«La sociedad actual perjudica biológicamente a nuestro organismo» / «Nos han vendido la comodidad como progreso, pero empeora nuestra salud» / “La vida moderna está pensada para robots» / «La oncología en España está siendo deficitaria, no tratamos al paciente en su conjunto» / «No existe nada anticancerígeno ni nada procancerígeno por sí solo».
Más información: Saúl Martínez-Horta, neuropsicólogo: «La felicidad es saber que todo está ordenado y no tener miedo a lo que suceda» «La sociedad actual perjudica biológicamente a nuestro organismo» / «Nos han vendido la comodidad como progreso, pero empeora nuestra salud» / “La vida moderna está pensada para robots» / «La oncología en España está siendo deficitaria, no tratamos al paciente en su conjunto» / «No existe nada anticancerígeno ni nada procancerígeno por sí solo».
Más información: Saúl Martínez-Horta, neuropsicólogo: «La felicidad es saber que todo está ordenado y no tener miedo a lo que suceda»
Las claves
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Los hábitos de vida pueden marcar la diferencia entre desarrollar una enfermedad crónica o un cáncer y no hacerlo. El ejercicio físico, una alimentación saludable y un sueño adecuado son hoy tres pilares imprescindibles si queremos aspirar a una vida larga y de calidad.
El Código Europeo contra el Cáncer recoge buena parte de estas pautas junto a clásicos como no fumar o limitar el alcohol, pero el mensaje sigue sin calar: los ultraprocesados y el sedentarismo dominan la rutina, y el estrés laboral con horarios imposibles se ha convertido en la norma. «La vida moderna está pensada para robots y nosotros no somos robots», resume la oncóloga Cristina Sánchez (Palencia, 36 años).
Especialista en medicina del estilo de vida y autora de Repara. Resetea. Revive (Ediciones B, 2026), Sánchez propone dejar de esperar remedios mágicos y empezar a revisar los gestos cotidianos que hemos dado por normales, aunque nos estén enfermando en silencio.
Practica la oncología integrativa, que suma a la quimioterapia y a los tratamientos farmacológicos un abordaje sistemático de los hábitos y del bienestar del paciente. No sustituye la oncología clásica, la complementa: trata el tumor, pero también al paciente en su conjunto, como ella misma describe.
En conversación con EL ESPAÑOL, Sánchez defiende que entre el 80% y el 90% de los tumores dependen en gran medida de cómo vivimos. También explica qué margen real de cambio tiene alguien atrapado en jornadas maratonianas, tareas domésticas y poco tiempo para cuidarse.
Se define como una oncóloga diferente. ¿En qué es distinta en la consulta?
Cuando empecé a ejercer, tenía un sentimiento que no compartía con el resto de mis compañeros y eso me convirtió un poco en la rara. Me inquietaba mucho ver que los pacientes tenían carencias en determinados aspectos que demandaban y que nosotros no estábamos cubriendo.
Siempre ha habido muchas dudas sobre qué hacer cuando van a casa. Está claro que cuando vienen a la consulta, nosotros les ponemos el tratamiento, pero cuando van a sus casas están muy perdidos. Hay muchas cosas que saben que pueden influir en su enfermedad, como la alimentación, el ejercicio y el estrés, y que no saben cómo abordar.
A mí me interesaba incorporar todo eso como parte de la terapia, pero también aprender cómo usarlas para prevenir que aparezcan esta u otras enfermedades de las que acechan actualmente.
¿Qué cree que dice eso de cómo se vive el cáncer hoy en España?
Creo que la oncología en España está siendo deficitaria en ese sentido. Recientemente he estado en Australia, gracias a una beca de la Sociedad Española de Oncología Médica. Allí llevan a cabo estas terapias complementarias de manera totalmente integrada en la práctica clínica diaria.
Allí he aprendido que hay una oncología que puede ser mejor, porque los pacientes están mejor atendidos, mejor escuchados y con un manejo muchísimo más holístico y global cuando se llevan a cabo este tipo de prácticas.
No pasa solo ahí. En otros países también lo están haciendo de una manera totalmente protocolizada. En España tenemos herramientas que son muy buenas para tratar el tumor, pero para tratar a las personas en su conjunto nos estamos quedando cortos.
¿Cree que su perspectiva ha causado recelos entre sus colegas de profesión?
Recelos no, pero, al principio, muchos sí me dijeron que esta perspectiva integradora no era importante. Había muy poco interés en parámetros que tenían que ver con la nutrición, el músculo… Yo he sido de las primeras en hablar de todo esto.
Mis compañeros saben cuál es mi trayectoria y ahora están orgullosos también de que lo que parecía que no iba a ser importante, ahora está tomando cada vez más relevancia y aparecerá cada vez más en las guías.
Espero que con el tiempo estas dos oncologías vayan de la mano, que haya especialistas en una y otra y trabajemos en conjunto.
Dice que el cuerpo avisa y que estamos normalizando la fatiga crónica, el mal sueño o esa inflamación silenciosa. ¿Qué señales estamos ignorando de forma masiva en nuestra vida cotidiana?
Hay muchos síntomas que no deberían estar normalizados, pero lo están. Por ejemplo, que haya personas con la tensión y el colesterol altos o la tendencia actual a la diabetes. Además, hay cosas más pequeñas, como una persona que no está durmiendo bien o que no tiene buenas digestiones. Son signos de que algo pasa en su organismo, de que algo no está funcionando bien.
¿Qué le preocupa más como oncóloga cuando ve esa ceguera colectiva?
Me preocupa cómo se sigue minimizando muchísimo todo lo que hacemos mal en nuestro día a día, porque al final sigue siendo algo muy cultural, sobre todo en España. Todo lo celebramos comiendo y bebiendo.
Ahora mismo a la gente le encanta tener las mayores facilidades del mundo. Todos los avances que salen sirven para la comodidad y el confort, pero el cuerpo no necesita eso, necesita estar activo.
Nos han vendido estos dos conceptos como progreso, pero muchas de esas cosas están empeorando nuestra salud. Todo esto me da miedo porque la vida moderna no es saludable, está pensada para robots y nosotros no lo somos. La sociedad actual perjudica biológicamente a nuestro organismo.
Si tuviera que desmontar en una sola frase el mito más peligroso sobre cáncer y estilo de vida, ¿cuál sería y por qué?
No existe nada anticancerígeno ni nada procancerígeno por sí solo. Porque se están vendiendo muchos productos anticáncer, se está hablando de que ciertas cosas producen cáncer. No se puede hablar así.
El cáncer es multifactorial; hay muchas cosas que se tienen que juntar para que pase y, al final, cuando alguien vende un remedio mágico o demoniza algo de manera muy estricta, eso es mentira. No hay un elemento en concreto que vaya a ser la magia ni que vaya a ser lo peor del mundo. Hay que esforzarse por hacer varias cosas bien a la vez.
Vivimos en un momento en el que el ritmo frenético es la tónica general. Mucha gente pasa su día entre largas jornadas de trabajo y tareas domésticas interminables, sin tener casi tiempo para nada más. ¿Hasta qué punto es real el cambio de hábitos para prevenir enfermedades en estas personas?
Estas personas deberían empezar por intentar cambiar de trabajo, si esa posibilidad existe. Si no, es cuestión de intentar tener los hábitos más saludables posibles en el día a día. Por ejemplo, es mucho mejor llevarse la comida a la oficina que comprar productos precocinados y ultraprocesados.
Por otra parte, quizá es mejor hacer deporte a primera hora de la mañana que a última hora de la tarde, cuando están completamente cansados tras todo el día.
Si eso no es posible, la ciencia ya ha demostrado que hacer deporte el fin de semana, mezclando fuerza y ejercicio cardiovascular, puede compensar el no entrenar entre semana. Eso puede ser una opción.
¿Dónde está la línea roja entre responsabilidad y culpabilización cuando hablamos de hábitos y cáncer?
No hay que culparse de nada que hayamos hecho previamente cuando tenemos un cáncer, porque nunca vamos a llegar a saber claramente qué es lo que ha pasado. Sí que hay que responsabilizarse de lo que se sabe que no es bueno y seguimos haciendo.
Yo no soy la única con este mensaje. Hay muchos divulgadores hablando de hábitos saludables y dándole a la gente la información que necesita para saber cuidarse. Si a partir de ahora no lo hacen, deben asumir las consecuencias. No porque haya que culpabilizarse de ello, sino porque no se han querido emplear esos datos.
Si solo pudiera responder con una frase a la pregunta «¿qué puedo hacer para no tener cáncer?», ¿cuál sería?
Ser consciente de tus hábitos e intentar mejorarlos en la medida de lo posible. Tan simple como eso. Sobre todo, no darse un mensaje negativo acerca de la posibilidad del cambio, porque si nos ponemos excusas nunca vamos a encontrar realmente la motivación para hacerlo.
El Español – Salud
