El Secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, ha anunciado en la tarde de este lunes, en una entrevista a TVE, el cese de dos altos cargos de Adif y Renfe, a raíz del caos ferroviario en Cataluña. Se trata del director operativo de Rodalies, Josep Enric García Alemany, con menos de un año en el cargo, y de Raúl Míguez Bailo, Director General de Operaciones y Explotación de Adif. Los dos ceses llegan después de un nuevo día de infarto en el tráfico ferroviario en Cataluña, con serios problemas para reactivar el servicio y después de la petición del Gobierno catalán de que se asumieran responsabilidades al más alto nivel.
Los ceses llegan después de la insistencia de la Generalitat en que se depuraran responsabilidades en el Ministerio de Transportes
El Secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, ha anunciado en la tarde de este lunes, en una entrevista a TVE, el cese de dos altos cargos de Adif y Renfe, a raíz del caos ferroviario en Cataluña. Se trata del director operativo de Rodalies, Josep Enric García Alemany, con menos de un año en el cargo, y de Raúl Míguez Bailo, Director General de Operaciones y Explotación de Adif. Los dos ceses llegan después de un nuevo día de infarto en el tráfico ferroviario en Cataluña, con serios problemas para reactivar el servicio y después de la petición del Gobierno catalán de que se asumieran responsabilidades al más alto nivel.
“Consciente del malestar y de que Renfe y Adif tienen una responsabilidad que asumir he pedido a los presidentes de Adif el cese del director operativo de Rodalies y el jefe de explotación y mantenimiento de Adif”, ha dicho Santano en la entrevista.
Los ceses llegan en un momento complicado de la gestión de la crisis, tras una semana sin poder reestablecer el servicio, en la que han quedado al descubierto las dificultades de coordinación entre la Generalitat y el Ministerio de Transportes. En menos de una semana ha cambiado el tono y la manera como ambas partes gestionaban sus carpetas conjuntas.
Cooperación sin fisuras. Evitar la confrontación pública. Arreglarlo todo en privado. Esas eran premisas bajo las cuales el Govern de Salvador Illa quería abordar las relaciones con el Ejecutivo central para poner “Cataluña en marcha”, como rezaba el eslogan de campaña de los socialistas. Una hoja de ruta que se ha visto alterada por la incapacidad de retomar la normalidad en el servicio tras el accidente mortal de hace una semana en Gelida, cuando un muro se desplomó al paso de un tren de Cercanías. El Ejecutivo autonómico había optado este lunes por dar un golpe en la mesa y exigir al Ministerio de Transportes que mueva ficha, tras una semana de aguantar a solas el desgaste. “La situación no es tolerable y lo tenemos que denunciar. Nos hemos levantado con trenes funcionando y que han comenzado a caminar y se han vuelto a parar. No puede ser y es intolerable. Exigimos consecuencias”, había dicho la consejera catalana de Territorio, Sílvia Paneque, al tiempo que Santano anunciaba los ceses en una entrevista.
Era la primera vez que desde la Generalitat, titular del servicio de Rodalies, se pedían dimisiones en el órbita de Adif -dueña de las vías- y Renfe -operadora de los trenes- por la situación del servicio ferroviario. Ni Paneque ni los otros consejeros catalanes habían osado utilizar la expresión dimisiones en público, pero fuentes de Palau traducían que eso es lo que quieren decir los pronunciamientos. Todo un cambio de guion, que se explica no solo por la presión ciudadana y política de casi una semana sin servicio ferroviario, sino también por los equilibrios internos del Ejecutivo y la especial situación de Paneque.
García Alemany había llegado al cargo en marzo del año pasado, en una operación que se vendió como “el refuerzo de la organización de Rodalies con perfiles expertos en operaciones y calidad del servicio. Es ingeniero de caminos, canales y puertos y, entre otros cargos, había sido director general de la Empresa Metropolitana de Transportes de Valencia.
Tras los años del procés, marcados por la tirantez entre ambas Administraciones, el PSC se lanzaba a rentabilizar las posibilidades derivadas de tener el mismo color a lado del río Ebro. El Govern de Illa, usando el terreno abonado por el anterior de Pere Aragonès, puso como una de sus grandes prioridades la mejora de la situación de las Cercanías catalanas. En anteriores crisis por el mal estado de la infraestructura o por los solapamientos de las ambiciosas obras de mejora con el servicio, ha sido la Generalitat la que ha dado la cara. Todo siempre se había hecho sin bajarse del discurso de la colaboración máxima y la “lealtad”. Tenemos que hacer una adaptación colosal y urgente para que el servicio sea digno y fiable”, aseguró hace un año Paneque, en una comparecencia en el Parlament, forzada por la oposición y de la que salió siendo reprobada -gracias a la abstención de ERC)- Allí la consejera de Territorio aseguró que el 24% de los trenes no eran operativos y que las incidencias en los últimos años se han multiplicado por 2,5.
Entonces, y como también sucede ahora, la oposición criticó lo que consideraba la falta de exigencia del Ejecutivo ante el Gobierno central. El otoño pasado, el propio Illa forzó una reunión con los presidentes de Adif y Renfe para abordar el replanteamiento de las obras de mejora para evitar más incidencias. Otra crisis más de la que se salió con la idea de más coordinación. Pero el accidente mortal de hace una semana, en Gelida, volvió a mostrar las costuras de una relación que no termina de aceitarse y en la que la Generalitat, titular del servicio de Rodalies tras el traspaso de 2010, tiene que enfrentarse con el responsable de vías y catenarias (Adif) y de los trenes y sus maquinistas (Renfe). Todo llegó a un punto de máxima tensión cuando el pasado sábado los trenes intentaron funcionar por orden de Renfe, pese a que el Govern había anunciado horas antes que ese día no habría servicio. La pregunta de quién manda flotaba en el aire. Tras ordenar por escrito un día y medio de parón del servicio el pasado fin de semana, para asegurar que no había riesgos de seguridad en la red, tras un fuerte episodio de lluvias, el Ejecutivo central se encontró este lunes con que la recuperación de la normalidad no era tal. Ese nuevo chasco, que llegaba después de que aterrizara en Barcelona el propio Santano, fue el que llenó la copa de la Generalitat.
“Desde el Gobierno hemos detectado que el titular del servicio es el que decide cuando se abre y cuando se suspende el servicio. No siempre ha sido así. El departamento de Territori es el titular y se ha abierto la red pese a que dijimos lo contrario. Pedimos responsabilidades. Además, el mantenimiento de la infraestructura no es el adecuado para una red ferroviaria. También pedido responsabilidades. No me corresponde a mí quien debe responsabilizarse pero me corresponde, como titular, pedir soluciones y responsabilidades inmediatas”, había dicho Paneque antes de conocerse las dimisiones.
La consejera, al mando de una megaconsejería con responsabilidades en transporte, vivienda y medio ambiente, además de la portavocía del Govern, ya de por si estaba expuesta a muchos frentes de críticas. Además, dentro del PSC, se esperaba que su omnipresencia abonara a su carrera para ser alcaldesa de Girona, una empresa para la que necesita una mayoría absoluta. El desgaste de uno de los pilares fundamentales del Ejecutivo Illa era insoportable y de ahí que justo en la mañana de este lunes desde el entorno del president, en recuperación en el hospital, se enviara un mensaje de cierre de filas entorno a ella. Pero su imagen estaba muy comprometida con la crisis y de ahí que fuera necesario poner un cortafuegos.
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