Una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía con el apoyo de Europol ha desarticulado en Almería una red criminal que se dedicaba a abastecer con combustible, víveres, ropa, teléfonos e incluso alojamiento a los tripulantes de las lanchas rápidas que trafican con migrantes en el mar de Alborán. El grupo gestionó más de 50.000 litros de combustible “destinados a embarcaciones tipo go-fast, utilizadas tanto para el tráfico de personas como para el transporte de droga entre Argelia y España. La red operaba con una estructura perfectamente organizada que funcionaba como una especie de “estación de servicio” clandestina en distintos puntos de la costa almeriense”, dice la nota de prensa del Ministerio de Interior.
La red criminal abastecía como si se tratara de una estación de servicio a las lanchas rápidas con las que operan los narcotraficantes
La red criminal abastecía como si se tratara de una estación de servicio a las lanchas rápidas con las que operan los narcotraficantes


Una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía con el apoyo de Europol ha desarticulado en Almería una red criminal que se dedicaba a abastecer con combustible, víveres, ropa, teléfonos e incluso alojamiento a los tripulantes de las lanchas rápidas que trafican con migrantes en el mar de Alborán. El grupo gestionó más de 50.000 litros de combustible “destinados a embarcaciones tipo go-fast, utilizadas tanto para el tráfico de personas como para el transporte de droga entre Argelia y España. La red operaba con una estructura perfectamente organizada que funcionaba como una especie de “estación de servicio” clandestina en distintos puntos de la costa almeriense”, dice la nota de prensa del Ministerio de Interior.
Estas lanchas rápidas se encuentran a menudo con las de los cuerpos de seguridad que controlan el tráfico de drogas en el mar generando un peligro evidente para los agentes. Una embarcación de esa clase fue la causante de la muerte de dos guardias civiles el pasado 8 de mayo a 80 millas de la costa de Huelva. Otros dos uniformados resultaron heridos. Días después, el 15 de mayo, otra narcolancha embistió a un patrullera del Servicio de Vigilancia Aduanera en Almería sin que se registraran víctimas. La narcolancha logró huir en otra embarcación neumática de apoyo.
En esta operación han sido detenidas nueve personas tras efectuar registros en las localidades de Almería, Adra, Roquetas de Mar y Vícar, donde se halló el combustible, 43.000 euros en efectivo, 61 kilos de hachís, tres motores de 425 caballos, 30 vehículos, dos embarcaciones de gran tamaño y documentación falsa, se explica en la nota. Se dedicaban al petaqueo, como se conoce al suministro de combustible para abastecer a estas lanchas en sus recorridos delictivos, con los que el cabecilla de organización acumuló, en poco más de un año, un patrimonio superior al medio millón de euros en vivienda, vehículos, y otros bienes, según la información de Interior. Testaferros y empresas pantalla servían al ocultamiento de la titularidad del patrimonio y su origen ilícito.
A los detenidos se les atribuyen delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, favorecimiento de la inmigración irregular, tráfico de drogas, falsedad documental y delitos contra la seguridad colectiva relacionados con el citado petaqueo. La operación sigue abierta y no se descartan nuevas detenciones. Tres de los detenidos han ingresado ya en prisión.
La costa andaluza ha experimentado un aumento de la violencia y las operaciones de narcotráfico, que cuentan cada vez con organizaciones más complejas. El traslado de hachís ha dejado paso al de cocaína con la misma logística y el uso de armas largas y subfusiles ya no es inusual en la guerra entre mafias. La Fiscalía y las fuerzas se seguridad describen a Huelva como un nódulo estratégico para los fines de entrada y distribución de la droga en España y Europa. El fenómeno ha dado un salto cualitativo, ya no se trata solo de la cantidad de droga que entra sino de la complejidad de las operaciones y la violencia que generan. Andalucía concentra la mayor parte del hachís intervenido en España y la presión policial en algunas zonas, como el Campo de Gibraltar, está empujando a los delincuentes hacia otras costas, como Huelva o Málaga.
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