Morir en Nazca, Perú

«Uno, que ha estado en Nazca, comprobó hace ya muchos años que la única forma de ver las famosas líneas es desde la altura, es decir, volando en un avión» «Uno, que ha estado en Nazca, comprobó hace ya muchos años que la única forma de ver las famosas líneas es desde la altura, es decir, volando en un avión»  

La noticia, mala por supuesto, – pues si no no es noticia propiamente dicha – nos cuenta, o mejor dicho nos lamenta, la muerte de trece personas en accidente de vuelo en una avioneta en Nazca, Perú.

Y entre los fallecidos un matrimonio español de Arroyo de la Encomienda (Valladolid), Alfredo Avilés y su mujer Ana Isabel Sánchez Muñoz, ambos de 52 años, que, con seguridad, hacían turismo en uno de los lugares más atractivos y a la vez misteriosos del planeta.

En efecto, uno, que ha estado en Nazca, comprobó hace ya muchos años que la única forma de ver las famosas líneas es desde la altura, es decir, volando en un avión.

Y así, las avionetas pilotadas por pilotos-guías recorren desde el cielo los dibujos de gran tamaño, hechos no se sabe cómo ni exactamente por quiénes que representan geoglifos y figuras de animales, monos, jaguares y pájaros, con una antigüedad precolombina de más de dos mil años y con diversas teorías sobre su finalidad: religiosa, agrícola, etc.

Por supuesto que la realización de las líneas tuvo que hacerse con una gran técnica y consistencia, pues resisten impávidas el paso del tiempo sin inmutarse ni mucho menos borrarse o deteriorarse, ya que además el clima es allí muy seco en el desierto y el yeso del suelo se ha endurecido con la humedad nocturna, según nos cuentan.

Según la arqueóloga y matemática alemana nacionalizada peruana, María Reiche, que estudió el misterio, sostuvo que se hicieron dichas líneas con fines de predicción del tiempo y de la lluvia para las cosechas de sus pobladores, basándose en la astrología y en la geometría.

Por cierto, cuando visité el lugar, vi a dicha escritora ya muy mayor tumbada en la cama y sin comunicarse apenas con los visitantes a modo de esfinge impasible.

Al principio todo te parece un juego, pero cuando las contemplas desde el aire las líneas-dibujos a gran tamaño te sientes perplejo y alucinado.

Y, por supuesto, también mareado de las vueltas y revueltas de la avioneta hasta el extremo que deseas que el vuelo termine y más de un pasajero tarda en reponerse del tan ajetreado viaje.

Claro, lo que uno no piensa es en el accidente y en tener consecuencias irreparables como las sufridas por el citado matrimonio vallisoletano y sus acompañantes víctimas de este mortal y trágico siniestro.

Nazca junto con Machu Picchu, son los mayores alicientes turísticos de Perú, aunque tiene muchos otros en donde la cultura indígena y prehispánica encuentra tantos atractivos y también misterios como el citado Nazca, donde por desgracia la muerte ha echado la zarpa de forma inesperada a nuestros paisanos vallisoletanos. DEP

 El Español – Castilla y León

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