La necesidad de usar cláusulas espejo

Esta semana el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha visitado China y ha posado sonriente con el presidente Xi Jinping . En un panorama internacional tan incierto como el actual, donde los hasta hace poco socios fiables, como Estados Unidos o Israel, hacen de su capa un sayo y se saltan todas las reglas del derecho internacional sin consultar a los organismos multilaterales, el buscar alternativas de negocio o comerciales en otras partes del mundo, como puede ser China, parece razonable. Pero no nos engañemos, el hecho de que haya que hacer de la necesidad virtud no significa que podamos dar a China la categoría de socio fiable o que no dejemos de denunciar el régimen dictatorial autoritario vigente en el país y la violación de los derechos humanos que allí se produce.Mucho hemos criticado en estas páginas los aranceles impuestos por Donald Trump y el daño que le están haciendo al comercio global estas políticas proteccionistas. Pero lo cierto es que si este es el mundo en el que nos ha tocado vivir, Europa debe responder con las mismas cartas a Estados Unidos, pero también a China y al resto de potencias que quieran introducir aquí sus productos haciendo competencia en muchos casos desleal a nuestras empresas.Son muchos los empresarios europeos que abogan por las conocidas como ‘ cláusulas espejo ‘. Si cuando las compañías europeas quieren ir a vender al país asiático para tener éxito, aunque ha dejado de ser obligatorio, deben de ir de la mano de un socio local, fabricar y crear empleo en el país… si quieren vender coches en Europa que cumplan los mismos requisitos. Y no vale, aseguran, que creen fábricas aquí para ensamblar las piezas que ya traen fabricadas de allí. «Deben cumplir los mismos requisitos que se nos exigen a nosotros», se quejan los empresarios europeos.Y es que es muy difícil, por ejemplo, que el sector automovilístico europeo compita con los coches eléctricos chinos que se producen a costes muy bajos, y es normal que la UE se defienda y ponga condiciones.Lo cierto es que a pesar de los intentos de la UE de frenar esa entrada de coches chinos, el año pasado el 20% de los eléctricos que se vendieron en España fueron chinos. Y en el conjunto de Europa las marcas chinas lograron superan las 100.000 unidades vendidas en diciembre pasado, cifra récord para un solo mes.En este entorno, está claro que poner piedras en el camino de la automoción europea, como ha hecho la Comisión en años pasados, con el estricto calendario para abandonar los motores de combustión, no parece la mejor opción. La nueva Comisión parece más dispuesta a levantar el pie sobre ese acelerador para dar más tiempo a la industria europea para adaptarse. Fue el gobierno alemán el que lideró las presiones en la Unión Europea para flexibilizar o posponer la prohibición de la venta de coches nuevos con motor de combustión, inicialmente fijada para 2035. Y Francia, que en un principio estaba con España en la defensa de la fecha prevista, finalmente flexibilizó su posición y aceptó apoyar a Alemania en su petición de que se sigan vendiendo coches de combustión más allá de 2035. Eso sí, siempre que sean de fabricación europea.No deja de sorprender que España, donde el sector de la automoción representa nada menos que el 10% del PIB, sea el único país de los grandes de la UE que, en contra de los intereses de sus empresas, siga defendiendo que se mantengan los plazos. Esta semana el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha visitado China y ha posado sonriente con el presidente Xi Jinping . En un panorama internacional tan incierto como el actual, donde los hasta hace poco socios fiables, como Estados Unidos o Israel, hacen de su capa un sayo y se saltan todas las reglas del derecho internacional sin consultar a los organismos multilaterales, el buscar alternativas de negocio o comerciales en otras partes del mundo, como puede ser China, parece razonable. Pero no nos engañemos, el hecho de que haya que hacer de la necesidad virtud no significa que podamos dar a China la categoría de socio fiable o que no dejemos de denunciar el régimen dictatorial autoritario vigente en el país y la violación de los derechos humanos que allí se produce.Mucho hemos criticado en estas páginas los aranceles impuestos por Donald Trump y el daño que le están haciendo al comercio global estas políticas proteccionistas. Pero lo cierto es que si este es el mundo en el que nos ha tocado vivir, Europa debe responder con las mismas cartas a Estados Unidos, pero también a China y al resto de potencias que quieran introducir aquí sus productos haciendo competencia en muchos casos desleal a nuestras empresas.Son muchos los empresarios europeos que abogan por las conocidas como ‘ cláusulas espejo ‘. Si cuando las compañías europeas quieren ir a vender al país asiático para tener éxito, aunque ha dejado de ser obligatorio, deben de ir de la mano de un socio local, fabricar y crear empleo en el país… si quieren vender coches en Europa que cumplan los mismos requisitos. Y no vale, aseguran, que creen fábricas aquí para ensamblar las piezas que ya traen fabricadas de allí. «Deben cumplir los mismos requisitos que se nos exigen a nosotros», se quejan los empresarios europeos.Y es que es muy difícil, por ejemplo, que el sector automovilístico europeo compita con los coches eléctricos chinos que se producen a costes muy bajos, y es normal que la UE se defienda y ponga condiciones.Lo cierto es que a pesar de los intentos de la UE de frenar esa entrada de coches chinos, el año pasado el 20% de los eléctricos que se vendieron en España fueron chinos. Y en el conjunto de Europa las marcas chinas lograron superan las 100.000 unidades vendidas en diciembre pasado, cifra récord para un solo mes.En este entorno, está claro que poner piedras en el camino de la automoción europea, como ha hecho la Comisión en años pasados, con el estricto calendario para abandonar los motores de combustión, no parece la mejor opción. La nueva Comisión parece más dispuesta a levantar el pie sobre ese acelerador para dar más tiempo a la industria europea para adaptarse. Fue el gobierno alemán el que lideró las presiones en la Unión Europea para flexibilizar o posponer la prohibición de la venta de coches nuevos con motor de combustión, inicialmente fijada para 2035. Y Francia, que en un principio estaba con España en la defensa de la fecha prevista, finalmente flexibilizó su posición y aceptó apoyar a Alemania en su petición de que se sigan vendiendo coches de combustión más allá de 2035. Eso sí, siempre que sean de fabricación europea.No deja de sorprender que España, donde el sector de la automoción representa nada menos que el 10% del PIB, sea el único país de los grandes de la UE que, en contra de los intereses de sus empresas, siga defendiendo que se mantengan los plazos.  

Esta semana el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha visitado China y ha posado sonriente con el presidente Xi Jinping. En un panorama internacional tan incierto como el actual, donde los hasta hace poco socios fiables, como Estados Unidos o Israel, hacen de … su capa un sayo y se saltan todas las reglas del derecho internacional sin consultar a los organismos multilaterales, el buscar alternativas de negocio o comerciales en otras partes del mundo, como puede ser China, parece razonable. Pero no nos engañemos, el hecho de que haya que hacer de la necesidad virtud no significa que podamos dar a China la categoría de socio fiable o que no dejemos de denunciar el régimen dictatorial autoritario vigente en el país y la violación de los derechos humanos que allí se produce.

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