Desde el cielo y el espacio, un ejército de tecnologías aeroespaciales se han aliado en la lucha contra el infierno de los incendios en la Tierra. Constelaciones de microsatélites equipados con todo tipo de telescopios, cámaras y sensores detectan zonas de alto riesgo, los primeros focos de llamas y anomalías térmicas casi en tiempo real. Algunos de estos dispositivos están dotados con super sofisticados radares que pueden traspasar las nubes y la densa capa de humo para identificar el frente de las llamas, su dirección y la velocidad de avance. Se usan pseudo-satélites (conocidos como HAPS, las siglas en inglés de High Altitude Platform System) que, desde la estratosfera, a 20 kilómetros sobre la superficie terrestre, se convierten en ojos observadores de los puntos críticos durante meses. Y a baja altura, sobre terreno, los drones proporcionan a las brigadas de bomberos datos de primera mano sobre la evolución del incendio. Ya hay prototipos de grandes aeronaves no tripuladas (UAV) que lanzan gotas microscópicas para ahogar las llamas o esferas químicas que de forma ultra precisa levantan cortafuegos.Un ejército de soldados tecnológicos que junto a modelos de IA y avanzados software permiten disponer de información en tiempo real para anticiparse a la tragedia antes de que sea tarde. Y nuestras empresas, junto a centros tecnológicos, están liderando proyectos pioneros no solo en la lucha contra incendios sino también en la detección temprana y prevención de estos desastres naturales convirtiendo a nuestro país en un laboratorio de nuevas ideas y soluciones innovadoras.Los incendios de sexta generación generan sus propias condiciones climáticas y liberan mucha energíaLos incendios son ahora más potentes y agresivos que nunca. Los de sexta generación se convierten en verdaderos monstruos de llamas alimentados por el cambio climático y por el abandono de tareas rurales tradicionales como el pastoreo y la limpieza de los montes. Así que nuestros bosques son cada vez más extensos y densos, el combustible ideal para que surja la chispa con altas temperaturas. «Hay un porcentaje de incendios que se escapa a la capacidad de extinción, y es imposible frenarlos en un momento dado. Antes se extinguían en un par de días, ahora arden durante semanas. Son incendios que generan sus propias condiciones climáticas con pirocúmulos, nubes de humo que suben el aire caliente y, cuando encuentran las capas frías a mucha altura, se enfrían y se desploman generando vientos que expanden las llamas en todas direcciones», explica Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes.Noticia relacionada No La industria espacial española busca pista para su despegue definitivo María José Pérez-BarcoSobrepasando el límiteEstos megaincendios liberan tanta energía acumulada por la cantidad de masa forestal seca (más de 100.000 kW por metro lineal) que no hay capacidad humana para extinguirlos. Ni siquiera los medios aéreos pueden actuar con eficacia porque el agua se evapora antes de tocar el suelo. Para hacernos una idea, Tolosana cuenta que 10.000 kW por metro lineal es el límite de la resistencia humana. «Aunque las brigadas lleven equipos de protección ignífugos es imposible acercarse a centenares de metros», afirma.Y ocurre que estos incendios de sexta generación son cada vez más frecuentes. Según los datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica, el año pasado ardieron 354.746 hectáreas en nuestro país, una superficie equivalente a quemar por completo toda la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Y aunque se redujo el número de siniestros, se registraron 63 grandes incendios forestales, es decir aquellos que calcinan más de 500 hectáreas. De hecho, estos quemaron el 87% de la superficie total afectada. Incluso de los 16 incendios mayores de 20.000 hectáreas que sucedieron durante toda la serie histórica (1968-25), cinco se han producido en el fatídico 2025.El año pasado se quemó en nuestro país una superficie equivalente a la provincia de TenerifeAnte fenómenos de tal dimensión, que desbordan por completo la capacidad de control del ser humano en el terreno, se necesitan nuevas estrategias de extinción mucho más avanzadas que las tradicionales. Y es ahí donde la tecnología aeroespacial se hace indispensable para salvar vidas y proteger nuestros montes. Con esa vocación empresas como Aistech Space están aportando innovadoras soluciones. Su objetivo es desplegar una constelación de 48 satélites ‘made in Spain’ dotados con tecnología propia: un telescopio multiespectral que ha patentado la compañía catalana y que proporciona imágenes térmicas de alta resolución y con mayor frecuencia. Unas capturas capaces de revelar los frentes de fuego activos, los puntos calientes que van cambiando y que permiten un seguimiento de la evolución del fuego casi en tiempo real.Huella de calorDe momento Aistech Space tiene cinco satélites en órbita baja, a unos 500 kilómetros de la Tierra. «Mapeamos y controlamos la huella de calor que se genera sobre la superficie de la Tierra, mayoritariamente derivada de la actividad humana. Este año hemos lanzado los primeros satélites Hydra (2 y 3), que son el inicio de nuestra constelación comercial. Y lanzaremos los siguientes a finales de 2026 y en el primer cuatrimestre de 2027. Serán satélites de mayores dimensiones que alcanzarán los 100 kilos. Somos proveedores de la Agencia Espacial Europea, dentro del sistema Copernicus proporcionamos datos y servicios. Nuestros satélites dan 14 vueltas a la Tierra en un día y, cuando tengamos la constelación completamente desplegada, vamos a ser capaces de proporcionar imágenes térmicas entre 10 minutos y una hora, según la latitud», cuenta Carles Franquesa, CEO de Aistech Space.Con la puesta en órbita del satélite Hydra 3 el pasado mayo, Aistech Space inicia el despliegue de su constelación comercialNo obstante, esta empresa quiere dar un paso más y trabaja en un nuevo sistema de alertas basado en satélites y drones. «Hasta ahora los drones se utilizan para controlar las masas forestales. Realizan vuelos con rutas muy específicas que pueden detectar o no un foco de incendio, ya que el foco puede estar fuera del alcance de la zona donde tiene previsto volar el dron. Sin embargo, un satélite tiene una recurrencia muy amplia y una capacidad de observación mayor. Si le dotamos de IA podemos conseguir que el satélite pase por una zona boscosa y envíe una alerta a los bomberos en tierra o al dron para que se dirija específicamente a esa zona donde se ha detectado un potencial riesgo», explica Franquesa.Junto a Telespazio y Kreios Space, en colaboración con la Universidad de Vigo, esta empresa catalana está desarrollando un proyecto muy novedoso que ha sido financiado por la Agencia Espacial Española: una constelación de satélites de baja órbita (por debajo de 500 kilómetros), lo que permite imágenes de muy alta resolución, para la detección temprana y el monitoreo de incendios. A través de estas capturas multiespectrales y el uso de algoritmos de IA, el sistema será capaz de distinguir automáticamente entre incendios reales y falsas alarmas. «Mejorará la calidad y seremos mucho más precisos», sostiene Franquesa.La empresa Dron Hopper, una consultora aeronáutica madrileña, está desarrollando una tecnología revolucionaria: un dron nocturno para la extinción de incendios capaz de transportar una carga útil de 600 a 1.000 kilogramos y que puede estar disponible durante todo el día, salvando así las restricciones que sufren los hidroaviones. «Estas aeronaves tienen muchas limitaciones: no pueden volar durante la noche, cuando el incendio es más débil; a veces tampoco por problemas de seguridad de los pilotos o porque no hay pilotos disponibles. Y, aunque transportan hasta 6.500 litros de agua, son menos precisos», asegura Pablo Flores Peña, fundador y CEO de Dron Hopper. Sin embargo, un dron puede operar en cualquier momento del día o de la noche, sin poner en riesgo a pilotos y es una tecnología mucho más económica.Prototipo de dron que ha desarrollado la empresa Dron Hopper.En este caso, no se trata de un dron eléctrico ya que las baterías no tienen suficiente capacidad para garantizar una operación de 10-15 minutos con pesadas cargas. Como cuenta Flores Peña, «hemos desarrollado un sistema de control capaz de utilizar motores de gasolina que aportan más tiempo de vuelo con carga y permiten la operación. Tenemos la patente, hemos probado y validado un prototipo con un peso total de 75 kilos y 8 CV de potencia total. El grande tendrá 12 motores y 60 CV. Ahora buscamos financiación para su escalado industrial y comercial».Agua nebulizadaEl dron de Hopper cuenta con un sistema de descarga de agua nebulizada, es decir crea una especie de niebla de pequeñas gotas de agua que desplaza el oxígeno consiguiendo así ahogar las llamas. Con 600 litros de agua, Flores asegura que esta aeronave no tripulada podría abarcar la mitad del área que cubre un hidroavión, siempre que realice una pasada perfecta. «El hidroavión tiene que ir a cargar a un pantano, tiene un tránsito de media hora entre descargas. Nosotros planteamos una operación local. Nuestro dron puede ir y volver en menos tiempo. Por cada ataque de un hidroavión, el dron realiza tres pasadas, se puede acercar más a las llamas y puede operar en enjambre. Solo necesitamos un pequeño espacio para aterrizar, un camión estándar y no precisamos un lago para cargar».Los cerebros de Telespazio Ibérica dan sentido a todo este ejército de nuevas tecnologías. La compañía no se dedica a fabricar drones ni satélites, sino a desarrollar softwares capaces de gestionar y procesar la ingente cantidad de datos e imágenes que llegan desde el cielo y el espacio para la prevención, detección y extinción de incendios. En Fuerteventura tiene su cuartel general, un centro de control conectado a sus bases de Madrid, Barcelona, Vigo y Tenerife. Forma parte del gran proyecto ISSEC que busca soluciones innovadoras especialmente enfocadas en la lucha contra incendios. «Aquí se fusionan los datos de satélites, HAPS (que permanecen durante meses a 20 kilómetros de altura) y drones con información meteorológica (vientos, temperaturas, humedades…) para entrenar modelos matemáticos que permiten analizar la extensión de un incendio forestal, hacia dónde se dirige, qué infraestructuras puede dañar… Entrenamos modelos de IA con simulaciones de incendios», explica Carlos Fernández de la Peña, CEO de Telespazio Ibérica.InnovaciónEsta compañía está inmersa en otros muchos proyectos. En Andalucía presta sus servicios para el control y gestión de cortafuegos: un satélite monitoriza los cortafuegos e informa dónde hay crecida de vegetación, que después se tala y luego se supervisa. «En la Cornisa Cantábrica tenemos un proyecto para la identificación temprana de focos de incendio en las cercanías de líneas eléctricas. En el proyecto PiroSAR podemos ver el frente de las llamas a través de las nubes y el humo gracias a satélites equipados con radar SAR (Radar de Apertura Sintética)», cuenta Fernández de la Peña. Esta empresa lidera el desarrollo de la constelación de satélites Islas Canarias que serán los guardianes de los incendios en el archipiélago. Y participa, junto a otras compañías, en el proyecto Extincia para conseguir drones con una capacidad de carga útil de 600 kilos que pueda realizar descargas sobre pequeños focos de incendios, ayudados por sistemas de procesamiento de alto rendimiento y avanzados algoritmos de IA que faciliten una elevada precisión.Recreación de la constelación Islas Canarias en la que trabaja Telespazio«España está poniendo mucho énfasis en la prevención y gestión de incendios. En términos de innovación es un laboratorio con nuevas ideas y proyectos. Hay una altísima demanda de herramientas y de información para que estén disponibles de forma operativa y en la toma de decisiones que se hace en minutos», dice Fernández de la Peña. Avanzadas tecnologías del cielo para combatir el infierno de los incendios en la Tierra. Desde el cielo y el espacio, un ejército de tecnologías aeroespaciales se han aliado en la lucha contra el infierno de los incendios en la Tierra. Constelaciones de microsatélites equipados con todo tipo de telescopios, cámaras y sensores detectan zonas de alto riesgo, los primeros focos de llamas y anomalías térmicas casi en tiempo real. Algunos de estos dispositivos están dotados con super sofisticados radares que pueden traspasar las nubes y la densa capa de humo para identificar el frente de las llamas, su dirección y la velocidad de avance. Se usan pseudo-satélites (conocidos como HAPS, las siglas en inglés de High Altitude Platform System) que, desde la estratosfera, a 20 kilómetros sobre la superficie terrestre, se convierten en ojos observadores de los puntos críticos durante meses. Y a baja altura, sobre terreno, los drones proporcionan a las brigadas de bomberos datos de primera mano sobre la evolución del incendio. Ya hay prototipos de grandes aeronaves no tripuladas (UAV) que lanzan gotas microscópicas para ahogar las llamas o esferas químicas que de forma ultra precisa levantan cortafuegos.Un ejército de soldados tecnológicos que junto a modelos de IA y avanzados software permiten disponer de información en tiempo real para anticiparse a la tragedia antes de que sea tarde. Y nuestras empresas, junto a centros tecnológicos, están liderando proyectos pioneros no solo en la lucha contra incendios sino también en la detección temprana y prevención de estos desastres naturales convirtiendo a nuestro país en un laboratorio de nuevas ideas y soluciones innovadoras.Los incendios de sexta generación generan sus propias condiciones climáticas y liberan mucha energíaLos incendios son ahora más potentes y agresivos que nunca. Los de sexta generación se convierten en verdaderos monstruos de llamas alimentados por el cambio climático y por el abandono de tareas rurales tradicionales como el pastoreo y la limpieza de los montes. Así que nuestros bosques son cada vez más extensos y densos, el combustible ideal para que surja la chispa con altas temperaturas. «Hay un porcentaje de incendios que se escapa a la capacidad de extinción, y es imposible frenarlos en un momento dado. Antes se extinguían en un par de días, ahora arden durante semanas. Son incendios que generan sus propias condiciones climáticas con pirocúmulos, nubes de humo que suben el aire caliente y, cuando encuentran las capas frías a mucha altura, se enfrían y se desploman generando vientos que expanden las llamas en todas direcciones», explica Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes.Noticia relacionada No La industria espacial española busca pista para su despegue definitivo María José Pérez-BarcoSobrepasando el límiteEstos megaincendios liberan tanta energía acumulada por la cantidad de masa forestal seca (más de 100.000 kW por metro lineal) que no hay capacidad humana para extinguirlos. Ni siquiera los medios aéreos pueden actuar con eficacia porque el agua se evapora antes de tocar el suelo. Para hacernos una idea, Tolosana cuenta que 10.000 kW por metro lineal es el límite de la resistencia humana. «Aunque las brigadas lleven equipos de protección ignífugos es imposible acercarse a centenares de metros», afirma.Y ocurre que estos incendios de sexta generación son cada vez más frecuentes. Según los datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica, el año pasado ardieron 354.746 hectáreas en nuestro país, una superficie equivalente a quemar por completo toda la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Y aunque se redujo el número de siniestros, se registraron 63 grandes incendios forestales, es decir aquellos que calcinan más de 500 hectáreas. De hecho, estos quemaron el 87% de la superficie total afectada. Incluso de los 16 incendios mayores de 20.000 hectáreas que sucedieron durante toda la serie histórica (1968-25), cinco se han producido en el fatídico 2025.El año pasado se quemó en nuestro país una superficie equivalente a la provincia de TenerifeAnte fenómenos de tal dimensión, que desbordan por completo la capacidad de control del ser humano en el terreno, se necesitan nuevas estrategias de extinción mucho más avanzadas que las tradicionales. Y es ahí donde la tecnología aeroespacial se hace indispensable para salvar vidas y proteger nuestros montes. Con esa vocación empresas como Aistech Space están aportando innovadoras soluciones. Su objetivo es desplegar una constelación de 48 satélites ‘made in Spain’ dotados con tecnología propia: un telescopio multiespectral que ha patentado la compañía catalana y que proporciona imágenes térmicas de alta resolución y con mayor frecuencia. Unas capturas capaces de revelar los frentes de fuego activos, los puntos calientes que van cambiando y que permiten un seguimiento de la evolución del fuego casi en tiempo real.Huella de calorDe momento Aistech Space tiene cinco satélites en órbita baja, a unos 500 kilómetros de la Tierra. «Mapeamos y controlamos la huella de calor que se genera sobre la superficie de la Tierra, mayoritariamente derivada de la actividad humana. Este año hemos lanzado los primeros satélites Hydra (2 y 3), que son el inicio de nuestra constelación comercial. Y lanzaremos los siguientes a finales de 2026 y en el primer cuatrimestre de 2027. Serán satélites de mayores dimensiones que alcanzarán los 100 kilos. Somos proveedores de la Agencia Espacial Europea, dentro del sistema Copernicus proporcionamos datos y servicios. Nuestros satélites dan 14 vueltas a la Tierra en un día y, cuando tengamos la constelación completamente desplegada, vamos a ser capaces de proporcionar imágenes térmicas entre 10 minutos y una hora, según la latitud», cuenta Carles Franquesa, CEO de Aistech Space.Con la puesta en órbita del satélite Hydra 3 el pasado mayo, Aistech Space inicia el despliegue de su constelación comercialNo obstante, esta empresa quiere dar un paso más y trabaja en un nuevo sistema de alertas basado en satélites y drones. «Hasta ahora los drones se utilizan para controlar las masas forestales. Realizan vuelos con rutas muy específicas que pueden detectar o no un foco de incendio, ya que el foco puede estar fuera del alcance de la zona donde tiene previsto volar el dron. Sin embargo, un satélite tiene una recurrencia muy amplia y una capacidad de observación mayor. Si le dotamos de IA podemos conseguir que el satélite pase por una zona boscosa y envíe una alerta a los bomberos en tierra o al dron para que se dirija específicamente a esa zona donde se ha detectado un potencial riesgo», explica Franquesa.Junto a Telespazio y Kreios Space, en colaboración con la Universidad de Vigo, esta empresa catalana está desarrollando un proyecto muy novedoso que ha sido financiado por la Agencia Espacial Española: una constelación de satélites de baja órbita (por debajo de 500 kilómetros), lo que permite imágenes de muy alta resolución, para la detección temprana y el monitoreo de incendios. A través de estas capturas multiespectrales y el uso de algoritmos de IA, el sistema será capaz de distinguir automáticamente entre incendios reales y falsas alarmas. «Mejorará la calidad y seremos mucho más precisos», sostiene Franquesa.La empresa Dron Hopper, una consultora aeronáutica madrileña, está desarrollando una tecnología revolucionaria: un dron nocturno para la extinción de incendios capaz de transportar una carga útil de 600 a 1.000 kilogramos y que puede estar disponible durante todo el día, salvando así las restricciones que sufren los hidroaviones. «Estas aeronaves tienen muchas limitaciones: no pueden volar durante la noche, cuando el incendio es más débil; a veces tampoco por problemas de seguridad de los pilotos o porque no hay pilotos disponibles. Y, aunque transportan hasta 6.500 litros de agua, son menos precisos», asegura Pablo Flores Peña, fundador y CEO de Dron Hopper. Sin embargo, un dron puede operar en cualquier momento del día o de la noche, sin poner en riesgo a pilotos y es una tecnología mucho más económica.Prototipo de dron que ha desarrollado la empresa Dron Hopper.En este caso, no se trata de un dron eléctrico ya que las baterías no tienen suficiente capacidad para garantizar una operación de 10-15 minutos con pesadas cargas. Como cuenta Flores Peña, «hemos desarrollado un sistema de control capaz de utilizar motores de gasolina que aportan más tiempo de vuelo con carga y permiten la operación. Tenemos la patente, hemos probado y validado un prototipo con un peso total de 75 kilos y 8 CV de potencia total. El grande tendrá 12 motores y 60 CV. Ahora buscamos financiación para su escalado industrial y comercial».Agua nebulizadaEl dron de Hopper cuenta con un sistema de descarga de agua nebulizada, es decir crea una especie de niebla de pequeñas gotas de agua que desplaza el oxígeno consiguiendo así ahogar las llamas. Con 600 litros de agua, Flores asegura que esta aeronave no tripulada podría abarcar la mitad del área que cubre un hidroavión, siempre que realice una pasada perfecta. «El hidroavión tiene que ir a cargar a un pantano, tiene un tránsito de media hora entre descargas. Nosotros planteamos una operación local. Nuestro dron puede ir y volver en menos tiempo. Por cada ataque de un hidroavión, el dron realiza tres pasadas, se puede acercar más a las llamas y puede operar en enjambre. Solo necesitamos un pequeño espacio para aterrizar, un camión estándar y no precisamos un lago para cargar».Los cerebros de Telespazio Ibérica dan sentido a todo este ejército de nuevas tecnologías. La compañía no se dedica a fabricar drones ni satélites, sino a desarrollar softwares capaces de gestionar y procesar la ingente cantidad de datos e imágenes que llegan desde el cielo y el espacio para la prevención, detección y extinción de incendios. En Fuerteventura tiene su cuartel general, un centro de control conectado a sus bases de Madrid, Barcelona, Vigo y Tenerife. Forma parte del gran proyecto ISSEC que busca soluciones innovadoras especialmente enfocadas en la lucha contra incendios. «Aquí se fusionan los datos de satélites, HAPS (que permanecen durante meses a 20 kilómetros de altura) y drones con información meteorológica (vientos, temperaturas, humedades…) para entrenar modelos matemáticos que permiten analizar la extensión de un incendio forestal, hacia dónde se dirige, qué infraestructuras puede dañar… Entrenamos modelos de IA con simulaciones de incendios», explica Carlos Fernández de la Peña, CEO de Telespazio Ibérica.InnovaciónEsta compañía está inmersa en otros muchos proyectos. En Andalucía presta sus servicios para el control y gestión de cortafuegos: un satélite monitoriza los cortafuegos e informa dónde hay crecida de vegetación, que después se tala y luego se supervisa. «En la Cornisa Cantábrica tenemos un proyecto para la identificación temprana de focos de incendio en las cercanías de líneas eléctricas. En el proyecto PiroSAR podemos ver el frente de las llamas a través de las nubes y el humo gracias a satélites equipados con radar SAR (Radar de Apertura Sintética)», cuenta Fernández de la Peña. Esta empresa lidera el desarrollo de la constelación de satélites Islas Canarias que serán los guardianes de los incendios en el archipiélago. Y participa, junto a otras compañías, en el proyecto Extincia para conseguir drones con una capacidad de carga útil de 600 kilos que pueda realizar descargas sobre pequeños focos de incendios, ayudados por sistemas de procesamiento de alto rendimiento y avanzados algoritmos de IA que faciliten una elevada precisión.Recreación de la constelación Islas Canarias en la que trabaja Telespazio«España está poniendo mucho énfasis en la prevención y gestión de incendios. En términos de innovación es un laboratorio con nuevas ideas y proyectos. Hay una altísima demanda de herramientas y de información para que estén disponibles de forma operativa y en la toma de decisiones que se hace en minutos», dice Fernández de la Peña. Avanzadas tecnologías del cielo para combatir el infierno de los incendios en la Tierra.
Desde el cielo y el espacio, un ejército de tecnologías aeroespaciales se han aliado en la lucha contra el infierno de los incendios en la Tierra. Constelaciones de microsatélites equipados con todo tipo de telescopios, cámaras y sensores detectan zonas de alto riesgo, los … primeros focos de llamas y anomalías térmicas casi en tiempo real. Algunos de estos dispositivos están dotados con super sofisticados radares que pueden traspasar las nubes y la densa capa de humo para identificar el frente de las llamas, su dirección y la velocidad de avance. Se usan pseudo-satélites (conocidos como HAPS, las siglas en inglés de High Altitude Platform System) que, desde la estratosfera, a 20 kilómetros sobre la superficie terrestre, se convierten en ojos observadores de los puntos críticos durante meses. Y a baja altura, sobre terreno, los drones proporcionan a las brigadas de bomberos datos de primera mano sobre la evolución del incendio. Ya hay prototipos de grandes aeronaves no tripuladas (UAV) que lanzan gotas microscópicas para ahogar las llamas o esferas químicas que de forma ultra precisa levantan cortafuegos.
Un ejército de soldados tecnológicos que junto a modelos de IA y avanzados software permiten disponer de información en tiempo real para anticiparse a la tragedia antes de que sea tarde. Y nuestras empresas, junto a centros tecnológicos, están liderando proyectos pioneros no solo en la lucha contra incendios sino también en la detección temprana y prevención de estos desastres naturales convirtiendo a nuestro país en un laboratorio de nuevas ideas y soluciones innovadoras.
Los incendios de sexta generación generan sus propias condiciones climáticas y liberan mucha energía
Los incendios son ahora más potentes y agresivos que nunca. Los de sexta generación se convierten en verdaderos monstruos de llamas alimentados por el cambio climático y por el abandono de tareas rurales tradicionales como el pastoreo y la limpieza de los montes. Así que nuestros bosques son cada vez más extensos y densos, el combustible ideal para que surja la chispa con altas temperaturas. «Hay un porcentaje de incendios que se escapa a la capacidad de extinción, y es imposible frenarlos en un momento dado. Antes se extinguían en un par de días, ahora arden durante semanas. Son incendios que generan sus propias condiciones climáticas con pirocúmulos, nubes de humo que suben el aire caliente y, cuando encuentran las capas frías a mucha altura, se enfrían y se desploman generando vientos que expanden las llamas en todas direcciones», explica Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes.
Sobrepasando el límite
Estos megaincendios liberan tanta energía acumulada por la cantidad de masa forestal seca (más de 100.000 kW por metro lineal) que no hay capacidad humana para extinguirlos. Ni siquiera los medios aéreos pueden actuar con eficacia porque el agua se evapora antes de tocar el suelo. Para hacernos una idea, Tolosana cuenta que 10.000 kW por metro lineal es el límite de la resistencia humana. «Aunque las brigadas lleven equipos de protección ignífugos es imposible acercarse a centenares de metros», afirma.
Y ocurre que estos incendios de sexta generación son cada vez más frecuentes. Según los datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica, el año pasado ardieron 354.746 hectáreas en nuestro país, una superficie equivalente a quemar por completo toda la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Y aunque se redujo el número de siniestros, se registraron 63 grandes incendios forestales, es decir aquellos que calcinan más de 500 hectáreas. De hecho, estos quemaron el 87% de la superficie total afectada. Incluso de los 16 incendios mayores de 20.000 hectáreas que sucedieron durante toda la serie histórica (1968-25), cinco se han producido en el fatídico 2025.
El año pasado se quemó en nuestro país una superficie equivalente a la provincia de Tenerife
Ante fenómenos de tal dimensión, que desbordan por completo la capacidad de control del ser humano en el terreno, se necesitan nuevas estrategias de extinción mucho más avanzadas que las tradicionales. Y es ahí donde la tecnología aeroespacial se hace indispensable para salvar vidas y proteger nuestros montes. Con esa vocación empresas como Aistech Space están aportando innovadoras soluciones. Su objetivo es desplegar una constelación de 48 satélites ‘made in Spain’ dotados con tecnología propia: un telescopio multiespectral que ha patentado la compañía catalana y que proporciona imágenes térmicas de alta resolución y con mayor frecuencia. Unas capturas capaces de revelar los frentes de fuego activos, los puntos calientes que van cambiando y que permiten un seguimiento de la evolución del fuego casi en tiempo real.
Huella de calor
Newsletter
De momento Aistech Space tiene cinco satélites en órbita baja, a unos 500 kilómetros de la Tierra. «Mapeamos y controlamos la huella de calor que se genera sobre la superficie de la Tierra, mayoritariamente derivada de la actividad humana. Este año hemos lanzado los primeros satélites Hydra (2 y 3), que son el inicio de nuestra constelación comercial. Y lanzaremos los siguientes a finales de 2026 y en el primer cuatrimestre de 2027. Serán satélites de mayores dimensiones que alcanzarán los 100 kilos. Somos proveedores de la Agencia Espacial Europea, dentro del sistema Copernicus proporcionamos datos y servicios. Nuestros satélites dan 14 vueltas a la Tierra en un día y, cuando tengamos la constelación completamente desplegada, vamos a ser capaces de proporcionar imágenes térmicas entre 10 minutos y una hora, según la latitud», cuenta Carles Franquesa, CEO de Aistech Space.

No obstante, esta empresa quiere dar un paso más y trabaja en un nuevo sistema de alertas basado en satélites y drones. «Hasta ahora los drones se utilizan para controlar las masas forestales. Realizan vuelos con rutas muy específicas que pueden detectar o no un foco de incendio, ya que el foco puede estar fuera del alcance de la zona donde tiene previsto volar el dron. Sin embargo, un satélite tiene una recurrencia muy amplia y una capacidad de observación mayor. Si le dotamos de IA podemos conseguir que el satélite pase por una zona boscosa y envíe una alerta a los bomberos en tierra o al dron para que se dirija específicamente a esa zona donde se ha detectado un potencial riesgo», explica Franquesa.
Junto a Telespazio y Kreios Space, en colaboración con la Universidad de Vigo, esta empresa catalana está desarrollando un proyecto muy novedoso que ha sido financiado por la Agencia Espacial Española: una constelación de satélites de baja órbita (por debajo de 500 kilómetros), lo que permite imágenes de muy alta resolución, para la detección temprana y el monitoreo de incendios. A través de estas capturas multiespectrales y el uso de algoritmos de IA, el sistema será capaz de distinguir automáticamente entre incendios reales y falsas alarmas. «Mejorará la calidad y seremos mucho más precisos», sostiene Franquesa.
La empresa Dron Hopper, una consultora aeronáutica madrileña, está desarrollando una tecnología revolucionaria: un dron nocturno para la extinción de incendios capaz de transportar una carga útil de 600 a 1.000 kilogramos y que puede estar disponible durante todo el día, salvando así las restricciones que sufren los hidroaviones. «Estas aeronaves tienen muchas limitaciones: no pueden volar durante la noche, cuando el incendio es más débil; a veces tampoco por problemas de seguridad de los pilotos o porque no hay pilotos disponibles. Y, aunque transportan hasta 6.500 litros de agua, son menos precisos», asegura Pablo Flores Peña, fundador y CEO de Dron Hopper. Sin embargo, un dron puede operar en cualquier momento del día o de la noche, sin poner en riesgo a pilotos y es una tecnología mucho más económica.

En este caso, no se trata de un dron eléctrico ya que las baterías no tienen suficiente capacidad para garantizar una operación de 10-15 minutos con pesadas cargas. Como cuenta Flores Peña, «hemos desarrollado un sistema de control capaz de utilizar motores de gasolina que aportan más tiempo de vuelo con carga y permiten la operación. Tenemos la patente, hemos probado y validado un prototipo con un peso total de 75 kilos y 8 CV de potencia total. El grande tendrá 12 motores y 60 CV. Ahora buscamos financiación para su escalado industrial y comercial».
Agua nebulizada
El dron de Hopper cuenta con un sistema de descarga de agua nebulizada, es decir crea una especie de niebla de pequeñas gotas de agua que desplaza el oxígeno consiguiendo así ahogar las llamas. Con 600 litros de agua, Flores asegura que esta aeronave no tripulada podría abarcar la mitad del área que cubre un hidroavión, siempre que realice una pasada perfecta. «El hidroavión tiene que ir a cargar a un pantano, tiene un tránsito de media hora entre descargas. Nosotros planteamos una operación local. Nuestro dron puede ir y volver en menos tiempo. Por cada ataque de un hidroavión, el dron realiza tres pasadas, se puede acercar más a las llamas y puede operar en enjambre. Solo necesitamos un pequeño espacio para aterrizar, un camión estándar y no precisamos un lago para cargar».
Los cerebros de Telespazio Ibérica dan sentido a todo este ejército de nuevas tecnologías. La compañía no se dedica a fabricar drones ni satélites, sino a desarrollar softwares capaces de gestionar y procesar la ingente cantidad de datos e imágenes que llegan desde el cielo y el espacio para la prevención, detección y extinción de incendios. En Fuerteventura tiene su cuartel general, un centro de control conectado a sus bases de Madrid, Barcelona, Vigo y Tenerife. Forma parte del gran proyecto ISSEC que busca soluciones innovadoras especialmente enfocadas en la lucha contra incendios. «Aquí se fusionan los datos de satélites, HAPS (que permanecen durante meses a 20 kilómetros de altura) y drones con información meteorológica (vientos, temperaturas, humedades…) para entrenar modelos matemáticos que permiten analizar la extensión de un incendio forestal, hacia dónde se dirige, qué infraestructuras puede dañar… Entrenamos modelos de IA con simulaciones de incendios», explica Carlos Fernández de la Peña, CEO de Telespazio Ibérica.
Innovación
Esta compañía está inmersa en otros muchos proyectos. En Andalucía presta sus servicios para el control y gestión de cortafuegos: un satélite monitoriza los cortafuegos e informa dónde hay crecida de vegetación, que después se tala y luego se supervisa. «En la Cornisa Cantábrica tenemos un proyecto para la identificación temprana de focos de incendio en las cercanías de líneas eléctricas. En el proyecto PiroSAR podemos ver el frente de las llamas a través de las nubes y el humo gracias a satélites equipados con radar SAR (Radar de Apertura Sintética)», cuenta Fernández de la Peña. Esta empresa lidera el desarrollo de la constelación de satélites Islas Canarias que serán los guardianes de los incendios en el archipiélago. Y participa, junto a otras compañías, en el proyecto Extincia para conseguir drones con una capacidad de carga útil de 600 kilos que pueda realizar descargas sobre pequeños focos de incendios, ayudados por sistemas de procesamiento de alto rendimiento y avanzados algoritmos de IA que faciliten una elevada precisión.

«España está poniendo mucho énfasis en la prevención y gestión de incendios. En términos de innovación es un laboratorio con nuevas ideas y proyectos. Hay una altísima demanda de herramientas y de información para que estén disponibles de forma operativa y en la toma de decisiones que se hace en minutos», dice Fernández de la Peña. Avanzadas tecnologías del cielo para combatir el infierno de los incendios en la Tierra.
RSS de noticias de economia

