Durante una época, Salvador Dalí se vistió de astronauta como para simbolizar su pasión por un futuro que avistaba fascinante. Para ello se diseñó un traje como el que llevaban los exploradores del universo, pero de color dorado. Así mismo se le ve nada más entrar a la exposición inmersiva Dalí Boulevard Cibernético, que abrirá puertas este miércoles en la Casa Amatller de Barcelona. El traje, creado por Josep Mallerich en 1958, se ha reproducido para este viaje que muestra la ilusión del pintor por la tecnología y la ciencia, un campo que se atrevió a imaginar a través de la moda y la joyería. Después del éxito de Dalí Cibernético que se pudo ver en 2022 en Ideal Barcelona y que ha recorrido 15 ciudades, la productora Layers of reality, con la colaboración de la Fundación Gala Salvador Dalí, ha creado un recorrido que sigue explorando su pensamiento futurista.
La exposición ‘Dalí Boulevard Cibernético’ se instala en el sótano del edificio de Gaudí
Durante una época, Salvador Dalí se vistió de astronauta como para simbolizar su pasión por un futuro que avistaba fascinante. Para ello se diseñó un traje como el que llevaban los exploradores del universo, pero de color dorado. Así mismo se le ve nada más entrar a la exposición inmersiva Dalí Boulevard Cibernético, que abrirá puertas este miércoles en la Casa Amatller de Barcelona. El traje, creado por Josep Mallerich en 1958, se ha reproducido para este viaje que muestra la ilusión del pintor por la tecnología y la ciencia, un campo que se atrevió a imaginar a través de la moda y la joyería. Después del éxito de Dalí Cibernético que se pudo ver en 2022 en Ideal Barcelona y que ha recorrido 15 ciudades, la productora Layers of reality, con la colaboración de la Fundación Gala Salvador Dalí, ha creado un recorrido que sigue explorando su pensamiento futurista.
A estas alturas, es sabido que Salvador Dalí fue mucho más que un pintor. Exprimió su paso por la vida al máximo y se interesó por todas las formas de la creatividad, mostrando un genuino interés por las investigaciones más punteras del momento y acercándose a científicos y empresas tecnológicas. De hecho, como se puede ver en el vídeo incluido en este boulevard que recorre su asombro por lo venidero, llegó a manifestar que ya solo le interesaba “la cibernética, la física cuántica y la biología”.
“Seguimos reivindicando un Dalí artista total y visionario”, ha contado la comisaria Anna Pou en la presentación, haciendo énfasis en su pasión por la moda y la joyería, que le delatan como “un artista con intuición y también humanista”. En cierto modo, anticipó algunos ingenios que estaban por venir como las gafas inteligentes con su modelo Eskimo Eclipse para la firma Courrèges, que pueden verse, o una reproducción del vestido que creó en 1965 junto a Christian Dior imaginando a la mujer del 2045, con un sombrero que recuerda a una antena.

Algunos de los diseños tienen cierto paralelismo con los wearables que se usan hoy en día, incide Anna Pou, quien lo ha comparado con la idea de máquina voladora que Leonardo da Vinci desarrolló en 1489 y se considera precursora del helicóptero. La comisaria cuenta que el artista surrealista conoció los cimientos de la Inteligencia Artificial (IA) cuando empezó a desarrollarse en los años cincuenta en Estados Unidos, país al que viajaba a menudo y dónde pasó largas estancias cultivando muchas relaciones.
Durante el recorrido, que cuenta con varias salas apoyadas en diferentes tecnologías, como la inmersiva, la de realidad virtual o la audiovisual, se exhiben dos piezas originales de Dalí como uno de sus bastones o unas gafas Eskimo Eclipse, pero los demás objetos son reproducciones, como los vestidos, entre los cuales también se incluyen los vestidos de circuitos impresos que diseñó junto a Paco Rabanne para el Ballet cibernètic.
Para Dalí, la moda no era nada superficial. Aseguraba que su indumentaria le daba poderes como la sabiduría y la inmortalidad, a la que aspiraba como los tecnócratas actuales. El bastón era para él como una extensión más de su cuerpo, del que no se separaba porque lo entendía como un símbolo de la distinción y la extravagancia que tanto persiguió, pero también porque le proporcionaba una especie de control escénico, que le iba como anillo al dedo a su voluntad de crear de sí mismo un personaje público y popular. Revistas como Vogue, GQ o Nugget recogieron su entusiasmo por la moda.
Jordi Sellas, director artístico del proyecto, ha aprovechado la ocasión para reivindicar la relación de Dalí con Barcelona, un artista más vinculado por su propia voluntad al Empordà, su tierra natal. Para dar más visibilidad a la exposición, se han instalado tres huevos gigantes en el paseo de Gràcia, iguales que los que hay en su casa de Portlligat o en el tejado del museo de Figueres. Es verdad que el pintor tuvo una relación estrecha con Barcelona. Fue en este mismo paseo, en las originales galerías Dalmau, donde celebró su primera exposición en 1925.
Más allá de sus pinturas, la mayoría de las cuales también se pueden ver proyectadas en la sala inmersiva, Dalí Boulevard Cibernético también incluye un audiovisual que recupera fragmentos memorables de su vida, como un paseo por Nueva York cantando un poema de Federico García Lorca, la entrevista con la artista Jane Arden donde se muestra apasionado por la tecnología o un evento con Raquel Welch en que la acaba pintando. Al final, una recreación libre de la Sala Mae West del Teatro-Museo Dalí de Figueres permite acabar la visita fotografiándose en el famoso sofá de labios rojos.

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