Adiós a los mosquitos: este es el nuevo medicamento que vuelve tu sangre letal para que no vuelvan a picarte

Dos nuevos estudios han demostrado que un fármaco utilizado para tratar enfermedades raras provoca la muerte del ‘Anopheles’.
Más información: El mapa de los mosquitos en España: estas son las comunidades con las especies más peligrosas Dos nuevos estudios han demostrado que un fármaco utilizado para tratar enfermedades raras provoca la muerte del ‘Anopheles’.
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La industria del control de vectores acaba de ganar un giro inesperado: un fármaco autorizado para tratar enfermedades raras en humanos, la nitisinona, logra que la sangre de quien la toma sea letal para los mosquitos, incluso para cepas resistentes a insecticidas.

La evidencia llega de dos investigaciones complementarias. Por un lado, un estudio en Science Translational Medicine demostró en marzo que los Anopheles morían pocas horas después de alimentarse con sangre de pacientes que tomaban el medicamento.

Por otro lado, un trabajo más reciente, publicado a finales de julio en Parasites & Vectors, mostró que los mosquitos también sucumben al posarse sobre superficies impregnadas con nitisinona.

Teniendo en cuenta que se registraron 263 millones de casos de malaria y 597 000 muertes en 2023, este hallazgo abre una ventana pragmática en plena crisis de resistencias.

Además, en España —a pesar de haber erradicado la malaria autóctona en los años sesenta— se notifica todavía un número significativo de casos importados cada año.

Entre 2016 y 2023 se reportaron 2.348 casos de dengue importados (una media anual de 293), con solo algunos casos autóctonos puntuales.

El mecanismo es, en esencia, bioquímico y quirúrgico: la nitisinona inhibe la 4-hidroxifenilpiruvato dioxigenasa (HPPD), una enzima clave en la degradación de la tirosina.

La sangre humana es rica en proteínas y aminoácidos; después de un «banquete», el mosquito necesita procesar un pico de tirosina para sobrevivir.

Si esa válvula metabólica se bloquea, la digestión se colapsa, aparece parálisis y el insecto desarrolla un oscurecimiento sistémico característico antes de morir.

No se trata de un insecticida clásico que actúe sobre canales iónicos o receptores nerviosos: es sabotaje digestivo selectivo, activado por el propio alimento del mosquito.

Murieron con solo posarse

El hallazgo más reciente se basa en un detalle clave: el llamado «contacto tarsal«. En el experimento, las hembras de tres especies de mosquito —Anopheles gambiae, Aedes aegypti y Culex quinquefasciatus— murieron simplemente al posarse sobre placas impregnadas con este compuesto.

Esto ocurrió tanto en poblaciones normales como en aquellas que ya habían desarrollado resistencia a insecticidas habituales como los piretroides.

Lo llamativo es que otros tres compuestos de la misma familia (mesotriona, sulcotriona y tembotriona) no lograron el mismo efecto, lo que apunta a que la estructura química y la capacidad de la nitisinona para penetrar la cutícula del insecto son decisivas.

Además, en todos los casos se repitió un patrón claro: parálisis y oscurecimiento del mosquito, señales de que el compuesto actúa bloqueando la digestión de la sangre que acaban de ingerir.

En marzo, una nueva investigación encajó la pieza que faltaba del rompecabezas.

Los científicos comprobaron que, cuando los mosquitos se alimentaban con sangre humana que contenía nitisinona —incluso la de pacientes con alcaptonuria tratados con dosis bajas (2 mg al día)—, la mortalidad era muy elevada, también en ejemplares de Anopheles resistentes.

Además, mediante modelos farmacocinéticos y farmacodinámicos, compararon su eficacia con la de la ivermectina —el «endectocida» más usado— y predijeron que una sola dosis de este compuesto podría mantener su efecto durante más tiempo.

En otras palabras, no solo funciona cuando los mosquitos entran en contacto con superficies tratadas, sino también si la nitisinona está presente en la sangre, lo que abre la puerta a su uso en programas de control, siempre que futuros ensayos clínicos lo confirmen.

Podría aplicarse sobre mosquiteras

Desde un punto de vista práctico, este compuesto podría sumarse como aliada en las campañas contra los mosquitos, ya sea integrada en rociados intradomiciliarios (IRS) o en mosquiteras tratadas, aprovechando que las hembras suelen descansar después de alimentarse.

Su gran baza es que actúa de una forma distinta a los insecticidas más comunes, como piretroides, neonicotinoides o clorfenapir.

De hecho, la propia OMS lleva dos años promoviendo el uso de mosquiteras con «doble insecticida» (piretroide-clorfenapir o piretroide-piriproxifeno) en regiones donde los mosquitos ya han desarrollado resistencia a los piretroides.

Esto demuestra lo urgente que es encontrar nuevos mecanismos de acción para evitar que las plagas se adapten y se hagan aún más difíciles de controlar.

No sería la primera vez que se aprovecha la toxicidad del propio hospedador para reducir las poblaciones de mosquitos.

Ya ocurre con la ivermectina, que, administrada a personas o al ganado, puede matar a los mosquitos que se alimentan de su sangre durante un tiempo que depende de la dosis.

Diversos estudios y programas piloto —como el proyecto BOHEMIA— han respaldado su utilidad para combatir la «transmisión residual», aquella que escapa al control de mosquiteras y rociados intradomiciliarios.

La gran diferencia es que la nitisinona no afecta al sistema nervioso del mosquito, sino a su metabolismo tras ingerir sangre, y, según los modelos, podría permanecer en el organismo en concentraciones letales durante más tiempo que la ivermectina.

Otras investigaciones se han centrado en impedir que el mosquito transmita la enfermedad en lugar de matarlo.

Por ejemplo, si Anopheles entra en contacto con fármacos antipalúdicos como la atovacuona, aplicados en superficies o en cebos, el parásito Plasmodium no logra completar su ciclo dentro del insecto.

Esto significa que el animal puede seguir vivo, pero pierde la capacidad de infectar a humanos.

Este tipo de estrategias refuerza la idea de crear un arsenal más variado que combine barreras físicas, compuestos que actúen tras la ingesta de sangre y métodos para bloquear directamente al parásito.

Todo ello ocurre mientras la resistencia a insecticidas se consolida como amenaza estructural del control vectorial.

Serían necesarios más ensayos

La OMS y su Programa Mundial de Malaria insisten en que la resistencia se ha extendido ampliamente y compromete ganancias frágiles de la última década; en paralelo, el cambio climático y la urbanización favorecen la expansión de Aedes y otros vectores.

El dato de fondo marca la urgencia: 263 millones de casos y casi 600.000 muertes en 2023, con África soportando la abrumadora mayoría.

Que este compuesto sea una candidata prometedora no significa que ya esté lista para administrarse de forma masiva a personas sanas.

En su uso actual para tratar enfermedades metabólicas, el fármaco exige seguir dietas muy estrictas, bajas en tirosina y fenilalanina, para evitar niveles peligrosos de tirosina en sangre, lo que implica limitar o eliminar alimentos ricos en estas sustancias, como carnes rojas, pescado, lácteos, huevos, legumbres (soja, lentejas), frutos secos y productos con edulcorantes a base de aspartamo.

Las fichas técnicas y revisiones médicas señalan efectos secundarios como problemas oculares —incluida queratopatía— y, en algunos casos, alteraciones en la producción de células sanguíneas.

Por eso, si se quisiera emplear como «endectocida» en humanos, sería imprescindible realizar ensayos para determinar la dosis mínima eficaz, evaluar su compatibilidad con medicamentos antipalúdicos y vacunas, y contar con un sistema de vigilancia médica robusto para detectar cualquier efecto adverso.

El atractivo, en cambio, es doble. Primero, la selectividad ecológica: al cebarse en insectos hematófagos, el riesgo para polinizadores y fauna no objetivo podría ser menor que con pulverizaciones generalistas, según subrayan los propios autores y portavoces implicados en la investigación.

Segundo, su versatilidad: funciona por ingestión (vía sangre) y por contacto (vía superficies), lo que permite pensar en formulaciones para redes, paredes o incluso herramientas de «empujón» conductual combinadas con atrayentes.

Fuera del laboratorio, la gran cuestión es cómo llevar la nitisinona a la práctica. ¿Cuál sería el coste de producir una formulación estable que soporte el calor y la radiación UV en climas tropicales?

¿Qué sustancias adicionales podrían mejorar su absorción a través de la cutícula del mosquito sin encarecer el producto? Y, sobre todo, ¿cómo integrarla en programas que ya utilizan mosquiteras con doble insecticida, rociados intradomiciliarios con clorfenapir y campañas de vacunación infantil?

 elespanol – Salud

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