Donald Trump siempre dice que lo que él ha hecho toda la vida es cerrar acuerdos y levantar edificios. El actual presidente de EE.UU. apareció en la década de 1980 como el ‘enfant terrible’ del ladrillo neoyorquino con rascacielos como su Torre Trump -después se enredó en bancarrotas y acabó en promotor de segunda fila- y podría acabar su carrera con un proyecto megalómano que acaba de presentar: una biblioteca presidencial que dominará el ‘sklyline’ de Miami, con su nombre en letras doradas y una estatua de oro. Mientras tanto, su antecesor, Joe Biden, no encuentra dinero para la suya, más de un año después de haber dejado la Casa Blanca.Las bibliotecas presidenciales son, de forma tradicional, el principal legado físico que dejan los presidentes de EE.UU. Desde antes de dejar el poder, comienzan a vislumbrar un proyecto para preservar sus documentos, sus objetos significativos, sus logros, sus recuerdos, en colaboración con los Archivos Nacionales. Y comienzan campañas de donaciones para recaudar los fondos que permitan levantarlos. Es una tradición desde Franklin Delano Roosevelt, que la instaló en su propiedad de Hyde Park, en el neoyorquino valle del río Hudson. Con el paso de los presidentes, se han convertido en proyectos más ambiciosos. La de Barack Obama, un espectacular complejo modernista a orillas del lago Michigan, en Chicago, se espera inaugurar este junio.Noticia relacionada general No No EE.UU. avisa a los aliados europeos: ha llegado la hora de «luchar por sí mismos» David AlandeteTrump, el presidente rupturista, también lo será con su biblioteca presidencial. No parecerá una biblioteca, sino un rascacielos de lujo, en el más puro estilo trumpista. Quien primero ha mostrado las imágenes del proyecto ha sido su hijo Eric, encargado de liderar el proyecto. Compartió en su red social un vídeo de dos minutos en los que se recrea -con uso evidente de inteligencia artificial- cómo será el edificio: un rascacielos refulgente, dominado por el cristal y los dorados, con una aguja tocada con los colores del país y una enorme bandera de EE.UU. en uno de los laterales.«En los últimos seis meses, he puesto mi corazón y mi alma en este proyecto», escribió el hijo del presidente en su mensaje. «Representará un testamento duradero de un hombre maravilloso, un promotor maravilloso y el mejor presidente que ha conocido nuestra nación».Trump es de Nueva York, pero no es muy querido en la ciudad en la que nació y encontró el éxito como empresario. Es probable que levantar su biblioteca en la Gran Manzana encontrara obstáculos políticos y resistencia ciudadana. Florida era la opción más evidente. Trump cambió su residencia allí hace años y pasa buena parte del tiempo -casi todos los fines de semana, incluidos los de su presidencia- en Mar-a-Lago, su mansión y club privado en West Palm Beach. Miami no está muy lejos de allí y Trump tiene un campo de golf en la principal ciudad del estado. Y uno de los grandes campanazos de la elección presidencial de 2024 es que Trump ganó en el condado de Miami-Dade, el gran bastión demócrata en Florida, donde un candidato republicano no había ganado en décadas.El proyecto recoge los gustos de Trump. También sus obsesiones, entre las que la principal es él mismo. No se sabe qué altura tendrá el edificio, pero, por las imágenes, apunta a ser el más alto de la ciudad. Las cuatro letras de su apellido coronan la estructura , en un luminoso dorado. Una especie de auditorio, con una cristalera enorme que mira a la bahía de Miami está rematado con una estatua dorada del presidente. También es dorada la escalera mecánica del vestíbulo, un guiño evidente a la de la torre Trump de la Quinta Avenida de Nueva York, la que descendió en junio de 2015 para anunciar su candidatura a la presidencia de EE.UU. y cambiar la historia.Ese vestíbulo también tiene previsto acoger réplicas de aviones oficiales y de combate, empezando por el Air Force One. También habrá pantallas gigantes con la imagen de Trump y una terraza tocada con palmeras y estanques para recepciones.El edificio acoge a su vez réplicas del Despacho Oval y de la polémica salón de fiestas que Trump está levantando en el ala Este de la Casa Blanca. Ese es uno de los ejemplos de cómo Trump busca marcar su figura para siempre en la arquitectura presidencial. También busca dedicarse un arco de triunfo en Washington y ya ha colocado su nombre al Kennedy Center, el principal centro de artes escénicas de la capital de EE.UU.Críticas y pelea legalEl proyecto de la biblioteca ha sufrido ya algún sobresalto y críticas. Está previsto que se levante en un solar cedido por el estado de Florida -liderado por un aliado de Trump, Ron DeSantis- que ahora es un aparcamiento de una universidad pública. Esa cesión fue contestada en tribunales, pero ha salido adelante. Las primeras críticas al proyecto han venido porque hace sombra a la llamada Torre de la Libertad, un edificio rematado con una torre inspirada por la Giralda de Sevilla que fue el lugar donde se acogió y procesó a los exiliados que huían de la dictadura comunista en Cuba en la década de 1960. Después de que lo hiciera su hijo, Trump compartió el vídeo con el proyecto y, por supuesto, el enlace donde sus seguidores pueden hacer donaciones para que su biblioteca se haga realidad. Es probable que Trump -adorado por sus seguidores y que trata muy bien a sus donantes- no tenga los problemas de Biden. Es posible que su antecesor no vea su biblioteca presidencial hecha realidad. No solo por su edad -tiene 83 años y sufre un cáncer- sino porque no ha despertado interés entre los donantes. De los 200 millones de dólares que buscaba recaudar para su biblioteca en Delaware, solo ha conseguido 11,3 millones. En 2024, el último año de su presidencia, en medio de las turbulencias de su renuncia a la reelección y su sustitución por Kamala Harris, no recibió ni una donación. Donald Trump siempre dice que lo que él ha hecho toda la vida es cerrar acuerdos y levantar edificios. El actual presidente de EE.UU. apareció en la década de 1980 como el ‘enfant terrible’ del ladrillo neoyorquino con rascacielos como su Torre Trump -después se enredó en bancarrotas y acabó en promotor de segunda fila- y podría acabar su carrera con un proyecto megalómano que acaba de presentar: una biblioteca presidencial que dominará el ‘sklyline’ de Miami, con su nombre en letras doradas y una estatua de oro. Mientras tanto, su antecesor, Joe Biden, no encuentra dinero para la suya, más de un año después de haber dejado la Casa Blanca.Las bibliotecas presidenciales son, de forma tradicional, el principal legado físico que dejan los presidentes de EE.UU. Desde antes de dejar el poder, comienzan a vislumbrar un proyecto para preservar sus documentos, sus objetos significativos, sus logros, sus recuerdos, en colaboración con los Archivos Nacionales. Y comienzan campañas de donaciones para recaudar los fondos que permitan levantarlos. Es una tradición desde Franklin Delano Roosevelt, que la instaló en su propiedad de Hyde Park, en el neoyorquino valle del río Hudson. Con el paso de los presidentes, se han convertido en proyectos más ambiciosos. La de Barack Obama, un espectacular complejo modernista a orillas del lago Michigan, en Chicago, se espera inaugurar este junio.Noticia relacionada general No No EE.UU. avisa a los aliados europeos: ha llegado la hora de «luchar por sí mismos» David AlandeteTrump, el presidente rupturista, también lo será con su biblioteca presidencial. No parecerá una biblioteca, sino un rascacielos de lujo, en el más puro estilo trumpista. Quien primero ha mostrado las imágenes del proyecto ha sido su hijo Eric, encargado de liderar el proyecto. Compartió en su red social un vídeo de dos minutos en los que se recrea -con uso evidente de inteligencia artificial- cómo será el edificio: un rascacielos refulgente, dominado por el cristal y los dorados, con una aguja tocada con los colores del país y una enorme bandera de EE.UU. en uno de los laterales.«En los últimos seis meses, he puesto mi corazón y mi alma en este proyecto», escribió el hijo del presidente en su mensaje. «Representará un testamento duradero de un hombre maravilloso, un promotor maravilloso y el mejor presidente que ha conocido nuestra nación».Trump es de Nueva York, pero no es muy querido en la ciudad en la que nació y encontró el éxito como empresario. Es probable que levantar su biblioteca en la Gran Manzana encontrara obstáculos políticos y resistencia ciudadana. Florida era la opción más evidente. Trump cambió su residencia allí hace años y pasa buena parte del tiempo -casi todos los fines de semana, incluidos los de su presidencia- en Mar-a-Lago, su mansión y club privado en West Palm Beach. Miami no está muy lejos de allí y Trump tiene un campo de golf en la principal ciudad del estado. Y uno de los grandes campanazos de la elección presidencial de 2024 es que Trump ganó en el condado de Miami-Dade, el gran bastión demócrata en Florida, donde un candidato republicano no había ganado en décadas.El proyecto recoge los gustos de Trump. También sus obsesiones, entre las que la principal es él mismo. No se sabe qué altura tendrá el edificio, pero, por las imágenes, apunta a ser el más alto de la ciudad. Las cuatro letras de su apellido coronan la estructura , en un luminoso dorado. Una especie de auditorio, con una cristalera enorme que mira a la bahía de Miami está rematado con una estatua dorada del presidente. También es dorada la escalera mecánica del vestíbulo, un guiño evidente a la de la torre Trump de la Quinta Avenida de Nueva York, la que descendió en junio de 2015 para anunciar su candidatura a la presidencia de EE.UU. y cambiar la historia.Ese vestíbulo también tiene previsto acoger réplicas de aviones oficiales y de combate, empezando por el Air Force One. También habrá pantallas gigantes con la imagen de Trump y una terraza tocada con palmeras y estanques para recepciones.El edificio acoge a su vez réplicas del Despacho Oval y de la polémica salón de fiestas que Trump está levantando en el ala Este de la Casa Blanca. Ese es uno de los ejemplos de cómo Trump busca marcar su figura para siempre en la arquitectura presidencial. También busca dedicarse un arco de triunfo en Washington y ya ha colocado su nombre al Kennedy Center, el principal centro de artes escénicas de la capital de EE.UU.Críticas y pelea legalEl proyecto de la biblioteca ha sufrido ya algún sobresalto y críticas. Está previsto que se levante en un solar cedido por el estado de Florida -liderado por un aliado de Trump, Ron DeSantis- que ahora es un aparcamiento de una universidad pública. Esa cesión fue contestada en tribunales, pero ha salido adelante. Las primeras críticas al proyecto han venido porque hace sombra a la llamada Torre de la Libertad, un edificio rematado con una torre inspirada por la Giralda de Sevilla que fue el lugar donde se acogió y procesó a los exiliados que huían de la dictadura comunista en Cuba en la década de 1960. Después de que lo hiciera su hijo, Trump compartió el vídeo con el proyecto y, por supuesto, el enlace donde sus seguidores pueden hacer donaciones para que su biblioteca se haga realidad. Es probable que Trump -adorado por sus seguidores y que trata muy bien a sus donantes- no tenga los problemas de Biden. Es posible que su antecesor no vea su biblioteca presidencial hecha realidad. No solo por su edad -tiene 83 años y sufre un cáncer- sino porque no ha despertado interés entre los donantes. De los 200 millones de dólares que buscaba recaudar para su biblioteca en Delaware, solo ha conseguido 11,3 millones. En 2024, el último año de su presidencia, en medio de las turbulencias de su renuncia a la reelección y su sustitución por Kamala Harris, no recibió ni una donación.
Donald Trump siempre dice que lo que él ha hecho toda la vida es cerrar acuerdos y levantar edificios. El actual presidente de EE.UU. apareció en la década de 1980 como el ‘enfant terrible’ del ladrillo neoyorquino con rascacielos como su Torre Trump -después … se enredó en bancarrotas y acabó en promotor de segunda fila- y podría acabar su carrera con un proyecto megalómano que acaba de presentar: una biblioteca presidencial que dominará el ‘sklyline’ de Miami, con su nombre en letras doradas y una estatua de oro. Mientras tanto, su antecesor, Joe Biden, no encuentra dinero para la suya, más de un año después de haber dejado la Casa Blanca.
Las bibliotecas presidenciales son, de forma tradicional, el principal legado físico que dejan los presidentes de EE.UU. Desde antes de dejar el poder, comienzan a vislumbrar un proyecto para preservar sus documentos, sus objetos significativos, sus logros, sus recuerdos, en colaboración con los Archivos Nacionales. Y comienzan campañas de donaciones para recaudar los fondos que permitan levantarlos.
Es una tradición desde Franklin Delano Roosevelt, que la instaló en su propiedad de Hyde Park, en el neoyorquino valle del río Hudson. Con el paso de los presidentes, se han convertido en proyectos más ambiciosos. La de Barack Obama, un espectacular complejo modernista a orillas del lago Michigan, en Chicago, se espera inaugurar este junio.
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Trump, el presidente rupturista, también lo será con su biblioteca presidencial. No parecerá una biblioteca, sino un rascacielos de lujo, en el más puro estilo trumpista. Quien primero ha mostrado las imágenes del proyecto ha sido su hijo Eric, encargado de liderar el proyecto. Compartió en su red social un vídeo de dos minutos en los que se recrea -con uso evidente de inteligencia artificial- cómo será el edificio: un rascacielos refulgente, dominado por el cristal y los dorados, con una aguja tocada con los colores del país y una enorme bandera de EE.UU. en uno de los laterales.
«En los últimos seis meses, he puesto mi corazón y mi alma en este proyecto», escribió el hijo del presidente en su mensaje. «Representará un testamento duradero de un hombre maravilloso, un promotor maravilloso y el mejor presidente que ha conocido nuestra nación».
Trump es de Nueva York, pero no es muy querido en la ciudad en la que nació y encontró el éxito como empresario. Es probable que levantar su biblioteca en la Gran Manzana encontrara obstáculos políticos y resistencia ciudadana. Florida era la opción más evidente. Trump cambió su residencia allí hace años y pasa buena parte del tiempo -casi todos los fines de semana, incluidos los de su presidencia- en Mar-a-Lago, su mansión y club privado en West Palm Beach. Miami no está muy lejos de allí y Trump tiene un campo de golf en la principal ciudad del estado. Y uno de los grandes campanazos de la elección presidencial de 2024 es que Trump ganó en el condado de Miami-Dade, el gran bastión demócrata en Florida, donde un candidato republicano no había ganado en décadas.
El proyecto recoge los gustos de Trump. También sus obsesiones, entre las que la principal es él mismo. No se sabe qué altura tendrá el edificio, pero, por las imágenes, apunta a ser el más alto de la ciudad. Las cuatro letras de su apellido coronan la estructura, en un luminoso dorado. Una especie de auditorio, con una cristalera enorme que mira a la bahía de Miami está rematado con una estatua dorada del presidente. También es dorada la escalera mecánica del vestíbulo, un guiño evidente a la de la torre Trump de la Quinta Avenida de Nueva York, la que descendió en junio de 2015 para anunciar su candidatura a la presidencia de EE.UU. y cambiar la historia.
Ese vestíbulo también tiene previsto acoger réplicas de aviones oficiales y de combate, empezando por el Air Force One. También habrá pantallas gigantes con la imagen de Trump y una terraza tocada con palmeras y estanques para recepciones.
El edificio acoge a su vez réplicas del Despacho Oval y de la polémica salón de fiestas que Trump está levantando en el ala Este de la Casa Blanca. Ese es uno de los ejemplos de cómo Trump busca marcar su figura para siempre en la arquitectura presidencial. También busca dedicarse un arco de triunfo en Washington y ya ha colocado su nombre al Kennedy Center, el principal centro de artes escénicas de la capital de EE.UU.
Críticas y pelea legal
El proyecto de la biblioteca ha sufrido ya algún sobresalto y críticas. Está previsto que se levante en un solar cedido por el estado de Florida -liderado por un aliado de Trump, Ron DeSantis- que ahora es un aparcamiento de una universidad pública. Esa cesión fue contestada en tribunales, pero ha salido adelante. Las primeras críticas al proyecto han venido porque hace sombra a la llamada Torre de la Libertad, un edificio rematado con una torre inspirada por la Giralda de Sevilla que fue el lugar donde se acogió y procesó a los exiliados que huían de la dictadura comunista en Cuba en la década de 1960.
Después de que lo hiciera su hijo, Trump compartió el vídeo con el proyecto y, por supuesto, el enlace donde sus seguidores pueden hacer donaciones para que su biblioteca se haga realidad.
Es probable que Trump -adorado por sus seguidores y que trata muy bien a sus donantes- no tenga los problemas de Biden. Es posible que su antecesor no vea su biblioteca presidencial hecha realidad. No solo por su edad -tiene 83 años y sufre un cáncer- sino porque no ha despertado interés entre los donantes. De los 200 millones de dólares que buscaba recaudar para su biblioteca en Delaware, solo ha conseguido 11,3 millones. En 2024, el último año de su presidencia, en medio de las turbulencias de su renuncia a la reelección y su sustitución por Kamala Harris, no recibió ni una donación.
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