El lujo está cambiando de manos. Bolsos, relojes y prendas que antes simbolizaban estatus ahora circulan en un mercado paralelo que crece con fuerza: el de segunda mano. En un contexto global marcado por la transformación de los hábitos de consumo , este segmento se ha consolidado como uno de los más dinámicos de la industria. Según el último informe de ThredUp, elaborado junto a GlobalData, el mercado de segunda mano en general podría alcanzar los 367.000 millones de dólares en 2029, impulsado por la digitalización, el auge de plataformas de reventa y un consumidor cada vez más sensible al precio y a la sostenibilidad.Pero ¿cómo encaja este auge de la segunda mano en una industria construida precisamente sobre la exclusividad? La respuesta no es sencilla. Por un lado, la reventa amplía el acceso a marcas históricamente restringidas, permitiendo a nuevos consumidores entrar en el universo del lujo a precios más asequibles. Por otro, cuestiona uno de sus pilares fundamentales: la escasez. Plataformas como Vestiaire Collective o The RealReal han contribuido a normalizar esta práctica, profesionalizando la compraventa y ofreciendo garantías de autenticidad que acercan la experiencia a la del mercado primario. «La reventa ya no es un canal alternativo, es una parte integral del ciclo de vida del lujo», defienden desde Vestiaire Collective, plataforma que insiste en que este modelo no erosiona el valor de las marcas, sino que lo prolonga en el tiempo.Los datos respaldan ese cambio. «El mercado de segunda mano en lujo alcanza ya en torno a los 50.000 millones de euros, lo que representa aproximadamente el 12% del gasto total», explica Cira Cuberes, socia de Bain & Company. Su crecimiento, además, supera ampliamente al del mercado tradicional: mientras el mercado de primera mano ha crecido a un ritmo cercano al 4% anual, el segmento de reventa lo ha hecho en torno al 12%. Una de las claves para entender este fenómeno está en cómo ha cambiado la relación del consumidor con el lujo. Ya no se trata únicamente de poseer, sino de acceder, rotar y, en muchos casos, revender . Este cambio no es solo una tendencia de mercado, sino que responde a una transformación estructural. «El apetito por el lujo sigue siendo muy sólido, pero la forma de acceder a él está cambiando de manera profunda», señala Cuberes.Noticia relacionada No El sector del lujo pierde el miedo a la segunda mano Laura Montero CarreteroVarias vidasDesde el ámbito académico, este cambio se interpreta como parte de una transformación más amplia en la forma de consumir. La investigadora Miriam García Calaza, de la Universidad de Vigo, ha analizado la economía circular aplicada al lujo online: «El lujo deja de ser algo que se compra para quedarse para siempre y pasa a entenderse como un bien que puede tener varias vidas –explica–. Este cambio tiene consecuencias directas. El valor de un bolso, un reloj o una prenda no termina en el momento de la compra, sino que se prolonga en el tiempo. Puede revenderse, revalorizarse o volver a entrar en el mercado, lo que convierte al producto en algo más cercano a un activo que a un objeto de uso único». Lo cual indica que la segunda mano no se explica solo por el precio, sino también por el interés en consumir de forma más consciente o en acceder a piezas únicas.«La reventa es probablemente la palanca más potente con la que cuentan las marcas de lujo para avanzar en descarbonización y circularidad. Nuestros análisis muestran que, si el sector quiere cumplir sus compromisos climáticos, apostar por modelos circulares no es opcional, aunque también es una de las palancas de mayor coste marginal de reducción, lo que añade complejidad a la ecuación estratégica», explican desde Bain & Company.Este cambio introduce una tensión estructural en la industria. La exclusividad ha sido históricamente uno de los pilares del lujo, basada en la escasez controlada y el acceso restringido. La reventa altera ese equilibrio. Por un lado, amplía el acceso a piezas que las marcas habían limitado deliberadamente; por otro, puede reforzar la percepción de valor cuando un producto cotiza por encima de su precio original.«El riesgo real no es la accesibilidad en sí, sino la pérdida de control narrativo –advierte Cuberes–. Cuando el precio y la disponibilidad de un producto los determina una plataforma externa –y no la marca–, parte del poder simbólico se desplaza fuera del ecosistema de la firma».La reventa es una potente palanca con la que cuentan las marcas para avanzar en descarbonizaciónAnte este escenario, las marcas se enfrentan a una decisión estratégica: ignorar el mercado secundario o integrarlo en su modelo. En este punto tampoco existe una única respuesta. Algunas han optado por desarrollar canales propios de reventa, lo que les permite controlar la experiencia, la autenticidad y la narrativa de marca, aunque con mayores costes operativos y menores márgenes. Otras prefieren colaborar con plataformas externas, ganando escala pero cediendo parte del control. En la práctica, lo que está emergiendo es un modelo híbrido : «Las marcas con mayor poder de marca y volumen de producto circulante tienden a interiorizar progresivamente el canal, mientras que las de menor escala o con catálogos más acotados optan por partnerships selectivos con plataformas que puedan garantizar estándares de autenticación y experiencia alineados con su posicionamiento», explica Cuberes. Algunos ejemplos son significativos. Gucci lanzó Gucci Vault, una plataforma en la que comercializa piezas vintage y de archivo, integrando la segunda mano dentro de su propio universo de marca. Prada, por su parte, se ha asociado con Vestiaire Collective para impulsar iniciativas vinculadas a la economía circular, mientras que Burberry ha colaborado con The RealReal para facilitar la reventa certificada de sus productos. Otro ejemplo es el de Rolex, que ha dado un paso más con su programa oficial de relojes certificados de segunda mano.Otra gran incógnita es el impacto sobre el mercado primario. ¿La segunda mano canibaliza las ventas o las impulsa? La respuesta, de momento, es ambivalente. «Existe evidencia de que actúa como puerta de entrada para consumidores aspiracionales que han quedado fuera del mercado primario por precio», explica Cuberes. En algunos casos, ese primer contacto deriva en compras de producto nuevo. El riesgo, sin embargo, es otro. Si el consumidor se acostumbra a interactuar con la marca solo a través del mercado secundario, el vínculo directo se debilita. Y con él, la capacidad de las firmas para controlar su imagen y la relación con el cliente.Lucha por el poderMás allá del crecimiento, la gran cuestión es quién controlará el valor del lujo en el futuro. A corto plazo, las marcas mantienen el control sobre la creación de valor –diseño, historia, escasez deliberada–, pero las plataformas están acumulando un activo que no debe subestimarse: datos transaccionales a escala sobre qué piezas retienen valor, qué perfiles compran qué y cómo evolucionan las preferencias en tiempo real. Ese conocimiento es estructuralmente valioso para anticipar tendencias y gestionar el inventario de forma mucho más eficiente.A medio plazo, el escenario más probable es una pugna por la captura de ese dato. Las marcas que logren interiorizar el canal secundario o establecer partnerships con acceso real a información transaccional estarán en posición de mantener el control. Las que deleguen completamente en plataformas externas corren el riesgo de quedar en una posición reactiva respecto al valor que ellas mismas han creado. El lujo está cambiando de manos. Bolsos, relojes y prendas que antes simbolizaban estatus ahora circulan en un mercado paralelo que crece con fuerza: el de segunda mano. En un contexto global marcado por la transformación de los hábitos de consumo , este segmento se ha consolidado como uno de los más dinámicos de la industria. Según el último informe de ThredUp, elaborado junto a GlobalData, el mercado de segunda mano en general podría alcanzar los 367.000 millones de dólares en 2029, impulsado por la digitalización, el auge de plataformas de reventa y un consumidor cada vez más sensible al precio y a la sostenibilidad.Pero ¿cómo encaja este auge de la segunda mano en una industria construida precisamente sobre la exclusividad? La respuesta no es sencilla. Por un lado, la reventa amplía el acceso a marcas históricamente restringidas, permitiendo a nuevos consumidores entrar en el universo del lujo a precios más asequibles. Por otro, cuestiona uno de sus pilares fundamentales: la escasez. Plataformas como Vestiaire Collective o The RealReal han contribuido a normalizar esta práctica, profesionalizando la compraventa y ofreciendo garantías de autenticidad que acercan la experiencia a la del mercado primario. «La reventa ya no es un canal alternativo, es una parte integral del ciclo de vida del lujo», defienden desde Vestiaire Collective, plataforma que insiste en que este modelo no erosiona el valor de las marcas, sino que lo prolonga en el tiempo.Los datos respaldan ese cambio. «El mercado de segunda mano en lujo alcanza ya en torno a los 50.000 millones de euros, lo que representa aproximadamente el 12% del gasto total», explica Cira Cuberes, socia de Bain & Company. Su crecimiento, además, supera ampliamente al del mercado tradicional: mientras el mercado de primera mano ha crecido a un ritmo cercano al 4% anual, el segmento de reventa lo ha hecho en torno al 12%. Una de las claves para entender este fenómeno está en cómo ha cambiado la relación del consumidor con el lujo. Ya no se trata únicamente de poseer, sino de acceder, rotar y, en muchos casos, revender . Este cambio no es solo una tendencia de mercado, sino que responde a una transformación estructural. «El apetito por el lujo sigue siendo muy sólido, pero la forma de acceder a él está cambiando de manera profunda», señala Cuberes.Noticia relacionada No El sector del lujo pierde el miedo a la segunda mano Laura Montero CarreteroVarias vidasDesde el ámbito académico, este cambio se interpreta como parte de una transformación más amplia en la forma de consumir. La investigadora Miriam García Calaza, de la Universidad de Vigo, ha analizado la economía circular aplicada al lujo online: «El lujo deja de ser algo que se compra para quedarse para siempre y pasa a entenderse como un bien que puede tener varias vidas –explica–. Este cambio tiene consecuencias directas. El valor de un bolso, un reloj o una prenda no termina en el momento de la compra, sino que se prolonga en el tiempo. Puede revenderse, revalorizarse o volver a entrar en el mercado, lo que convierte al producto en algo más cercano a un activo que a un objeto de uso único». Lo cual indica que la segunda mano no se explica solo por el precio, sino también por el interés en consumir de forma más consciente o en acceder a piezas únicas.«La reventa es probablemente la palanca más potente con la que cuentan las marcas de lujo para avanzar en descarbonización y circularidad. Nuestros análisis muestran que, si el sector quiere cumplir sus compromisos climáticos, apostar por modelos circulares no es opcional, aunque también es una de las palancas de mayor coste marginal de reducción, lo que añade complejidad a la ecuación estratégica», explican desde Bain & Company.Este cambio introduce una tensión estructural en la industria. La exclusividad ha sido históricamente uno de los pilares del lujo, basada en la escasez controlada y el acceso restringido. La reventa altera ese equilibrio. Por un lado, amplía el acceso a piezas que las marcas habían limitado deliberadamente; por otro, puede reforzar la percepción de valor cuando un producto cotiza por encima de su precio original.«El riesgo real no es la accesibilidad en sí, sino la pérdida de control narrativo –advierte Cuberes–. Cuando el precio y la disponibilidad de un producto los determina una plataforma externa –y no la marca–, parte del poder simbólico se desplaza fuera del ecosistema de la firma».La reventa es una potente palanca con la que cuentan las marcas para avanzar en descarbonizaciónAnte este escenario, las marcas se enfrentan a una decisión estratégica: ignorar el mercado secundario o integrarlo en su modelo. En este punto tampoco existe una única respuesta. Algunas han optado por desarrollar canales propios de reventa, lo que les permite controlar la experiencia, la autenticidad y la narrativa de marca, aunque con mayores costes operativos y menores márgenes. Otras prefieren colaborar con plataformas externas, ganando escala pero cediendo parte del control. En la práctica, lo que está emergiendo es un modelo híbrido : «Las marcas con mayor poder de marca y volumen de producto circulante tienden a interiorizar progresivamente el canal, mientras que las de menor escala o con catálogos más acotados optan por partnerships selectivos con plataformas que puedan garantizar estándares de autenticación y experiencia alineados con su posicionamiento», explica Cuberes. Algunos ejemplos son significativos. Gucci lanzó Gucci Vault, una plataforma en la que comercializa piezas vintage y de archivo, integrando la segunda mano dentro de su propio universo de marca. Prada, por su parte, se ha asociado con Vestiaire Collective para impulsar iniciativas vinculadas a la economía circular, mientras que Burberry ha colaborado con The RealReal para facilitar la reventa certificada de sus productos. Otro ejemplo es el de Rolex, que ha dado un paso más con su programa oficial de relojes certificados de segunda mano.Otra gran incógnita es el impacto sobre el mercado primario. ¿La segunda mano canibaliza las ventas o las impulsa? La respuesta, de momento, es ambivalente. «Existe evidencia de que actúa como puerta de entrada para consumidores aspiracionales que han quedado fuera del mercado primario por precio», explica Cuberes. En algunos casos, ese primer contacto deriva en compras de producto nuevo. El riesgo, sin embargo, es otro. Si el consumidor se acostumbra a interactuar con la marca solo a través del mercado secundario, el vínculo directo se debilita. Y con él, la capacidad de las firmas para controlar su imagen y la relación con el cliente.Lucha por el poderMás allá del crecimiento, la gran cuestión es quién controlará el valor del lujo en el futuro. A corto plazo, las marcas mantienen el control sobre la creación de valor –diseño, historia, escasez deliberada–, pero las plataformas están acumulando un activo que no debe subestimarse: datos transaccionales a escala sobre qué piezas retienen valor, qué perfiles compran qué y cómo evolucionan las preferencias en tiempo real. Ese conocimiento es estructuralmente valioso para anticipar tendencias y gestionar el inventario de forma mucho más eficiente.A medio plazo, el escenario más probable es una pugna por la captura de ese dato. Las marcas que logren interiorizar el canal secundario o establecer partnerships con acceso real a información transaccional estarán en posición de mantener el control. Las que deleguen completamente en plataformas externas corren el riesgo de quedar en una posición reactiva respecto al valor que ellas mismas han creado.
El lujo está cambiando de manos. Bolsos, relojes y prendas que antes simbolizaban estatus ahora circulan en un mercado paralelo que crece con fuerza: el de segunda mano. En un contexto global marcado por la transformación de los hábitos de consumo, este segmento se … ha consolidado como uno de los más dinámicos de la industria. Según el último informe de ThredUp, elaborado junto a GlobalData, el mercado de segunda mano en general podría alcanzar los 367.000 millones de dólares en 2029, impulsado por la digitalización, el auge de plataformas de reventa y un consumidor cada vez más sensible al precio y a la sostenibilidad.
Pero ¿cómo encaja este auge de la segunda mano en una industria construida precisamente sobre la exclusividad? La respuesta no es sencilla. Por un lado, la reventa amplía el acceso a marcas históricamente restringidas, permitiendo a nuevos consumidores entrar en el universo del lujo a precios más asequibles. Por otro, cuestiona uno de sus pilares fundamentales: la escasez. Plataformas como Vestiaire Collective o The RealReal han contribuido a normalizar esta práctica, profesionalizando la compraventa y ofreciendo garantías de autenticidad que acercan la experiencia a la del mercado primario. «La reventa ya no es un canal alternativo, es una parte integral del ciclo de vida del lujo», defienden desde Vestiaire Collective, plataforma que insiste en que este modelo no erosiona el valor de las marcas, sino que lo prolonga en el tiempo.
Los datos respaldan ese cambio. «El mercado de segunda mano en lujo alcanza ya en torno a los 50.000 millones de euros, lo que representa aproximadamente el 12% del gasto total», explica Cira Cuberes, socia de Bain & Company. Su crecimiento, además, supera ampliamente al del mercado tradicional: mientras el mercado de primera mano ha crecido a un ritmo cercano al 4% anual, el segmento de reventa lo ha hecho en torno al 12%. Una de las claves para entender este fenómeno está en cómo ha cambiado la relación del consumidor con el lujo. Ya no se trata únicamente de poseer, sino de acceder, rotar y, en muchos casos, revender. Este cambio no es solo una tendencia de mercado, sino que responde a una transformación estructural. «El apetito por el lujo sigue siendo muy sólido, pero la forma de acceder a él está cambiando de manera profunda», señala Cuberes.
Varias vidas
Desde el ámbito académico, este cambio se interpreta como parte de una transformación más amplia en la forma de consumir. La investigadora Miriam García Calaza, de la Universidad de Vigo, ha analizado la economía circular aplicada al lujo online: «El lujo deja de ser algo que se compra para quedarse para siempre y pasa a entenderse como un bien que puede tener varias vidas –explica–. Este cambio tiene consecuencias directas. El valor de un bolso, un reloj o una prenda no termina en el momento de la compra, sino que se prolonga en el tiempo. Puede revenderse, revalorizarse o volver a entrar en el mercado, lo que convierte al producto en algo más cercano a un activo que a un objeto de uso único». Lo cual indica que la segunda mano no se explica solo por el precio, sino también por el interés en consumir de forma más consciente o en acceder a piezas únicas.
«La reventa es probablemente la palanca más potente con la que cuentan las marcas de lujo para avanzar en descarbonización y circularidad. Nuestros análisis muestran que, si el sector quiere cumplir sus compromisos climáticos, apostar por modelos circulares no es opcional, aunque también es una de las palancas de mayor coste marginal de reducción, lo que añade complejidad a la ecuación estratégica», explican desde Bain & Company.
Este cambio introduce una tensión estructural en la industria. La exclusividad ha sido históricamente uno de los pilares del lujo, basada en la escasez controlada y el acceso restringido. La reventa altera ese equilibrio. Por un lado, amplía el acceso a piezas que las marcas habían limitado deliberadamente; por otro, puede reforzar la percepción de valor cuando un producto cotiza por encima de su precio original.
«El riesgo real no es la accesibilidad en sí, sino la pérdida de control narrativo –advierte Cuberes–. Cuando el precio y la disponibilidad de un producto los determina una plataforma externa –y no la marca–, parte del poder simbólico se desplaza fuera del ecosistema de la firma».
La reventa es una potente palanca con la que cuentan las marcas para avanzar en descarbonización
Ante este escenario, las marcas se enfrentan a una decisión estratégica: ignorar el mercado secundario o integrarlo en su modelo. En este punto tampoco existe una única respuesta. Algunas han optado por desarrollar canales propios de reventa, lo que les permite controlar la experiencia, la autenticidad y la narrativa de marca, aunque con mayores costes operativos y menores márgenes. Otras prefieren colaborar con plataformas externas, ganando escala pero cediendo parte del control. En la práctica, lo que está emergiendo es un modelo híbrido: «Las marcas con mayor poder de marca y volumen de producto circulante tienden a interiorizar progresivamente el canal, mientras que las de menor escala o con catálogos más acotados optan por partnerships selectivos con plataformas que puedan garantizar estándares de autenticación y experiencia alineados con su posicionamiento», explica Cuberes.
Algunos ejemplos son significativos. Gucci lanzó Gucci Vault, una plataforma en la que comercializa piezas vintage y de archivo, integrando la segunda mano dentro de su propio universo de marca. Prada, por su parte, se ha asociado con Vestiaire Collective para impulsar iniciativas vinculadas a la economía circular, mientras que Burberry ha colaborado con The RealReal para facilitar la reventa certificada de sus productos. Otro ejemplo es el de Rolex, que ha dado un paso más con su programa oficial de relojes certificados de segunda mano.
Otra gran incógnita es el impacto sobre el mercado primario. ¿La segunda mano canibaliza las ventas o las impulsa? La respuesta, de momento, es ambivalente. «Existe evidencia de que actúa como puerta de entrada para consumidores aspiracionales que han quedado fuera del mercado primario por precio», explica Cuberes. En algunos casos, ese primer contacto deriva en compras de producto nuevo. El riesgo, sin embargo, es otro. Si el consumidor se acostumbra a interactuar con la marca solo a través del mercado secundario, el vínculo directo se debilita. Y con él, la capacidad de las firmas para controlar su imagen y la relación con el cliente.
Lucha por el poder
Más allá del crecimiento, la gran cuestión es quién controlará el valor del lujo en el futuro. A corto plazo, las marcas mantienen el control sobre la creación de valor –diseño, historia, escasez deliberada–, pero las plataformas están acumulando un activo que no debe subestimarse: datos transaccionales a escala sobre qué piezas retienen valor, qué perfiles compran qué y cómo evolucionan las preferencias en tiempo real. Ese conocimiento es estructuralmente valioso para anticipar tendencias y gestionar el inventario de forma mucho más eficiente.
A medio plazo, el escenario más probable es una pugna por la captura de ese dato. Las marcas que logren interiorizar el canal secundario o establecer partnerships con acceso real a información transaccional estarán en posición de mantener el control. Las que deleguen completamente en plataformas externas corren el riesgo de quedar en una posición reactiva respecto al valor que ellas mismas han creado.
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