En conversación con EL ESPAÑOL, los fundadores han repasado los inicios de la marca, su crecimiento y el futuro de la joyería accesible en España.
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Las claves
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Hay joyas que se compran para una ocasión especial y otras que terminan formando parte de la vida cotidiana. Con esa idea nació Singularu, una marca española que en poco más de diez años ha logrado hacerse un hueco en el joyero de miles de mujeres.
Detrás del proyecto están Cristina Aristoy y Paco Tormo, dos emprendedores que en 2014 decidieron apostar por una idea sencilla pero ambiciosa: crear joyas bonitas, actuales y asequibles, pensadas para el día a día.
Cuando empezaron, lo que más les movía era el anhelo de hacer algo propio. «Nos movía la ilusión de crear algo con sentido», explica Aristoy. Ambos habían detectado que en el mercado faltaba una marca de joyas que transmitieran alegría, «pero con una experiencia de compra de 10«.
Cristina y Paco.
Concretamente, el proyecto nació en internet, como muchas marcas de su generación, pero pronto empezó a crecer más allá de la pantalla. Con esa misma idea clara desde el principio, sus fundadores tenían muy definido qué querían construir.
De hecho, si tuvieran que explicar qué es Singularu a alguien que nunca ha oído hablar de la marca, lo tienen claro: «joyas de tendencia a precios asequibles».
Sin embargo, abrirse paso en el mundo de la joyería no ha sido nada sencillo. Tal y como corroboran ambos, a diferencia de otros productos de moda, una joya implica confianza. Las clientas buscan calidad, buen servicio y una marca en la que creer.
Por eso, uno de los grandes retos de Singularu al principio fue ganarse esa confianza. «En joyería la gente quiere ver que hay calidad real y una marca consistente… y eso se construye poco a poco, día a día«, explican los creadores.
Veíamos que faltaba una marca de joyas en tendencia, alegre, muy a la última, pero con precios asequibles.
Ese trabajo constante se ha traducido en un crecimiento notable. Según explican sus fundadores, la empresa cerró 2025 con 40 millones de euros de facturación, más de 400 empleados y 83 tiendas repartidas por toda España. Un crecimiento que ha sido posible gracias a una estrategia que combina el mundo digital con el contacto directo con las clientas.
Precisamente, dentro de esa estrategia, el salto a las tiendas físicas se convirtió en un paso clave para la evolución de Singularu. Aunque la marca nació online, apostar por el retail fue una decisión importante. Para Aristoy, la razón es clara: «las joyas se disfrutan de otra manera cuando puedes tocarlas, probártelas, verlas brillar… incluso cuando las eliges para regalar».
Hoy Singularu combina ambos mundos. El canal online permite llegar a más personas y trabajar con mayor agilidad, mientras que las tiendas físicas aportan cercanía y una experiencia más completa.
«Trabajamos con un modelo omnicanal porque siempre hemos querido estar donde está nuestra clienta«, explican.
Sin embargo, crecer rápido también tiene sus dificultades. De hecho, para los fundadores, uno de los mayores retos ha sido hacerlo sin perder aquello que hizo especial a la empresa desde el principio.
«Nuestro mayor desafío es escalar sin perder nuestra cercanía, nuestra agilidad y nuestra forma de trabajar«, resume Aristoy.
A ello se suma otro desafío que afecta a todo el sector: el aumento del precio de las materias primas, especialmente metales como la plata o el oro.
«Nos obliga a ser muy eficientes y a gestionar muy bien el producto para seguir ofreciendo calidad a precios competitivos», explican.
Cristina y Paco.
Uno de los momentos más difíciles para la empresa llegó con la dana que afectó a la Comunidad Valenciana y destruyó su almacén en Picanya, además de una de sus tiendas en el centro comercial Bonaire.
La situación fue especialmente complicada porque ocurrió justo antes de una de las campañas más importantes del año, el Black Friday. «Fue un golpe duro», recuerdan. Aun así, apuntan que lo primero fue comprobar que todo el equipo estaba bien.
En ese momento, dicen, sintieron un gran apoyo por parte de proveedores, clientas y de la propia ciudadanía. «Aprendimos hasta qué punto los españoles somos un pueblo resiliente y solidario«, explican.
De cara al futuro, la marca ya mira más allá de nuestras fronteras, aunque lo hace con cautela. Están estudiando mercados cercanos, donde la logística y la afinidad cultural faciliten la expansión. Sin embargo, reconocen que todavía queda mucho camino por recorrer dentro de España.
Cada año decimos ‘este año sí’, pero la realidad es que aún tenemos mucho por hacer aquí
En cuanto a nuevos públicos, Singularu mantiene por ahora su enfoque principal en las mujeres. Aunque cada vez más hombres se animan a llevar joyas, la marca no tiene previsto lanzar de momento una colección masculina.
«Singularu es una marca de chicas para chicas», explican, aunque reconocen que la sociedad está evolucionando y que cada vez ven más chicos utilizando sus piezas.
Asimismo, cuando se les pregunta cómo imaginan la empresa dentro de cinco años, responden con una sonrisa y una frase sencilla: «más grande, más bonita y más querida». De hecho, más allá de cifras o expansión, su prioridad sigue siendo la misma que al principio: cuidar a sus clientas.
Ese es también el consejo que dan a quienes sueñan con emprender en el mundo de la moda o el retail, ya que para ellos, todo empieza por entender al cliente. «Hay que obsesionarse con su satisfacción», concluyen.
El Español – Sociedad
