El hombre más rico del mundo no cree mucho en la filantropía. En agosto, Elon Musk dijo en una publicación en redes sociales que Brian Armstrong, un directivo del sector de las criptomonedas, tenía razón al calificar a muchas organizaciones benéficas de «netamente negativas» para el mundo. Semanas antes se había sumado a las críticas contra Mackenzie Scott, la exmujer de Jeff Bezos, fundador de Amazon y uno de los mayores donantes de la historia, por «empeorar el mundo». La aversión de Musk hacia la filantropía no es nueva. Lideró el práctico desmantelamiento de la agencia de ayuda estadounidense y una vez fue citado describiendo la filantropía como «una tontería». Según Musk, su aportación a la humanidad es su trabajo con fines de lucro: los vehículos eléctricos que produce en Tesla, la exploración espacial que realiza en SpaceX y el debate político en su red social, X.Sin embargo, Musk también dirige la quinta mayor fundación benéfica privada de Estados Unidos. Con 14.700 millones de dólares en activos en el último recuento, la Musk Foundation es algo más pequeña que la Ford Foundation y más del doble de grande que la Rockefeller Foundation, dos pilares de larga trayectoria de la filantropía (véase el gráfico). Sin embargo, a diferencia de estas organizaciones, la Fundación Musk apenas dice nada sobre su trabajo. Su página web contiene apenas 33 palabras que exponen las causas que apoya, entre ellas las energías renovables, la exploración espacial y la seguridad de la inteligencia artificial. Y está dirigida por un equipo de solo tres personas: Musk; el director de su oficina familiar, Jared Birchall; y Matilda Simon, otra empleada de dicha oficina. Las únicas pistas sobre las actividades de la fundación se encuentran en las declaraciones de impuestos. The Economist revisó los documentos que cubren el periodo comprendido entre julio de 2020 y finales de 2024 para averiguar lo siguiente: ¿Cómo dona su dinero el magnate que detesta la filantropía? La primera observación es que Musk, como la mayoría de las personas muy ricas, parece diseñar su filantropía para minimizar sus impuestos. Sus mayores donaciones —un total de unos 8.000 millones de dólares en acciones de Tesla— fueron a parar a su fundación en 2021 y 2022, años en los que recibió muchos miles de millones de dólares en acciones y se enfrentó a una enorme factura fiscal como consecuencia. Brian Mittendorf, experto en contabilidad de la Ohio State University, afirma que los fundadores disfrutan de un «doble beneficio» con este tipo de donaciones: evitan pagar el impuesto sobre las plusvalías de las acciones, que originalmente les costaron relativamente poco, y después pueden reclamar una deducción por donativos basada en su valor de mercado, mucho más alto. A finales de 2024, el valor contable de las acciones en poder de la Fundación Musk era de unos 5,7 millones de dólares, mientras que su valor de mercado se estimaba en 14.000 millones de dólares.A cambio de las exenciones fiscales, se espera que los filántropos destinen su dinero a buenas causas. Pero la Fundación Musk ha sido extraordinariamente lenta en hacerlo. Según la legislación estadounidense, las fundaciones que solo otorgan subvenciones deben distribuir aproximadamente el 5% de sus activos de inversión cada año; de lo contrario, se enfrentan a sanciones, aunque disponen de un año de gracia para compensar cualquier déficit. Muchas fundaciones incumplen este objetivo de vez en cuando. Sin embargo, la Fundación Musk ha aprovechado el periodo de gracia en cada uno de los últimos cuatro años para los que hay declaraciones disponibles y, a finales de 2024, tenía pendientes de distribuir 400 millones de dólares, según FoundationMark, un proveedor de datos. Musk —que predijo en una entrevista reciente con este periódico que la abundancia económica provocada por la IA haría que el dinero fuera irrelevante dentro de una década— no parece tener prisa por regalar su fortuna mientras tanto.the_economist_0770Además, según las declaraciones fiscales y las estimaciones de Candid, otro proveedor de datos, una gran parte de las cantidades donadas por la fundación se ha reservado sin destinarse aún a los beneficiarios. Casi una décima parte de los 1.000 millones de dólares desembolsados entre 2020 y 2024 fue a parar a Fidelity Charitable, que gestiona fondos asesorados por donantes (DAF, por sus siglas en inglés): cuentas que permiten a los donantes retener indefinidamente fondos destinados a fines benéficos, sin requisitos de información. No existe ninguna norma que prohíba a las fundaciones benéficas privadas donar a fondos asesorados por donantes (DAF). Pero, según Mittendorf, esas transferencias van en contra del «espíritu de las normas». «Solo estás moviendo dinero de un cubo a otro», explica.De todo el dinero que realmente ha entregado la Fundación Musk, la gran mayoría ha ido a parar a otras organizaciones vinculadas al empresario. Más del 58% se canalizó hacia The Foundation, una organización benéfica de nombre críptico dirigida por Birchall, que comparte la misma dirección que la Musk Foundation. Según su declaración de impuestos de 2024, la fundación pretende crear escuelas dedicadas a la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Sin embargo, no está claro qué hace con todo su dinero. Musk financió una escuela privada llamada Ad Astra (en latín, «hacia las estrellas») cerca de la antigua sede de SpaceX en California, que contaba con menos de 50 estudiantes, incluidos los hijos de Musk. Pero la escuela cerró durante la pandemia de Covid-19. Según el sitio web de Ad Astra, hay una nueva escuela en proyecto en Texas, donde SpaceX tiene ahora su sede.Otras donaciones parecen responder a cierto interés propio. En 2021, Jared Isaacman, también multimillonario y entusiasta del espacio, financió una misión orbital de SpaceX con cuatro personas para recaudar fondos para un hospital infantil, sorteando uno de los asientos del vuelo. Musk realizó una donación de 55 millones de dólares, una de las mayores hasta la fecha de su fundación —Isaacman financió posteriormente otra expedición al espacio, durante la cual realizó la primera caminata espacial comercial y hoy en día dirige la NASA—. Una pequeña cantidad de donaciones a organizaciones sin ánimo de lucro del sur de Texas se produjo después de la explosión de un cohete de SpaceX en 2021, que cubrió la zona de escombros.La Fundación Musk no paga salarios y su equipo directivo dedica en conjunto una media de 2,1 horas semanales a su laborEntre el resto de las donaciones no se aprecia una estrategia filantrópica clara. Dejando a un lado a The Foundation y Fidelity, la donación media realizada por la Fundación Musk en 2024 fue inferior a 1,4 millones de dólares. El dinero se ha destinado a una mezcla de causas, desde la conservación de las tortugas marinas hasta la medicina de la columna vertebral. Musk «pone un énfasis real en ser visionario y tener ideas audaces», afirma Benjamin Soskis, del Urban Institute, un centro de estudios estadounidense de tendencia izquierdista. «Pero ni siquiera en la interpretación más favorable de la Fundación Musk se puede encontrar ese tipo de enfoque».En cuanto a su estilo de donación, la Fundación Musk adopta una actitud bastante poco intervencionista. Irónicamente, los beneficiarios de sus donaciones lo comparan con los esfuerzos de Scott. Esta ha revolucionado la filantropía tradicional al mantener un equipo reducido y entregar fondos sin prescribir en qué deben gastarse ni solicitar informes periódicos. Asimismo, la Fundación Musk no paga salarios y su equipo directivo, formado por tres personas, dedica en conjunto una media de 2,1 horas semanales a su labor. Karim Meghji, director de CodeAI, una organización educativa sin ánimo de lucro que ha recibido financiación de la Fundación Musk, describe el proceso como «muy sencillo». «Se trata principalmente de la llamada telefónica, el cheque y, después, enviamos un informe a final de año», explica.Frío como la caridadMusk parece mostrar más entusiasmo por donar su dinero a causas políticas que a causas benéficas. En los últimos meses ha donado al menos 275 millones de dólares al partido republicano, antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Eso podría cambiar. El dinero que Musk ha destinado a su fundación no puede retirarse, y ha insinuado repetidamente que tiene intención de hacer importantes donaciones en el futuro. Por ahora, sin embargo, el plutócrata más rico del mundo parece ser uno de los menos generosos. El hombre más rico del mundo no cree mucho en la filantropía. En agosto, Elon Musk dijo en una publicación en redes sociales que Brian Armstrong, un directivo del sector de las criptomonedas, tenía razón al calificar a muchas organizaciones benéficas de «netamente negativas» para el mundo. Semanas antes se había sumado a las críticas contra Mackenzie Scott, la exmujer de Jeff Bezos, fundador de Amazon y uno de los mayores donantes de la historia, por «empeorar el mundo». La aversión de Musk hacia la filantropía no es nueva. Lideró el práctico desmantelamiento de la agencia de ayuda estadounidense y una vez fue citado describiendo la filantropía como «una tontería». Según Musk, su aportación a la humanidad es su trabajo con fines de lucro: los vehículos eléctricos que produce en Tesla, la exploración espacial que realiza en SpaceX y el debate político en su red social, X.Sin embargo, Musk también dirige la quinta mayor fundación benéfica privada de Estados Unidos. Con 14.700 millones de dólares en activos en el último recuento, la Musk Foundation es algo más pequeña que la Ford Foundation y más del doble de grande que la Rockefeller Foundation, dos pilares de larga trayectoria de la filantropía (véase el gráfico). Sin embargo, a diferencia de estas organizaciones, la Fundación Musk apenas dice nada sobre su trabajo. Su página web contiene apenas 33 palabras que exponen las causas que apoya, entre ellas las energías renovables, la exploración espacial y la seguridad de la inteligencia artificial. Y está dirigida por un equipo de solo tres personas: Musk; el director de su oficina familiar, Jared Birchall; y Matilda Simon, otra empleada de dicha oficina. Las únicas pistas sobre las actividades de la fundación se encuentran en las declaraciones de impuestos. The Economist revisó los documentos que cubren el periodo comprendido entre julio de 2020 y finales de 2024 para averiguar lo siguiente: ¿Cómo dona su dinero el magnate que detesta la filantropía? La primera observación es que Musk, como la mayoría de las personas muy ricas, parece diseñar su filantropía para minimizar sus impuestos. Sus mayores donaciones —un total de unos 8.000 millones de dólares en acciones de Tesla— fueron a parar a su fundación en 2021 y 2022, años en los que recibió muchos miles de millones de dólares en acciones y se enfrentó a una enorme factura fiscal como consecuencia. Brian Mittendorf, experto en contabilidad de la Ohio State University, afirma que los fundadores disfrutan de un «doble beneficio» con este tipo de donaciones: evitan pagar el impuesto sobre las plusvalías de las acciones, que originalmente les costaron relativamente poco, y después pueden reclamar una deducción por donativos basada en su valor de mercado, mucho más alto. A finales de 2024, el valor contable de las acciones en poder de la Fundación Musk era de unos 5,7 millones de dólares, mientras que su valor de mercado se estimaba en 14.000 millones de dólares.A cambio de las exenciones fiscales, se espera que los filántropos destinen su dinero a buenas causas. Pero la Fundación Musk ha sido extraordinariamente lenta en hacerlo. Según la legislación estadounidense, las fundaciones que solo otorgan subvenciones deben distribuir aproximadamente el 5% de sus activos de inversión cada año; de lo contrario, se enfrentan a sanciones, aunque disponen de un año de gracia para compensar cualquier déficit. Muchas fundaciones incumplen este objetivo de vez en cuando. Sin embargo, la Fundación Musk ha aprovechado el periodo de gracia en cada uno de los últimos cuatro años para los que hay declaraciones disponibles y, a finales de 2024, tenía pendientes de distribuir 400 millones de dólares, según FoundationMark, un proveedor de datos. Musk —que predijo en una entrevista reciente con este periódico que la abundancia económica provocada por la IA haría que el dinero fuera irrelevante dentro de una década— no parece tener prisa por regalar su fortuna mientras tanto.the_economist_0770Además, según las declaraciones fiscales y las estimaciones de Candid, otro proveedor de datos, una gran parte de las cantidades donadas por la fundación se ha reservado sin destinarse aún a los beneficiarios. Casi una décima parte de los 1.000 millones de dólares desembolsados entre 2020 y 2024 fue a parar a Fidelity Charitable, que gestiona fondos asesorados por donantes (DAF, por sus siglas en inglés): cuentas que permiten a los donantes retener indefinidamente fondos destinados a fines benéficos, sin requisitos de información. No existe ninguna norma que prohíba a las fundaciones benéficas privadas donar a fondos asesorados por donantes (DAF). Pero, según Mittendorf, esas transferencias van en contra del «espíritu de las normas». «Solo estás moviendo dinero de un cubo a otro», explica.De todo el dinero que realmente ha entregado la Fundación Musk, la gran mayoría ha ido a parar a otras organizaciones vinculadas al empresario. Más del 58% se canalizó hacia The Foundation, una organización benéfica de nombre críptico dirigida por Birchall, que comparte la misma dirección que la Musk Foundation. Según su declaración de impuestos de 2024, la fundación pretende crear escuelas dedicadas a la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Sin embargo, no está claro qué hace con todo su dinero. Musk financió una escuela privada llamada Ad Astra (en latín, «hacia las estrellas») cerca de la antigua sede de SpaceX en California, que contaba con menos de 50 estudiantes, incluidos los hijos de Musk. Pero la escuela cerró durante la pandemia de Covid-19. Según el sitio web de Ad Astra, hay una nueva escuela en proyecto en Texas, donde SpaceX tiene ahora su sede.Otras donaciones parecen responder a cierto interés propio. En 2021, Jared Isaacman, también multimillonario y entusiasta del espacio, financió una misión orbital de SpaceX con cuatro personas para recaudar fondos para un hospital infantil, sorteando uno de los asientos del vuelo. Musk realizó una donación de 55 millones de dólares, una de las mayores hasta la fecha de su fundación —Isaacman financió posteriormente otra expedición al espacio, durante la cual realizó la primera caminata espacial comercial y hoy en día dirige la NASA—. Una pequeña cantidad de donaciones a organizaciones sin ánimo de lucro del sur de Texas se produjo después de la explosión de un cohete de SpaceX en 2021, que cubrió la zona de escombros.La Fundación Musk no paga salarios y su equipo directivo dedica en conjunto una media de 2,1 horas semanales a su laborEntre el resto de las donaciones no se aprecia una estrategia filantrópica clara. Dejando a un lado a The Foundation y Fidelity, la donación media realizada por la Fundación Musk en 2024 fue inferior a 1,4 millones de dólares. El dinero se ha destinado a una mezcla de causas, desde la conservación de las tortugas marinas hasta la medicina de la columna vertebral. Musk «pone un énfasis real en ser visionario y tener ideas audaces», afirma Benjamin Soskis, del Urban Institute, un centro de estudios estadounidense de tendencia izquierdista. «Pero ni siquiera en la interpretación más favorable de la Fundación Musk se puede encontrar ese tipo de enfoque».En cuanto a su estilo de donación, la Fundación Musk adopta una actitud bastante poco intervencionista. Irónicamente, los beneficiarios de sus donaciones lo comparan con los esfuerzos de Scott. Esta ha revolucionado la filantropía tradicional al mantener un equipo reducido y entregar fondos sin prescribir en qué deben gastarse ni solicitar informes periódicos. Asimismo, la Fundación Musk no paga salarios y su equipo directivo, formado por tres personas, dedica en conjunto una media de 2,1 horas semanales a su labor. Karim Meghji, director de CodeAI, una organización educativa sin ánimo de lucro que ha recibido financiación de la Fundación Musk, describe el proceso como «muy sencillo». «Se trata principalmente de la llamada telefónica, el cheque y, después, enviamos un informe a final de año», explica.Frío como la caridadMusk parece mostrar más entusiasmo por donar su dinero a causas políticas que a causas benéficas. En los últimos meses ha donado al menos 275 millones de dólares al partido republicano, antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Eso podría cambiar. El dinero que Musk ha destinado a su fundación no puede retirarse, y ha insinuado repetidamente que tiene intención de hacer importantes donaciones en el futuro. Por ahora, sin embargo, el plutócrata más rico del mundo parece ser uno de los menos generosos.
El hombre más rico del mundo no cree mucho en la filantropía. En agosto, Elon Musk dijo en una publicación en redes sociales que Brian Armstrong, un directivo del sector de las criptomonedas, tenía razón al calificar a muchas organizaciones benéficas de «netamente negativas» para … el mundo. Semanas antes se había sumado a las críticas contra Mackenzie Scott, la exmujer de Jeff Bezos, fundador de Amazon y uno de los mayores donantes de la historia, por «empeorar el mundo». La aversión de Musk hacia la filantropía no es nueva. Lideró el práctico desmantelamiento de la agencia de ayuda estadounidense y una vez fue citado describiendo la filantropía como «una tontería». Según Musk, su aportación a la humanidad es su trabajo con fines de lucro: los vehículos eléctricos que produce en Tesla, la exploración espacial que realiza en SpaceX y el debate político en su red social, X.
Sin embargo, Musk también dirige la quinta mayor fundación benéfica privada de Estados Unidos. Con 14.700 millones de dólares en activos en el último recuento, la Musk Foundation es algo más pequeña que la Ford Foundation y más del doble de grande que la Rockefeller Foundation, dos pilares de larga trayectoria de la filantropía (véase el gráfico). Sin embargo, a diferencia de estas organizaciones, la Fundación Musk apenas dice nada sobre su trabajo. Su página web contiene apenas 33 palabras que exponen las causas que apoya, entre ellas las energías renovables, la exploración espacial y la seguridad de la inteligencia artificial. Y está dirigida por un equipo de solo tres personas: Musk; el director de su oficina familiar, Jared Birchall; y Matilda Simon, otra empleada de dicha oficina. Las únicas pistas sobre las actividades de la fundación se encuentran en las declaraciones de impuestos. The Economist revisó los documentos que cubren el periodo comprendido entre julio de 2020 y finales de 2024 para averiguar lo siguiente: ¿Cómo dona su dinero el magnate que detesta la filantropía? La primera observación es que Musk, como la mayoría de las personas muy ricas, parece diseñar su filantropía para minimizar sus impuestos. Sus mayores donaciones —un total de unos 8.000 millones de dólares en acciones de Tesla— fueron a parar a su fundación en 2021 y 2022, años en los que recibió muchos miles de millones de dólares en acciones y se enfrentó a una enorme factura fiscal como consecuencia. Brian Mittendorf, experto en contabilidad de la Ohio State University, afirma que los fundadores disfrutan de un «doble beneficio» con este tipo de donaciones: evitan pagar el impuesto sobre las plusvalías de las acciones, que originalmente les costaron relativamente poco, y después pueden reclamar una deducción por donativos basada en su valor de mercado, mucho más alto. A finales de 2024, el valor contable de las acciones en poder de la Fundación Musk era de unos 5,7 millones de dólares, mientras que su valor de mercado se estimaba en 14.000 millones de dólares.
A cambio de las exenciones fiscales, se espera que los filántropos destinen su dinero a buenas causas. Pero la Fundación Musk ha sido extraordinariamente lenta en hacerlo. Según la legislación estadounidense, las fundaciones que solo otorgan subvenciones deben distribuir aproximadamente el 5% de sus activos de inversión cada año; de lo contrario, se enfrentan a sanciones, aunque disponen de un año de gracia para compensar cualquier déficit. Muchas fundaciones incumplen este objetivo de vez en cuando. Sin embargo, la Fundación Musk ha aprovechado el periodo de gracia en cada uno de los últimos cuatro años para los que hay declaraciones disponibles y, a finales de 2024, tenía pendientes de distribuir 400 millones de dólares, según FoundationMark, un proveedor de datos. Musk —que predijo en una entrevista reciente con este periódico que la abundancia económica provocada por la IA haría que el dinero fuera irrelevante dentro de una década— no parece tener prisa por regalar su fortuna mientras tanto.
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Además, según las declaraciones fiscales y las estimaciones de Candid, otro proveedor de datos, una gran parte de las cantidades donadas por la fundación se ha reservado sin destinarse aún a los beneficiarios. Casi una décima parte de los 1.000 millones de dólares desembolsados entre 2020 y 2024 fue a parar a Fidelity Charitable, que gestiona fondos asesorados por donantes (DAF, por sus siglas en inglés): cuentas que permiten a los donantes retener indefinidamente fondos destinados a fines benéficos, sin requisitos de información. No existe ninguna norma que prohíba a las fundaciones benéficas privadas donar a fondos asesorados por donantes (DAF). Pero, según Mittendorf, esas transferencias van en contra del «espíritu de las normas». «Solo estás moviendo dinero de un cubo a otro», explica.
De todo el dinero que realmente ha entregado la Fundación Musk, la gran mayoría ha ido a parar a otras organizaciones vinculadas al empresario. Más del 58% se canalizó hacia The Foundation, una organización benéfica de nombre críptico dirigida por Birchall, que comparte la misma dirección que la Musk Foundation. Según su declaración de impuestos de 2024, la fundación pretende crear escuelas dedicadas a la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Sin embargo, no está claro qué hace con todo su dinero. Musk financió una escuela privada llamada Ad Astra (en latín, «hacia las estrellas») cerca de la antigua sede de SpaceX en California, que contaba con menos de 50 estudiantes, incluidos los hijos de Musk. Pero la escuela cerró durante la pandemia de Covid-19. Según el sitio web de Ad Astra, hay una nueva escuela en proyecto en Texas, donde SpaceX tiene ahora su sede.
Otras donaciones parecen responder a cierto interés propio. En 2021, Jared Isaacman, también multimillonario y entusiasta del espacio, financió una misión orbital de SpaceX con cuatro personas para recaudar fondos para un hospital infantil, sorteando uno de los asientos del vuelo. Musk realizó una donación de 55 millones de dólares, una de las mayores hasta la fecha de su fundación —Isaacman financió posteriormente otra expedición al espacio, durante la cual realizó la primera caminata espacial comercial y hoy en día dirige la NASA—. Una pequeña cantidad de donaciones a organizaciones sin ánimo de lucro del sur de Texas se produjo después de la explosión de un cohete de SpaceX en 2021, que cubrió la zona de escombros.
La Fundación Musk no paga salarios y su equipo directivo dedica en conjunto una media de 2,1 horas semanales a su labor
Entre el resto de las donaciones no se aprecia una estrategia filantrópica clara. Dejando a un lado a The Foundation y Fidelity, la donación media realizada por la Fundación Musk en 2024 fue inferior a 1,4 millones de dólares. El dinero se ha destinado a una mezcla de causas, desde la conservación de las tortugas marinas hasta la medicina de la columna vertebral. Musk «pone un énfasis real en ser visionario y tener ideas audaces», afirma Benjamin Soskis, del Urban Institute, un centro de estudios estadounidense de tendencia izquierdista. «Pero ni siquiera en la interpretación más favorable de la Fundación Musk se puede encontrar ese tipo de enfoque».
En cuanto a su estilo de donación, la Fundación Musk adopta una actitud bastante poco intervencionista. Irónicamente, los beneficiarios de sus donaciones lo comparan con los esfuerzos de Scott. Esta ha revolucionado la filantropía tradicional al mantener un equipo reducido y entregar fondos sin prescribir en qué deben gastarse ni solicitar informes periódicos. Asimismo, la Fundación Musk no paga salarios y su equipo directivo, formado por tres personas, dedica en conjunto una media de 2,1 horas semanales a su labor. Karim Meghji, director de CodeAI, una organización educativa sin ánimo de lucro que ha recibido financiación de la Fundación Musk, describe el proceso como «muy sencillo». «Se trata principalmente de la llamada telefónica, el cheque y, después, enviamos un informe a final de año», explica.
Frío como la caridad
Musk parece mostrar más entusiasmo por donar su dinero a causas políticas que a causas benéficas. En los últimos meses ha donado al menos 275 millones de dólares al partido republicano, antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Eso podría cambiar. El dinero que Musk ha destinado a su fundación no puede retirarse, y ha insinuado repetidamente que tiene intención de hacer importantes donaciones en el futuro. Por ahora, sin embargo, el plutócrata más rico del mundo parece ser uno de los menos generosos.
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