Arabia Saudí se une a la ofensiva de EE.UU. e Israel y ataca objetivos iraníes en Irak

Arabia Saudí ha dado un paso que hasta hace poco parecía improbable . Por primera vez desde que comenzó la actual escalada con Irán, el reino árabe ha participado de forma abierta en una operación militar conjunta con Estados Unidos contra objetivos satélite de Teherán. Los bombardeos, dirigidos contra depósitos logísticos y de armamento de milicias afines a los iraníes en el este de Irak marcan un cambio de enorme relevancia estratégica en Oriente Próximo y evidencian hasta qué punto la guerra ha terminado acercando a dos antiguos rivales de la región: Israel y Arabia Saudí.La operación fue anunciada simultáneamente por el Mando Central estadounidense y por el Ministerio de Defensa saudí. Según Washington, los ataques respondieron a más de 30 lanzamientos de drones contra tropas estadounidenses y contra instalaciones energéticas saudíes durante los últimos tres días. Riad confirmó además que había interceptado varios drones dirigidos contra complejos petroleros de la capital y del este del país.Las fuerzas atacadas pertenecían a grupos armados iraquíes respaldados por la Guardia Revolucionaria Iraní . Las Fuerzas de Movilización Popular, que son una de las principales estructuras paramilitares apoyadas por Teherán, aseguraron que al menos 20 de sus combatientes murieron y otros 32 resultaron heridos tras los bombardeos sobre su cuartel general en Bagdad y otras seis instalaciones.La decisión saudí de entrar de este modo en el conflicto supone un verdadero punto de inflexión. Durante décadas, Riad había preferido contener su enfrentamiento con Irán mediante aliados regionales o con apoyo estadounidense, evitando implicarse directamente en operaciones militares conjuntas de este tipo. Incluso después de los ataques contra las instalaciones petroleras de Aramco en 2019 , atribuidos a Irán, la respuesta saudí fue contenida.La amenaza ya no se limita solo al estrecho de Ormuz. Los hutíes respaldados por Irán también han intensificado sus ataques contra petroleros saudíes en el mar Rojo, mientras los drones lanzados desde Irak alcanzan cada vez con mayor frecuencia objetivos dentro del reino. Para Riad, la guerra ha dejado de ser un conflicto entre Washington y Teherán y se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional.La decisión fortalece además la estrategia regional de Donald Trump. El presidente estadounidense mantiene desde hace días una compleja combinación de presión militar y diplomacia sobre los iraníes. Tras casi dos semanas de bombardeos nocturnos sobre Irán, la Casa Blanca decidió hace cinco días suspender temporalmente los ataques directos para dar margen a una negociación. Trump aseguró este martes que las conversaciones con Teherán avanzan «muy bien», aunque volvió a advertir de que EE.UU. «terminará lo que empezó» si no hay acuerdo.Para Riad, la guerra ha dejado de ser un conflicto entre Washington y Teherán y se ha convertido en una cuestión de seguridad nacionalLa Administración Trump acaba de aprobar un acuerdo de cooperación nuclear civil con Riad que permitiría al reino desarrollar un amplio programa energético bajo supervisión estadounidense. El pacto busca ofrecer a los saudíes una alternativa tecnológica occidental frente a China y Rusia y consolidar una alianza estratégica que trascienda el ámbito militar.Pero Washington pretende obtener algo más a cambio. Trump lleva meses vinculando la profundización de esa cooperación nuclear con un objetivo político mucho más ambicioso: que Arabia Saudí termine reconociendo oficialmente a Israel e ingrese en los llamados Acuerdos de Abraham , firmados por Baréin, Emiratos Árabes, Sudán y Marruecos.La guerra con Irán puede acelerar precisamente ese proceso. Tanto Israel como Arabia Saudí consideran que la expansión regional de la Guardia Revolucionaria constituye la principal amenaza para la estabilidad de Oriente Próximo. Aunque ambos países siguen sin mantener relaciones diplomáticas formales, sus intereses estratégicos nunca habían estado tan alineados.La presencia simultánea esta semana del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , y del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski , en la Casa Blanca ilustra además cómo Trump intenta abordar varios frentes internacionales al mismo tiempo mientras convierte la contención de Irán en el eje central de su política exterior.Revés para la teocraciaPara Teherán, la participación saudí representa un revés político significativo. La república islámica, potencia chií, pierde parte de la capacidad de presentar el conflicto como una guerra exclusiva con EE.UU. e Israel. Ahora debe enfrentarse también a la implicación directa del principal líder del mundo suní, una circunstancia que puede complicar aún más sus cálculos estratégicos. La incógnita es si esta nueva coalición servirá para acercar una solución diplomática o, por el contrario, ampliará el conflicto. Irán continúa rechazando negociaciones directas con Washington y mantiene dos líneas rojas: conservar algún grado de enriquecimiento de uranio y preservar su influencia sobre el estrecho de Ormuz. Estados Unidos exige precisamente lo contrario.El objetivo manifiesto de Trump es construir un nuevo orden regional basado en una cooperación militar, energética y diplomática que deje a Irán cada vez más aislado y que termine desembocando en esa anhelada ampliación de los Acuerdos de Abraham . Arabia Saudí ha dado un paso que hasta hace poco parecía improbable . Por primera vez desde que comenzó la actual escalada con Irán, el reino árabe ha participado de forma abierta en una operación militar conjunta con Estados Unidos contra objetivos satélite de Teherán. Los bombardeos, dirigidos contra depósitos logísticos y de armamento de milicias afines a los iraníes en el este de Irak marcan un cambio de enorme relevancia estratégica en Oriente Próximo y evidencian hasta qué punto la guerra ha terminado acercando a dos antiguos rivales de la región: Israel y Arabia Saudí.La operación fue anunciada simultáneamente por el Mando Central estadounidense y por el Ministerio de Defensa saudí. Según Washington, los ataques respondieron a más de 30 lanzamientos de drones contra tropas estadounidenses y contra instalaciones energéticas saudíes durante los últimos tres días. Riad confirmó además que había interceptado varios drones dirigidos contra complejos petroleros de la capital y del este del país.Las fuerzas atacadas pertenecían a grupos armados iraquíes respaldados por la Guardia Revolucionaria Iraní . Las Fuerzas de Movilización Popular, que son una de las principales estructuras paramilitares apoyadas por Teherán, aseguraron que al menos 20 de sus combatientes murieron y otros 32 resultaron heridos tras los bombardeos sobre su cuartel general en Bagdad y otras seis instalaciones.La decisión saudí de entrar de este modo en el conflicto supone un verdadero punto de inflexión. Durante décadas, Riad había preferido contener su enfrentamiento con Irán mediante aliados regionales o con apoyo estadounidense, evitando implicarse directamente en operaciones militares conjuntas de este tipo. Incluso después de los ataques contra las instalaciones petroleras de Aramco en 2019 , atribuidos a Irán, la respuesta saudí fue contenida.La amenaza ya no se limita solo al estrecho de Ormuz. Los hutíes respaldados por Irán también han intensificado sus ataques contra petroleros saudíes en el mar Rojo, mientras los drones lanzados desde Irak alcanzan cada vez con mayor frecuencia objetivos dentro del reino. Para Riad, la guerra ha dejado de ser un conflicto entre Washington y Teherán y se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional.La decisión fortalece además la estrategia regional de Donald Trump. El presidente estadounidense mantiene desde hace días una compleja combinación de presión militar y diplomacia sobre los iraníes. Tras casi dos semanas de bombardeos nocturnos sobre Irán, la Casa Blanca decidió hace cinco días suspender temporalmente los ataques directos para dar margen a una negociación. Trump aseguró este martes que las conversaciones con Teherán avanzan «muy bien», aunque volvió a advertir de que EE.UU. «terminará lo que empezó» si no hay acuerdo.Para Riad, la guerra ha dejado de ser un conflicto entre Washington y Teherán y se ha convertido en una cuestión de seguridad nacionalLa Administración Trump acaba de aprobar un acuerdo de cooperación nuclear civil con Riad que permitiría al reino desarrollar un amplio programa energético bajo supervisión estadounidense. El pacto busca ofrecer a los saudíes una alternativa tecnológica occidental frente a China y Rusia y consolidar una alianza estratégica que trascienda el ámbito militar.Pero Washington pretende obtener algo más a cambio. Trump lleva meses vinculando la profundización de esa cooperación nuclear con un objetivo político mucho más ambicioso: que Arabia Saudí termine reconociendo oficialmente a Israel e ingrese en los llamados Acuerdos de Abraham , firmados por Baréin, Emiratos Árabes, Sudán y Marruecos.La guerra con Irán puede acelerar precisamente ese proceso. Tanto Israel como Arabia Saudí consideran que la expansión regional de la Guardia Revolucionaria constituye la principal amenaza para la estabilidad de Oriente Próximo. Aunque ambos países siguen sin mantener relaciones diplomáticas formales, sus intereses estratégicos nunca habían estado tan alineados.La presencia simultánea esta semana del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , y del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski , en la Casa Blanca ilustra además cómo Trump intenta abordar varios frentes internacionales al mismo tiempo mientras convierte la contención de Irán en el eje central de su política exterior.Revés para la teocraciaPara Teherán, la participación saudí representa un revés político significativo. La república islámica, potencia chií, pierde parte de la capacidad de presentar el conflicto como una guerra exclusiva con EE.UU. e Israel. Ahora debe enfrentarse también a la implicación directa del principal líder del mundo suní, una circunstancia que puede complicar aún más sus cálculos estratégicos. La incógnita es si esta nueva coalición servirá para acercar una solución diplomática o, por el contrario, ampliará el conflicto. Irán continúa rechazando negociaciones directas con Washington y mantiene dos líneas rojas: conservar algún grado de enriquecimiento de uranio y preservar su influencia sobre el estrecho de Ormuz. Estados Unidos exige precisamente lo contrario.El objetivo manifiesto de Trump es construir un nuevo orden regional basado en una cooperación militar, energética y diplomática que deje a Irán cada vez más aislado y que termine desembocando en esa anhelada ampliación de los Acuerdos de Abraham .  

Arabia Saudí ha dado un paso que hasta hace poco parecía improbable. Por primera vez desde que comenzó la actual escalada con Irán, el reino árabe ha participado de forma abierta en una operación militar conjunta con Estados Unidos contra objetivos satélite de Teherán. … Los bombardeos, dirigidos contra depósitos logísticos y de armamento de milicias afines a los iraníes en el este de Irak marcan un cambio de enorme relevancia estratégica en Oriente Próximo y evidencian hasta qué punto la guerra ha terminado acercando a dos antiguos rivales de la región: Israel y Arabia Saudí.

 RSS de noticias de internacional

Noticias Relacionadas