La inversión pública debe recuperar su protagonismo

Hubo un momento en los comienzos del siglo XXI que el gran objetivo de los políticos, y su compromiso con la ciudadanía, era llegar a invertir en infraestructuras el 5% del PIB. Y se consiguió en el año 2007, justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria que se llevó por delante miles de millones de ingresos públicos , que provocó la quiebra de decenas de cajas de ahorros y que obligó al entonces gobierno de Mariano Rajoy a solicitar un rescate para el sector bancario a cambio de unos ajustes presupuestarios que impactaron de lleno en la inversión en infraestructuras.Está claro que, en momentos de vacas flacas, las partidas más fáciles de recortar, las que en el corto plazo menos notan los ciudadanos, son las que se refieren a la inversión. En la primera década del siglo las infraestructuras en España eran el orgullo y la envidia de muchos países. Habíamos estrenado el AVE, habíamos invertido los fondos europeos en carreteras y aeropuertos y gastar unos años menos dinero en estas partidas no parecía un problemas muy grave. El problema es que casi dos décadas después de esa gran recesión la inversión, especialmente en infraestructuras, sigue sin recuperarse.Un trabajo de Miguel Ángel García publicado por Fedea, que mide la evolución del gasto público en el periodo 1995-2024, muestra esta evolución. Según el informe, en estos 30 años el gasto público total, con oscilaciones intermedias, se ha mantenido en niveles muy similares del PIB. Si a mediados de los 90 el gasto público ascendía al 44,13% del PIB, en 2024 llegaba al 45,47%. Lo que ha cambiado es la composición del mismo , ya que se han desviado muchos fondos desde la inversión a la protección social, y especialmente al pago de pensiones.En este sentido, la inversión ha caído en 1,5 puntos del PIB en este periodo , lo que sin duda está teniendo sus consecuencias. Medido en inversión por habitante, los datos son muy significativos. Si en 1995 la inversión por habitante en euros reales era de unos 1.000, llegó a casi los 1.500 antes de la gran crisis para situarse en estos momentos por debajo de los 900 euros.La situación es además preocupante si tenemos en cuenta que desde el Covid España recibe unos fondos europeos que en teoría se han destinado a inversiones públicas y con los que no contará a partir del próximo año. ¿Esto supondrá que la inversión se reducirá aún más de lo que ya lo ha hecho?La tragedia ferroviaria que ha golpeado a nuestro país , aunque no se pueda relacionar directamente con esa falta de inversión, unida a los problemas técnicos, los retrasos, las denuncias de falta de mantenimiento en los trenes de cercanías… nos deben hacer reflexionar sobre la necesidad de que la inversión, y en concreto, la inversión en infraestructuras deben recuperar el protagonismo que antaño tuvieron.Es verdad, y se desgañita el ministro Puente en recordarlo, que en los últimos años se ha aumentado la inversión en mantenimiento de vías ferroviarias y de carreteras. Pero está claro que no es suficiente, y la situación no es la misma que durante la gran recesión cuando los ingresos públicos eran mínimos. Hoy, estamos en máximos de recaudación y nuestros políticos deberán decidir en qué se lo gastan. Probablemente el mantenimiento de las infraestructuras no se ve y no da tantos votos como una nueva línea ferroviaria, subir las pensiones o dar transporte gratis a los jóvenes, pero está claro que empieza a ser imprescindible . Hubo un momento en los comienzos del siglo XXI que el gran objetivo de los políticos, y su compromiso con la ciudadanía, era llegar a invertir en infraestructuras el 5% del PIB. Y se consiguió en el año 2007, justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria que se llevó por delante miles de millones de ingresos públicos , que provocó la quiebra de decenas de cajas de ahorros y que obligó al entonces gobierno de Mariano Rajoy a solicitar un rescate para el sector bancario a cambio de unos ajustes presupuestarios que impactaron de lleno en la inversión en infraestructuras.Está claro que, en momentos de vacas flacas, las partidas más fáciles de recortar, las que en el corto plazo menos notan los ciudadanos, son las que se refieren a la inversión. En la primera década del siglo las infraestructuras en España eran el orgullo y la envidia de muchos países. Habíamos estrenado el AVE, habíamos invertido los fondos europeos en carreteras y aeropuertos y gastar unos años menos dinero en estas partidas no parecía un problemas muy grave. El problema es que casi dos décadas después de esa gran recesión la inversión, especialmente en infraestructuras, sigue sin recuperarse.Un trabajo de Miguel Ángel García publicado por Fedea, que mide la evolución del gasto público en el periodo 1995-2024, muestra esta evolución. Según el informe, en estos 30 años el gasto público total, con oscilaciones intermedias, se ha mantenido en niveles muy similares del PIB. Si a mediados de los 90 el gasto público ascendía al 44,13% del PIB, en 2024 llegaba al 45,47%. Lo que ha cambiado es la composición del mismo , ya que se han desviado muchos fondos desde la inversión a la protección social, y especialmente al pago de pensiones.En este sentido, la inversión ha caído en 1,5 puntos del PIB en este periodo , lo que sin duda está teniendo sus consecuencias. Medido en inversión por habitante, los datos son muy significativos. Si en 1995 la inversión por habitante en euros reales era de unos 1.000, llegó a casi los 1.500 antes de la gran crisis para situarse en estos momentos por debajo de los 900 euros.La situación es además preocupante si tenemos en cuenta que desde el Covid España recibe unos fondos europeos que en teoría se han destinado a inversiones públicas y con los que no contará a partir del próximo año. ¿Esto supondrá que la inversión se reducirá aún más de lo que ya lo ha hecho?La tragedia ferroviaria que ha golpeado a nuestro país , aunque no se pueda relacionar directamente con esa falta de inversión, unida a los problemas técnicos, los retrasos, las denuncias de falta de mantenimiento en los trenes de cercanías… nos deben hacer reflexionar sobre la necesidad de que la inversión, y en concreto, la inversión en infraestructuras deben recuperar el protagonismo que antaño tuvieron.Es verdad, y se desgañita el ministro Puente en recordarlo, que en los últimos años se ha aumentado la inversión en mantenimiento de vías ferroviarias y de carreteras. Pero está claro que no es suficiente, y la situación no es la misma que durante la gran recesión cuando los ingresos públicos eran mínimos. Hoy, estamos en máximos de recaudación y nuestros políticos deberán decidir en qué se lo gastan. Probablemente el mantenimiento de las infraestructuras no se ve y no da tantos votos como una nueva línea ferroviaria, subir las pensiones o dar transporte gratis a los jóvenes, pero está claro que empieza a ser imprescindible .  

Hubo un momento en los comienzos del siglo XXI que el gran objetivo de los políticos, y su compromiso con la ciudadanía, era llegar a invertir en infraestructuras el 5% del PIB. Y se consiguió en el año 2007, justo antes del estallido de la … burbuja inmobiliaria que se llevó por delante miles de millones de ingresos públicos, que provocó la quiebra de decenas de cajas de ahorros y que obligó al entonces gobierno de Mariano Rajoy a solicitar un rescate para el sector bancario a cambio de unos ajustes presupuestarios que impactaron de lleno en la inversión en infraestructuras.

Está claro que, en momentos de vacas flacas, las partidas más fáciles de recortar, las que en el corto plazo menos notan los ciudadanos, son las que se refieren a la inversión. En la primera década del siglo las infraestructuras en España eran el orgullo y la envidia de muchos países. Habíamos estrenado el AVE, habíamos invertido los fondos europeos en carreteras y aeropuertos y gastar unos años menos dinero en estas partidas no parecía un problemas muy grave. El problema es que casi dos décadas después de esa gran recesión la inversión, especialmente en infraestructuras, sigue sin recuperarse.

Un trabajo de Miguel Ángel García publicado por Fedea, que mide la evolución del gasto público en el periodo 1995-2024, muestra esta evolución. Según el informe, en estos 30 años el gasto público total, con oscilaciones intermedias, se ha mantenido en niveles muy similares del PIB. Si a mediados de los 90 el gasto público ascendía al 44,13% del PIB, en 2024 llegaba al 45,47%. Lo que ha cambiado es la composición del mismo, ya que se han desviado muchos fondos desde la inversión a la protección social, y especialmente al pago de pensiones.

En este sentido, la inversión ha caído en 1,5 puntos del PIB en este periodo, lo que sin duda está teniendo sus consecuencias. Medido en inversión por habitante, los datos son muy significativos. Si en 1995 la inversión por habitante en euros reales era de unos 1.000, llegó a casi los 1.500 antes de la gran crisis para situarse en estos momentos por debajo de los 900 euros.

La situación es además preocupante si tenemos en cuenta que desde el Covid España recibe unos fondos europeos que en teoría se han destinado a inversiones públicas y con los que no contará a partir del próximo año. ¿Esto supondrá que la inversión se reducirá aún más de lo que ya lo ha hecho?

La tragedia ferroviaria que ha golpeado a nuestro país, aunque no se pueda relacionar directamente con esa falta de inversión, unida a los problemas técnicos, los retrasos, las denuncias de falta de mantenimiento en los trenes de cercanías… nos deben hacer reflexionar sobre la necesidad de que la inversión, y en concreto, la inversión en infraestructuras deben recuperar el protagonismo que antaño tuvieron.

Es verdad, y se desgañita el ministro Puente en recordarlo, que en los últimos años se ha aumentado la inversión en mantenimiento de vías ferroviarias y de carreteras. Pero está claro que no es suficiente, y la situación no es la misma que durante la gran recesión cuando los ingresos públicos eran mínimos. Hoy, estamos en máximos de recaudación y nuestros políticos deberán decidir en qué se lo gastan. Probablemente el mantenimiento de las infraestructuras no se ve y no da tantos votos como una nueva línea ferroviaria, subir las pensiones o dar transporte gratis a los jóvenes, pero está claro que empieza a ser imprescindible.

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