La cuenta atrás de Pekín

La pregunta sobre la inteligencia artificial china no es ya si alcanzará a Estados Unidos, sino en qué mes. Conviene tomarse en serio esa premisa, porque Pekín la está ejecutando con una coherencia que Washington, ahora mismo, no logra igualar: ata económicamente a medio planeta , gana clientes regalando lo que EEUU cobra, reduce a meses una ventaja que se medía en años, y convierte cada sanción que recibe en combustible para su propia autosuficiencia. Europa, fuera del mercado, trata de marcar las reglas de un juego que cambia a diario.Pekín lleva dos décadas tejiendo dependencia económica en el Sur Global con el manual de la Nueva Ruta de la Seda; financia un puerto, una presa o una autopista que el país receptor no puede pagar y, cuando llega el impago, negocia el activo. Sri Lanka entregó el puerto de Hambantota en un arrendamiento a 99 años. Grecia perdió el Pireo a manos de Cosco. Pakistán hipotecó el corredor CPEC y el puerto de Gwadar; Kenia, el ferrocarril Mombasa-Nairobi, hoy en litigio por el embargo. Montenegro puso en riesgo una cuarta parte de su PIB por un tramo de autopista. Y Ecuador encadenó su petróleo futuro a Pekín para pagar la presa de Coca Codo Sinclair, que apareció con miles de fisuras estructurales meses después de inaugurarse. No es casualidad que esos mismos países, atrapados ya en el balance financiero de Pekín, sean hoy los mercados donde la IA china, abierta y gratuita, encuentra menos resistencia para convertirse en la infraestructura por defecto.Y mientras Pekín subvencionaba las infraestructuras físicas, los laboratorios norteamericanos subvencionaban las tecnológicas. Pero mientras que China tiene toda la paciencia para negociar y hacerse con parcelas completas de países, los inversores que acuden a las salidas a bolsa de xAI-SpaceX y (las próximas) de OpenAI y Anthropic exigen rentabilidad, no solo usuarios . Llegada la hora de monetizar unos tokens muy caros, Microsoft retira a sus propios desarrolladores las licencias de Claude Code para dirigirlos hacia su Copilot, pese a su peor rendimiento; otra empresa, dicen que AWS, gastó 500 millones de dólares en tokens de Claude en un único mes al promover el uso intensivo de herramientas de IA generativa (el tokenmaxxing) y no limitarlo. China optó por lo contrario desde el principio; sus modelos más avanzados, como DeepSeek, Qwen, Kimi K2.7 y GLM 5.2, son gratuitos y de código abierto. Esa estrategia rinde sus frutos, y los modelos chinos han pasado de controlar el 1,2% de la cuota global de uso de IA a finales de 2024 a casi el 30% hoy. Un estudio del MIT y Hugging Face certifica que ya concentran el 17,1% de las descargas en repositorios abiertos, por delante de EEUU, con la familia Qwen, de Alibaba, superando los 150 millones de descargas mensuales. Y aunque el gobierno amenaza ahora con bloquear su exportación, sus intenciones reales se muestran cuando accede a entrenarlos sobre los chips H200 de Nvidia.De los tres vértices del poder actual, China tendrá ventaja en todos ellos como tarde en 2030. Su superávit de energía alcanzará entonces los 400 GW frente al déficit de 180 GW de Occidente; sus chips más avanzados, como los Ascend de Huawei, se acercan a los de Nvidia, algo que se acelerará si se confirma que China se ha hecho con una máquina de litografía ultravioleta extrema; y su Ley de Inteligencia Nacional obliga a las empresas a entregar al gobierno los datos que manejan, independientemente de dónde se ubiquen, en una nacionalización de facto del activo más valioso del siglo XXI.La administración norteamericana, mientras tanto, parece un agente comercial chino, empujando al mundo hacia alternativas que no dependan de cómo se despierte su presidente. En la cumbre del G7 de junio, Dario Amodei y Demis Hassabis, con el apoyo explícito del primer ministro canadiense, Mark Carney, pidieron una coalición frente a China, liderada por Estados Unidos, en chips y modelos de frontera. Ocurrió cinco días después de que ese mismo país hubiera forzado el apagado, en todo el mundo, de los modelos más avanzados de Anthropic, contraviniendo la orden ejecutiva que el propio Trump había firmado diez días antes.El imperio de la ley y la rendición de cuentas son la razón por la que Occidente puede corregir sus errores, el precio de un conflicto que China no puede resolver sin una purga. Pero el precio que estamos pagando ahora es otro distinto. Gobernar no es solo regular, como tampoco es improvisar, y no se sustituye la deliberación democrática por el ultimátum de noventa minutos ni la seguridad jurídica por la arbitrariedad. Eso no es el coste de la democracia, es el de fingir que se gobierna con reglas claras mientras se actúa como si no existieran. En estas condiciones, cuando renunciamos a nuestros principios, China no necesita elaborar ningún relato. Le basta con que sigamos destruyendo el nuestro.Juan Manuel López-Zafra Doctor en CC.EE. y profesor titular de Cunef Universidad La pregunta sobre la inteligencia artificial china no es ya si alcanzará a Estados Unidos, sino en qué mes. Conviene tomarse en serio esa premisa, porque Pekín la está ejecutando con una coherencia que Washington, ahora mismo, no logra igualar: ata económicamente a medio planeta , gana clientes regalando lo que EEUU cobra, reduce a meses una ventaja que se medía en años, y convierte cada sanción que recibe en combustible para su propia autosuficiencia. Europa, fuera del mercado, trata de marcar las reglas de un juego que cambia a diario.Pekín lleva dos décadas tejiendo dependencia económica en el Sur Global con el manual de la Nueva Ruta de la Seda; financia un puerto, una presa o una autopista que el país receptor no puede pagar y, cuando llega el impago, negocia el activo. Sri Lanka entregó el puerto de Hambantota en un arrendamiento a 99 años. Grecia perdió el Pireo a manos de Cosco. Pakistán hipotecó el corredor CPEC y el puerto de Gwadar; Kenia, el ferrocarril Mombasa-Nairobi, hoy en litigio por el embargo. Montenegro puso en riesgo una cuarta parte de su PIB por un tramo de autopista. Y Ecuador encadenó su petróleo futuro a Pekín para pagar la presa de Coca Codo Sinclair, que apareció con miles de fisuras estructurales meses después de inaugurarse. No es casualidad que esos mismos países, atrapados ya en el balance financiero de Pekín, sean hoy los mercados donde la IA china, abierta y gratuita, encuentra menos resistencia para convertirse en la infraestructura por defecto.Y mientras Pekín subvencionaba las infraestructuras físicas, los laboratorios norteamericanos subvencionaban las tecnológicas. Pero mientras que China tiene toda la paciencia para negociar y hacerse con parcelas completas de países, los inversores que acuden a las salidas a bolsa de xAI-SpaceX y (las próximas) de OpenAI y Anthropic exigen rentabilidad, no solo usuarios . Llegada la hora de monetizar unos tokens muy caros, Microsoft retira a sus propios desarrolladores las licencias de Claude Code para dirigirlos hacia su Copilot, pese a su peor rendimiento; otra empresa, dicen que AWS, gastó 500 millones de dólares en tokens de Claude en un único mes al promover el uso intensivo de herramientas de IA generativa (el tokenmaxxing) y no limitarlo. China optó por lo contrario desde el principio; sus modelos más avanzados, como DeepSeek, Qwen, Kimi K2.7 y GLM 5.2, son gratuitos y de código abierto. Esa estrategia rinde sus frutos, y los modelos chinos han pasado de controlar el 1,2% de la cuota global de uso de IA a finales de 2024 a casi el 30% hoy. Un estudio del MIT y Hugging Face certifica que ya concentran el 17,1% de las descargas en repositorios abiertos, por delante de EEUU, con la familia Qwen, de Alibaba, superando los 150 millones de descargas mensuales. Y aunque el gobierno amenaza ahora con bloquear su exportación, sus intenciones reales se muestran cuando accede a entrenarlos sobre los chips H200 de Nvidia.De los tres vértices del poder actual, China tendrá ventaja en todos ellos como tarde en 2030. Su superávit de energía alcanzará entonces los 400 GW frente al déficit de 180 GW de Occidente; sus chips más avanzados, como los Ascend de Huawei, se acercan a los de Nvidia, algo que se acelerará si se confirma que China se ha hecho con una máquina de litografía ultravioleta extrema; y su Ley de Inteligencia Nacional obliga a las empresas a entregar al gobierno los datos que manejan, independientemente de dónde se ubiquen, en una nacionalización de facto del activo más valioso del siglo XXI.La administración norteamericana, mientras tanto, parece un agente comercial chino, empujando al mundo hacia alternativas que no dependan de cómo se despierte su presidente. En la cumbre del G7 de junio, Dario Amodei y Demis Hassabis, con el apoyo explícito del primer ministro canadiense, Mark Carney, pidieron una coalición frente a China, liderada por Estados Unidos, en chips y modelos de frontera. Ocurrió cinco días después de que ese mismo país hubiera forzado el apagado, en todo el mundo, de los modelos más avanzados de Anthropic, contraviniendo la orden ejecutiva que el propio Trump había firmado diez días antes.El imperio de la ley y la rendición de cuentas son la razón por la que Occidente puede corregir sus errores, el precio de un conflicto que China no puede resolver sin una purga. Pero el precio que estamos pagando ahora es otro distinto. Gobernar no es solo regular, como tampoco es improvisar, y no se sustituye la deliberación democrática por el ultimátum de noventa minutos ni la seguridad jurídica por la arbitrariedad. Eso no es el coste de la democracia, es el de fingir que se gobierna con reglas claras mientras se actúa como si no existieran. En estas condiciones, cuando renunciamos a nuestros principios, China no necesita elaborar ningún relato. Le basta con que sigamos destruyendo el nuestro.Juan Manuel López-Zafra Doctor en CC.EE. y profesor titular de Cunef Universidad  

La pregunta sobre la inteligencia artificial china no es ya si alcanzará a Estados Unidos, sino en qué mes. Conviene tomarse en serio esa premisa, porque Pekín la está ejecutando con una coherencia que Washington, ahora mismo, no logra igualar: ata económicamente a medio planeta … , gana clientes regalando lo que EEUU cobra, reduce a meses una ventaja que se medía en años, y convierte cada sanción que recibe en combustible para su propia autosuficiencia. Europa, fuera del mercado, trata de marcar las reglas de un juego que cambia a diario.

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