Irán también la abre una guerra interna a Trump

Donald Trump anunció la campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán en la mañana del pasado 28 de febrero y había algo que ponía de acuerdo a todo el mundo: cuanto más larga fuera la guerra, más coste tendría que asumir el presidente en la otra guerra, la política, dentro de su país.El conflicto en Oriente Próximo ha entrado en su quinta semana y, con el paso de los días, la apuesta de Trump parece cada vez más peligrosa. El multimillonario neoyorquino mantiene por ahora el apoyo de sus bases, del llamado movimiento MAGA (‘Make America Great Again’, ‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’). Pero han asomado grietas considerables entre figuras influyentes y hay indicios de que, más allá de los más leales, la guerra deteriora la coalición electoral que devolvió a Trump a la Casa Blanca en 2024.Eso puede tener un impacto directo en el presidente de EE.UU., aunque ya no pueda optar a la reelección: sus aliados republicanos en el Congreso se juegan sus mayorías escasas en ambas cámaras en las elecciones legislativas del próximo otoño . Si los demócratas recuperan el poder en el Senado o en la Cámara de Representantes, podrán maniatar a Trump en muchos aspectos del Gobierno.Noticia relacionada reportaje No No Así es como se globalizará el conflicto en Oriente Próximo Niall FergusonA lo largo de la guerra, han aflorado deserciones en el mundo MAGA sobre la decisión de Trump de atacar a Irán. Lo contrario hubiera sido sorprendente. Durante años, pero con especial énfasis en su última campaña electoral, el multimillonario neoyorquino prometió no meter a su país en guerras y dedicarse a mejorar la vida de los estadounidenses. Una idea que él y los suyos siempre han resumido en dos palabras: «EE.UU. primero». Nada de ser el ‘policía del mundo’, a costa del dinero de los contribuyentes y de las vidas de los hijos estadounidenses. «Mediremos nuestro éxito no solo por las batallas que ganemos, sino también por las guerras que acabemos. Y, quizá con más importancia, por las guerras en las que nunca nos meteremos», prometió en su investidura.Pronto aparecieron voces influyentes en el trumpismo que mostraron su oposición a la guerra. Las más conocidas, las de Tucker Carlson y Megyn Kelly, ambos expresentadores de Fox News. Los dos condenaban que EE.UU. se hubiera metido en la guerra arrastrado por Israel.«Mediremos nuestro éxito no solo por las batallas que ganemos, sino también por las guerras que acabemos. Y, quizá con más importancia, por las guerras en las que nunca nos meteremos» Donald Trump Presidente de EE.UU. durante su investiduraTambién se han sumado a las críticas figuras políticas como Marjorie Taylor Greene, una animadora de Trump convertida en ferviente crítica. O incluso altos cargos, como se ha visto en la reciente dimisión de Joe Kent, el director del Centro Nacional de Antiterrorismo , quien ha defendido que la existencia de una «amenaza inminente» por parte de Irán no es cierta y que Trump se ha dejado influir por Israel para la guerra.Todos ellos forman parte del trumpismo más auténtico, cercano a la extrema derecha, dominado por esa idea del ‘EE.UU. primero’ que se traduce en aislacionismo en política exterior y que mira con desconfianza —para algunos, con tics antisemitas— a Israel.Es el republicanismo opuesto al más convencional, el de políticos como Lindsey Graham, uno de los senadores más feroces en intervencionismo en el extranjero, o periodistas como Mark Levin, que se encuentran ahora alineados con lo que Trump está decidiendo en Irán. La batalla entre esas dos facciones del trumpismo ha tenido su episodio más ácido en el enfrentamiento entre Levin y Megyn Kelly. Él dijo que ella es «lasciva», ella dijo de él que tiene un «micropene».Mucho más influyente que todos ellos dos es Joe Rogan, el locutor al frente del pódcast más popular del país, con un gran seguimiento de hombres jóvenes, muchos de ellos convertidos en votantes de Trump. Rogan dijo que el presidente había «traicionado» a quienes le eligieron.El apoyo de sus seguidoresAnte todo esto, Trump ha reaccionado sin sorpresas, menospreciando toda crítica. «MAGA soy yo» , ha dicho hace unos días. Las encuestas le dan la razón. El respaldo a la guerra de Irán entre los votantes que se identifican como MAGA es el más alto del electorado, en torno al 90% en los sondeos. Trump utiliza esa lealtad para defender que su decisión de ir a la guerra tiene apoyo popular. El viernes, en un discurso en Miami, proyectó un vídeo de la CNN en el que se discutía un sondeo que otorgaba un 100% de aprobación a la gestión de Trump como presidente por parte de los votantes que se identifican como MAGA.«Y dicen que estoy perdiendo apoyo por la guerra», comentaba con sonrisa incrédula. Pero Trump sabe que esa legión de leales es solo una parte —significativa, pero limitada— de su electorado. Los sondeos muestran que entre el 55% y el 60% de los votantes de Trump en 2024 se identifican como MAGA. La coalición que le devolvió a la Casa Blanca incluye también a conservadores convencionales, moderados, independientes y demócratas desencantados tras la presidencia de Joe Biden. Y ahí las encuestas muestran muchos más problemas. El 30% de los republicanos están en contra de la gestión del conflicto por parte de Trump, el 12% de forma ferviente, según Pew. Y el 62% de los independientes, fundamentales para inclinar la balanza donde las elecciones están reñidas, ven con malos ojos la guerra, según YouGov. Al contrario, la inmensa mayoría de los demócratas están en contra de la decisión de Trump de emprender la guerra, pero lo hacen además con mucha más pasión que los republicanos que la defienden.Mientras los partidarios del movimiento MAGA respaldan al presidente, el 30% de los republicanos están en contra de la guerra y el 62% de los independientes ven con malos ojos el conflictoMike Cernovich, un comentarista de extrema derecha, también con peso en el trumpismo, destiló el impacto electoral de la guerra en un mensaje breve en redes sociales: «Una coalición electoral despilfarrada».«Este no es el viaje al que se apuntó mucha gente», defendió el veterano analista político Charlie Cook, creador de The Cook Report, en ‘Financial Times’. Se refería a los votantes de Trump en 2024. «La gente votó para echar a Biden y a Kamala Harris. Pero, ¿atacar a Irán, Venezuela, las vacunas y demoler el Ala Este de la Casa Blanca? », cuestionó sobre algunas decisiones recientes del presidente. «Se puede hacer una lista larga de las cosas que para ellos no estaban entre las prioridades».Quedan muchos meses para las legislativas de otoño y es difícil predecir cuál será la situación cuando los estadounidenses vayan a las urnas. Pero ya hay elementos que deberían ser un aviso para los republicanos. El último, en la propia casa de Trump: esta semana, la candidata demócrata para un escaño estatal se impuso en el distrito donde está Mar-a-Lago , su residencia en la costa de Florida. Allí los republicanos ganaron con suficiencia en 2024. Lo mismo ocurrió en otro distrito de Tampa, también en Florida. Y en una treintena de elecciones locales celebradas en todo el país desde el pasado noviembre en las que los republicanos han perdido poder.IncertidumbreEs evidente que el impacto político dependerá de cómo maneje Trump el fin de la guerra, algo que está dominado por la incertidumbre. Pero sus opciones no son buenas. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha disparado el precio del petróleo, hundido las bolsas y alimenta el mensaje que han abanderado los demócratas desde el pasado otoño: el coste de la vida. Habrá que ver lo que dura la sacudida económica y el impacto en los bolsillos de los votantes cuando vayan a votar.Pero podría ser peor. Trump ha ordenado el envío a Oriente Próximo de miles de soldados especializados en operaciones terrestres —marines, aerotransportados— y se plantea intervenciones en territorio de Irán. Eso supondría un nuevo escenario con mucho riesgo para tropas estadounidenses y con la posibilidad de alargar el conflicto. Y una ruptura definitiva con buena parte de sus seguidores: solo el 20% de los republicanos están a favor de poner ‘boots on the ground’ (‘botas en el terreno’), y el 47% se oponen. De momento, los republicanos en el Congreso, salvo el puñado habitual de díscolos, no han cuestionado la guerra. Pero, si el conflicto empieza a afectar a su supervivencia el próximo otoño, muchos se verán forzados a elegir entre la lealtad a Trump y a su escaño . Donald Trump anunció la campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán en la mañana del pasado 28 de febrero y había algo que ponía de acuerdo a todo el mundo: cuanto más larga fuera la guerra, más coste tendría que asumir el presidente en la otra guerra, la política, dentro de su país.El conflicto en Oriente Próximo ha entrado en su quinta semana y, con el paso de los días, la apuesta de Trump parece cada vez más peligrosa. El multimillonario neoyorquino mantiene por ahora el apoyo de sus bases, del llamado movimiento MAGA (‘Make America Great Again’, ‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’). Pero han asomado grietas considerables entre figuras influyentes y hay indicios de que, más allá de los más leales, la guerra deteriora la coalición electoral que devolvió a Trump a la Casa Blanca en 2024.Eso puede tener un impacto directo en el presidente de EE.UU., aunque ya no pueda optar a la reelección: sus aliados republicanos en el Congreso se juegan sus mayorías escasas en ambas cámaras en las elecciones legislativas del próximo otoño . Si los demócratas recuperan el poder en el Senado o en la Cámara de Representantes, podrán maniatar a Trump en muchos aspectos del Gobierno.Noticia relacionada reportaje No No Así es como se globalizará el conflicto en Oriente Próximo Niall FergusonA lo largo de la guerra, han aflorado deserciones en el mundo MAGA sobre la decisión de Trump de atacar a Irán. Lo contrario hubiera sido sorprendente. Durante años, pero con especial énfasis en su última campaña electoral, el multimillonario neoyorquino prometió no meter a su país en guerras y dedicarse a mejorar la vida de los estadounidenses. Una idea que él y los suyos siempre han resumido en dos palabras: «EE.UU. primero». Nada de ser el ‘policía del mundo’, a costa del dinero de los contribuyentes y de las vidas de los hijos estadounidenses. «Mediremos nuestro éxito no solo por las batallas que ganemos, sino también por las guerras que acabemos. Y, quizá con más importancia, por las guerras en las que nunca nos meteremos», prometió en su investidura.Pronto aparecieron voces influyentes en el trumpismo que mostraron su oposición a la guerra. Las más conocidas, las de Tucker Carlson y Megyn Kelly, ambos expresentadores de Fox News. Los dos condenaban que EE.UU. se hubiera metido en la guerra arrastrado por Israel.«Mediremos nuestro éxito no solo por las batallas que ganemos, sino también por las guerras que acabemos. Y, quizá con más importancia, por las guerras en las que nunca nos meteremos» Donald Trump Presidente de EE.UU. durante su investiduraTambién se han sumado a las críticas figuras políticas como Marjorie Taylor Greene, una animadora de Trump convertida en ferviente crítica. O incluso altos cargos, como se ha visto en la reciente dimisión de Joe Kent, el director del Centro Nacional de Antiterrorismo , quien ha defendido que la existencia de una «amenaza inminente» por parte de Irán no es cierta y que Trump se ha dejado influir por Israel para la guerra.Todos ellos forman parte del trumpismo más auténtico, cercano a la extrema derecha, dominado por esa idea del ‘EE.UU. primero’ que se traduce en aislacionismo en política exterior y que mira con desconfianza —para algunos, con tics antisemitas— a Israel.Es el republicanismo opuesto al más convencional, el de políticos como Lindsey Graham, uno de los senadores más feroces en intervencionismo en el extranjero, o periodistas como Mark Levin, que se encuentran ahora alineados con lo que Trump está decidiendo en Irán. La batalla entre esas dos facciones del trumpismo ha tenido su episodio más ácido en el enfrentamiento entre Levin y Megyn Kelly. Él dijo que ella es «lasciva», ella dijo de él que tiene un «micropene».Mucho más influyente que todos ellos dos es Joe Rogan, el locutor al frente del pódcast más popular del país, con un gran seguimiento de hombres jóvenes, muchos de ellos convertidos en votantes de Trump. Rogan dijo que el presidente había «traicionado» a quienes le eligieron.El apoyo de sus seguidoresAnte todo esto, Trump ha reaccionado sin sorpresas, menospreciando toda crítica. «MAGA soy yo» , ha dicho hace unos días. Las encuestas le dan la razón. El respaldo a la guerra de Irán entre los votantes que se identifican como MAGA es el más alto del electorado, en torno al 90% en los sondeos. Trump utiliza esa lealtad para defender que su decisión de ir a la guerra tiene apoyo popular. El viernes, en un discurso en Miami, proyectó un vídeo de la CNN en el que se discutía un sondeo que otorgaba un 100% de aprobación a la gestión de Trump como presidente por parte de los votantes que se identifican como MAGA.«Y dicen que estoy perdiendo apoyo por la guerra», comentaba con sonrisa incrédula. Pero Trump sabe que esa legión de leales es solo una parte —significativa, pero limitada— de su electorado. Los sondeos muestran que entre el 55% y el 60% de los votantes de Trump en 2024 se identifican como MAGA. La coalición que le devolvió a la Casa Blanca incluye también a conservadores convencionales, moderados, independientes y demócratas desencantados tras la presidencia de Joe Biden. Y ahí las encuestas muestran muchos más problemas. El 30% de los republicanos están en contra de la gestión del conflicto por parte de Trump, el 12% de forma ferviente, según Pew. Y el 62% de los independientes, fundamentales para inclinar la balanza donde las elecciones están reñidas, ven con malos ojos la guerra, según YouGov. Al contrario, la inmensa mayoría de los demócratas están en contra de la decisión de Trump de emprender la guerra, pero lo hacen además con mucha más pasión que los republicanos que la defienden.Mientras los partidarios del movimiento MAGA respaldan al presidente, el 30% de los republicanos están en contra de la guerra y el 62% de los independientes ven con malos ojos el conflictoMike Cernovich, un comentarista de extrema derecha, también con peso en el trumpismo, destiló el impacto electoral de la guerra en un mensaje breve en redes sociales: «Una coalición electoral despilfarrada».«Este no es el viaje al que se apuntó mucha gente», defendió el veterano analista político Charlie Cook, creador de The Cook Report, en ‘Financial Times’. Se refería a los votantes de Trump en 2024. «La gente votó para echar a Biden y a Kamala Harris. Pero, ¿atacar a Irán, Venezuela, las vacunas y demoler el Ala Este de la Casa Blanca? », cuestionó sobre algunas decisiones recientes del presidente. «Se puede hacer una lista larga de las cosas que para ellos no estaban entre las prioridades».Quedan muchos meses para las legislativas de otoño y es difícil predecir cuál será la situación cuando los estadounidenses vayan a las urnas. Pero ya hay elementos que deberían ser un aviso para los republicanos. El último, en la propia casa de Trump: esta semana, la candidata demócrata para un escaño estatal se impuso en el distrito donde está Mar-a-Lago , su residencia en la costa de Florida. Allí los republicanos ganaron con suficiencia en 2024. Lo mismo ocurrió en otro distrito de Tampa, también en Florida. Y en una treintena de elecciones locales celebradas en todo el país desde el pasado noviembre en las que los republicanos han perdido poder.IncertidumbreEs evidente que el impacto político dependerá de cómo maneje Trump el fin de la guerra, algo que está dominado por la incertidumbre. Pero sus opciones no son buenas. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha disparado el precio del petróleo, hundido las bolsas y alimenta el mensaje que han abanderado los demócratas desde el pasado otoño: el coste de la vida. Habrá que ver lo que dura la sacudida económica y el impacto en los bolsillos de los votantes cuando vayan a votar.Pero podría ser peor. Trump ha ordenado el envío a Oriente Próximo de miles de soldados especializados en operaciones terrestres —marines, aerotransportados— y se plantea intervenciones en territorio de Irán. Eso supondría un nuevo escenario con mucho riesgo para tropas estadounidenses y con la posibilidad de alargar el conflicto. Y una ruptura definitiva con buena parte de sus seguidores: solo el 20% de los republicanos están a favor de poner ‘boots on the ground’ (‘botas en el terreno’), y el 47% se oponen. De momento, los republicanos en el Congreso, salvo el puñado habitual de díscolos, no han cuestionado la guerra. Pero, si el conflicto empieza a afectar a su supervivencia el próximo otoño, muchos se verán forzados a elegir entre la lealtad a Trump y a su escaño .  

Donald Trump anunció la campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán en la mañana del pasado 28 de febrero y había algo que ponía de acuerdo a todo el mundo: cuanto más larga fuera la guerra, más coste tendría que asumir el … presidente en la otra guerra, la política, dentro de su país.

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