David Blay opina sin tapujos sobre la situación de los funcionarios en España: «Muy pocos son felices con su trabajo»

Este profesional ha compartido unas declaraciones sobre el empleo público en las que asegura que muchos de estos trabajadores no hacen lo que les gusta.
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Convertirse en funcionario en España es, para muchos, alcanzar el sueño dorado: un sueldo fijo de por vida, vacaciones aseguradas y la tranquilidad de no temer a un despido.

Pero, ¿y si esa promesa de estabilidad no garantiza la felicidad? El periodista y consultor de comunicación David Blay pone en duda esa creencia en el pódcast David y Goliat y abre un debate que incomoda a más de uno.

«En España se fomenta el funcionariado y parece que es la panacea», dice Blay al inicio de su intervención. A continuación, lanza una afirmación que rompe con uno de los consensos más extendidos en la cultura laboral del país: «Yo conozco a muy pocos funcionarios que sean felices con lo que hacen».

El comunicador explica que el empleo público ofrece lo que muchos buscan, estabilidad, sueldo fijo, vacaciones aseguradas y ausencia de despidos, pero señala que esos elementos no siempre garantizan la satisfacción personal.

«Por mucho que tengan una vida estable, que no los vayan a despedir, que tengan ingresos, que tengan vacaciones, la mayoría no hace lo que les gusta,» añade.

Blay insiste en que el debate no se centra en la utilidad del funcionariado, sino en la motivación de quienes aspiran a entrar en él.

Según afirma, muchos opositores invierten años de esfuerzo con el único objetivo de obtener un puesto vitalicio, sin preguntarse si ese trabajo responde realmente a sus inquietudes y pasiones. «Si tú quieres ser funcionario para tener una vida estable y vas a ser infeliz, pregúntate si quieres serlo», reflexiona en voz alta.

El consultor subraya que la sociedad española lleva décadas alimentando la idea de que la seguridad laboral es el mayor de los logros, algo que se entiende en un país con altas tasas de temporalidad y precariedad.

Pero advierte de que la obsesión por la estabilidad puede terminar conduciendo a la frustración. «La mayoría de personas prioriza la plaza fija sin pensar en qué harán durante 30 o 40 años. Y luego, cuando consiguen esa estabilidad, descubren que no disfrutan de su día a día», comenta.

La reflexión de Blay encaja en un contexto más amplio. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que el empleo público representa alrededor del 17% del total en España, una cifra que aumenta cada vez que hay crisis en el sector privado.

Las oposiciones siguen registrando cifras récord de aspirantes, especialmente en sectores como la educación, la sanidad o la administración general. Para muchos, se trata de la única vía para escapar de la incertidumbre del mercado laboral.

Pero Blay advierte de que esa elección puede tener un coste emocional. «La pregunta no es solo si quieres estabilidad, sino si quieres estabilidad a costa de tu felicidad. Y eso no siempre se plantea en el debate público», afirma.

En su opinión, los jóvenes deberían plantearse si prefieren una vida profesional marcada por la seguridad o si aspiran a construir un camino más incierto pero más alineado con sus intereses vitales.

Además, el periodista remarca que su reflexión no pretende desprestigiar al funcionariado ni cuestionar su papel esencial en la sociedad. De hecho, reconoce que el trabajo en la administración pública sostiene servicios básicos y es imprescindible para el funcionamiento del país.

Lo que pone en duda es la creencia, casi cultural, de que aprobar una oposición equivale de forma automática a alcanzar la plenitud personal. «No se trata de criticar a los funcionarios, sino de pensar si esa vida que nos venden como ideal lo es realmente para todos«, puntualiza.

 elespanol – Sociedad

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