<p>El cine de Sergei Loznitsa duele. Duele por su claridad expositiva y por su clarividencia siempre funesta. Es descripción y es profecía. La mecánica se repite: él plantea un tema histórico, reciente o no, el tema causa estupor y el estupor se convierte inmediatamente en una pesadilla completamente actual. Su película <i>Donbass</i>, por ejemplo, estalló en el Festival de Cannes de 2018 como la más brutal de las revelaciones. Incómoda, caótica y visceral hasta la extenuación, <strong>Loznitsa convertía la pantalla en el escenario de una pesadilla profética que, de repente, quedó ridiculizada por la cotidianidad más vergonzante.</strong> El director ucraniano lleva toda una vida retratando lo que ocurre en su país. Sus documentales de archivo como <i>The trial,</i> sobre la maquinaria represiva del estalinismo, o <i>Victory day,</i> que une los puntos entre la perdida identidad soviética y el nacionalismo ruso actual más fanático, soportan una filmografía tan comprometida como responsable. Y amenazada. Y luego está su ficción, como En la niebla, que, básicamente y como decíamos, duele.</p>
El hiperactivo director completa su obra más depurada y sobria, aunque igual de desoladora y visceral que toda su imprescindible filmografía
El cine de Sergei Loznitsa duele. Duele por su claridad expositiva y por su clarividencia siempre funesta. Es descripción y es profecía. La mecánica se repite: él plantea un tema histórico, reciente o no, el tema causa estupor y el estupor se convierte inmediatamente en una pesadilla completamente actual. Su película Donbass, por ejemplo, estalló en el Festival de Cannes de 2018 como la más brutal de las revelaciones. Incómoda, caótica y visceral hasta la extenuación, Loznitsa convertía la pantalla en el escenario de una pesadilla profética que, de repente, quedó ridiculizada por la cotidianidad más vergonzante. El director ucraniano lleva toda una vida retratando lo que ocurre en su país. Sus documentales de archivo como The trial, sobre la maquinaria represiva del estalinismo, o Victory day, que une los puntos entre la perdida identidad soviética y el nacionalismo ruso actual más fanático, soportan una filmografía tan comprometida como responsable. Y amenazada. Y luego está su ficción, como En la niebla, que, básicamente y como decíamos, duele.
Dos fiscales es ficción (su vuelta a ella tras casi 8 años dedicado al documental casi de manera exclusiva) y no es excepción sino regla. Se diría que la película retrata con pulcritud y una dureza de pedernal un fragmento de la historia de la desaparecida Unión Soviética que tan bien conoce el director. Hablamos de las purgas, del gulag y de las brutalidades del NKVD o la policía secreta de Stalin. Pero eso es solo la teoría. En verdad, lo que queda al descubierto es el conflicto eterno entre la bondad (conocida de forma despectiva e injusta como idealismo) y la maldad (también llamada de manera no muy precisa como realidad o «lo que hay»).
Estamos en 1937. Una pila de cartas de detenidos acusados de manera injusta por el régimen son quemadas en una celda por la mano temblorosa de precisamente una de las víctimas. Una de las misivas, escrita con sangre, se salva y llega a su destino: el escritorio del recién nombrado fiscal local. Éste, como el bolchevique íntegro que es, hará lo imposible por encontrar al prisionero. Su búsqueda de justicia lo llevará hasta la Fiscalía General de Moscú, al despacho del mismísimo y muy temido Andréi Vyshinski. Fiscal frente a fiscal. El resto parece historia, pero, basta abrir un periódico (o alguno, no todos) para comprobar una vez más que el pasado no existe. El pasado es el presente.
Loznitsa prescinde de retórica y compone cada una de las escenas (son poco más de media docena) como si de cuadros vivientes se tratara. Con un rigor a prueba de cualquier tipo de veleidad o duda, el director esculpe, antes que solo rodar, el desmoronamiento de un hombre. Pero no de uno cualquiera, sino de un hombre justo. Y hasta libre. Sin más piedad que la que arde, la película avanza con la contundencia y claridad no de un bulldozer ni un tanque ni de ningún otro símil bélico; la película discurre en verdad como un abrazo, un abrazo cálido, sincero y muy triste. El cine de Sergei Loznitsa duele.
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Director: Sergei Loznitsa. Intérpretes: Aleksandr Kuznetsov, Anatoli Belyj, Vytautas Kaniusonis. Duración: 118 minutos. Nacionalidad: Ucrania.
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