Jorge Fernández Díaz considera que España vive una “situación inaudita”. Lo escribe en referencia al estallido del último capítulo del caso Leire (en un artículo que se publica en el periódico La Razón) solo unas horas antes de declarar en la Audiencia Nacional como acusado por el caso Kitchen. Esta era una de las citas más esperadas del juicio por el espionaje urdido en 2013 contra Luis Bárcenas, extesorero del PP. Y ha llegado finalmente este jueves. Pasadas las 13.00, quien fuera ministro del Interior de 2011 a 2016, hombre muy cercano al entonces presidente Mariano Rajoy, se ha colocado ante el tribunal para anunciar que solo respondería a las cuestiones que le formulase su abogado y los propios magistrados. A partir de ese momento, el exdirigente popular ha negado su implicación en la trama o que supiese algo de ella: “No sabía que existía”, ha repetido. Pese a que su antiguo número dos y secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, le ha contradicho solo unos minutos antes.
El exministro niega que hablase en pleno desarrollo de la trama de la captación del chófer de Bárcenas con el ex secretario de Estado, cómo este ha afirmado
Jorge Fernández Díaz considera que España vive una “situación inaudita”. Lo escribe en referencia al estallido del último capítulo del caso Leire (en un artículo que se publica en el periódico La Razón) solo unas horas horas antes de declarar en la Audiencia Nacional como acusado por el caso Kitchen. Esta era una de las citas más esperadas del juicio por el espionaje urdido en 2013 contra Luis Bárcenas, extesorero del PP. Y ha llegado finalmente este jueves. Pasadas las 13.00, quien fuera ministro del Interior de 2011 a 2016, hombre muy cercano al entonces presidente Mariano Rajoy, se ha colocado ante el tribunal para anunciar que solo respondería a las cuestiones que le formulase su abogado y los propios magistrados. A partir de ese momento, el exdirigente popular ha negado su implicación en la trama o que supiese algo de ella: “No sabía que existía”, ha repetido. Pese a que su antiguo número dos y secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, le ha contradicho solo unos minutos antes.
—¿Ordenó algún seguimiento [a Bárcenas]? —le ha preguntado su letrado, Jesús Mandri, al poco de arrancar el interrogatorio del exministro.
—En absoluto —ha contestado él.
El exresponsable de Interior ha mantenido así el mismo guion seguido hasta ahora. Ha asegurado que se enteró de Kitchen por la prensa a finales de 2015 o principios de 2016, cuando la operación había finalizado. Por tanto, según ha reiterado, él no ordenó nada: “Nunca”. Ni oyó hablar “nada”. De hecho, ha negado que llamase a Martínez en julio de 2013 para interesarse por si el chófer de Bárcenas estaba colaborando con la Policía Nacional, como había narrado antes el ex secretario de Estado al tribunal. “Acabo de decir que yo me entero de esta operación cuando empieza a aparecer en los medios de comunicación […] En 2013 yo no sabia nada”, ha recalcado el acusado.
Sin embargo, Martínez ha expuesto una versión muy distinta: “El 13 de julio de 2013, el ministro me llama y me pregunta si yo sé de un colaborador cercano a la familia de Bárcenas, que estaba colaborando. Para que me entere. Yo lo que hago es preguntar a Eugenio Pino, [jefe de la Policía]. Pino me contesta y me dice que hay un colaborador en el entorno de Bárcenas que hace las funciones de conductor. Y yo se lo conformo al ministro”. En la fase de instrucción, además, el ex secretario de Estado facilitó a la Audiencia Nacional una batería de SMS que contenían detalles de la trama —“Chófer B. Sergio Javier Ríos Esgueva (ahora esa función con su mujer)”, rezaba uno; “La operación se hizo con éxito”, apuntaba otro— y que, según dijo, le envió Fernández Díaz durante el desarrollo del espionaje.
El exministro ha negado ser el autor de esos mensajes: “No los reconozco”. Pero, al hacerlo, ha evitado avivar un enfrentamiento con su antiguo número dos: “Yo no acuso a nadie”. Lejos queda ya el tenso careo que ambos protagonizaron durante la investigación, cuando se acusaron mutuamente de mentir durante una tensa sesión llena de reproches. Durante todo el juicio ha sobrevolado la existencia de un pacto de no agresión entre ambos. Y, más allá de esa alusión a la supuesta llamada de 2013, Martínez ha evitado hablar de los SMS. Su letrado no le ha preguntado por ello, e incluso ha limado asperezas con su exjefe: “Con el tiempo me he dado cuenta que mi único valedor [en el partido] era Jorge”, ha afirmado.
Fernández Díaz ha tratado igualmente de extender un manto de protección sobre la formación conservadora: “Nadie, desde el PP, me trasmitió ninguna inquietud o preocupación sobre ese asunto [sobre si el extesorero podía guardar documentos comprometedores]”. “Y a mí no me podía preocupar la información que podía tener […] Yo no estaba [en los papeles de Bárcenas], lo que era normal porque yo no recibí ningún sobresueldo”. A su vez, el exministro ha negado que conociera entonces al oscuro comisario José Manuel Villarejo, pese a que el policía grabó un encuentro que mantuvieron en 2012, donde se escucha decir al popular: “Negaré, incluso bajo tortura, que esta reunión ha existido”.
Otra jornada clave
Las defensas y acusaciones arrastran ya muchos días de juicio —esta mañana se ha sumado la sesión número 27— y el cansancio empieza a acumularse. Varios procesados verbalizan sus deseos de que acabe ya la vista cuando, sobre las 10.15, la funcionaria del tribunal les indica que vuelvan a entrar en sala. Todos saben que comienza otra jornada de importancia. Tras escuchar durante dos meses a testigos y peritos, así como los audios grabados por Villarejo de forma subrepticia, llega finalmente el turno de que hablen los imputados.
Comienza así Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad del Gobierno de Mariano Rajoy y mano derecha durante años de Jorge Fernández Díaz en Interior. Allí se convirtió en un hombre de su “confianza”, según él mismo ha relatado al tribunal, ante el que se ha desmarcado de la estructura interna de la formación conservadora. “Jamás he ostentado ningún cargo orgánico del PP. Jamás he recibido ninguna remuneración del PP”, ha repetido a preguntas de su abogado. Martínez se ha acogido a su derecho a no contestar a la Fiscalía Anticorrupción, a la Abogacía del Estado y a las otras acusaciones. Tampoco, a los letrados de sus compañeros de banquillo.
Con sus primeras respuestas, el ex secretario del Estado ha introducido una línea de defensa que ya se ha deslizado anteriormente: ¿por qué iban a jugársela ellos por boicotear el caso Gürtel, donde no estaban investigados y se cercaba la estructura orgánica del PP? Sin embargo, Martínez ha tratado de ir más allá y ha lanzado dardos contra la investigación dirigida por el juez instructor Manuel García-Castellón, que lo definió como el “coordinador” de Kitchen. Según concluyó el magistrado, el número dos de Interior asumió del ministro el encargo de poner en marcha el despliegue de espionaje y se lo encomendó al jefe operativo de la Policía, Eugenio Pino. El ex secretario de Estado lo ha negado este jueves.
—¿Ordenó algún tipo de operación policial sobre Bárcenas, su mujer o su familia? —le ha insistido su abogado, Pedro Colina.
—Jamás. Nunca ordené operaciones sobre nada —ha aseverado Martínez.
—¿Ordenó captar a ese colaborador? —se le ha lanzado, en referencia al conductor del extesorero.
—Por supuesto que no.
—¿Ordenó encontrar los discos duros de Bárcenas y archivos que tuvieran que ver con la contabilidad del PP?
—Radicalmente no. Creo que eso de los discos duros de Bárcenas es una leyenda mediática. No percibí la preocupación de nadie (por supuesto, jamás del ministro) por que tuviera discos duros o contabilidades.
“Villarejo hablaba tanto…”

Apoyado en un cuaderno de notas y con un bolígrafo en la mano, Martínez ha perfilado las claves de su estrategia de defensa. Ha dicho que él se entero de la captación del confidente cuando ya se había ejecutado y porque se lo encomendó el ministro. Ha apuntado que él siempre pensó que todo era legal. Según ha reiterado, “jamás” le hablaron de una actuación ilegal o dedujo alguna. Nunca le “hablaron de seguimientos”; ni el comisario Enrique García Castaño, alias El Gordo, le contó que había accedido a un estudio de la mujer de Bárcenas, ni le entregó un material sustraído al extesorero, como contó el policía en fase de instrucción.
“Villarejo hablaba tanto… Y hablaba en clave y usaba apodos, que a veces no le entendía bien”, se ha excusado también al referirse a las “frecuentes” conversaciones que mantuvo con el comisario —varias de las cuales fueron grabadas y acabaron en la prensa—. “Algunas soy incapaz de reconstruir de qué estábamos hablando […] Han pasado muchos años”. En esa línea, Martínez ha ahondado en que el policía estaba entonces bien considerado dentro del Cuerpo y que facilitaba información de “inteligencia”, mezclada con “chascarrillos”. Según ha minimizado al aludir a los hechos enjuiciados, Villarejo solo se centraba en las cuentas en el extranjero de Bárcenas; y ha contado que él mismo pactó con Félix Sanz Roldán, ex director del CNI, que el agente acudiese a la sede de los espías a una reunión, donde se comentó ese tema.
Precisamente, al no poder negar la existencia de los seguimientos al entorno del excontable del PP, varias defensas alegan que el objetivo de esas vigilancias era buscar el dinero de un presunto corrupto —frente a la tesis de las acusaciones, que sostienen que querían robarle material sensible que aún podía guardar de altos cargos del PP para que así no llegara a los investigadores del caso Gürtel—. En ese punto, Martínez ha echado un capote a los otros procesados y ha manifestado que el “objetivo” del espionaje era “descubrir si había mas fondos” de Bárcenas ocultos y si había “más personas” implicadas. “Y presumo que era conocido por la Policía Judicial”, ha remachado, pese a que el inspector jefe Manuel Morocho, que lideraba el grupo de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) que hacía esas labores de Policía Judicial de apoyo en el caso Gürtel a la Audiencia Nacional, relató al tribunal que nunca le dijeron nada.
Es más, Morocho denunció que la antigua cúpula de la Policía Nacional trató de “torpedear” sus pesquisas. El ex secretario de Estado ha negado que él activara un boicot al inspector jefe, o que lo supiese. “Ni lo ordené, ni lo conocí. Y expreso mis dudas de que esto fuera así. Lo que sí escuché es que había una relación a veces conflictiva de Morocho con sus compañeros. No sé si es verdad”, ha añadido. “¿Y le hizo usted la vida imposible al señor Bárcenas en prisión?”, le ha preguntado su abogado, en referencia a la supuesta extensión de la trama de espionaje a la estancia del extesorero en prisión provisional. “Por supuesto que no, absolutamente no”, ha zanjado el ex número dos de Interior.
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