La co-country Manager de Bravo en España, subraya que “llegar a final de mes sin poder ahorrar ya es una señal de alerta”.Más información: Roberto Gómez: «En general, se puede aplazar cualquier deuda que se tenga con la Agencia Tributaria» La co-country Manager de Bravo en España, subraya que “llegar a final de mes sin poder ahorrar ya es una señal de alerta”.Más información: Roberto Gómez: «En general, se puede aplazar cualquier deuda que se tenga con la Agencia Tributaria»
Las claves
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En plena época estival, son muchas las personas que piden un crédito para poder pagar las vacaciones. Una situación que puede parecer lógica, aunque tiene sus consecuencias negativas.
“Si necesitas una tarjeta de crédito para pagar las vacaciones, existe un problema” afirma en una entrevista con EL ESPAÑOL Cristina Cervantes, co-country Manager de Bravo en España, compañía de recuperación de deuda.
Y matiza: “No porque utilizar una tarjeta sea negativo en sí mismo, sino porque puede ser una señal de que estamos financiando un gasto que nuestra economía actual no puede asumir”.
“Realidad preocupante”
Según el estudio ‘Radiografía del Sobreendeudamiento en España 2026, elaborada por Bravo, el 68% de las personas endeudadas destina más del 20% de sus ingresos al pago de deudas. Un dato nada tranquilizador porque son doce puntos más que el año anterior.
Además, más de la mitad (52%) no podría asumir un gasto imprevisto superior a 300 euros. “Estos datos reflejan una realidad preocupante: muchas familias viven con un margen financiero cada vez más reducido”, remarca Cervantes.
¿Y cuál es la primera señal de alerta? Aunque pudiera parecer que una gran deuda, la realidad es otra. “A menudo aparece antes, en pequeños indicadores del día a día. Llegar a final de mes sin poder ahorrar ya es una señal de alerta”, subraya la experta en rehabilitación financiera.
Y añade: “No significa necesariamente que exista un problema grave, pero sí indica que una familia ha perdido capacidad de absorber cualquier cambio como una reparación del coche, una factura inesperada o un gasto médico”.
Para dejarlo más claro, pone un ejemplo: “Si mañana se te rompe el frigorífico y no puedes asumir ese gasto, tu economía ya se encuentra en una situación vulnerable. No porque hayas tomado una mala decisión, sino porque no tienes margen para reaccionar”
Todo ello fruto de un cambio en la conducta de los consumidores. Y es que muchos de ellos ya no se sobreendeudan por una compra importante, como un coche, sino por acumular pequeños gastos y compromisos financieros.
“Una tarjeta de crédito para una compra puntual, un préstamo personal para cubrir un imprevisto, una financiación para un gasto familiar… Cada decisión puede parecer asumible de manera individual, pero el problema aparece cuando todas ellas conviven al mismo tiempo”, sostiene Cristina Cervantes.
¿Es malo endeudarse? “El crédito forma parte de nuestra economía y puede ser una herramienta útil cuando está planificado. El problema aparece cuando deja de ayudarnos a conseguir objetivos y empieza a limitar nuestra capacidad de decisión”, apunta la experta.
Perfil
Aunque pueda parecer lógico, el sobreendeudamiento no afecta únicamente a personas con bajos ingresos o poca formación financiera. Tener más estudios o ingresos no garantiza automáticamente una mayor estabilidad económica, según el estudio de Bravo.
De hecho, las personas con formación superior lideran los tramos más altos de deuda, con un 33%. “Muchas personas trabajan, tienen una nómina y cumplen con sus obligaciones, pero la combinación de vivienda, consumo, financiación y aumento del coste de vida ha reducido su margen de maniobra”, enfatiza.
¿Y cuál es el perfil de la persona endeudada? El grupo más numeroso corresponde a hombres de entre 40 y 54 años, con empleo y responsabilidades familiares.
Pero el estudio identifica también un colectivo especialmente vulnerable para recuperarse de la deuda. ¿Cuál es? Es de las mujeres de entre 55 y 64 años, desempleadas y divorciadas o separadas.
“Esto nos recuerda que detrás de cada deuda hay una realidad personal. La deuda tiene una dimensión económica, pero también emocional y social”, concluye Cristina Cervantes.
El Español – Sociedad
