Hace ahora un año, era muy difícil escapar en EE.UU. de la voz grave de Kristi Noem, recién nombrada secretaria de Seguridad Nacional. Aparecía a todas horas en la radio, en anuncios de YouTube, en televisión. « Gracias, presidente Trump, por cerrar nuestra frontera y poner a EE.UU. primero», decía Noem en un anuncio en el que pedía la autodeportación de los inmigrantes indocumentados. En otoño, su rostro recauchutado recibía a los pasajeros en las pantallas de los aeropuertos de todo el país, culpando a los demócratas del cierre gubernamental por la falta de acuerdo fiscal en el Congreso.Noem ha sido una de las grandes protagonistas del segundo mandato de Trump, pero ha acabado cegada por su propia luz: este jueves, el presidente la ha destituido . Su relevancia era inevitable: Trump la convirtió en la cara de su mano dura migratoria. La secretaria de Seguridad Interior es la encargada de cumplir la política migratoria. En el caso de Trump, su promesa de cerrar la frontera -cumplida, es uno de sus grandes éxitos- y de ejecutar la mayor deportación de inmigrantes de la historia.En la elección de Noem, hubo dos elementos que pesaron en Trump: una lealtad a prueba de bombas y una imagen apabullante. Antes que puntal del Gobierno de Trump, Noem fue gobernadora de Dakota del Sur durante seis años, con una política de valores conservadores, apoyo infatigable a Trump e imagen que encanta a su público: atractiva, con granja y metralleta. Disfrutaba los posados como cazadora, o anunciando que su hija, que todavía no había cumplido dos años, ya tenía una recortada y un rifle.Noticia relacionada No No Inmigración en EE.UU. La revuelta de los silbatos contra el ICE en Mineápolis Javier AnsorenaUn episodio de sus memorias, publicadas en abril de 2024, levantó pasiones encontradas. Relató con detalle y pasión fría cómo descerrajó un tiro a uno de sus perros de caza, Cricket, por matar unas gallinas. Para los republicanos rurales, muestra de normalidad. Para los demócratas urbanos, un escándalo.Una vez en el Gobierno, ha cultivado una imagen de ‘poli dura’, metida en redadas, con chaleco antibalas y gorra. En algunas ocasiones, con pifia incluida: como cuando le llovieron las críticas por posar con dos efectivos de ICE, la policía migratoria, armada con un rifle semiautomático que apunta a la cara de uno de los agentes.La perfección de su atuendo y su maquillaje en esas apariciones le valieron el apodo de ‘Barbie ICE’. Pero también fueron un contraste con la polémica y el desbarajuste que han marcado su año al frente del Departamento de Seguridad Nacional.No tardaron en aparecer críticas internas por la teatralidad y el autobombo de sus incursiones con los agentes. O por viajar hasta El Salvador para fotografiarse junto a una jaula de la tristemente célebre cárcel de máxima seguridad de Nayib Bukele, con un fondo de reclusos con las cabezas rapadas, amenazando con que ese podía ser el destino de los inmigrantes indocumentados que su Gobierno cazara en EE.UU.Pronto su gestión empezó a estar bajo la sombra de su relación con un alto cargo, Corey Lewandowski. Él fue uno de los pilares de la histórica campaña presidencial de Donald Trump en 2016, lo que le ha procurado, pese a las turbulencias de su relación, una relación de confianza con el presidente de EE.UU. Lewandowski, que conoce a Noem desde hace muchos años, se esforzó en elevar su perfil a nivel nacional e incluso en proyectarla como una líder de futuro para el país. Trató de que Trump la eligiera como candidata a la vicepresidencia. Tuvo que contentarse con uno de los Departamentos de mayor peso tras la victoria electoral.Pero ha sido un secreto a voces que la relación entre Noem y Lewandowski era más que profesional o de amistad. El romance entre ambos se ha discutido durante meses en Washington y la prensa tomó fotos de él entrando y saliendo de manera habitual en su residencia. Ambos están casados, ambos han negado el ‘affaire’ y nadie, el que menos Trump, se lo ha creído.Pero esa pasión amorosa no ha sido el único lío interno esa pasión amorosa no ha sido el único lío interno . En un amplio artículo del pasado enero, ‘The Wall Street Journal’ relató cómo la pareja abroncaba de forma habitual a la plantilla, sometía a sus subalternos a exámenes de polígrafo y llegaron a despedir a un piloto de su avión porque se olvidó la manta de la secretaria en la cabina.Noem tuvo muchos otros problemas: acusaciones de abuso de recursos, dudas sobre algunos contratos, mala gestión de FEMA, la agencia de gestión de emergencias, gastarse más de 200 millones de dólares en una campaña publicitaria a su favor… Pero lo que la ha tumbado ha sido el caos en las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados. Hubo disturbios graves y turbulencias en Los Ángeles y Chicago el año pasado, pero lo definitivo ocurrió en Mineápolis este invierno. La secretaria del DHS presidió un despliegue masivo de agentes cargado de polémica, de acusaciones de detenciones indiscriminadas, de arrestos de ciudadanos… Todo culminado con la muerte de dos ciudadanos a disparos de la policía. Las explicaciones de Noem, que defendió que se trataba de ejemplos de «terrorismo doméstico», indignaron incluso a muchos republicanos. Todo el mundo pudo ver en vídeos grabados por testigos lo que ocurrió.«Lo que hemos visto es un desastre bajo su liderazgo», le espetó un senador republicano, Tom Tillis, en una comparecencia de Noem esta semana en el Congreso. Varios de los aliados de Trump se sumaro a las críticas furibundas de los republicanos. Trump ha acabado por convertirla en la primera destitución de su Gabinete en su segundo mandato como presidente. Hace ahora un año, era muy difícil escapar en EE.UU. de la voz grave de Kristi Noem, recién nombrada secretaria de Seguridad Nacional. Aparecía a todas horas en la radio, en anuncios de YouTube, en televisión. « Gracias, presidente Trump, por cerrar nuestra frontera y poner a EE.UU. primero», decía Noem en un anuncio en el que pedía la autodeportación de los inmigrantes indocumentados. En otoño, su rostro recauchutado recibía a los pasajeros en las pantallas de los aeropuertos de todo el país, culpando a los demócratas del cierre gubernamental por la falta de acuerdo fiscal en el Congreso.Noem ha sido una de las grandes protagonistas del segundo mandato de Trump, pero ha acabado cegada por su propia luz: este jueves, el presidente la ha destituido . Su relevancia era inevitable: Trump la convirtió en la cara de su mano dura migratoria. La secretaria de Seguridad Interior es la encargada de cumplir la política migratoria. En el caso de Trump, su promesa de cerrar la frontera -cumplida, es uno de sus grandes éxitos- y de ejecutar la mayor deportación de inmigrantes de la historia.En la elección de Noem, hubo dos elementos que pesaron en Trump: una lealtad a prueba de bombas y una imagen apabullante. Antes que puntal del Gobierno de Trump, Noem fue gobernadora de Dakota del Sur durante seis años, con una política de valores conservadores, apoyo infatigable a Trump e imagen que encanta a su público: atractiva, con granja y metralleta. Disfrutaba los posados como cazadora, o anunciando que su hija, que todavía no había cumplido dos años, ya tenía una recortada y un rifle.Noticia relacionada No No Inmigración en EE.UU. La revuelta de los silbatos contra el ICE en Mineápolis Javier AnsorenaUn episodio de sus memorias, publicadas en abril de 2024, levantó pasiones encontradas. Relató con detalle y pasión fría cómo descerrajó un tiro a uno de sus perros de caza, Cricket, por matar unas gallinas. Para los republicanos rurales, muestra de normalidad. Para los demócratas urbanos, un escándalo.Una vez en el Gobierno, ha cultivado una imagen de ‘poli dura’, metida en redadas, con chaleco antibalas y gorra. En algunas ocasiones, con pifia incluida: como cuando le llovieron las críticas por posar con dos efectivos de ICE, la policía migratoria, armada con un rifle semiautomático que apunta a la cara de uno de los agentes.La perfección de su atuendo y su maquillaje en esas apariciones le valieron el apodo de ‘Barbie ICE’. Pero también fueron un contraste con la polémica y el desbarajuste que han marcado su año al frente del Departamento de Seguridad Nacional.No tardaron en aparecer críticas internas por la teatralidad y el autobombo de sus incursiones con los agentes. O por viajar hasta El Salvador para fotografiarse junto a una jaula de la tristemente célebre cárcel de máxima seguridad de Nayib Bukele, con un fondo de reclusos con las cabezas rapadas, amenazando con que ese podía ser el destino de los inmigrantes indocumentados que su Gobierno cazara en EE.UU.Pronto su gestión empezó a estar bajo la sombra de su relación con un alto cargo, Corey Lewandowski. Él fue uno de los pilares de la histórica campaña presidencial de Donald Trump en 2016, lo que le ha procurado, pese a las turbulencias de su relación, una relación de confianza con el presidente de EE.UU. Lewandowski, que conoce a Noem desde hace muchos años, se esforzó en elevar su perfil a nivel nacional e incluso en proyectarla como una líder de futuro para el país. Trató de que Trump la eligiera como candidata a la vicepresidencia. Tuvo que contentarse con uno de los Departamentos de mayor peso tras la victoria electoral.Pero ha sido un secreto a voces que la relación entre Noem y Lewandowski era más que profesional o de amistad. El romance entre ambos se ha discutido durante meses en Washington y la prensa tomó fotos de él entrando y saliendo de manera habitual en su residencia. Ambos están casados, ambos han negado el ‘affaire’ y nadie, el que menos Trump, se lo ha creído.Pero esa pasión amorosa no ha sido el único lío interno esa pasión amorosa no ha sido el único lío interno . En un amplio artículo del pasado enero, ‘The Wall Street Journal’ relató cómo la pareja abroncaba de forma habitual a la plantilla, sometía a sus subalternos a exámenes de polígrafo y llegaron a despedir a un piloto de su avión porque se olvidó la manta de la secretaria en la cabina.Noem tuvo muchos otros problemas: acusaciones de abuso de recursos, dudas sobre algunos contratos, mala gestión de FEMA, la agencia de gestión de emergencias, gastarse más de 200 millones de dólares en una campaña publicitaria a su favor… Pero lo que la ha tumbado ha sido el caos en las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados. Hubo disturbios graves y turbulencias en Los Ángeles y Chicago el año pasado, pero lo definitivo ocurrió en Mineápolis este invierno. La secretaria del DHS presidió un despliegue masivo de agentes cargado de polémica, de acusaciones de detenciones indiscriminadas, de arrestos de ciudadanos… Todo culminado con la muerte de dos ciudadanos a disparos de la policía. Las explicaciones de Noem, que defendió que se trataba de ejemplos de «terrorismo doméstico», indignaron incluso a muchos republicanos. Todo el mundo pudo ver en vídeos grabados por testigos lo que ocurrió.«Lo que hemos visto es un desastre bajo su liderazgo», le espetó un senador republicano, Tom Tillis, en una comparecencia de Noem esta semana en el Congreso. Varios de los aliados de Trump se sumaro a las críticas furibundas de los republicanos. Trump ha acabado por convertirla en la primera destitución de su Gabinete en su segundo mandato como presidente.
Hace ahora un año, era muy difícil escapar en EE.UU. de la voz grave de Kristi Noem, recién nombrada secretaria de Seguridad Nacional. Aparecía a todas horas en la radio, en anuncios de YouTube, en televisión. «Gracias, presidente Trump, por cerrar nuestra frontera … y poner a EE.UU. primero», decía Noem en un anuncio en el que pedía la autodeportación de los inmigrantes indocumentados. En otoño, su rostro recauchutado recibía a los pasajeros en las pantallas de los aeropuertos de todo el país, culpando a los demócratas del cierre gubernamental por la falta de acuerdo fiscal en el Congreso.
Noem ha sido una de las grandes protagonistas del segundo mandato de Trump, pero ha acabado cegada por su propia luz: este jueves, el presidente la ha destituido. Su relevancia era inevitable: Trump la convirtió en la cara de su mano dura migratoria. La secretaria de Seguridad Interior es la encargada de cumplir la política migratoria. En el caso de Trump, su promesa de cerrar la frontera -cumplida, es uno de sus grandes éxitos- y de ejecutar la mayor deportación de inmigrantes de la historia.
En la elección de Noem, hubo dos elementos que pesaron en Trump: una lealtad a prueba de bombas y una imagen apabullante. Antes que puntal del Gobierno de Trump, Noem fue gobernadora de Dakota del Sur durante seis años, con una política de valores conservadores, apoyo infatigable a Trump e imagen que encanta a su público: atractiva, con granja y metralleta. Disfrutaba los posados como cazadora, o anunciando que su hija, que todavía no había cumplido dos años, ya tenía una recortada y un rifle.
Noticia relacionada
-
Inmigración en EE.UU.
Javier Ansorena
Un episodio de sus memorias, publicadas en abril de 2024, levantó pasiones encontradas. Relató con detalle y pasión fría cómo descerrajó un tiro a uno de sus perros de caza, Cricket, por matar unas gallinas. Para los republicanos rurales, muestra de normalidad. Para los demócratas urbanos, un escándalo.
Una vez en el Gobierno, ha cultivado una imagen de ‘poli dura’, metida en redadas, con chaleco antibalas y gorra. En algunas ocasiones, con pifia incluida: como cuando le llovieron las críticas por posar con dos efectivos de ICE, la policía migratoria, armada con un rifle semiautomático que apunta a la cara de uno de los agentes.
La perfección de su atuendo y su maquillaje en esas apariciones le valieron el apodo de ‘Barbie ICE’. Pero también fueron un contraste con la polémica y el desbarajuste que han marcado su año al frente del Departamento de Seguridad Nacional.
No tardaron en aparecer críticas internas por la teatralidad y el autobombo de sus incursiones con los agentes. O por viajar hasta El Salvador para fotografiarse junto a una jaula de la tristemente célebre cárcel de máxima seguridad de Nayib Bukele, con un fondo de reclusos con las cabezas rapadas, amenazando con que ese podía ser el destino de los inmigrantes indocumentados que su Gobierno cazara en EE.UU.
Pronto su gestión empezó a estar bajo la sombra de su relación con un alto cargo, Corey Lewandowski. Él fue uno de los pilares de la histórica campaña presidencial de Donald Trump en 2016, lo que le ha procurado, pese a las turbulencias de su relación, una relación de confianza con el presidente de EE.UU. Lewandowski, que conoce a Noem desde hace muchos años, se esforzó en elevar su perfil a nivel nacional e incluso en proyectarla como una líder de futuro para el país. Trató de que Trump la eligiera como candidata a la vicepresidencia. Tuvo que contentarse con uno de los Departamentos de mayor peso tras la victoria electoral.
Pero ha sido un secreto a voces que la relación entre Noem y Lewandowski era más que profesional o de amistad. El romance entre ambos se ha discutido durante meses en Washington y la prensa tomó fotos de él entrando y saliendo de manera habitual en su residencia. Ambos están casados, ambos han negado el ‘affaire’ y nadie, el que menos Trump, se lo ha creído.
Pero esa pasión amorosa no ha sido el único lío interno esa pasión amorosa no ha sido el único lío interno. En un amplio artículo del pasado enero, ‘The Wall Street Journal’ relató cómo la pareja abroncaba de forma habitual a la plantilla, sometía a sus subalternos a exámenes de polígrafo y llegaron a despedir a un piloto de su avión porque se olvidó la manta de la secretaria en la cabina.
Noem tuvo muchos otros problemas: acusaciones de abuso de recursos, dudas sobre algunos contratos, mala gestión de FEMA, la agencia de gestión de emergencias, gastarse más de 200 millones de dólares en una campaña publicitaria a su favor… Pero lo que la ha tumbado ha sido el caos en las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados. Hubo disturbios graves y turbulencias en Los Ángeles y Chicago el año pasado, pero lo definitivo ocurrió en Mineápolis este invierno.
La secretaria del DHS presidió un despliegue masivo de agentes cargado de polémica, de acusaciones de detenciones indiscriminadas, de arrestos de ciudadanos… Todo culminado con la muerte de dos ciudadanos a disparos de la policía. Las explicaciones de Noem, que defendió que se trataba de ejemplos de «terrorismo doméstico», indignaron incluso a muchos republicanos. Todo el mundo pudo ver en vídeos grabados por testigos lo que ocurrió.
«Lo que hemos visto es un desastre bajo su liderazgo», le espetó un senador republicano, Tom Tillis, en una comparecencia de Noem esta semana en el Congreso. Varios de los aliados de Trump se sumaro a las críticas furibundas de los republicanos. Trump ha acabado por convertirla en la primera destitución de su Gabinete en su segundo mandato como presidente.
RSS de noticias de internacional
