El tecnócrata cuyas objeciones técnicas y económicas a las animosas iniciativas de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, han terminado por sacarla de sus casillas hasta el punto de tildarle de «mala persona» estará a partir de ahora por encima de la líder de Sumar en el escalafón gubernamental. En una decisión que señala a la economía como la gran baza de Sánchez en la recta final de su accidentada cuarta legislatura, ha decidido promocionar a Carlos Cuerpo, del que ha destacado su «trabajo excepcional» al frente del Ministerio de Economía, a la condición de vicepresidente primero, que ya ostentara Nadia Calviño y que le sitúa como hombre fuerte del Ejecutivo de aquí a las próximas elecciones.El político pacense, que ha conseguido trazar no sin dificultades una transición suave en la dirección de la política económica tras la salida de la todopoderosa Nadia Calviño, ve así reforzado su papel dentro del Gobierno como garante de la ortodoxia ante los constantes embates de la vicepresidenta segunda, que en los últimos meses ha tirado de jerarquía para atacarle públicamente por sus objeciones a las intenciones de Trabajo sobre el Salario Mínimo, la reducción de la jornada o el registro horario.Su ascenso a la vicepresidencia primera del Gobierno culmina una ascensión fulgurante, que en apenas seis años le ha llevado de la posición técnica de analista jefe de Nadia Calviño al segundo cargo de mayor responsabilidad del Gobierno de España. Por el camino ha dejado algunos logros y también inquietantes incógnitas.Noticia relacionada general No No El Gobierno baja impuestos hasta junio para abaratar el gas, la luz y las gasolinas Bruno PérezComo director de Análisis Macro del Ministerio de Economía arrancó en plena pandemia el proceso de modernización de las herramientas de previsión económica del Ministerio, incorporando los llamados de alta frecuencia para disponer de un diagnóstico casi al minuto sobre la actividad de la economía. Un importante esfuerzo técnico que reforzó la finura de las previsiones oficiales… y coincidió en el tiempo con el desafío a los datos oficiales del INE por parte de Economía. La ofensiva desembocó en la turbulenta salida de su presidente y dejó un rastro de sospecha sobre las injerencias del Gobierno en la orientación de los informes estadísticos sobre el PIB y del IPC.Apenas un año y medio después de aterrizar en el Ministerio, adónde llegó desde la Airef, tras algunas tensiones con su entonces presidente, José Luis Escrivá, Calviño lo promocionó a uno de los puestos más críticos del departamento, la Secretaría General del Tesoro y de Financiación Internacional, encargada de las relaciones con los grandes inversores de España -grandes fondos, entidades financieras, aseguradoras- y con una marcada agenda internacional, que le facilitó una gran visibilidad ante los organismos multilaterales y los ministros de Economía del euro y de la UE, sus futuros colegas. Un ambiente selecto en el que encajó con rapidez, lo que influyó en su elección como sustituto de Nadia Calviño.Casi desconocido para la opinión pública, su presentación en sociedad fue el discurso de toma de posesión, un relato emotivo sobre sus orígenes extremeños, sus peripecias familiares y la importancia de los ciclos de nueve años que se hizo viral y lo catalogó de inmediato como un ministro diferente, cercano y moderado. Se ha hablado más de él por sus calcetines, sus zapatillas o su competencia con el japonés, que por sus declaraciones altisonantes, por mucho que la vicepresidenta segunda se haya empeñado en abrirle polémicas, de las que ha huido sistemáticamente.Su imagen de tipo normal y de buen carácter no ha calado del todo entre sus adversarios políticos, que lo dibujan como un hombre con una imagen para la galería y un afilado colmillo al otro lado del telón, en el que se manejaría con dureza y frialdad para colmar sus ambiciones. La exposición pública y la carga política asociada a su nueva condición de vicepresidente primero será la prueba del nueve para testar su verdadero carácter. El tecnócrata cuyas objeciones técnicas y económicas a las animosas iniciativas de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, han terminado por sacarla de sus casillas hasta el punto de tildarle de «mala persona» estará a partir de ahora por encima de la líder de Sumar en el escalafón gubernamental. En una decisión que señala a la economía como la gran baza de Sánchez en la recta final de su accidentada cuarta legislatura, ha decidido promocionar a Carlos Cuerpo, del que ha destacado su «trabajo excepcional» al frente del Ministerio de Economía, a la condición de vicepresidente primero, que ya ostentara Nadia Calviño y que le sitúa como hombre fuerte del Ejecutivo de aquí a las próximas elecciones.El político pacense, que ha conseguido trazar no sin dificultades una transición suave en la dirección de la política económica tras la salida de la todopoderosa Nadia Calviño, ve así reforzado su papel dentro del Gobierno como garante de la ortodoxia ante los constantes embates de la vicepresidenta segunda, que en los últimos meses ha tirado de jerarquía para atacarle públicamente por sus objeciones a las intenciones de Trabajo sobre el Salario Mínimo, la reducción de la jornada o el registro horario.Su ascenso a la vicepresidencia primera del Gobierno culmina una ascensión fulgurante, que en apenas seis años le ha llevado de la posición técnica de analista jefe de Nadia Calviño al segundo cargo de mayor responsabilidad del Gobierno de España. Por el camino ha dejado algunos logros y también inquietantes incógnitas.Noticia relacionada general No No El Gobierno baja impuestos hasta junio para abaratar el gas, la luz y las gasolinas Bruno PérezComo director de Análisis Macro del Ministerio de Economía arrancó en plena pandemia el proceso de modernización de las herramientas de previsión económica del Ministerio, incorporando los llamados de alta frecuencia para disponer de un diagnóstico casi al minuto sobre la actividad de la economía. Un importante esfuerzo técnico que reforzó la finura de las previsiones oficiales… y coincidió en el tiempo con el desafío a los datos oficiales del INE por parte de Economía. La ofensiva desembocó en la turbulenta salida de su presidente y dejó un rastro de sospecha sobre las injerencias del Gobierno en la orientación de los informes estadísticos sobre el PIB y del IPC.Apenas un año y medio después de aterrizar en el Ministerio, adónde llegó desde la Airef, tras algunas tensiones con su entonces presidente, José Luis Escrivá, Calviño lo promocionó a uno de los puestos más críticos del departamento, la Secretaría General del Tesoro y de Financiación Internacional, encargada de las relaciones con los grandes inversores de España -grandes fondos, entidades financieras, aseguradoras- y con una marcada agenda internacional, que le facilitó una gran visibilidad ante los organismos multilaterales y los ministros de Economía del euro y de la UE, sus futuros colegas. Un ambiente selecto en el que encajó con rapidez, lo que influyó en su elección como sustituto de Nadia Calviño.Casi desconocido para la opinión pública, su presentación en sociedad fue el discurso de toma de posesión, un relato emotivo sobre sus orígenes extremeños, sus peripecias familiares y la importancia de los ciclos de nueve años que se hizo viral y lo catalogó de inmediato como un ministro diferente, cercano y moderado. Se ha hablado más de él por sus calcetines, sus zapatillas o su competencia con el japonés, que por sus declaraciones altisonantes, por mucho que la vicepresidenta segunda se haya empeñado en abrirle polémicas, de las que ha huido sistemáticamente.Su imagen de tipo normal y de buen carácter no ha calado del todo entre sus adversarios políticos, que lo dibujan como un hombre con una imagen para la galería y un afilado colmillo al otro lado del telón, en el que se manejaría con dureza y frialdad para colmar sus ambiciones. La exposición pública y la carga política asociada a su nueva condición de vicepresidente primero será la prueba del nueve para testar su verdadero carácter.
El tecnócrata cuyas objeciones técnicas y económicas a las animosas iniciativas de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, han terminado por sacarla de sus casillas hasta el punto de tildarle de «mala persona» estará a partir de ahora por encima de … la líder de Sumar en el escalafón gubernamental. En una decisión que señala a la economía como la gran baza de Sánchez en la recta final de su accidentada cuarta legislatura, ha decidido promocionar a Carlos Cuerpo, del que ha destacado su «trabajo excepcional» al frente del Ministerio de Economía, a la condición de vicepresidente primero, que ya ostentara Nadia Calviño y que le sitúa como hombre fuerte del Ejecutivo de aquí a las próximas elecciones.
El político pacense, que ha conseguido trazar no sin dificultades una transición suave en la dirección de la política económica tras la salida de la todopoderosa Nadia Calviño, ve así reforzado su papel dentro del Gobierno como garante de la ortodoxia ante los constantes embates de la vicepresidenta segunda, que en los últimos meses ha tirado de jerarquía para atacarle públicamente por sus objeciones a las intenciones de Trabajo sobre el Salario Mínimo, la reducción de la jornada o el registro horario.
Su ascenso a la Vicepresidencia Primera del Gobierno culmina una ascensión fulgurante, que en apenas seis años le ha llevado de la posición técnica de analista jefe de Nadia Calviño al segundo cargo de mayor responsabilidad del Gobierno de España. Por el camino ha dejado algunos logros y también inquietantes incógnitas.
Noticia relacionada
Como director de Análisis Macro del Ministerio de Economía arrancó en plena pandemia el proceso de modernización de las herramientas de previsión económica del Ministerio, incorporando los llamados de alta frecuencia para disponer de un diagnóstico casi al minuto sobre la actividad de la economía. Un importante esfuerzo técnico que reforzó la finura de las previsiones oficiales…y coincidió en el tiempo con el desafío a los datos oficiales del INE por parte de Economía. La ofensiva desembocó en la turbulenta salida de su presidente y dejó un rastro de sospecha sobre las injerencias del Gobierno en la orientación de los informes estadísticos sobre el PIB y del IPC.
Apenas un año y medio después de aterrizar en el Ministerio, adónde llegó desde la Airef, tras algunas tensiones con su entonces presidente, José Luis Escrivá, Calviño lo promocionó a uno de los puestos más críticos del departamento, la Secretaría General del Tesoro y de Financiación Internacional, encargada de las relaciones con los grandes inversores de España -grandes fondos, entidades financieras, aseguradoras- y con una marcada agenda internacional, que le facilitó una gran visibilidad ante los organismos multilaterales y los ministros de Economía del euro y de la UE, sus futuros colegas. Un ambiente selecto en el que encajó con rapidez, lo que influyó en su elección como sustitución de Nadia Calviño.
Casi desconocido para la opinión pública, su presentación en sociedad fue el discurso de toma de posesión, un relato emotivo sobre sus orígenes extremeños, sus peripecias familiares y la importancia de los ciclos de nueve años que se hizo viral y lo catalogó de inmediato como un ministro diferente, cercano y moderado. Se ha hablado más de él por sus calcetines, sus zapatillas o su competencia con el japonés, que por sus declaraciones altisonantes, por mucho que la vicepresidenta segunda se haya empeñado en abrirle polémicas, de las que ha huido sistemáticamente.
Su imagen de tipo normal y de buen carácter no ha calado del todo entre sus adversarios políticos, que lo dibujan como un tipo con una imagen para la galería y un afilado colmillo al otro lado del telón, en la que se manejaría con dureza y frialdad para colmar sus ambiciones. La exposición pública y la carga política asociada a su nueva condición de vicepresidente primero será la prueba del nueve para testar su verdadero carácter.
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