El cole público Hispanidad, ubicado en Rivas Vaciamadrid (97.725 habitantes), ha ido creciendo junto con sus alumnos, tanto en matrícula como en instalaciones. Comenzó con 18 niños en dos clases de Infantil que iban a unas aulas prestadas en otro centro porque la Comunidad de Madrid abrió las inscripciones sin tener el edificio construido. Cada curso se han ido integrando nuevos estudiantes hasta llegar a los 121, y cada curso las obras han ido avanzando de manera que siempre había un aula vacía para acoger a los nuevos. Pero para el próximo período escolar la situación ha cambiado: ya no hay sitio para los 31 nuevos matriculados y la empresa constructora ha abandonado la obra. Las familias, cansadas de esperar, han anunciado que el próximo viernes se encerrarán en el colegio para pedir que la Comunidad de Madrid que les dé una solución definitiva.
Los nuevos estudiantes del CEIP Hispanidad para el curso 2026-2027 no tienen aún construidas sus aulas. La Comunidad de Madrid inauguró el colegio sin haber comenzado las obras, que han ido avanzando a la vez que crece la matrícula
El cole público Hispanidad, ubicado en Rivas Vaciamadrid (97.725 habitantes), ha ido creciendo junto con sus alumnos, tanto en matrícula como en instalaciones. Comenzó con 18 niños en dos clases de Infantil que iban a unas aulas prestadas en otro centro porque la Comunidad de Madrid abrió las inscripciones sin tener el edificio construido. Cada curso se han ido integrando nuevos estudiantes hasta llegar a los 121, y cada curso las obras han ido avanzando de manera que siempre había un aula vacía para acoger a los nuevos. Pero para el próximo período escolar la situación ha cambiado: ya no hay sitio para los 31 nuevos matriculados y la empresa constructora ha abandonado la obra. Las familias, cansadas de esperar, han anunciado que el próximo viernes se encerrarán en el colegio para pedir que la Comunidad de Madrid que les dé una solución definitiva.
Dos años después de que se constituyera oficialmente el CEIP Hispanidad, cuando aquellos primeros 18 estudiantes se habían triplicado, los alumnos pudieron estrenar cuatro de las aulas del nuevo edificio, que actualmente cuenta con nueve y una auxiliar, todas llenas. Esos dos primeros años los pasaron en unas aulas del CEIP Dulce Chacón, que la dirección cedió con tal de que los pequeños no tuvieran que dar clases en los barracones sin baño que la Comunidad de Madrid les había construido provisionalmente en ese mismo centro.

En Rivas, un municipio joven con una de las tasas de natalidad más altas de la región (8,81 nacidos por cada 1.000 habitantes en 2024), las familias siguieron anotando a sus hijos al CEIP Hipanidad cada primer año de segundo ciclo de Infantil que se iba abriendo a sabiendas de que el edificio no estaba listo porque la falta de colegios públicos no les dejaba opciones.
Las obras desde entonces no han parado. Los estudiantes han estado dando clases mientras al otro lado seguían dando martillazos y levantando paredes. Las familias aceptaron que no había más remedio, pero su paciencia se ha agotado ahora que se ha sabido que los obreros han abandonado la construcción por razones que se desconocen. La nueva consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, aseguró la pasada semana en una comparecencia ante los medios que el Gobierno regional no está precisamente contento con el trabajo de esta empresa. “Desde luego tenemos un problema con una de las empresas de ese centro, porque no estamos satisfechos con el ritmo con el que se están desarrollando las obras”, dijo.
La consejera dijo que estaban en “pleno diálogo y negociación” para llegar a una “solución firme”, ya que existe un contrato entre la empresa y la Administración cuyos plazos no se están cumpliendo. Sobre la mesa están las dos posibilidades: tanto que continúen las obras bajo ese contrato como que haya que buscar “otras soluciones”, sin detallar cuáles serían. “Está claro que nuestro compromiso es que esas obras se culminen y que se culminen lo antes posible, y que podamos dar una solución a esas familias que han elegido ese centro”, ha concluido.
Un encierro por la pública
Las familias no están convencidas de las intenciones de la Comunidad de Madrid, a la que se enfrentaron por primera vez a la hora de nombrar el colegio: la Administración decidió llamarlo CEIP Hispanidad en lugar de Mercedes Vera ―profesora nacida en Rivas y madre del primer alcalde del municipio en democracia―, que era el que propuso el AMPA recién creada y como prefieren llamarlo en un acto de rebeldía. Ahora, han decidido encerrarse en el cole junto a sus hijos la noche del próximo viernes 10 de abril para protestar por los retrasos en las obras, cuya última fase debería estar completada en mayo de este año.
“Ahora mismo solo hay salida de camiones con materiales. Los obreros comenzaron diciéndonos que [la empresa constructora] no les pagaba y luego lo mismo con las subcontratas, que por eso se llevaban todo”, cuenta María de las Viñas López, madre de una de las primeras estudiantes del centro y presidenta del AFA. López, que cree que la empresa ha caído en bancarrota a falta de otras explicaciones por parte de la Comunidad de Madrid, teme que haya que licitar nuevamente el proyecto y que esto alargue aún más la demora.

Según cuenta López, a pesar de que ya hay cuatro clases de Primaria, aún usan las aulas, los baños y el patio adaptados para Infantil. Y como necesitan 10 aulas y solo tienen nueve, han tenido que apropiarse de un despacho de administración. Si las obras no se retoman rápidamente, la direccción del centro ya valora hacer hueco en otra oficina o en el aula de profesores. “El problema es que los terminan metiendo, pero en qué condiciones”, critica esta madre.
“Un camino de torturas”. Así califica la historia del CEIP Hispanidad María Carmen Morillas, presidenta de la FAPA Francisco Giner de los Ríos, que recuerda que los estudiantes entraron al nuevo edificio tras dos años de obras gracias a que se instaló un generador, porque las instalacioens eléctricas ni siquiera estaban listas. Aún siguen sin laboratorios, sin gimnasio, sin biblioteca y apenas cuentan con mobiliario. Morillas asegura que Rivas es un municipio gravemente golpeado por la desisidia de la Comunidad de Madrid en materia de educación pública, y también una muestra de cómo el Ejecutivo regional trata “peor” a los municipios con gobiernos progresistas. “Ahora mismo hay más demanda que oferta y parte del alumnado se encuentra desplazado en otras localidades”, añade. “Aquí se están dejando de construir viviendas por la falta de servicios públicos, entre los que están los colegios”.

El encierro tendrá carácter reivindicativo y también será un momento para celebrar, explica López. Los más pequeños ya están emocionados por dormir en sacos, ver una peli y desayunar una mañana de sábado junto a sus compañeros de clase, pero las familias saben que lo más importante es que se visibilicen las malas condiciones de la educación pública del municipio. “No somos los únicos, hay colegios que llevan 10 años en obras”, aseguran.
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