El presidente argentino, Javier Milei, la líder de Alternativa por Alemania (AfD), Alice Weidel, el polaco Mateusz Morawiecki, el neerlandés Geert Wilders, el portugués André Ventura y el español Santiago Abascal, entre otras figuras de la ultraderecha mundial, han arropado en Budapest al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que se enfrenta el 12 de abril a unas elecciones en las que se arriesga a perder el poder que ocupa ininterrumpidamente desde hace 16 años. Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado, a través de un vídeo, su apoyo a la reelección del mandatario húngaro y su confianza en que obtenga una “victoria importante” en las urnas. El clima de euforia entre los 3.000 asistentes a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de Hungría, filial europea del gran evento de la derecha trumpista estadounidense, no ha podido ocultar la preocupación por unas encuestas adversas a Orbán, que los presentadores del acto se han esforzado por desacreditar.
Milei califica a Pedro Sánchez de “pichón de tirano” en un cónclave que ataca a Ucrania y evita criticar a Putin
El presidente argentino, Javier Milei, la líder de Alternativa por Alemania (AfD), Alice Weidel, el polaco Mateusz Morawiecki, el neerlandés Geert Wilders, el portugués André Ventura y el español Santiago Abascal, entre otras figuras de la ultraderecha mundial, han arropado en Budapest al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que se enfrenta el 12 de abril a unas elecciones en las que se arriesga a perder el poder que ocupa ininterrumpidamente desde hace 16 años. Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado, a través de un vídeo, su apoyo a la reelección del mandatario húngaro y su confianza en que obtenga una “victoria importante” en las urnas. El clima de euforia entre los 3.000 asistentes a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de Hungría, filial europea del gran evento de la derecha trumpista estadounidense, no ha podido ocultar la preocupación por unas encuestas adversas a Orbán, que los presentadores del acto se han esforzado por desacreditar.
“Las próximas elecciones [en Hungría] son una encrucijada absolutamente histórica para el pueblo húngaro, pero también para el resto de los europeos”, ha enfatizado Abascal, “por lo que es crucial que tomen la decisión correcta”. “Si Viktor Orbán no ganara, cosa que no va a ocurrir gracias a Dios, Hungría perdería y sería absorbida por el abismo que ha creado la UE”; en el que, según él, ya ha caído España. El tono apocalíptico con el que los oradores han pintado una posible derrota del primer ministro húngaro solo ha sido comparable al de los ditirambos que han dedicado a su anfitrión. Milei le ha calificado de “líder excepcional y voz indispensable”, mientras que Abascal ha descrito su gobierno como una “luz en la oscuridad”, el “muro de la dignidad de Europa” y “fiel reflejo de la civilización cristiana y occidental que nos une y en la que creemos”.
Aunque todos ellos le han presentado como baluarte frente al progresismo, en realidad su principal rival, Péter Magyar, es un conservador salido de las filas de su propio partido. Lo cierto es que la pérdida del poder por parte de Orbán no solo privaría a la ultraderecha europea de su representante más rocoso en el Consejo Europeo sino también de un importante apoyo económico, pues la banca húngara ha financiado las campañas del Reagrupamiento Nacional francés o de Vox.
Pese al carácter internacional del cónclave, Abascal ha dedicado buena parte de su discurso a cargar contra el presidente español, Pedro Sánchez, a quien ha tachado de “tirano y traidor”, jefe de una “red criminal y una mafia” aliada de la Venezuela chavista, los ayatolás iraníes, la Cuba comunista, el Brasil de Lula y los terroristas de Hamás, según ha enumerado, poniendo a todos en el mismo cesto. Según el líder de Vox, si el presidente español se opone a la guerra contra Irán no es por principios, sino por su propio interés. Aunque no ha respaldado expresamente el ataque de EE UU e Israel, sí ha dicho que Sánchez se ha situado “en el lado contrario al del mundo occidental” y que “está poniendo a España en verdadero peligro por sus alianzas internacionales”.
Finalmente se ha dirigido al auditorio para denunciar los “vínculos financieros [de Sánchez] con el más infame de sus compatriotas”: el magnate húngaro de origen judío George Soros, bestia negra de Orbán y la ultraderecha. Los problemas internos de su partido, donde un grupo de notables exdirigentes ha exigido la celebración de un congreso extraordinario y ha denunciado irregularidades económicas, los ha zanjado Abascal en Budapest asegurando que Vox está en “su mejor momento”.
Milei, que ha llegado a la capital húngara cercado por escándalos de corrupción, ha asegurado que “la moral es una política de Estado” y el primer criterio que tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones de gobierno. El presidente argentino, que ya provocó una crisis diplomática cuando llamó “corrupta” a la esposa de Pedro Sánchez en un acto de Vox en Madrid, ha parafraseado a Abascal para calificar al jefe del Gobierno español de “pichón de tirano”, entre risas.

Por su parte, el primer ministro húngaro, que se ha reunido en privado con el líder de Vox antes del acto, se ha referido desde la tribuna al español como “mi jefe”, en referencia a su condición de presidente del partido europeo Patriots. “No podríamos tener un líder mejor que tú”, ha apostillado. En su discurso, Orbán ha acusado a la Comisión Europea de interferir en las elecciones de su país, al asegurar que “está apoyando con dinero a las fuerzas federalistas”. “Ellos”, ha añadido, aludiendo a los líderes de la UE, “están exigiendo que haya en Hungría un gobierno amigo de Ucrania. No será así”, ha sentenciado.
El primer ministro húngaro ha cargado contra Bruselas y Kiev, a los que ha convertido en los grandes enemigos a batir durante su campaña electoral, y se ha vanagloriado de haber mantenido en la cumbre europea de esta semana el bloqueo del préstamo de 90.000 millones aprobado por los 26 para ayudar al Gobierno de Zelenski a resistir la invasión rusa. “Nos están amenazando con sanciones financieras de Bruselas y con el bloqueo petrolero desde Kiev, pero no han logrado debilitar ni humillar a Hungría”, ha presumido.
En declaraciones a la prensa, Abascal también ha sugerido una supuesta injerencia de la Unión Europea en la campaña húngara. “El búnker de Bruselas trata de destruir el bastión más importante en defensa de la soberanía, de las fronteras, de la propia identidad europea y cristiana de nuestro continente”, ha advertido. Tras asegurar que, si el Gobierno de Orbán cayera, “Europa dejaría de ser Europa a pasos agigantados”, ha citado lo sucedido en las elecciones de diciembre de 2024 en Rumania como ejemplo de las “intentonas golpistas con disfraz de Estado de Derecho” que Bruselas es capaz de promover. Se refería a la anulación de la primera vuelta de las presidenciales rumanas por parte del Tribunal Constitucional de dicho país ante los indicios de injerencia rusa.
En sintonía con Orbán, la líder de la ultraderecha alemana, Alice Weidel, ha omitido cualquier crítica al líder ruso Vladímir Putin y ha cargado contra el ucrania Volodimir Zelenski, acusando a la UE de “dar miles de millones de euros al régimen más corrupto, que es Ucrania, para prolongar una guerra que no es la nuestra”. En la cumbre no ha intervenido la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, alineada con los socios europeos en defensa de Kiev, pero sí ha enviado un saludo su ministro Matteo Salvini, líder de La Liga, conocido por su afinidad con Putin.
Otra muestra de las contradicciones de la ultraderecha europea ha sido el anuncio público de Weidel de que había acudido a Budapest acompañada por su “esposa” ―una inmigrante de Sri Lanka― y sus dos hijos. Ello no le ha impedido elogiar el “compromiso inquebrantable con la libertad” de Orbán, que prohíbe el matrimonio homosexual y criminaliza las manifestaciones de la comunidad LGTBI en su país.
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