El olor a petróleo vuelve a Maracaibo

El calor llega primero. No es el calor de otros lugares. Es el calor de Maracaibo, que viene del lago, que viene del asfalto podrido, que viene del aire mismo. 35 grados centígrados, pero la sensación térmica trepa a 50 por la humedad del 90% que generan los vapores calientes del agua. El viento no refresca aquí. El viento quema. Cuando cierras los ojos, sientes que estás dentro de una boca abierta que respira fuego.Luego viene el olor. Petróleo y sal. Petróleo y agua estancada. Petróleo y herrumbre. Es un olor que no se va, que se te mete en la ropa, en el cabello, en los pulmones. Los maracuchos dicen que es el olor de la prosperidad. Otros dicen que es el olor de la maldición. Después de vivir aquí, entiendes que es ambos.Nada más empezar el año, Nicolás Maduro fue detenido y trasladado a EE.UU . Con su caída, algo se movió en Maracaibo. No es un movimiento dramático. Es un movimiento pequeño, casi imperceptible, como cuando el agua comienza a hervir y solo ves las primeras burbujas. Entre seis y ocho barcos fondeados cada día en el lago. Cargando. Descargando. Chevron regresó. Shell, Repsol, ENI. Los nombres volvieron como promesas de salvación.Noticia relacionada general No No Delcy Rodríguez purga al ministro de Defensa, Vladímir Padrino, para congraciarse con Trump Ludmila VinogradoffPero Maracaibo hoy no es la Maracaibo de hace siete años. En 2019, llegar a la ciudad era como estar en Faluya. Filas de coches esperando gasolina. Colas de gente esperando para comprar alimentos. Caos. Violencia. Desesperación. El hambre era tan visible como el petróleo. Según la ONU, el 32% de la población venezolana padecía inseguridad alimentaria severa . En el estado Zulia, la cifra era más cruda. Cáritas, la organización católica que trabaja sobre el terreno, reportó que el 15% de los niños zulianos sufrían desnutrición.Hoy, al menos, eso ha desaparecido. No hay filas para la gasolina. No hay colas para la comida. La ciudad respira, aunque sea levemente. Es una ciudad distópica que intenta sobrevivir. Y, quizás, intenta avanzar.Trump reescribe las reglasLo que ha cambiado es la ecuación política. Cuando Maduro fue detenido, Donald Trump estaba en la Casa Blanca. El presidente estadounidense no ocultó que la sed de petróleo fue parte de su cálculo. En su discurso del estado de la unión de febrero , Trump anunció que Estados Unidos ha recibido más de 80 millones de barriles de petróleo de Venezuela en las últimas semanas. «La producción petrolera estadounidense ha aumentado en más de 600.000 barriles diarios», dijo, llamando a Venezuela «nuestro nuevo amigo y socio». La cifra, sin embargo, contrasta con los datos de seguimiento de buques de TankerTrackers.com, que registran exportaciones totales cercanas a los 30 millones de barriles en ese periodo.Al margen de las cifras, lo que eso significa es que las reglas han cambiado. El Departamento del Tesoro administra ahora los ingresos petroleros venezolanos. Marco Rubio, secretario de Estado, supervisa el proceso. Es un control estadounidense sin precedentes sobre la industria petrolera venezolana. Para los maracuchos, eso significa que el petróleo que extraen no es completamente suyo. Pero también significa que hay dinero fluyendo nuevamente . Es un pacto con el diablo, pero es un pacto.En la primera foto, las redes manchadas revelan la doble cara del petróleo en Maracaibo. Un balancín de extracción petrolera, como un monumento al pasado, en la segunda foto. En la tercera, los niños de San Francisco Maracaibo observan el regreso de una industria que no conocieron en su apogeo. J. BenezraEn la década de 1970, Venezuela producía alrededor de 3,75 millones de barriles diarios, siendo Zulia la principal fuente con más del 80% de esa cifra. Hoy, tras caer a mínimos históricos de solo 340.000, la producción ha resurgido hasta alcanzar 1,1 millones de barriles diarios en marzo de este año, superando con creces la modesta meta inicial de 700.000 barriles. El nuevo objetivo, más ambicioso es duplicar la producción hasta los 1,4 millones de barriles a finales de año. ¿Es posible? ¿Es realista?La zona industrial de Maracaibo es un cementerio de máquinas. Donde funcionaban 200 empresas contratistas petroleras, hoy apenas quedan 30. De 30.000 empleados, solo subsisten entre 5.000 o 6.000. El pasto crece entre las grietas del asfalto. Las paredes están desnudas, despojadas de cables, ventanas, grifos… Todo ha sido robado o simplemente lo han dejado morir.Lenín Danieri es un periodista de la región. Ha visto desaparecer un mundo. «La de los años 90, antes de la llegada de Chávez, era una ciudad muy distinta», dice. «Zulia siempre se ha caracterizado por ser una región muy aparte, muy independiente de Venezuela». Pausa. Sus ojos se pierden en la memoria. «Maracaibo ha sido rica en petróleo, pero ha pasado hambre durante los últimos años». Para que el petróleo beneficie realmente a Maracaibo esta vez, algo tiene que cambiar. «La mentalidad de los regentes y un poco también la mentalidad de la población», advierte Danieri. «La población, para que no se conforme con este es el menos malo o este es lo que hay. Y también la mentalidad de los regentes, para que dejen de pensar que la política es un negocio familiar».Danieri reflexiona sobre lo que significa el regreso del petróleo. «Esperanza, hay expectativas, volver a esa Maracaibo que era antes. Esa Maracaibo pujante, esa Maracaibo orgullosa de sus recursos que dice: mira, nosotros literalmente flotamos en petróleo», afirma. «Ha sido una bendición y una maldición, porque lamentablemente caímos como en una especie de borrachera por el exceso de ingresos por el petróleo y olvidamos otros sectores que también tenemos».El colapsoDino Cafoncelli, presidente de la Cámara de Comercio de Maracaibo, recuerda los últimos años de prosperidad. «Hasta 2012 y 2013 hubo crecimiento económico del Producto Interno Bruto», dice. «Había abundancia en los dineros públicos». Pero luego vino el colapso. «El momento más difícil fue el gran apagón nacional de 2019». El apagón nacional fue devastador. Zulia fue el último lugar del país en recuperar la electricidad. Hubo saqueos. Hoteles, centros comerciales, negocios enteros no volvieron a abrir. Grandes empresas desaparecieron. Puestos de trabajo se perdieron. «Eso fue algo muy duro que nos tocó vivir», señala Cafoncelli.«El momento más difícil fue el gran apagón nacional de 2019» Dino Cafoncelli Presidente de la Cámara de ComercioLa hiperinflación rompió récords históricos. Trabajadores en las calles con caras de no estar pasándolo bien. Empresarios que se apretaron el cinturón. «Incluso a todos nos tocó», comenta Cafoncelli.Pero algo cambió. La dolarización ‘de facto’ llegó como un salvavidas . «Eso hizo que la economía tomara un ritmo diferente» explica el empresario. «Ya no son márgenes de dos dígitos como en el pasado. Nos parecemos más a otros países vecinos. Eso es lo que se llama la economía real». Las distorsiones se fueron acabando. El Estado se quedó sin recursos. Los ciudadanos tuvieron que pagar servicios que antes eran públicos. Agua, electricidad, combustible. Todo se convirtió en un negocio privado.Frente a la Estación de Servicios Lagopista, en Vía Circunvalación, José Balza vende cocos. Tiene 54 años, aunque parece más viejo. La vida en el exilio envejece. Se fue en 2019, cuando no había trabajo, cuando la ciudad se desmoronaba. Pasó más de un lustro en Colombia. Regresó hace dos meses. Sus manos tiemblan cuando habla.«Cuando me fui de aquí, me fui delgadísimo, flaco», cuenta. «No había trabajo. Perdí la vida. Entonces, al llegar a otro país, fue duro. Pero, gracias a Dios, el tiempo que estuve allá me enseñó a valorar las cosas que no valoraba. A valorar la vida. Primero la vida» –sus ojos se humedecen, se limpia con el dorso de la mano–. Cuando le pregunto qué siente al ver los barcos en el lago, su voz se quiebra. «Esperanza», dice. «Esperanza de que podamos ser la misma gente que éramos antes. Que haya trabajo. Que haya empresarios de otros países. Que haya trabajo como antes». Se detiene. Respira profundo.La paradoja del petróleoZulia es el único estado que abarca los tres sectores principales de la economía: primario, secundario y terciario. Tiene potencial agrícola, pesquero y energético. «Debimos habernos diversificado un poco más», dice Danieri, quien añade: «Pudimos habernos convertido en algo más que un país monoproductor».Cafoncelli coincide. «El esquema del manejo petrolero necesita una reforma completa. La empresa petrolera estatal PDVSA se apartó de su visión de trabajo, de su misión. Creo que debe haber una reforma completa del sector y que la compañía se dedique a petróleo y a energía».Zulia tiene cinco fuentes probadas de energía: petróleo, gas, energía solar, eólica y carbón. «Son cinco fuentes probadas que tenemos en la región zuliana que nos convierten en una zona con mucho potencial energético», aventura Cafoncelli.Sobre el petróleo «Ha sido una bendición y una maldición, porque caímos como en una especie de borrachera por el exceso de ingresos por el petróleo» Lenín Danieri Periodista en el estado ZuliaPero hay un problema. Maracaibo consume más electricidad que cualquier otra ciudad de la región. El aire acondicionado funciona las 24 horas o la ciudad se detiene. Los cortes de luz no cesan. «El aumento de la actividad petrolera podría dejar a Zulia nuevamente sin luz si no se corrige el tema energético», advierte un técnico en mantenimiento industrial eléctrico que ahora es un vendedor informal en la calle. «No estamos preparados si no se corrige el problema de generar y trasmitir energía».Mientras el sol se pone sobre el lago de Maracaibo, tiñendo el agua de naranja y rojo, el olor a petróleo sigue siendo lo primero que percibe quien llega a la ciudad. Y, en las calles, la gente sigue esperando. Esperando que esta vez sea diferente. Esperando que el petróleo, después de todo, traiga algo más que ruinas. Esperando que una ciudad distópica pueda, finalmente, respirar. Esperando que el precio de esa respiración no sea demasiado alto. El calor llega primero. No es el calor de otros lugares. Es el calor de Maracaibo, que viene del lago, que viene del asfalto podrido, que viene del aire mismo. 35 grados centígrados, pero la sensación térmica trepa a 50 por la humedad del 90% que generan los vapores calientes del agua. El viento no refresca aquí. El viento quema. Cuando cierras los ojos, sientes que estás dentro de una boca abierta que respira fuego.Luego viene el olor. Petróleo y sal. Petróleo y agua estancada. Petróleo y herrumbre. Es un olor que no se va, que se te mete en la ropa, en el cabello, en los pulmones. Los maracuchos dicen que es el olor de la prosperidad. Otros dicen que es el olor de la maldición. Después de vivir aquí, entiendes que es ambos.Nada más empezar el año, Nicolás Maduro fue detenido y trasladado a EE.UU . Con su caída, algo se movió en Maracaibo. No es un movimiento dramático. Es un movimiento pequeño, casi imperceptible, como cuando el agua comienza a hervir y solo ves las primeras burbujas. Entre seis y ocho barcos fondeados cada día en el lago. Cargando. Descargando. Chevron regresó. Shell, Repsol, ENI. Los nombres volvieron como promesas de salvación.Noticia relacionada general No No Delcy Rodríguez purga al ministro de Defensa, Vladímir Padrino, para congraciarse con Trump Ludmila VinogradoffPero Maracaibo hoy no es la Maracaibo de hace siete años. En 2019, llegar a la ciudad era como estar en Faluya. Filas de coches esperando gasolina. Colas de gente esperando para comprar alimentos. Caos. Violencia. Desesperación. El hambre era tan visible como el petróleo. Según la ONU, el 32% de la población venezolana padecía inseguridad alimentaria severa . En el estado Zulia, la cifra era más cruda. Cáritas, la organización católica que trabaja sobre el terreno, reportó que el 15% de los niños zulianos sufrían desnutrición.Hoy, al menos, eso ha desaparecido. No hay filas para la gasolina. No hay colas para la comida. La ciudad respira, aunque sea levemente. Es una ciudad distópica que intenta sobrevivir. Y, quizás, intenta avanzar.Trump reescribe las reglasLo que ha cambiado es la ecuación política. Cuando Maduro fue detenido, Donald Trump estaba en la Casa Blanca. El presidente estadounidense no ocultó que la sed de petróleo fue parte de su cálculo. En su discurso del estado de la unión de febrero , Trump anunció que Estados Unidos ha recibido más de 80 millones de barriles de petróleo de Venezuela en las últimas semanas. «La producción petrolera estadounidense ha aumentado en más de 600.000 barriles diarios», dijo, llamando a Venezuela «nuestro nuevo amigo y socio». La cifra, sin embargo, contrasta con los datos de seguimiento de buques de TankerTrackers.com, que registran exportaciones totales cercanas a los 30 millones de barriles en ese periodo.Al margen de las cifras, lo que eso significa es que las reglas han cambiado. El Departamento del Tesoro administra ahora los ingresos petroleros venezolanos. Marco Rubio, secretario de Estado, supervisa el proceso. Es un control estadounidense sin precedentes sobre la industria petrolera venezolana. Para los maracuchos, eso significa que el petróleo que extraen no es completamente suyo. Pero también significa que hay dinero fluyendo nuevamente . Es un pacto con el diablo, pero es un pacto.En la primera foto, las redes manchadas revelan la doble cara del petróleo en Maracaibo. Un balancín de extracción petrolera, como un monumento al pasado, en la segunda foto. En la tercera, los niños de San Francisco Maracaibo observan el regreso de una industria que no conocieron en su apogeo. J. BenezraEn la década de 1970, Venezuela producía alrededor de 3,75 millones de barriles diarios, siendo Zulia la principal fuente con más del 80% de esa cifra. Hoy, tras caer a mínimos históricos de solo 340.000, la producción ha resurgido hasta alcanzar 1,1 millones de barriles diarios en marzo de este año, superando con creces la modesta meta inicial de 700.000 barriles. El nuevo objetivo, más ambicioso es duplicar la producción hasta los 1,4 millones de barriles a finales de año. ¿Es posible? ¿Es realista?La zona industrial de Maracaibo es un cementerio de máquinas. Donde funcionaban 200 empresas contratistas petroleras, hoy apenas quedan 30. De 30.000 empleados, solo subsisten entre 5.000 o 6.000. El pasto crece entre las grietas del asfalto. Las paredes están desnudas, despojadas de cables, ventanas, grifos… Todo ha sido robado o simplemente lo han dejado morir.Lenín Danieri es un periodista de la región. Ha visto desaparecer un mundo. «La de los años 90, antes de la llegada de Chávez, era una ciudad muy distinta», dice. «Zulia siempre se ha caracterizado por ser una región muy aparte, muy independiente de Venezuela». Pausa. Sus ojos se pierden en la memoria. «Maracaibo ha sido rica en petróleo, pero ha pasado hambre durante los últimos años». Para que el petróleo beneficie realmente a Maracaibo esta vez, algo tiene que cambiar. «La mentalidad de los regentes y un poco también la mentalidad de la población», advierte Danieri. «La población, para que no se conforme con este es el menos malo o este es lo que hay. Y también la mentalidad de los regentes, para que dejen de pensar que la política es un negocio familiar».Danieri reflexiona sobre lo que significa el regreso del petróleo. «Esperanza, hay expectativas, volver a esa Maracaibo que era antes. Esa Maracaibo pujante, esa Maracaibo orgullosa de sus recursos que dice: mira, nosotros literalmente flotamos en petróleo», afirma. «Ha sido una bendición y una maldición, porque lamentablemente caímos como en una especie de borrachera por el exceso de ingresos por el petróleo y olvidamos otros sectores que también tenemos».El colapsoDino Cafoncelli, presidente de la Cámara de Comercio de Maracaibo, recuerda los últimos años de prosperidad. «Hasta 2012 y 2013 hubo crecimiento económico del Producto Interno Bruto», dice. «Había abundancia en los dineros públicos». Pero luego vino el colapso. «El momento más difícil fue el gran apagón nacional de 2019». El apagón nacional fue devastador. Zulia fue el último lugar del país en recuperar la electricidad. Hubo saqueos. Hoteles, centros comerciales, negocios enteros no volvieron a abrir. Grandes empresas desaparecieron. Puestos de trabajo se perdieron. «Eso fue algo muy duro que nos tocó vivir», señala Cafoncelli.«El momento más difícil fue el gran apagón nacional de 2019» Dino Cafoncelli Presidente de la Cámara de ComercioLa hiperinflación rompió récords históricos. Trabajadores en las calles con caras de no estar pasándolo bien. Empresarios que se apretaron el cinturón. «Incluso a todos nos tocó», comenta Cafoncelli.Pero algo cambió. La dolarización ‘de facto’ llegó como un salvavidas . «Eso hizo que la economía tomara un ritmo diferente» explica el empresario. «Ya no son márgenes de dos dígitos como en el pasado. Nos parecemos más a otros países vecinos. Eso es lo que se llama la economía real». Las distorsiones se fueron acabando. El Estado se quedó sin recursos. Los ciudadanos tuvieron que pagar servicios que antes eran públicos. Agua, electricidad, combustible. Todo se convirtió en un negocio privado.Frente a la Estación de Servicios Lagopista, en Vía Circunvalación, José Balza vende cocos. Tiene 54 años, aunque parece más viejo. La vida en el exilio envejece. Se fue en 2019, cuando no había trabajo, cuando la ciudad se desmoronaba. Pasó más de un lustro en Colombia. Regresó hace dos meses. Sus manos tiemblan cuando habla.«Cuando me fui de aquí, me fui delgadísimo, flaco», cuenta. «No había trabajo. Perdí la vida. Entonces, al llegar a otro país, fue duro. Pero, gracias a Dios, el tiempo que estuve allá me enseñó a valorar las cosas que no valoraba. A valorar la vida. Primero la vida» –sus ojos se humedecen, se limpia con el dorso de la mano–. Cuando le pregunto qué siente al ver los barcos en el lago, su voz se quiebra. «Esperanza», dice. «Esperanza de que podamos ser la misma gente que éramos antes. Que haya trabajo. Que haya empresarios de otros países. Que haya trabajo como antes». Se detiene. Respira profundo.La paradoja del petróleoZulia es el único estado que abarca los tres sectores principales de la economía: primario, secundario y terciario. Tiene potencial agrícola, pesquero y energético. «Debimos habernos diversificado un poco más», dice Danieri, quien añade: «Pudimos habernos convertido en algo más que un país monoproductor».Cafoncelli coincide. «El esquema del manejo petrolero necesita una reforma completa. La empresa petrolera estatal PDVSA se apartó de su visión de trabajo, de su misión. Creo que debe haber una reforma completa del sector y que la compañía se dedique a petróleo y a energía».Zulia tiene cinco fuentes probadas de energía: petróleo, gas, energía solar, eólica y carbón. «Son cinco fuentes probadas que tenemos en la región zuliana que nos convierten en una zona con mucho potencial energético», aventura Cafoncelli.Sobre el petróleo «Ha sido una bendición y una maldición, porque caímos como en una especie de borrachera por el exceso de ingresos por el petróleo» Lenín Danieri Periodista en el estado ZuliaPero hay un problema. Maracaibo consume más electricidad que cualquier otra ciudad de la región. El aire acondicionado funciona las 24 horas o la ciudad se detiene. Los cortes de luz no cesan. «El aumento de la actividad petrolera podría dejar a Zulia nuevamente sin luz si no se corrige el tema energético», advierte un técnico en mantenimiento industrial eléctrico que ahora es un vendedor informal en la calle. «No estamos preparados si no se corrige el problema de generar y trasmitir energía».Mientras el sol se pone sobre el lago de Maracaibo, tiñendo el agua de naranja y rojo, el olor a petróleo sigue siendo lo primero que percibe quien llega a la ciudad. Y, en las calles, la gente sigue esperando. Esperando que esta vez sea diferente. Esperando que el petróleo, después de todo, traiga algo más que ruinas. Esperando que una ciudad distópica pueda, finalmente, respirar. Esperando que el precio de esa respiración no sea demasiado alto.  

El calor llega primero. No es el calor de otros lugares. Es el calor de Maracaibo, que viene del lago, que viene del asfalto podrido, que viene del aire mismo. 35 grados centígrados, pero la sensación térmica trepa a 50 por la humedad del 90% … que generan los vapores calientes del agua. El viento no refresca aquí. El viento quema. Cuando cierras los ojos, sientes que estás dentro de una boca abierta que respira fuego.

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