EE.UU. atacó a Irán al sospechar que iba a tener material para 50 bombas nucleares en un año

Hubo negociaciones que Estados Unidos presenta como intentos de buena fe. Pero, según tres altos funcionarios de la Administración Trump, llegó un punto en que Jared Kushner y Steve Witkoff, los enviados del presidente, concluyeron que Teherán estaba usando el proceso para ganar tiempo . A partir de ahí, dicen, Donald Trump decidió pasar a la fase militar . «Irán prometió entregarnos un borrador de acuerdo en cinco o seis días, pero nunca llegó. Para nosotros, ese retraso y esa procrastinación fueron otra señal de que estaban ganando tiempo», afirmaron este martes en una llamada con periodistas para explicar por qué dieron por muerta la vía diplomática.Esas fuentes describieron la posición de EE.UU. como un paquete cerrado y verificable. Exigían una renuncia clara a cualquier arma nuclear, la retirada o devolución de todo el material enriquecido, y el cierre permanente de Natanz, Fordó e Isfahán sin cláusulas de caducidad. Añadieron, además, el fin del apoyo iraní a milicias satélite como Hizbolá. En la mesa, según su versión, Irán se plantó en lo que definió como un «derecho inalienable» a enriquecer uranio y adoptó un tono de desafío más que de compromiso.Noticia relacionada general No No Trump recibe a Merz en la Casa Blanca en plena tensión por la guerra de Irán David AlandeteLos funcionarios situaron la ruptura en una acumulación de señales. Dijeron que Teherán retrasó repetidamente la entrega de un texto de trabajo y que, cuando finalmente llevó una propuesta a la tercera reunión, no permitió que la delegación estadounidense se la llevara para revisarla con expertos . También sostuvieron que el diseño técnico de lo presentado mantenía el enriquecimiento por encima de los límites del acuerdo de 2015 y que Irán no activó las conversaciones paralelas sobre misiles y milicias satélite que, según EE.UU., debía poner en marcha con actores regionales.En paralelo, justificaron la urgencia con el inventario nuclear. Afirmaron que Irán acumulaba alrededor de 10.000 kilos de material enriquecido , incluidos unos 460 kilos al 60% y 1.000 kilos al 20%. Con esos volúmenes, dijeron, el salto del 60% al 90% podría hacerse en «siete a diez días», y desde el 20% en «tres o cuatro semanas». Era, según esas fuentes, la posibilidad de escalar en un año hasta material suficiente para 40 o 50 bombas si seguía enriqueciendo. Y dijeron haber descubierto que el reactor de Teherán, presentado como civil para isótopos médicos, tenía combustible para 7 u 8 años sin indicios de producción significativa, lo que interpretan como acopio encubierto para partir desde el 20% y acortar el tiempo de ruptura.Ese cálculo, según ellos, hacía inviable aceptar una negociación larga. «Volvimos con el presidente y le dijimos «mire, si quiere que hagamos un acuerdo al estilo Obama, quizá un «Obama plus», probablemente podríamos sacarlo, pero llevaría meses. Estos tipos no buscan un acuerdo rápido». Y añadimos «si al final del día nos pregunta si podemos mirarle a los ojos y decirle que el problema está realmente resuelto, va a costar mucho llegar ahí porque nos están jugando en todas partes; es muy resbaladizo»», relataron.Cuando hablan de un «acuerdo Obama», lo usan como sinónimo de volver a algo parecido al pacto de 2015. Y explicaron por qué lo consideraban inasumible. Primero, porque permitiría a Irán mantener el enriquecimiento dentro del país, aunque fuera con límites, en lugar de imponer cero enriquecimiento y retirar todo el material. Segundo, porque sería un acuerdo con caducidad, con restricciones que se van relajando con el tiempo. Y tercero, porque se centraría sobre todo en lo nuclear y no cerraría, de forma integral, otros frentes que esta Administración coloca en el mismo paquete, como los misiles y el apoyo a milicias satélite en la región.Añadieron un episodio concreto para reforzar su tesis de que les sometían a engaño. El reactor de investigación de Teherán se presentaba como civil, ligado a isótopos médicos, pero dijeron que allí había combustible acumulado para «siete u ocho años» y que no veían una producción real de esos isótopos, lo que interpretaron como acopio. Contaron también que ofrecieron combustible nuclear externo gratis, de forma indefinida, para que Irán no tuviera que enriquecer en casa. Según ellos, Teherán lo rechazó por «dignidad», lo que les confirmó que lo irrenunciable no era la energía civil, sino conservar el enriquecimiento doméstico. Con ese cuadro, su conclusión fue que el régimen quería alargar el proceso entre «tres meses y un año» para preservar piezas clave del arma. Y fijaron una línea política que, dicen, sigue vigente desde que empezó la campaña. «No estamos usando a nadie como interlocutor. Esto es una acción militar», resumió uno de ellos. «Y tiene que seguir su curso».Las razones de TrumpEste martes, Trump añadió desde la Casa Blanca otra explicación para el inicio de la guerra. Dijo que creía que Irán iba a golpear primero. «Estábamos en negociaciones con estos lunáticos y mi opinión era que ellos iban a atacar primero, estaba muy seguro de ello», afirmó durante la visita del canciller alemán, Friedrich Merz. Con esa frase, el presidente introdujo un argumento distinto al que ha dominado el discurso oficial desde el sábado, el nuclear y el misilístico, y volvió a dejar el inicio de la ofensiva en un terreno de justificaciones cambiantes.El lunes, su secretario de Estado, Marco Rubio, ofreció otra versión que complicó aún más el relato. Dijo que EE.UU. atacó porque «sabíamos que iba a producirse una acción israelí» y que eso «precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses». «No íbamos a quedarnos sentados y absorber el golpe», añadió. La lectura política es delicada para Trump porque la guerra es un asunto sensible en la política doméstica, sobre todo entre sectores de su base reacios a otra intervención larga en Oriente Próximo, y todavía más si se percibe como una reacción a una decisión de Israel.Trump rechazó que Israel le forzara a entrar en la guerra. «En todo caso, fui yo el que forzó a Israel», dijo. Y volvió a apoyarse en el informe de sus enviados, Witkoff y Kushner, para sostener que actuó para evitar un primer golpe iraní. Después añadió un argumento más general. «Es una ideología malvada», dijo sobre el régimen de los ayatolás. «Es una mala semilla y alguien tenía que hacerlo. Tenía que haber ocurrido antes en estos 47 años», remató, en referencia al periodo transcurrido desde la revolución de 1979. Hubo negociaciones que Estados Unidos presenta como intentos de buena fe. Pero, según tres altos funcionarios de la Administración Trump, llegó un punto en que Jared Kushner y Steve Witkoff, los enviados del presidente, concluyeron que Teherán estaba usando el proceso para ganar tiempo . A partir de ahí, dicen, Donald Trump decidió pasar a la fase militar . «Irán prometió entregarnos un borrador de acuerdo en cinco o seis días, pero nunca llegó. Para nosotros, ese retraso y esa procrastinación fueron otra señal de que estaban ganando tiempo», afirmaron este martes en una llamada con periodistas para explicar por qué dieron por muerta la vía diplomática.Esas fuentes describieron la posición de EE.UU. como un paquete cerrado y verificable. Exigían una renuncia clara a cualquier arma nuclear, la retirada o devolución de todo el material enriquecido, y el cierre permanente de Natanz, Fordó e Isfahán sin cláusulas de caducidad. Añadieron, además, el fin del apoyo iraní a milicias satélite como Hizbolá. En la mesa, según su versión, Irán se plantó en lo que definió como un «derecho inalienable» a enriquecer uranio y adoptó un tono de desafío más que de compromiso.Noticia relacionada general No No Trump recibe a Merz en la Casa Blanca en plena tensión por la guerra de Irán David AlandeteLos funcionarios situaron la ruptura en una acumulación de señales. Dijeron que Teherán retrasó repetidamente la entrega de un texto de trabajo y que, cuando finalmente llevó una propuesta a la tercera reunión, no permitió que la delegación estadounidense se la llevara para revisarla con expertos . También sostuvieron que el diseño técnico de lo presentado mantenía el enriquecimiento por encima de los límites del acuerdo de 2015 y que Irán no activó las conversaciones paralelas sobre misiles y milicias satélite que, según EE.UU., debía poner en marcha con actores regionales.En paralelo, justificaron la urgencia con el inventario nuclear. Afirmaron que Irán acumulaba alrededor de 10.000 kilos de material enriquecido , incluidos unos 460 kilos al 60% y 1.000 kilos al 20%. Con esos volúmenes, dijeron, el salto del 60% al 90% podría hacerse en «siete a diez días», y desde el 20% en «tres o cuatro semanas». Era, según esas fuentes, la posibilidad de escalar en un año hasta material suficiente para 40 o 50 bombas si seguía enriqueciendo. Y dijeron haber descubierto que el reactor de Teherán, presentado como civil para isótopos médicos, tenía combustible para 7 u 8 años sin indicios de producción significativa, lo que interpretan como acopio encubierto para partir desde el 20% y acortar el tiempo de ruptura.Ese cálculo, según ellos, hacía inviable aceptar una negociación larga. «Volvimos con el presidente y le dijimos «mire, si quiere que hagamos un acuerdo al estilo Obama, quizá un «Obama plus», probablemente podríamos sacarlo, pero llevaría meses. Estos tipos no buscan un acuerdo rápido». Y añadimos «si al final del día nos pregunta si podemos mirarle a los ojos y decirle que el problema está realmente resuelto, va a costar mucho llegar ahí porque nos están jugando en todas partes; es muy resbaladizo»», relataron.Cuando hablan de un «acuerdo Obama», lo usan como sinónimo de volver a algo parecido al pacto de 2015. Y explicaron por qué lo consideraban inasumible. Primero, porque permitiría a Irán mantener el enriquecimiento dentro del país, aunque fuera con límites, en lugar de imponer cero enriquecimiento y retirar todo el material. Segundo, porque sería un acuerdo con caducidad, con restricciones que se van relajando con el tiempo. Y tercero, porque se centraría sobre todo en lo nuclear y no cerraría, de forma integral, otros frentes que esta Administración coloca en el mismo paquete, como los misiles y el apoyo a milicias satélite en la región.Añadieron un episodio concreto para reforzar su tesis de que les sometían a engaño. El reactor de investigación de Teherán se presentaba como civil, ligado a isótopos médicos, pero dijeron que allí había combustible acumulado para «siete u ocho años» y que no veían una producción real de esos isótopos, lo que interpretaron como acopio. Contaron también que ofrecieron combustible nuclear externo gratis, de forma indefinida, para que Irán no tuviera que enriquecer en casa. Según ellos, Teherán lo rechazó por «dignidad», lo que les confirmó que lo irrenunciable no era la energía civil, sino conservar el enriquecimiento doméstico. Con ese cuadro, su conclusión fue que el régimen quería alargar el proceso entre «tres meses y un año» para preservar piezas clave del arma. Y fijaron una línea política que, dicen, sigue vigente desde que empezó la campaña. «No estamos usando a nadie como interlocutor. Esto es una acción militar», resumió uno de ellos. «Y tiene que seguir su curso».Las razones de TrumpEste martes, Trump añadió desde la Casa Blanca otra explicación para el inicio de la guerra. Dijo que creía que Irán iba a golpear primero. «Estábamos en negociaciones con estos lunáticos y mi opinión era que ellos iban a atacar primero, estaba muy seguro de ello», afirmó durante la visita del canciller alemán, Friedrich Merz. Con esa frase, el presidente introdujo un argumento distinto al que ha dominado el discurso oficial desde el sábado, el nuclear y el misilístico, y volvió a dejar el inicio de la ofensiva en un terreno de justificaciones cambiantes.El lunes, su secretario de Estado, Marco Rubio, ofreció otra versión que complicó aún más el relato. Dijo que EE.UU. atacó porque «sabíamos que iba a producirse una acción israelí» y que eso «precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses». «No íbamos a quedarnos sentados y absorber el golpe», añadió. La lectura política es delicada para Trump porque la guerra es un asunto sensible en la política doméstica, sobre todo entre sectores de su base reacios a otra intervención larga en Oriente Próximo, y todavía más si se percibe como una reacción a una decisión de Israel.Trump rechazó que Israel le forzara a entrar en la guerra. «En todo caso, fui yo el que forzó a Israel», dijo. Y volvió a apoyarse en el informe de sus enviados, Witkoff y Kushner, para sostener que actuó para evitar un primer golpe iraní. Después añadió un argumento más general. «Es una ideología malvada», dijo sobre el régimen de los ayatolás. «Es una mala semilla y alguien tenía que hacerlo. Tenía que haber ocurrido antes en estos 47 años», remató, en referencia al periodo transcurrido desde la revolución de 1979.  

Hubo negociaciones que Estados Unidos presenta como intentos de buena fe. Pero, según tres altos funcionarios de la Administración Trump, llegó un punto en que Jared Kushner y Steve Witkoff, los enviados del presidente, concluyeron que Teherán estaba usando el proceso para ganar tiempo. … A partir de ahí, dicen, Donald Trump decidió pasar a la fase militar. «Irán prometió entregarnos un borrador de acuerdo en cinco o seis días, pero nunca llegó. Para nosotros, ese retraso y esa procrastinación fueron otra señal de que estaban ganando tiempo», afirmaron este martes en una llamada con periodistas para explicar por qué dieron por muerta la vía diplomática.

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