Hay muchos motivos para amar al mandaloriano, pero solo uno verdadero: es, como dice uno de los personajes en la película que verá su estreno a mediados de mayo, un hombre bueno o, mejor, uno de los buenos. El que da con tan evidente y clara definición no es cualquiera, es Rotta the Hutt; es decir -atentos- el hijo de la gran babosa y traficante de armas y personas Jabba the Hutt. Y hasta aquí se puede leer sobre The Mandalorian y Grogu, porque no conviene ni destripar argumentos ni adelantar opiniones, aunque sean entusiastas. Que lo son. Es más, tampoco se puede decir que uno de los personajes de la película habla como el mismísimo Martin Scorsese.
El director, que firma el regreso de la saga Star Wars a los cines con ‘The Mandalorian and Grogu’, reflexiona sobre la evolución de Hollywood, recuerda la contratación de Pedro Pascal y se declara un optimista convencido
Hay muchos motivos para amar al mandaloriano, pero solo uno verdadero: es, como dice uno de los personajes en la película que verá su estreno a mediados de mayo, un hombre bueno o, mejor, uno de los buenos. El que da con tan evidente y clara definición no es cualquiera, es Rotta the Hutt; es decir -atentos- el hijo de la gran babosa y traficante de armas y personas Jabba the Hutt. Y hasta aquí se puede leer sobre The Mandalorian y Grogu, porque no conviene ni destripar argumentos ni adelantar opiniones, aunque sean entusiastas. Que lo son. Es más, tampoco se puede decir que uno de los personajes de la película habla como el mismísimo Martin Scorsese.
Han pasado siete años desde la última entrega para los cines del inabarcable y siempre en expansión universo Star Wars y todo sigue igual. En verdad, esa ha sido siempre la gracia y virtud de la serie The Mandalorian creada para la televisión antes de la pandemia y con tres temporadas hasta la fecha. Desde el primer al último segundo de cada episodio a los sones de la música de Ludwig Göransson, allí no ha habido nunca nada que no sea perfectamente previsible y que no atienda a las reglas esculpidas en mármol de lo ya visto, lo ya narrado, pero, y aquí su gran logro, lo celebra. Y la película, de la misma manera, antes que ampliar o profundizar nada, simplemente insiste consciente como es de la belleza y hasta bondad de lo mismo: «Los personajes de Star Wars son arquetipos y ésa es la razón por la que perduran de generación en generación», comenta Jon Favreau, a la sazón creador de todo esto.
Cuenta el director que desde que asistió con apenas 10 años al estreno de la película original —La Guerra de las Galaxias de toda la vida— su fascinación creció hasta convertirse casi en obsesión. «Ha sido una parte importante de mi vida. Cuando estaba en el instituto, fui al cine en Nueva York donde cuando proyectaban El Retorno del Jedi. Podré haber visto la película decenas y decenas de veces. Y luego crecí y nada cambió en lo que se refiere a mi fijación. Hay diálogos en Swingers, la primera película que escribí, con referencias constantes a Star Wars. La matrícula de mi coche en esa película es THX 1138 [así se titula el debut a la dirección de George Lucas]. Todo son guiños a la saga. No es que quisiera impresionar a nadie. No había internet en aquel entonces para hacerlo. Simplemente fue algo que quería hacer», dice casi de carrerilla y por aquello de no despistar sobre una pasión que no conoce ni orden ni imperio ni medida.
Y así hasta que azares del oficio le condujeron al rancho creado por el factótum de todo esto (el mismísimo Lucas de antes) durante el proceso de postproducción de la película Iron Man en 2008, de la que él es director y que acabaría por ser la primera de las casi 40 producciones Marvel que vendrían después. Fue ahí donde conoció, según confiesa, a Dave Filoni mientras éste se empleaba en la primera temporada animada de The Clone Wars. Y fue ahí donde empezó a imaginar la posibilidad de The Mandalorian. Solo tuvo que esperar a que Disney comprara la franquicia entera para que se abriera la posibilidad de que otros directores cumplieran sus no tan ocultos anhelos y a que la productora Kathy Kennedy se vistiera de madre madrina para conceder el mayor de los deseos a cada uno de ellos. «Lo que nunca esperamos es que los personajes del madaloriano y Grogu (o Baby Joda) acabarían por adquirir la dimensión que han conseguido hasta el punto de ser reconocibles por gente que jamás ha visto la serie. Eso es sin duda lo que ha decidido a hacer la película», dice.
La cinta llega a los cines en plena transformación de todo: de Hollywood, de la idea misma de blockbuster transformado en pura secuela de secuela, copia de copia, y del concepto mismo de entretenimiento. Y Jon Favreau no solo lo sabe, sino que a poco que se le provoque, lo explica. «Es cierto que ahora todas las grandes apuestas de los estudios son secuelas, pero se trata principalmente de una cuestión económica. Hay material original, pero para hacerlo rentable hay que ser cauto. Mi película Chef (2014), por ejemplo, fue un gran éxito, pero solo costó 13 millones de dólares. Si la hubiera hecho con el presupuesto de The Mandalorian y Grogu estaríamos hablando de mi mayor fracaso. Ahora mismo es muy difícil predecir dónde gastará el dinero el público. El mercado está completamente saturado. Compites con la televisión, las redes sociales y mil burbujas informativas. Cuando se estrenó Star Wars, había una gran cultura, incluso diría que mundial, que todos compartíamos dentro de un mismo contexto. Ahora no es así». Pausa. «Pero, pese a todo, soy optimista. El cine vive su mejor momento cuando todo el mundo hablaba de su fin. Y eso es bueno para la propia industria y para todos. Cuando todo el mundo parece solo consumir lo que el algoritmo le dicta, la oportunidad del cine reside en que puede reunir a mucha gente que quizás no pertenezca a burbujas similares, y conectarlas, algo que creo que es necesario». Otra pausa. «Además, no creo que mi película sea una secuela o un remake, es una historia original que hace pie en un universo».
- ¿Cómo debemos entender la compra de Warner por Paramount? ¿Es una señal o síntoma de algo? ¿De algo bueno o de algo malo?
- Vuelvo a declararme, o al menos lo intento, optimista. Todos los involucrados en estas grandes adquisiciones hablan de su pasión por el cine. Elijo creerles. De todas formas, es difícil analizar lo que ha ocurrido de forma aislada, porque ha habido un cambio drástico en el ecosistema del entretenimiento. De repente, la industria tecnológica se ha adentrado en la creación de contenido… Actualmente, ves que una plataforma como YouTube es probablemente el medio donde la gente pasa la mayor parte del tiempo. Y su contenido es gratis. Los estudios compiten contra ella y gastan decenas y decenas de millones contra un medio que ofrece todo gratis. Eso es así. Estamos en un periodo de transición, pero, insisto, soy optimista al respecto… Se respira mucho entusiasmo en las salas este verano.
Cuenta Favreau que cuando eligieron a Pedro Pascal para dar vida al madaloriano, nadie imagino en lo que se convertiría el actor con el paso del tiempo. «Hace ocho años no era famoso. Los fans del género lo conocían por proyectos como Juego de Tronos y poco más. Era un momento completamente diferente en su carrera. Desde el principio, la mitología de su personaje es que se viera brevemente. El hecho de que ahora sea conocido en todo el mundo no nos ha hecho cambiar de opinión. Es algo parecido a lo que me ocurrió con Iron Man. Su voz y lo que hace dentro del casco forma parte de su personalidad», dice. También cuenta que no le cuesta ver hilos de contacto entre el universo de Star Wars en el que se considera un recién llegado y el de Marvel que ayudó a fundar. «Marvel Estudios entendió que la forma de llegar al gran público es a través de los fans. Hay que mantener un equilibrio sin descuidar al gran público y sin traicionar a las comunidades que viven el fenómeno intensamente gracias a internet», comenta.
- Que la característica principal de un personaje sea su bondad en el mundo de villanos en el que vivimos, ¿cómo hay que entenderlo? ¿Como una declaración política acaso?
- Digo lo mismo que mi amigo Guillermo del Toro. Ahora mismo, lo único verdaderamente revolucionario es la esperanza. Y, en efecto, Star Wars, en esencia, no es más que una historia de esperanza y de mujeres y hombres buenos.
Queda claro.
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