La vuelta de la Semana Santa marcará el pistoletazo de salida de la campaña de la renta . Son muchos los contribuyentes que esperan ansiosos a poder darle a la tecla de aceptar el borrador de Hacienda porque les han retenido de más o porque pueden aplicarse deducciones y recibirán su devolución en las próximas semanas. Es cierto que se ha avanzado mucho y que, en la mayoría de los casos, las devoluciones se hacen en muy pocos días, y eso es de agradecer. Pero también están los contribuyentes que por tener rentas de varios pagadores, por ser autónomos… tienen miedo a la dolorosa a la que tendrán que hacer frente en estos próximos meses. Y estos ya no tienen tanta prisa en presentar la declaración. En todo caso, lo importante para unos y para otros no es si ahora te devuelve Hacienda o si pagas, sino cuánto pagas en total, con lo que te han ido reteniendo a lo largo del año y la liquidación final que se produce al presentar la declaración de la renta. No tengo absolutamente ninguna duda de la necesidad de pagar impuestos para poder sostener los servicios públicos. Pero creo que los ciudadanos tenemos también el derecho, e incluso la obligación de exigir a nuestros gobernantes que se haga un buen uso con estos impuestos que pagamos y que en el caso concreto del IRPF se traduce en una disminución de las ya ajustadas nóminas de los españoles.Las cifras de ejecución presupuestaria hechas públicas el pasado martes sobre el cierre de 2026 reflejan que el año pasado Hacienda recaudó 142.466 millones euros por IRPF, lo que supone un incremento del 10,1% respecto al año anterior. Y si nos remontamos a la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el incremento supera el 84%. De hecho el IRPF, que grava las rentas del trabajo y del capital, es la principal fuente de ingresos tributarios de la Hacienda Pública, por encima del IVA, que recauda algo menos de 100.000 millones de euros, y del impuesto que grava los beneficios empresariales, el Impuesto de Sociedades, que ascendió a 42.266 millones, menos de la tercera parte de lo que se paga por el Impuesto sobre la Renta. Es curioso, además, que pese a que la recaudación por este impuesto ha subido más de un 80% desde que está Sánchez todavía está por debajo de lo que pagaban las empresas en 2007, antes de la gran recesión.De hecho, en 2007 la recaudación por IRPF y Sociedades era bastante similar: algo más de 44.000 millones pagaban las empresas y 48.000 millones las personas físicas. ¿Qué ha pasado desde entonces para que la evolución haya sido tan desigual? Los primeros años de la gran recesión las grandes empresas, y fundamentalmente los bancos, tuvieron pérdidas millonarias y acumularon bases imponibles negativas que han estado deduciendo durante años. Los intentos de diversos gobiernos por incrementar esta recaudación recortando deducciones se ha dado de bruces con los Tribunales en varias ocasiones. Y lo cierto es que hoy, pese a esa evolución al alza de los últimos años, la aportación a la recaudación total sigue siendo muy inferior a la anterior a la gran recesión, cuando Sociedades aportaba una cuarta parte de la recaudación total. Es verdad que ha habido otras fórmulas para gravar a las empresas en los últimos ejercicios, como son las fuertes subidas de las cotizaciones sociales, o impuestos creados ad hoc, que han gravado ingresos en lugar de beneficios. Quizás ha llegado el momento de replantearse las figuras tributarias y, si es necesario, subir algún punto el tipo del Impuesto de Sociedades y bajar los impuestos sobre el trabajo y los trabajadores. La vuelta de la Semana Santa marcará el pistoletazo de salida de la campaña de la renta . Son muchos los contribuyentes que esperan ansiosos a poder darle a la tecla de aceptar el borrador de Hacienda porque les han retenido de más o porque pueden aplicarse deducciones y recibirán su devolución en las próximas semanas. Es cierto que se ha avanzado mucho y que, en la mayoría de los casos, las devoluciones se hacen en muy pocos días, y eso es de agradecer. Pero también están los contribuyentes que por tener rentas de varios pagadores, por ser autónomos… tienen miedo a la dolorosa a la que tendrán que hacer frente en estos próximos meses. Y estos ya no tienen tanta prisa en presentar la declaración. En todo caso, lo importante para unos y para otros no es si ahora te devuelve Hacienda o si pagas, sino cuánto pagas en total, con lo que te han ido reteniendo a lo largo del año y la liquidación final que se produce al presentar la declaración de la renta. No tengo absolutamente ninguna duda de la necesidad de pagar impuestos para poder sostener los servicios públicos. Pero creo que los ciudadanos tenemos también el derecho, e incluso la obligación de exigir a nuestros gobernantes que se haga un buen uso con estos impuestos que pagamos y que en el caso concreto del IRPF se traduce en una disminución de las ya ajustadas nóminas de los españoles.Las cifras de ejecución presupuestaria hechas públicas el pasado martes sobre el cierre de 2026 reflejan que el año pasado Hacienda recaudó 142.466 millones euros por IRPF, lo que supone un incremento del 10,1% respecto al año anterior. Y si nos remontamos a la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el incremento supera el 84%. De hecho el IRPF, que grava las rentas del trabajo y del capital, es la principal fuente de ingresos tributarios de la Hacienda Pública, por encima del IVA, que recauda algo menos de 100.000 millones de euros, y del impuesto que grava los beneficios empresariales, el Impuesto de Sociedades, que ascendió a 42.266 millones, menos de la tercera parte de lo que se paga por el Impuesto sobre la Renta. Es curioso, además, que pese a que la recaudación por este impuesto ha subido más de un 80% desde que está Sánchez todavía está por debajo de lo que pagaban las empresas en 2007, antes de la gran recesión.De hecho, en 2007 la recaudación por IRPF y Sociedades era bastante similar: algo más de 44.000 millones pagaban las empresas y 48.000 millones las personas físicas. ¿Qué ha pasado desde entonces para que la evolución haya sido tan desigual? Los primeros años de la gran recesión las grandes empresas, y fundamentalmente los bancos, tuvieron pérdidas millonarias y acumularon bases imponibles negativas que han estado deduciendo durante años. Los intentos de diversos gobiernos por incrementar esta recaudación recortando deducciones se ha dado de bruces con los Tribunales en varias ocasiones. Y lo cierto es que hoy, pese a esa evolución al alza de los últimos años, la aportación a la recaudación total sigue siendo muy inferior a la anterior a la gran recesión, cuando Sociedades aportaba una cuarta parte de la recaudación total. Es verdad que ha habido otras fórmulas para gravar a las empresas en los últimos ejercicios, como son las fuertes subidas de las cotizaciones sociales, o impuestos creados ad hoc, que han gravado ingresos en lugar de beneficios. Quizás ha llegado el momento de replantearse las figuras tributarias y, si es necesario, subir algún punto el tipo del Impuesto de Sociedades y bajar los impuestos sobre el trabajo y los trabajadores.
La vuelta de la Semana Santa marcará el pistoletazo de salida de la campaña de la renta. Son muchos los contribuyentes que esperan ansiosos a poder darle a la tecla de aceptar el borrador de Hacienda porque les han retenido de más o porque … pueden aplicarse deducciones y recibirán su devolución en las próximas semanas. Es cierto que se ha avanzado mucho y que, en la mayoría de los casos, las devoluciones se hacen en muy pocos días, y eso es de agradecer.
Pero también están los contribuyentes que por tener rentas de varios pagadores, por ser autónomos… tienen miedo a la dolorosa a la que tendrán que hacer frente en estos próximos meses. Y estos ya no tienen tanta prisa en presentar la declaración. En todo caso, lo importante para unos y para otros no es si ahora te devuelve Hacienda o si pagas, sino cuánto pagas en total, con lo que te han ido reteniendo a lo largo del año y la liquidación final que se produce al presentar la declaración de la renta.
No tengo absolutamente ninguna duda de la necesidad de pagar impuestos para poder sostener los servicios públicos. Pero creo que los ciudadanos tenemos también el derecho, e incluso la obligación de exigir a nuestros gobernantes que se haga un buen uso con estos impuestos que pagamos y que en el caso concreto del IRPF se traduce en una disminución de las ya ajustadas nóminas de los españoles.
Las cifras de ejecución presupuestaria hechas públicas el pasado martes sobre el cierre de 2026 reflejan que el año pasado Hacienda recaudó 142.466 millones euros por IRPF, lo que supone un incremento del 10,1% respecto al año anterior. Y si nos remontamos a la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el incremento supera el 84%. De hecho el IRPF, que grava las rentas del trabajo y del capital, es la principal fuente de ingresos tributarios de la Hacienda Pública, por encima del IVA, que recauda algo menos de 100.000 millones de euros, y del impuesto que grava los beneficios empresariales, el Impuesto de Sociedades, que ascendió a 42.266 millones, menos de la tercera parte de lo que se paga por el Impuesto sobre la Renta. Es curioso, además, que pese a que la recaudación por este impuesto ha subido más de un 80% desde que está Sánchez todavía está por debajo de lo que pagaban las empresas en 2007, antes de la gran recesión.
De hecho, en 2007 la recaudación por IRPF y Sociedades era bastante similar: algo más de 44.000 millones pagaban las empresas y 48.000 millones las personas físicas. ¿Qué ha pasado desde entonces para que la evolución haya sido tan desigual? Los primeros años de la gran recesión las grandes empresas, y fundamentalmente los bancos, tuvieron pérdidas millonarias y acumularon bases imponibles negativas que han estado deduciendo durante años. Los intentos de diversos gobiernos por incrementar esta recaudación recortando deducciones se ha dado de bruces con los Tribunales en varias ocasiones. Y lo cierto es que hoy, pese a esa evolución al alza de los últimos años, la aportación a la recaudación total sigue siendo muy inferior a la anterior a la gran recesión, cuando Sociedades aportaba una cuarta parte de la recaudación total. Es verdad que ha habido otras fórmulas para gravar a las empresas en los últimos ejercicios, como son las fuertes subidas de las cotizaciones sociales, o impuestos creados ad hoc, que han gravado ingresos en lugar de beneficios. Quizás ha llegado el momento de replantearse las figuras tributarias y, si es necesario, subir algún punto el tipo del Impuesto de Sociedades y bajar los impuestos sobre el trabajo y los trabajadores.
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