Cuatro movimientos políticos conectados con la religión. Uno: el PP y Vox comparten una iniciativa en defensa de los cristianos perseguidos en países como Nigeria. Dos: Isabel Díaz Ayuso proclama su fe, que antes decía no tener. Tres: Vox “es un partido anticatólico”, declara el diputado del PP Miguel Ángel Quintanilla. Cuatro: Pepa Millán, portavoz de Vox, lanza una proclama antiabortista en el Día de la Encarnación, que es el día —dice— “de la vida”.
El catolicismo “identitario” de Abascal dispara el protagonismo de la religión en la pugna derechista. Feijóo lidera las encuestas en un electorado que destaca por su alejamiento de la izquierda
Cuatro movimientos políticos conectados con la religión. Uno: el PP y Vox comparten una iniciativa en defensa de los cristianos perseguidos en países como Nigeria. Dos: Isabel Díaz Ayuso proclama su fe, que antes decía no tener. Tres: Vox “es un partido anticatólico”, declara el diputado del PP Miguel Ángel Quintanilla. Cuatro: Pepa Millán, portavoz de Vox, lanza una proclama antiabortista en el Día de la Encarnación, que es el día —dice— “de la vida”.
Todo lo anterior ocurre en marzo. Y todo ilustra el recrudecimiento de la pugna entre los partidos de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal por el voto católico, que se ha prolongado durante la Semana Santa con ambas formaciones compitiendo por mostrarse como las más defensoras de una celebración de la que subrayan no solo su dimensión cultural y tradicional, sino también religiosa. Pero, ¿por qué tanto interés en este electorado? ¿Es que el avance de la secularización no ha mermado la importancia política de la religión? Las cosas no son tan simples.
El porcentaje de creyentes decrece, sí. Pero, convertido en un frente de la batalla cultural, el catolicismo como expresión identitaria gana presencia en el debate político. Sobre todo, en el campo conservador, con más incentivos para tratar de captar votos en un electorado cada vez más derechizado.
Derechización
En la izquierda no solo hay menos porcentaje de católicos, sino que baja más rápido. Aunque con altibajos y excepciones, el dibujo general que ofrece el CIS es inequívoco. Desde 2020, el PSOE ha visto caer en más de un tercio el porcentaje de sus votantes que se declaran católicos; la izquierda alternativa, en más de una cuarta parte. En la derecha la pérdida es solo de en torno a una décima parte. En el último año, sube el porcentaje de católicos tanto del PP como de Vox.

El envés de la misma moneda muestra que la intención de voto de los católicos está escorada a la derecha. Un 26,8% prevé dar su apoyo al PP —haciendo la media de practicantes y no practicantes—, frente a un 16,8% al PSOE, un 15,9% a Vox —a menos de un punto de los socialistas—, un 2,1% a Sumar y un 0,4% a Podemos, con datos del último CIS. En la derecha, la intención de voto entre los católicos es superior a la intención de voto en el total de la población. En la izquierda, al revés.

Además, el voto católico va perdiendo peso en el conjunto del voto a la izquierda. La relación entre el voto global y el voto católico al PSOE es hoy de 1,3 a 1 a favor del global. Hace diez años, tenía más intención de voto entre los católicos que en el total. En la izquierda alternativa, la evolución no es tan drástica, pero va en el mismo sentido. En la derecha, el voto católico tiende a ganar peso.
“A mayor religiosidad, mayor voto a la derecha”, resume José Francisco Serrano, autor de Iglesia y poder en España (Arzalia, 2024), que describe una “tendencia” que va más allá del voto. Los católicos—menos partidarios de la intervención del Estado en la economía, más desconfiados de los sindicatos y más confiados en la patronal que el resto, con datos del CIS— están escorando a la derecha su posición ideológica a mayor velocidad que los demás. En un eje en el que el 1 es extrema izquierda y el 10 extrema derecha, la sociedad española se ubica en un 4,71; los católicos en particular, en el 5,75. En una década, la distancia se ha duplicado.

Identidad y antielitismo
A la “menor transversalidad del voto católico”, Serrano, catedrático de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo, añade una segunda “tendencia”. Entre los que sí son católicos, observa, lo religioso gana importancia en la decisión de voto. Ahí hay que inscribir el endurecimiento de la disputa por el voto católico en la derecha, cuyo principal campo de batalla es la inmigración.
No siempre ha sido así. Mar Griera, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, sostiene que en España, tras la salida del nacionalcatolicismo, la separación entre las esferas política y religiosa era un “signo de modernidad” que durante décadas también quiso lucir la derecha. Eso produjo una especie de prevención generalizada contra el uso de recursos religiosos en política.
Pero este statu quo, que ya su sufrió un sobresalto con la acción conjunta del PP y los obispos contra el matrimonio igualitario en 2005, vive ahora un cuestionamiento con la consolidación de Vox, explica Griera, coautora del Barómetro sobre Religión y Creencias de la Fundación Pluralismo y Convivencia. Además de una retórica mucho más dura contra el aborto —tema clave para parte del electorado católico—, Vox apela a una defensa de la identidad cristiana de España que ha cambiado las reglas del debate político sobre la religión.
“Vox utiliza un discurso civilizacionista que identifica nación y religión, cruzado con el del miedo a la islamización y la teoría del gran reemplazo”, señala el profesor de Sociología en la UOC Víctor Albert-Blanco, especializado en religiosidad, que cree que esta “explotación identitaria” del catolicismo “contamina a todo el lado derecho del campo político”.
José Francisco Serrano, profesor del CEU, ve al PP en una “evolución interna”. Por un lado, se sigue presentando como el representante de la histórica “democracia cristiana”, pieza clave del gran consenso europeísta. Por otro, se ve “interpelado” por Vox, sobre todo por la capacidad de Abascal y los suyos para llegar a los jóvenes. Los datos le dan la razón. Vox va en cabeza entre los católicos de entre 18 y 34 años. Entre 25 y 34, más del 42% de los católicos practicantes apoyan a Abascal.

Para el historiador Carlos Rodríguez López-Brea, autor de Los pasos perdidos del catolicismo español. Los católicos y la política española del siglo XX(Tirant, 2022), el uso del catolicismo como “identidad” es solo uno de los “desafíos” de Vox al PP. Otro es discurso “antielitista” con el que Vox trata de seducir al electorado católico, presentando a la cúpula eclesial como “acomodada y corrompida”, con la misma estrategia “populista” que emplea en los demás temas.
Un ejemplo: el verano pasado, Abascal llegó a acusar al alto clero de no poder opinar con libertad sobre inmigración al estar maniatado por los casos de pederastia. Por expresiones así el diputado Quintanilla, del PP, acusó a Vox de “anticatolicismo” en el El Debate, el periódico de la Asociación Católica de Propagandistas. Rodríguez López-Brea lo ve de forma más matizada. A su juicio, Vox pone a prueba las “convicciones democristianas” del PP, que el historiador ve “frágiles”. “Más allá de la referencia en los estatutos, no hay apenas tradición, ni líderes, ni discursos en esa línea, lo que le dificulta su respuesta a Vox”, señala.
Disputa constante
Bajo la presión de Vox, el PP se mueve. Sobre todo, en el tema estrella conectado con la religión, la inmigración. El partido de Feijóo ha establecido una preferencia por los extranjeros cristianos. Algunas voces, como Ayuso, lo han hecho abiertamente, al afirmar que es mejor que lleguen latinoamericanos porque “rezamos la misma religión”. Otros, como Feijóo, de forma más sutil, recalcando que los inmigrantes deben respetar “a las mujeres, a los homosexuales”, un discurso elípticamente dirigido contra los musulmanes que utilizan partidos anti-inmigración en toda Europa.
Esta distinción figura desde el otoño pasado en documentos oficiales del PP que explicitan la existencia de unos “valores” compartidos por españoles y latinoamericanos. No hay discriminación expresa por religión, pero sí una asignación a los inmigrantes de países de tradición cristiana de unos “valores” comunes con los españoles que no se reconocen al resto. A esto se suman medidas del PP y Vox como el veto al rezo musulmán en instalaciones municipales en Jumilla (Murcia) el verano pasado o la oleada de iniciativas para prohibir el burka. Aunque en estos debates el PP no llega a los extremos de Vox en su alerta contra la “islamización” como amenaza a la identidad cristiana, los dos partidos suelen votar lo mismo.
Son muchos los temas abarcados por esta rivalidad. Si en Vox es costumbre desde su origen subrayar el carácter no solo cultural sino sobre todo religioso de la Navidad, en el PP este discurso va a más. Cuando se acercan las celebraciones, es usual que desde ambos partidos se recuerde que hay que celebrar “la Navidad” y no “las fiestas”, porque se conmemora el nacimiento de Cristo. “No dejemos que nos la censuren”, llegó a decir Ayuso —entre citas bíblicas— sobre la palabra “Navidad” en 2024. Poco antes de la de 2025 tuvo lugar su asistencia, junto a Feijóo, al concierto en Sol del grupo cristiano Hakuna, que logró gran atención pública.
Por entonces, Ayuso aún no había contado a Okdiario que era católica. “Perdí la fe a los nueve años”, había declarado a EL PAÍS en 2019. Lo religioso no tenía entonces tanta presencia en la pugna derechista. Ahora, cualquier ocasión parece propicia para mentarlo. Madrid está “enraizada en la fe cristiana”, dijo el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (PP), en la presentación de la Semana Santa, justo antes de alegrarse por la “bendición” de la próxima visita del Papa.
¿Qué papel desempeña la izquierda en esta pugna? Desde 2013 es justo el Vaticano, primero con Francisco y desde el año pasado con León XIV, uno de sus surtidores de argumentos. Con frecuencia voces progresistas, entre ellas Pedro Sánchez, han utilizado las posiciones papales sobre economía, medio ambiente o inmigración para cargar contra el PP y Vox. “Es una forma de citar al papa de forma instrumental, obviando las discrepancias en aborto, familia y eutanasia”, señala el historiador Rodríguez-Brea, de larga trayectoria de estudio de las interacciones entre política y religión.

“Más allá de un discurso sobre justicia social anclado en lo cristiano, en la izquierda no hay una búsqueda explícita del voto católico”, señala el sociólogo Albert-Blanco. En el caso del PSOE, aporta José Francisco Serrano, autor de Iglesia y poder en España, este desdibujamiento es producto de una “pérdida de pulso” de sus “sectores cristianos”, entre los que cita como excepción a Salvador Illa.
De su mismo partido, el PSC, es el diputado Amador Marqués, que subió a la tribuna del Congreso durante el debate sobre los cristianos perseguidos en Nigeria. “Parece que estamos ante una pugna entre el PP y Vox por el voto cristiano”, declaró antes de decir que “un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano”. Y de citar al Papa para reforzar la autoridad de sus argumentos frente al PP y Vox, partidos a los que desde la izquierda también les han llovido críticas por el perfil bajo de su reacción después de que Israel impidiese a la máxima autoridad católica oficiar la misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro. Pedro Sánchez sí lo condenó con rotundidad, ante lo cual el PP respondió con un intento de mofa. ¿Cuál? Aunque el presidente es “ateo”, quizás ahora se pondría una gorra roja en la que se leyera “Make Catolicismo Great Again”, afirmó Ester Muñoz, portavoz en el Congreso del PP, demostrando que su partido no está dispuesto a quedarse callado cuando lo cuestionan ante un electorado, el católico, en el que aún es líder mientras Vox avanza.
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