China puede resignarse a perder los puertos de Panamá, pero peleará por Perú

Pekín puede entender que el Canal de Panamá es de especial interés para la seguridad de Estados Unidos, y así resignarse a perder los puertos que gestiona en las dos bocas de esa vía interoceánica. Pero todo indica que plantará cara a su máximo rival, si Washington presiona para echarle también de Perú, país que se encuentra fuera del estricto «patio trasero» estadounidense.La incomodidad de China por la reactivación que Donald Trump ha hecho de la vieja Doctrina Monroe –que abarca la expulsión de otras potencias de su entorno americano y la consiguiente injerencia estadounidense en él– está empezando a provocar roces entre Pekín y Washington. El deseo de la Administración Trump de sacar a China del área de influencia directa estadounidense no se circunscribe solo al Gran Caribe, sino que abarca todo el continente, lo que choca con los intereses de Pekín, más consolidados al sur de la línea del ecuador.Si a finales de 2025, al documento de Estrategia de Seguridad Nacional de Washington en el que se proclamaba el «corolario Trump» de la Doctrina Monroe, siguió otro de Pekín sobre su estrategia hacia Latinoamérica, ahora se pasa de la exposición de principios a la disputa sobre el terreno .Noticia Relacionada CLAVES DE LATINOAMÉRICA estandar Si Washington se propone «restaurar el domino militar» en su entorno americano Emili J. Blasco La Estrategia de Defensa Nacional de Trump dice que hará valer de forma «contundente» las «prerrogativas» de EE.UU. en su hemisferioGuerra de comunicadosLas autoridades chinas reaccionaron la semana pasada con especial vehemencia a un comunicado emitido por el Departamento de Estados norteamericano que apuntaba contra Chancay, un puerto nuevo, inaugurado en 2024 y que aspira a ser el principal punto de conexión entre China y Latinoamérica. «China se opone firmemente y deplora enérgicamente la flagrante difusión de rumores y difamaciones por parte de EE.UU. sobre el puerto de Chancay», afirmó Li Jian, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.Previamente, un mensaje en redes sociales del departamento que dirige Rubio se había hecho eco de la sentencia de un tribunal peruano que deja el puerto de Chancay, construido con una inversión de 1.300 millones de dólares y controlado por la estatal china Cosco, al margen de la supervisión del órgano peruano que regula todos los puertos del país . La sentencia indicaba que el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositran) no puede ejercer sus poderes de regulación, supervisión, control y sanción sobre el nuevo puerto. Esa excepción, exigida por China, venía ya establecida por la ley que autorizaba la puesta en marcha de la actividad en Chancay; la medida fue señalada en su día como generadora de tensiones futuras.El comunicado del Departamento de Estado norteamericano expresaba «preocupación por los últimos informes que indican que Perú podría verse imposibilitado de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo la jurisdicción de propietarios chinos depredadores ». «Apoyamos el derecho soberano de Perú a supervisar infraestructura crítica en su propio territorio. Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero chino barato cuesta soberanía », añadía el texto.A 80 kilómetros al norte de El Callao, que es el puerto de Lima y referencia histórica de todo el litoral pacífico suramericano, Chancay concentra la salida de la extracción minera china, de gran importancia en Perú. Como puerto de aguas profundas y gran capacidad de tonelaje, quiere atraer parte de los fletes del comercio de países vecinos con China.La suspicacia de Washington hacia Chancay ya se tradujo en enero, en el anuncio de que EE.UU. ha aceptado encargarse de la modernización de la base naval peruana de El Callao, por valor de unos 1.500 millones de dólares. De seguir adelante, esto supondría la supervisión técnica de los nuevos equipos por parte de hasta diez funcionarios o contratistas estadounidenses durante una década, anclando El Callo en el radar estadounidense .Regulador peruanoCosco asegura que el hecho de que Ositran, el regulador de todos los puertos peruanos, no pueda supervisar Chancay «no tiene nada que ver con soberanía», sino al hecho de que el nuevo puerto no es una infraestructura estatal ni opera baja una concesión estatal, por lo que «no debe estar sujeto al mismo régimen regulador aplicado a puertos públicos o de concesión». «Esto no quiere decir que Perú no supervise», precisa la compañía, e insiste en que Chancay «permanece bajo jurisdicción, soberanía y control de las autoridades peruanas, sujeto a todas las regulaciones de Perú ».Ositran, que ya protestó cuando se aprobó la ley a medida de los intereses chinos –impulsada entonces por la presidenta Dina Boluarte que necesitaba apuntarse el mérito de la puesta en marcha del puerto–, ha anunciado que recurrirá la sentencia . Esto evidencia divisiones internas en Perú respecto a Chancay. Además, el proceso judicial puede dar margen para que la presión de EE.UU. pueda lesionar los planes chinos.Canal de PanamáAsí ha ocurrido en Panamá, donde en las últimas semanas la Corte Suprema ha rescindido el contrato por el que la empresa china CK Hutchison gestionaba el puerto de Balboa (Pacífico) y el de Colón (Atlántico). La concesión data de 1997 y en 2021 fue renovada por 25 años. Ahora se ha puesto de manifiesto que esa renovación se había realizado sin tener en cuenta algunos incumplimientos de la empresa, por lo que se ha anulado. El presidente panameño, Raúl Mulino , ha asegurado que la sentencia se ejecutará, aunque haya que acudir a un arbitraje internacional que se derive en algún tipo de pago.Si bien es verdad que esos incumplimientos de la compañía concesionaria ya se habían señalado con anterioridad, la vía judicial ofreció una salida ante la enorme presión puesta por Trump desde su regreso a la Casa Blanca.China ha protestado por la decisión, pero no ha enseñado tanto los dientes como en el caso de Chancay. Las autoridades de Hong Kong, donde tiene su sede la compañía, han dicho que retirarán todas sus inversiones de Panamá, pero Pekín ha sido más cauto, aunque igualmente se espera algún tipo de castigo.Línea roja chinaLos dos casos, de todos modos, son diferentes. China es el segundo mayor cliente del Canal, después de EE.UU., y no le interesa romper del todo con Panamá: además del tránsito, también le conviene mantener presencia en las zonas francas de esa vía interoceánica. Otra cosa es que acabara promoviendo un canal «propio», a través de Nicaragua, pero eso es inviable: a las razones económicas que explican que ese proyecto no tomara cuerpo en las dos últimas décadas, se añade el nuevo marco geopolítico de mayor control estadounidense de su entorno continental.En el pulso geopolítico hemisférico, Perú ha sido habitualmente el gozne entre el área de injerencia directa de EE.UU., al norte de la línea del ecuador, y el ámbito de una influencia indirecta, al sur de ella. China no ha creado un puerto nuevo y ha realizado una inversión millonaria en él para ahora marcharse por la presión de Washington. Los gobernantes chinos han llevado a cabo actuaciones en el Caribe, pero las han hecho con prevención, conscientes de que es el «patio trasero» estadounidense.Ahora Trump parece querer extender esa consideración algo más al sur, y muy probablemente China intentará plantar cara. Chancay puede ser una línea roja para la potencia asiática. Pekín puede entender que el Canal de Panamá es de especial interés para la seguridad de Estados Unidos, y así resignarse a perder los puertos que gestiona en las dos bocas de esa vía interoceánica. Pero todo indica que plantará cara a su máximo rival, si Washington presiona para echarle también de Perú, país que se encuentra fuera del estricto «patio trasero» estadounidense.La incomodidad de China por la reactivación que Donald Trump ha hecho de la vieja Doctrina Monroe –que abarca la expulsión de otras potencias de su entorno americano y la consiguiente injerencia estadounidense en él– está empezando a provocar roces entre Pekín y Washington. El deseo de la Administración Trump de sacar a China del área de influencia directa estadounidense no se circunscribe solo al Gran Caribe, sino que abarca todo el continente, lo que choca con los intereses de Pekín, más consolidados al sur de la línea del ecuador.Si a finales de 2025, al documento de Estrategia de Seguridad Nacional de Washington en el que se proclamaba el «corolario Trump» de la Doctrina Monroe, siguió otro de Pekín sobre su estrategia hacia Latinoamérica, ahora se pasa de la exposición de principios a la disputa sobre el terreno .Noticia Relacionada CLAVES DE LATINOAMÉRICA estandar Si Washington se propone «restaurar el domino militar» en su entorno americano Emili J. Blasco La Estrategia de Defensa Nacional de Trump dice que hará valer de forma «contundente» las «prerrogativas» de EE.UU. en su hemisferioGuerra de comunicadosLas autoridades chinas reaccionaron la semana pasada con especial vehemencia a un comunicado emitido por el Departamento de Estados norteamericano que apuntaba contra Chancay, un puerto nuevo, inaugurado en 2024 y que aspira a ser el principal punto de conexión entre China y Latinoamérica. «China se opone firmemente y deplora enérgicamente la flagrante difusión de rumores y difamaciones por parte de EE.UU. sobre el puerto de Chancay», afirmó Li Jian, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.Previamente, un mensaje en redes sociales del departamento que dirige Rubio se había hecho eco de la sentencia de un tribunal peruano que deja el puerto de Chancay, construido con una inversión de 1.300 millones de dólares y controlado por la estatal china Cosco, al margen de la supervisión del órgano peruano que regula todos los puertos del país . La sentencia indicaba que el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositran) no puede ejercer sus poderes de regulación, supervisión, control y sanción sobre el nuevo puerto. Esa excepción, exigida por China, venía ya establecida por la ley que autorizaba la puesta en marcha de la actividad en Chancay; la medida fue señalada en su día como generadora de tensiones futuras.El comunicado del Departamento de Estado norteamericano expresaba «preocupación por los últimos informes que indican que Perú podría verse imposibilitado de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo la jurisdicción de propietarios chinos depredadores ». «Apoyamos el derecho soberano de Perú a supervisar infraestructura crítica en su propio territorio. Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero chino barato cuesta soberanía », añadía el texto.A 80 kilómetros al norte de El Callao, que es el puerto de Lima y referencia histórica de todo el litoral pacífico suramericano, Chancay concentra la salida de la extracción minera china, de gran importancia en Perú. Como puerto de aguas profundas y gran capacidad de tonelaje, quiere atraer parte de los fletes del comercio de países vecinos con China.La suspicacia de Washington hacia Chancay ya se tradujo en enero, en el anuncio de que EE.UU. ha aceptado encargarse de la modernización de la base naval peruana de El Callao, por valor de unos 1.500 millones de dólares. De seguir adelante, esto supondría la supervisión técnica de los nuevos equipos por parte de hasta diez funcionarios o contratistas estadounidenses durante una década, anclando El Callo en el radar estadounidense .Regulador peruanoCosco asegura que el hecho de que Ositran, el regulador de todos los puertos peruanos, no pueda supervisar Chancay «no tiene nada que ver con soberanía», sino al hecho de que el nuevo puerto no es una infraestructura estatal ni opera baja una concesión estatal, por lo que «no debe estar sujeto al mismo régimen regulador aplicado a puertos públicos o de concesión». «Esto no quiere decir que Perú no supervise», precisa la compañía, e insiste en que Chancay «permanece bajo jurisdicción, soberanía y control de las autoridades peruanas, sujeto a todas las regulaciones de Perú ».Ositran, que ya protestó cuando se aprobó la ley a medida de los intereses chinos –impulsada entonces por la presidenta Dina Boluarte que necesitaba apuntarse el mérito de la puesta en marcha del puerto–, ha anunciado que recurrirá la sentencia . Esto evidencia divisiones internas en Perú respecto a Chancay. Además, el proceso judicial puede dar margen para que la presión de EE.UU. pueda lesionar los planes chinos.Canal de PanamáAsí ha ocurrido en Panamá, donde en las últimas semanas la Corte Suprema ha rescindido el contrato por el que la empresa china CK Hutchison gestionaba el puerto de Balboa (Pacífico) y el de Colón (Atlántico). La concesión data de 1997 y en 2021 fue renovada por 25 años. Ahora se ha puesto de manifiesto que esa renovación se había realizado sin tener en cuenta algunos incumplimientos de la empresa, por lo que se ha anulado. El presidente panameño, Raúl Mulino , ha asegurado que la sentencia se ejecutará, aunque haya que acudir a un arbitraje internacional que se derive en algún tipo de pago.Si bien es verdad que esos incumplimientos de la compañía concesionaria ya se habían señalado con anterioridad, la vía judicial ofreció una salida ante la enorme presión puesta por Trump desde su regreso a la Casa Blanca.China ha protestado por la decisión, pero no ha enseñado tanto los dientes como en el caso de Chancay. Las autoridades de Hong Kong, donde tiene su sede la compañía, han dicho que retirarán todas sus inversiones de Panamá, pero Pekín ha sido más cauto, aunque igualmente se espera algún tipo de castigo.Línea roja chinaLos dos casos, de todos modos, son diferentes. China es el segundo mayor cliente del Canal, después de EE.UU., y no le interesa romper del todo con Panamá: además del tránsito, también le conviene mantener presencia en las zonas francas de esa vía interoceánica. Otra cosa es que acabara promoviendo un canal «propio», a través de Nicaragua, pero eso es inviable: a las razones económicas que explican que ese proyecto no tomara cuerpo en las dos últimas décadas, se añade el nuevo marco geopolítico de mayor control estadounidense de su entorno continental.En el pulso geopolítico hemisférico, Perú ha sido habitualmente el gozne entre el área de injerencia directa de EE.UU., al norte de la línea del ecuador, y el ámbito de una influencia indirecta, al sur de ella. China no ha creado un puerto nuevo y ha realizado una inversión millonaria en él para ahora marcharse por la presión de Washington. Los gobernantes chinos han llevado a cabo actuaciones en el Caribe, pero las han hecho con prevención, conscientes de que es el «patio trasero» estadounidense.Ahora Trump parece querer extender esa consideración algo más al sur, y muy probablemente China intentará plantar cara. Chancay puede ser una línea roja para la potencia asiática.  

Pekín puede entender que el Canal de Panamá es de especial interés para la seguridad de Estados Unidos, y así resignarse a perder los puertos que gestiona en las dos bocas de esa vía interoceánica. Pero todo indica que plantará cara a su máximo rival, … si Washington presiona para echarle también de Perú, país que se encuentra fuera del estricto «patio trasero» estadounidense.

La incomodidad de China por la reactivación que Donald Trump ha hecho de la vieja Doctrina Monroe –que abarca la expulsión de otras potencias de su entorno americano y la consiguiente injerencia estadounidense en él– está empezando a provocar roces entre Pekín y Washington. El deseo de la Administración Trump de sacar a China del área de influencia directa estadounidense no se circunscribe solo al Gran Caribe, sino que abarca todo el continente, lo que choca con los intereses de Pekín, más consolidados al sur de la línea del ecuador.

Si a finales de 2025, al documento de Estrategia de Seguridad Nacional de Washington en el que se proclamaba el «corolario Trump» de la Doctrina Monroe, siguió otro de Pekín sobre su estrategia hacia Latinoamérica, ahora se pasa de la exposición de principios a la disputa sobre el terreno.

Guerra de comunicados

Las autoridades chinas reaccionaron la semana pasada con especial vehemencia a un comunicado emitido por el Departamento de Estados norteamericano que apuntaba contra Chancay, un puerto nuevo, inaugurado en 2024 y que aspira a ser el principal punto de conexión entre China y Latinoamérica. «China se opone firmemente y deplora enérgicamente la flagrante difusión de rumores y difamaciones por parte de EE.UU. sobre el puerto de Chancay», afirmó Li Jian, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.

Previamente, un mensaje en redes sociales del departamento que dirige Rubio se había hecho eco de la sentencia de un tribunal peruano que deja el puerto de Chancay, construido con una inversión de 1.300 millones de dólares y controlado por la estatal china Cosco, al margen de la supervisión del órgano peruano que regula todos los puertos del país. La sentencia indicaba que el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositran) no puede ejercer sus poderes de regulación, supervisión, control y sanción sobre el nuevo puerto. Esa excepción, exigida por China, venía ya establecida por la ley que autorizaba la puesta en marcha de la actividad en Chancay; la medida fue señalada en su día como generadora de tensiones futuras.

El comunicado del Departamento de Estado norteamericano expresaba «preocupación por los últimos informes que indican que Perú podría verse imposibilitado de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo la jurisdicción de propietarios chinos depredadores». «Apoyamos el derecho soberano de Perú a supervisar infraestructura crítica en su propio territorio. Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero chino barato cuesta soberanía», añadía el texto.

A 80 kilómetros al norte de El Callao, que es el puerto de Lima y referencia histórica de todo el litoral pacífico suramericano, Chancay concentra la salida de la extracción minera china, de gran importancia en Perú. Como puerto de aguas profundas y gran capacidad de tonelaje, quiere atraer parte de los fletes del comercio de países vecinos con China.

La suspicacia de Washington hacia Chancay ya se tradujo en enero, en el anuncio de que EE.UU. ha aceptado encargarse de la modernización de la base naval peruana de El Callao, por valor de unos 1.500 millones de dólares. De seguir adelante, esto supondría la supervisión técnica de los nuevos equipos por parte de hasta diez funcionarios o contratistas estadounidenses durante una década, anclando El Callo en el radar estadounidense.

Regulador peruano

Cosco asegura que el hecho de que Ositran, el regulador de todos los puertos peruanos, no pueda supervisar Chancay «no tiene nada que ver con soberanía», sino al hecho de que el nuevo puerto no es una infraestructura estatal ni opera baja una concesión estatal, por lo que «no debe estar sujeto al mismo régimen regulador aplicado a puertos públicos o de concesión».

«Esto no quiere decir que Perú no supervise», precisa la compañía, e insiste en que Chancay «permanece bajo jurisdicción, soberanía y control de las autoridades peruanas, sujeto a todas las regulaciones de Perú».

Ositran, que ya protestó cuando se aprobó la ley a medida de los intereses chinos –impulsada entonces por la presidenta Dina Boluarte que necesitaba apuntarse el mérito de la puesta en marcha del puerto–, ha anunciado que recurrirá la sentencia. Esto evidencia divisiones internas en Perú respecto a Chancay. Además, el proceso judicial puede dar margen para que la presión de EE.UU. pueda lesionar los planes chinos.

Canal de Panamá

Así ha ocurrido en Panamá, donde en las últimas semanas la Corte Suprema ha rescindido el contrato por el que la empresa china CK Hutchison gestionaba el puerto de Balboa (Pacífico) y el de Colón (Atlántico). La concesión data de 1997 y en 2021 fue renovada por 25 años. Ahora se ha puesto de manifiesto que esa renovación se había realizado sin tener en cuenta algunos incumplimientos de la empresa, por lo que se ha anulado. El presidente panameño, Raúl Mulino, ha asegurado que la sentencia se ejecutará, aunque haya que acudir a un arbitraje internacional que se derive en algún tipo de pago.

Si bien es verdad que esos incumplimientos de la compañía concesionaria ya se habían señalado con anterioridad, la vía judicial ofreció una salida ante la enorme presión puesta por Trump desde su regreso a la Casa Blanca.

China ha protestado por la decisión, pero no ha enseñado tanto los dientes como en el caso de Chancay. Las autoridades de Hong Kong, donde tiene su sede la compañía, han dicho que retirarán todas sus inversiones de Panamá, pero Pekín ha sido más cauto, aunque igualmente se espera algún tipo de castigo.

Línea roja china

Los dos casos, de todos modos, son diferentes. China es el segundo mayor cliente del Canal, después de EE.UU., y no le interesa romper del todo con Panamá: además del tránsito, también le conviene mantener presencia en las zonas francas de esa vía interoceánica. Otra cosa es que acabara promoviendo un canal «propio», a través de Nicaragua, pero eso es inviable: a las razones económicas que explican que ese proyecto no tomara cuerpo en las dos últimas décadas, se añade el nuevo marco geopolítico de mayor control estadounidense de su entorno continental.

En el pulso geopolítico hemisférico, Perú ha sido habitualmente el gozne entre el área de injerencia directa de EE.UU., al norte de la línea del ecuador, y el ámbito de una influencia indirecta, al sur de ella. China no ha creado un puerto nuevo y ha realizado una inversión millonaria en él para ahora marcharse por la presión de Washington. Los gobernantes chinos han llevado a cabo actuaciones en el Caribe, pero las han hecho con prevención, conscientes de que es el «patio trasero» estadounidense.

Ahora Trump parece querer extender esa consideración algo más al sur, y muy probablemente China intentará plantar cara. Chancay puede ser una línea roja para la potencia asiática.

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