El pasado 19 de julio, la silla vacía de Aleksander Ceferin en el palco del MetLife Stadium de Nueva Jersey fue la metáfora de una guerra que venía larvándose desde tiempo atrás y que hoy amenaza el futuro del fútbol. El presidente de la UEFA no dudó en boicotear la final de la Copa del Mundo, el sanctasanctórum de Gianni Infantino, su homólogo en la FIFA. Apenas 10 días después de aquel plantón, Infantino ha respondido con su proyecto de privatizar la Copa del Mundo. Y a ese órdago, Ceferin piensa responder donde más le duele a su gran enemigo.
El esloveno quiere dejar fuera a las selecciones UEFA en 2027 y 2030, mientras su rival pretende seducir a las federaciones modestas con 20 millones anuales.
El pasado 19 de julio, la silla vacía de Aleksander Ceferin en el palco del MetLife Stadium de Nueva Jersey fue la metáfora de una guerra que venía larvándose desde tiempo atrás y que hoy amenaza el futuro del fútbol. El presidente de la UEFA no dudó en boicotear la final de la Copa del Mundo, el sanctasanctórum de Gianni Infantino, su homólogo en la FIFA. Apenas 10 días después de aquel plantón, Infantino ha respondido con su proyecto de privatizar la Copa del Mundo. Y a ese órdago, Ceferin piensa responder donde más le duele a su gran enemigo.
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