto, como una acción humana».
Contra la usura y la especulación: el trigo que salvó la matrícula
El compromiso social de los dominicos salmantinos se transformó en acción directa frente a los fallos del mercado y las crisis de subsistencia. «En tiempos de Vitoria era muy frecuente las hambrunas con motivo de la sequía y de otras cosas. Había hambres y hambres muy grandes», relata Ricardo de Luis.
El desabastecimiento disparaba de inmediato los precios: «Resultaron las hambrunas, subía mucho el precio del trigo y muchos estudiantes no podían seguir estudiando. Tenían que marchar a sus casas porque no podían pagar la manutención».
Frente a este drama, la Universidad recurrió al pragmatismo de sus teólogos.
«Entonces, por encargo de la Universidad, Victoria del Muro de Soto, marchan a Toledo con unos carros, compran trigo y vienen aquí. Y al traer tanto trigo hacen que el precio del trigo baje y los estudiantes en vez de marchar se tienen que quedar», narra con orgullo el fraile de San Esteban. Aquella exitosa intervención reguladora no quedó en un hecho aislado.
«Y luego Vitoria escribió un opúsculo contra la especulación. Era un hombre muy humano».
Esta faceta combativa contra la exclusión económica es una de las grandes aportaciones de la Escuela de Salamanca, a menudo ensombrecida por sus tratados jurídicos. María Martín Gómez incide en que la escuela trabajó a fondo el problema de la miseria urbana:
«En el siglo 16 hay muchas hambrunas, hay muchos momentos así de pobreza. Sabemos que hay gente que realmente fallecía de hambre, entonces estos autores van a tener sus propias obras, incluso de cómo ayudar al necesitado, de cómo tiene que ser también una acción desde el punto de vista civil, no solo personal, que no solo dependa de la limosna, sino que tenga que ser también una acción de las instituciones».
La brújula que guiaba toda esta producción teológica y económica era la exigencia moral en las transacciones humanas. Martín Gómez detalla ese «deseo de que las acciones sean justas y morales correctas».
«Si tú firmabas un contrato o un trato, o unos intereses, o un préstamo, o una compra, querían que esa compra, ese préstamo fuera justo fuera moral, que nadie se aprovechara del pobre, que nadie vendiera, dice Francisco de Vitoria, un caballo cojo como si no lo fuera. Desde ese deseo de que la gente se comporte correctamente, pues claramente también en las leyes, también incluso en las guerras, en las acciones políticas que el gobernador sus leyes fueran correctas. Que tuviera como vistas el bien por el bien común y no su interés y su bien particular».
La soberanía indígena y el nacimiento del derecho internacional
La prueba de fuego del pensamiento de Vitoria se produjo con la llegada de las noticias coloniales desde América, canalizadas a través de las denuncias de misioneros en el Nuevo Mundo que advertían al convento salmantino de que la conquista no estaba siendo correcta. María Martín Gómez explica que los maestros se alzaron en defensa de los seres humanos que menos tenían: «Los indios de América… van a decir ojo, que a los indios se les puede tratar de forma inhumana».
Ricardo de Luis contextualiza el debate geopolítico que se libraba en la época. Quienes defendían la legitimidad de la conquista por la fuerza se amparaban en tesis absolutistas: que el emperador católico tenía potestad sobre todo el orbe y que el Papa, como representante de Cristo, poseía idéntico poder político. La contestación de Vitoria desde su cátedra salmantina supuso una ruptura total con el orden medieval.
«Los que defendían la presencia de de los españoles que la presencia, la conquista porque en Victoria defendía la presencia, la conquista que argumentaban, argumentaban con dos razones el emperador católico tiene potestad sobre todo el orbe, y el Papa como representante de Cristo, tiene potestad sobre todo el orbe.
La catedrática de filosofía de la Usal, María Martín Gómez, antes de pronunciar su Laudatio en la provclamación póstuma como doctor Honoris Causa de la USAL a Francisco de Vitoria.
Susana Martín.
ICAL.
Entonces Victoria dice No, eso no está bien pensado. «El emperador no tiene potestad sobre los territorios de América, porque los territorios de América no son cristianos, pues el emperador tendrá potestad sobre los reinos cristianos. Pero los reinos de América no es reino cristiano. El Papa no tiene autoridad política sobre toda la tierra. Eso es tremendamente moderno», explica.
El maestro salmantino desarmó también la utilización interesada de Aristóteles, que justificaba el dominio de los pueblos desarrollados sobre los considerados bárbaros. «Y Vitoria, basándose en el cristianismo, dice No todos los seres humanos son imágenes de imagen de Dios. Todos los seres humanos estamos dotados de libertad. Todos somos iguales y nadie está por encima del otro».
«Y esa libertad es tan importante que es de agradecer porque es tremendamente coherente, aunque tengan costumbres moralmente reprobables, eso no es razón para dominarlos por la fuerza. Habrá que instruirles e intercambiar ideas, pero no para dominarlos con la fuerza», desgrana Ricardo de Luis.
Al invalidar los títulos de la Corona y del Papado, Vitoria recurrió a leyes universales compartidas por toda la humanidad.
«Defiende que los habitantes de América son libres y tienen derechos. Porque dice que son libres. Porque son personas humanas. Y él sabe que son personas humanas porque viven en comunidad, viven en sociedad», afirma Ricardo de Luís.
Y si viven en sociedad, que es lo que Aristóteles decía, El ser humano es un ser social, pues viven en sociedad, son seres humanos, son libres, hay que respetar sus derechos, no se les puede imponer un régimen de gobierno, ni se les puede obligar a bautizarse, sino hay que respetar su libertad, no se les puede esclavizar».
Concluyendo que Vitoria afirmó que puesto que «las leyes españolas no rigen en América porque sus territorios no eran propiamente de España, lo que rige es lo que él llama el derecho natural, que son unas leyes universales a todos los seres humanos. Y de esa manera descubre el derecho internacional, que es el derecho de todos los pueblos«, explica Ricardo de Luis.
Al sostener que la tierra pertenecía a los indígenas y que se encontraban en «posesión pacífica», Vitoria firmó además una de las primeras y más nítidas defensas históricas de la propiedad privada de los nativos frente al expolio colonial.
La influencia de este corpus salmantino se extendió con rapidez gracias a la proyección de la propia Universidad.
«Porque en Salamanca se formaron muchas personas que luego son en América. Es decir, Vitoria tiene muchísimos discípulos», apunta el experto tomista. Las aulas salmantinas sirvieron de seminario para la jerarquía del Nuevo Mundo.
«La mayoría de los obispos de los primeros profesores en América se formaron en Salamanca. Aquí se forman. Te puedo decir la cifra porque está recogida en algún libro, pero igual 40 50 obispos. De los primeros se formaron aquí los primeros profesores en las universidades de América habían estudiado en Salamanca».
Esa red docente cruzó fronteras hacia Portugal, influyendo decisivamente en la Universidad de Coímbra, y nutrió a grandes juristas de proyección europea como Francisco Suárez.
Una bioética del siglo XVI para los nuevos mundos del siglo XXI
El Papa ha cerrado su intervención en el hemiciclo vinculando el legado de la USAL con la actualidad a través de una pregunta punzante: ¿Cómo hacer que lo posible sea justo?.
El sumo pontífice ha alertado de que la tarea política debe medirse con nuevos mundos que ya no aparecen en los mapas de navegación tradicionales, sino en los avances de la biomedicina, el desarrollo de la inteligencia artificial y los entornos digitales donde el poder humano plantea dilemas de inmenso alcance moral.
Paradójicamente, las bases para resolver estas dudas contemporáneas ya se discutían en las reelecciones de la Universidad de Salamanca: conferencias públicas anuales de asistencia obligatoria donde los catedráticos analizaban asuntos de estricta actualidad ante todo el claustro.
Ricardo de Luis relata las disertaciones más célebres de Vitoria, paseando por todas las salas y habitáculos en los que estuvo presente el conocido fraile de la Orden de los Predicadores, tales como el patíbulo de colón, el claustro de los reyes, el claustro de los aljibes, la Iglesia, su posible celda, su aula, precisamente justo encima de donde reposan hoy sus restos.
«Joan no sé si es la religión del poder civil o la de no la del homicidio, que más que resolver el homicidio sobre el derecho a la vida, la del homicidio, la tuvo que decir en domingo. Él dice todas las profesiones tienen sus días de descanso, menos los que dedicamos al estudio. Que además me obligan a dar esta reelección en domingo».
A pesar de la queja de Francisco de Vitoria por la pérdida del descanso dominical, aquella conferencia sobre el homicidio terminó convirtiéndose en un texto pionero para la ética médica del futuro.
«Esa es una relación muy interesante. Se puede decir que es un avance de lo que puede ser hoy la ética, la bioética. En esa reelección, por ejemplo, dice que no se puede obligar a comer a quien ya es muy mayor y no quiere comer», detalla el dominico.
Vitoria legisló con asombrosa lucidez las ramas de la ética: «Si, hay que defender siempre la vida, pero no se puede utilizar el mismo lo dice explícitamente. No es moralmente ético utilizar cualquier método para mantener la vida. Hay algunas ideas que son realmente superadas y propuestas de bioética».
El vanguardismo de Vitoria a la hora de fijar los límites éticos de la intervención humana y del poder político goza hoy de un reconocimiento institucional incuestionable a nivel global. María Martín Gómez REBATE con firmeza la idea de que el pensamiento salmantino padezca de falta de prestigio internacional por su raíz conventual: «El Max Planck Institute, que es la la institución más importante de Alemania de investigación, tienen un proyecto de 30 años o de 25 años? 25 Creo que son sobre la escuela de Salamanca».
Para la vicedecana de la USAL, Vitoria es una figura de importantísima relevancia en el derecho internacional, reconocido incluso con la sala de las Naciones Unidas en Ginebra y el busto del fraile dominico en la sede de Nueva York: «Uno va a Nueva York y no tenemos un busto de otra persona. El que tenemos es el de Vitoria».
Cinco siglos después de que los estudiantes de la USAL trasladaran a hombros a su catedrático enfermo de gota, las palabras de Francisco de Vitoria resuenan en los centros de decisión internacional a través de la voz del Papa.
En un momento de transición histórica marcado por la revolución tecnológica y la incertidumbre geopolítica, la Escuela de Salamanca emerge de nuevo para recordar que ninguna soberanía, ninguna ley económica y ningún avance técnico pueden considerarse legítimos si esquivan el respeto absoluto a la dignidad intrínseca de todo ser humano.
El Español – Castilla y León

