Este/Oeste: La reunificación alemana como comedia fallida (**)

La realidad es demasiado absurda para tomársela en serio. O, mejor, la única manera de tomársela en serio es reírse de ella. La risa, ya saben, es, sobre todo, una cosa muy seria. Lo dice la directora alemana Natja Brunckhorst y antes que ella lo mantuvo con pasión el mismísimo Bergson convencido de que la risa suspende la emotividad y, por tanto, ayuda a pensar. Nadie emocionado lleva una reflexión más allá del golpe en el pecho o, peor, el insulto. La carcajada pone distancia con los hechos y, a su modo, los desnuda en toda su crudeza por la irrenunciable vocación al ridículo o, dado el caso, a la crueldad que siempre secunda a la realidad.

 La alemana Natja Brunckhorst ensaya un acercamiento a la historia reciente de su país tan prometedor de arranque como finalmente sin gracia ni fuelle  

La realidad es demasiado absurda para tomársela en serio. O, mejor, la única manera de tomársela en serio es reírse de ella. La risa, ya saben, es, sobre todo, una cosa muy seria. Lo dice la directora alemana Natja Brunckhorst y antes que ella lo mantuvo con pasión el mismísimo Bergson convencido de que la risa suspende la emotividad y, por tanto, ayuda a pensar. Nadie emocionado lleva una reflexión más allá del golpe en el pecho o, peor, el insulto. La carcajada pone distancia con los hechos y, a su modo, los desnuda en toda su crudeza por la irrenunciable vocación al ridículo o, dado el caso, a la crueldad que siempre secunda a la realidad.

Este/Oeste podría haber sido un inmejorable campo de pruebas para una teoría que en verdad ya está suficientemente ratificada un día sí y otro también por la vida. Pero, desgraciadamente, no lo es. O, mejor, no lo es del todo. El punto de partida de la película resulta tan ocurrente como prometedor. Un grupo de vecinos de Alemania Oriental da con el almacén donde van a parar todos los billetes antiguos a punto de desaparecer de circulación tras la reunificación. Estamos en verano de 1990 y los ciudadanos de la antigua República Democrática Alemana disponen aún de tres días para cambiar los marcos de un lado por los del otro, los que no valen por los que valen (y mucho). Ante la posibilidad de tenerlo todo por semejante golpe del destino, surgen las dudas: ¿qué hacer con tanto?, ¿dónde queda la solidaridad de antaño?, ¿se puede replicar el capitalismo desde un comunismo de la abundancia, que no de la escasez?

El primer acto de la película no puede ser más sugerente, perspicaz y, lo más importante, divertido. De repente, la tragedia (que también es liberación) de una forma de vida (que esencialmente es dictadura) que desaparece se da de bruces con una farsa que a su modo recuerda y remite a aquella genialidad llamada Good Bye, Lenin!, de Wolfgang Becker. La película se mueve de forma tan ágil como aguda por viejas nostalgias, nuevos fracasos y aspiraciones compartidas de antaño que de golpe resucitan. Sin embargo, llegan las malas noticias, se diría que abrumada por una idea original tan brillante, Este/Oeste no tarda en extraviarse entre dramas familiares intrascendentes, intrigas torpes e historias de amor tan forzadas como prescindibles. Y así hasta acabar embarrancando en un relato sin fuelle y sin gracia.

El naufragio no es culpa de un reparto comandado por la siempre eficaz Sandra Hüller y tampoco la esmerada dirección de arte merece crítica alguna. El problema es, quién lo iba a decir, la urgencia que parece tener la película de que la tomemos en serio. No, la mejor manera de respetar la seriedad de la vida, da lo mismo cual, es reparar en su íntima ridiculez. Lo dice Bergson y no le hace caso Brunckhorst. Lástima.

Directora: Natja Brunckhorst. Intérpretes: Sandra Hüller, Max Riemelt, Ronald Zehrfeld. Duración: 116 minutos. Nacionalidad: Alemania.

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