Estamos estos días recibiendo nuestra primera nómina del año y observamos con estupor que si la empresa no nos ha subido el sueldo, cobramos menos que en el mes de diciembre, y que si nos lo ha subido, el salario neto que recibimos en nuestras cuentas bancarias crece en una proporción mucho menor de lo que aparece en nuestros convenios y desde luego de lo que sube el coste para las empresas por cada uno de sus trabajadores. ¿La razón? La subida de las cotizaciones sociales , en todos sus componentes, y la no actualización de las tarifas y deducciones del IRPF que en la práctica supone una subida de impuestos sin el coste político que supone anunciarla. Y es que la cuña fiscal, la diferencia entre lo que le cuesta a una empresa un trabajador y el salario neto del mismo, no hace más que crecer. La OCDE, en su último informe sobre la materia, aseguraba que la cuña fiscal en España fue en 2024 del 40,6% para los trabajadores solteros, superior a la media de la OCDE (34,9%) y ligeramente inferior a la media de la UE (41,7%). Sin embargo, para un trabajador casado medio con dos hijos la cuña sería del 39,5% , superior a la media de la OCDE (31,8%) pero también de la Unión Europea (37,6%). En ese informe, el organismo internacional recomienda al Gobierno español reducir la cuña fiscal laboral para las personas con bajos ingresos mediante la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social en este grupo, a la vez que sugiere que se eliminen de forma gradual las prestaciones para reforzar los incentivos laborales. En el citado informe, la OCDE también destacaba que los impuestos sobre transmisiones patrimoniales en España se encuentran entre los tipos más altos de los países desarrollados.Y es que los números cantan. Imaginemos un sueldo de 30.000 euros brutos anuales. El coste para la empresa asciende a 39.240 euros. Porque aparte de esos 30.000 para el empleado (de los que luego restaremos el IRPF y las cotizaciones), hay que sumar algo más de 7.000 de cotizaciones a la Seguridad Social por contingencias comunes; 270 euros de cotizaciones por Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales (AT y EP); 1.650 euros por desempleo; 180 por formación profesional; y 60 euros para el Fondo de Garantía Salarial.Y ahora vayamos al trabajador. Imaginemos una persona soltera sin hijos, con ese salario bruto de 30.000 euros. Según la calculadora de BBVA pagaría por el IRPF 5.403 euros y 2.115 de Seguridad Social. Al restarlos del sueldo bruto nos quedaría un salario neto de 22.482 euros. De modo que de los más de 39.000 que le cuesta al empresario este trabajador, él solo va a recibir en el banco los citados 22.482 euros. Quizás nos resulte más fácil visualizarlo con cantidades mensuales. Si dividimos los 22.482 euros en 12 en pagas, tendremos que el trabajador recibirá netos 1.873,50 euros, de los 3.270 que le cuesta a la empresa. Y si, como suele ser habitual, lo dividimos en 14 pagas, cobraremos 1.606 euros, mientras la empresa pagará por nosotros algo más de 2.800, es decir, casi un 40% más.Además las cotizaciones suben cada año, porque se amplían las bases imponibles y porque se han introducido nuevos mecanismos, como el MEI, para ir dotando una hucha de ahorro para pagar las pensiones de los ‘boomers’. ¿Hasta cuándo se va a seguir ampliando esta brecha entre lo que cuesta un empleo y lo que cobran los trabajadores? Está claro que España, por mucho que se suba el SMI, tiene un problema de salarios. Cada vez son más las personas que cobran en el entorno de ese salario mínimo, y desde luego no deflactar las tarifas del IRPF y subir cada vez más las cotizaciones sociales no parece la mejor solución.España, entre los países donde más impuestos paga el trabajoLa diferencia entre lo que le cuesta a la empresa contratar a un trabajador y lo que este recibe neto en su cuenta bancaria supera el 40% en nuestro país, según el último informe de la OCDE. Esta cifra supera en más de cinco puntos la media de los países desarrollados. Estamos estos días recibiendo nuestra primera nómina del año y observamos con estupor que si la empresa no nos ha subido el sueldo, cobramos menos que en el mes de diciembre, y que si nos lo ha subido, el salario neto que recibimos en nuestras cuentas bancarias crece en una proporción mucho menor de lo que aparece en nuestros convenios y desde luego de lo que sube el coste para las empresas por cada uno de sus trabajadores. ¿La razón? La subida de las cotizaciones sociales , en todos sus componentes, y la no actualización de las tarifas y deducciones del IRPF que en la práctica supone una subida de impuestos sin el coste político que supone anunciarla. Y es que la cuña fiscal, la diferencia entre lo que le cuesta a una empresa un trabajador y el salario neto del mismo, no hace más que crecer. La OCDE, en su último informe sobre la materia, aseguraba que la cuña fiscal en España fue en 2024 del 40,6% para los trabajadores solteros, superior a la media de la OCDE (34,9%) y ligeramente inferior a la media de la UE (41,7%). Sin embargo, para un trabajador casado medio con dos hijos la cuña sería del 39,5% , superior a la media de la OCDE (31,8%) pero también de la Unión Europea (37,6%). En ese informe, el organismo internacional recomienda al Gobierno español reducir la cuña fiscal laboral para las personas con bajos ingresos mediante la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social en este grupo, a la vez que sugiere que se eliminen de forma gradual las prestaciones para reforzar los incentivos laborales. En el citado informe, la OCDE también destacaba que los impuestos sobre transmisiones patrimoniales en España se encuentran entre los tipos más altos de los países desarrollados.Y es que los números cantan. Imaginemos un sueldo de 30.000 euros brutos anuales. El coste para la empresa asciende a 39.240 euros. Porque aparte de esos 30.000 para el empleado (de los que luego restaremos el IRPF y las cotizaciones), hay que sumar algo más de 7.000 de cotizaciones a la Seguridad Social por contingencias comunes; 270 euros de cotizaciones por Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales (AT y EP); 1.650 euros por desempleo; 180 por formación profesional; y 60 euros para el Fondo de Garantía Salarial.Y ahora vayamos al trabajador. Imaginemos una persona soltera sin hijos, con ese salario bruto de 30.000 euros. Según la calculadora de BBVA pagaría por el IRPF 5.403 euros y 2.115 de Seguridad Social. Al restarlos del sueldo bruto nos quedaría un salario neto de 22.482 euros. De modo que de los más de 39.000 que le cuesta al empresario este trabajador, él solo va a recibir en el banco los citados 22.482 euros. Quizás nos resulte más fácil visualizarlo con cantidades mensuales. Si dividimos los 22.482 euros en 12 en pagas, tendremos que el trabajador recibirá netos 1.873,50 euros, de los 3.270 que le cuesta a la empresa. Y si, como suele ser habitual, lo dividimos en 14 pagas, cobraremos 1.606 euros, mientras la empresa pagará por nosotros algo más de 2.800, es decir, casi un 40% más.Además las cotizaciones suben cada año, porque se amplían las bases imponibles y porque se han introducido nuevos mecanismos, como el MEI, para ir dotando una hucha de ahorro para pagar las pensiones de los ‘boomers’. ¿Hasta cuándo se va a seguir ampliando esta brecha entre lo que cuesta un empleo y lo que cobran los trabajadores? Está claro que España, por mucho que se suba el SMI, tiene un problema de salarios. Cada vez son más las personas que cobran en el entorno de ese salario mínimo, y desde luego no deflactar las tarifas del IRPF y subir cada vez más las cotizaciones sociales no parece la mejor solución.España, entre los países donde más impuestos paga el trabajoLa diferencia entre lo que le cuesta a la empresa contratar a un trabajador y lo que este recibe neto en su cuenta bancaria supera el 40% en nuestro país, según el último informe de la OCDE. Esta cifra supera en más de cinco puntos la media de los países desarrollados.
Estamos estos días recibiendo nuestra primera nómina del año y observamos con estupor que si la empresa no nos ha subido el sueldo, cobramos menos que en el mes de diciembre, y que si nos lo ha subido, el salario neto que recibimos en nuestras … cuentas bancarias crece en una proporción mucho menor de lo que aparece en nuestros convenios y desde luego de lo que sube el coste para las empresas por cada uno de sus trabajadores. ¿La razón? La subida de las cotizaciones sociales, en todos sus componentes, y la no actualización de las tarifas y deducciones del IRPF que en la práctica supone una subida de impuestos sin el coste político que supone anunciarla.
Y es que la cuña fiscal, la diferencia entre lo que le cuesta a una empresa un trabajador y el salario neto del mismo, no hace más que crecer. La OCDE, en su último informe sobre la materia, aseguraba que la cuña fiscal en España fue en 2024 del 40,6% para los trabajadores solteros, superior a la media de la OCDE (34,9%) y ligeramente inferior a la media de la UE (41,7%). Sin embargo, para un trabajador casado medio con dos hijos la cuña sería del 39,5%, superior a la media de la OCDE (31,8%) pero también de la Unión Europea (37,6%). En ese informe, el organismo internacional recomienda al Gobierno español reducir la cuña fiscal laboral para las personas con bajos ingresos mediante la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social en este grupo, a la vez que sugiere que se eliminen de forma gradual las prestaciones para reforzar los incentivos laborales. En el citado informe, la OCDE también destacaba que los impuestos sobre transmisiones patrimoniales en España se encuentran entre los tipos más altos de los países desarrollados.
Y es que los números cantan. Imaginemos un sueldo de 30.000 euros brutos anuales. El coste para la empresa asciende a 39.240 euros. Porque aparte de esos 30.000 para el empleado (de los que luego restaremos el IRPF y las cotizaciones), hay que sumar algo más de 7.000 de cotizaciones a la Seguridad Social por contingencias comunes; 270 euros de cotizaciones por Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales (AT y EP); 1.650 euros por desempleo; 180 por formación profesional; y 60 euros para el Fondo de Garantía Salarial.
Y ahora vayamos al trabajador. Imaginemos una persona soltera sin hijos, con ese salario bruto de 30.000 euros. Según la calculadora de BBVA pagaría por el IRPF 5.403 euros y 2.115 de Seguridad Social. Al restarlos del sueldo bruto nos quedaría un salario neto de 22.482 euros. De modo que de los más de 39.000 que le cuesta al empresario este trabajador, él solo va a recibir en el banco los citados 22.482 euros.
Quizás nos resulte más fácil visualizarlo con cantidades mensuales. Si dividimos los 22.482 euros en 12 en pagas, tendremos que el trabajador recibirá netos 1.873,50 euros, de los 3.270 que le cuesta a la empresa. Y si, como suele ser habitual, lo dividimos en 14 pagas, cobraremos 1.606 euros, mientras la empresa pagará por nosotros algo más de 2.800, es decir, casi un 40% más.
Además las cotizaciones suben cada año, porque se amplían las bases imponibles y porque se han introducido nuevos mecanismos, como el MEI, para ir dotando una hucha de ahorro para pagar las pensiones de los ‘boomers’.
¿Hasta cuándo se va a seguir ampliando esta brecha entre lo que cuesta un empleo y lo que cobran los trabajadores? Está claro que España, por mucho que se suba el SMI, tiene un problema de salarios. Cada vez son más las personas que cobran en el entorno de ese salario mínimo, y desde luego no deflactar las tarifas del IRPF y subir cada vez más las cotizaciones sociales no parece la mejor solución.
España, entre los países donde más impuestos paga el trabajo
La diferencia entre lo que le cuesta a la empresa contratar a un trabajador y lo que este recibe neto en su cuenta bancaria supera el 40% en nuestro país, según el último informe de la OCDE. Esta cifra supera en más de cinco puntos la media de los países desarrollados.
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