Esas extrañas criaturas emergen del bosque con estruendo, con el cuerpo cubierto de musgo, tela rasgada y hierba de plástico, y la cabeza velada por mallas negras. Los tanques Leopard y los vehículos de combate de infantería Puma de la 45.ª Brigada Panzer alemana llevan un camuflaje especial para ocultarse de los drones enemigos. Durante un mes, la unidad se entrenó a lo largo de la frontera entre Lituania y Bielorrusia, un Estado satélite de Rusia, como parte del ejercicio ‘Freedom Shield’, concluido recientemente. El objetivo: estar preparados para «luchar esta misma noche» con el fin de defender Vilna, la capital de Lituania, y mantener el control del corredor de Suwalki, que conecta los países bálticos con Polonia.Con ese propósito, la 45.ª Brigada no regresará a casa. Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, Alemania despliega de forma permanente unidades militares en el extranjero. Estas tropas constituyen la punta de lanza de un ejército que se está expandiendo con el objetivo de convertirse en el mayor de Europa. Contarán con los modelos más recientes de blindados, artillería, drones y sistemas antiaéreos, a medida que la unidad pase de 1.600 soldados a unos 5.000 a finales de 2027.Las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región, por su parte, se están reduciendo. Una unidad de tanques estadounidense —el 1er Batallón del 12.º Regimiento de Caballería— se entrenó durante meses en la misma zona. Sin embargo, se retiró en junio junto con el resto de su brigada en Polonia. Nadie sabe cuándo la sustituirá otra unidad estadounidense, ni siquiera si tal cosa llegará a suceder algún día.the_economist_0770Tectónica teutónicaAunque Alemania tiene dificultades para reclutar suficientes voluntarios —es posible que sea necesario ordenar a algunos soldados que se incorporen a la brigada—, los lituanos colman de gratitud a las tropas alemanas, afirma el teniente coronel Sebastian Hagen, comandante del grupo de combate multinacional que constituye el núcleo de la brigada. «Lo que estamos haciendo ahora es lo que todos los aliados hicieron por Alemania durante la Guerra Fría», afirma. «El flanco oriental se ha desplazado más hacia el este y ahora le corresponde a Alemania devolver parte del favor».La misión resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que los ejércitos alemanes —teutónicos, prusianos, imperiales y nazis— han sido, por lo general, invasores en esta región. Durante la Segunda Guerra Mundial, conquistaron Polonia, los Estados bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) y gran parte del oeste de Rusia. Tras la rendición de la Alemania nazi en 1945, la Unión Soviética se apoderó de las repúblicas bálticas, que no recuperaron la independencia hasta el colapso de aquella en 1991. Los soviéticos también ocuparon la ciudad alemana de Königsberg, hoy convertida en el enclave ruso de Kaliningrado. «Somos muy conscientes de lo que hizo la Alemania nazi aquí, en Lituania. También somos conscientes de lo que la ocupación soviética le hizo a Lituania», añade el teniente coronel Hagen. Cuando no está entrenándose, la brigada colabora en la conservación de las fosas de guerra y de los cementerios judíos.A finales de la década, Alemania podría estar destinando a sus fuerzas armadas más recursos que el Reino Unido y Francia juntosEl propósito de la OTAN, según declaró Lord Ismay, su primer secretario general, era «mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes sometidos». Sin embargo, mientras el presidente Donald Trump se preparaba para reunirse con los demás líderes de la OTAN en Ankara los días 7 y 8 de julio, Alemania da un paso al frente para mantener a los rusos fuera y, espera, a los estadounidenses dentro. En el marco de un plan denominado «OTAN 3.0», Estados Unidos exige que los europeos asuman el liderazgo de su propia defensa convencional, mientras el país norteamericano proporciona el paraguas nuclear.Este planteamiento encaja con la determinación de Alemania, surgida tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, de dejar de ser un país rezagado en materia de defensa para convertirse en un pilar fundamental de la seguridad europea. Alemania tiene previsto alcanzar el objetivo de la OTAN de destinar el 3,5% del PIB a defensa en 2029, mucho antes de la fecha límite fijada para 2035. A finales de la década, podría estar destinando a sus fuerzas armadas más recursos que el Reino Unido y Francia —ambos con armamento nuclear— juntos.Sin embargo, el dinero por sí solo no bastará para alcanzar la autosuficiencia. En conjunto, los miembros europeos de la OTAN ya gastan más en defensa que cualquier otro país, salvo Estados Unidos. Aun así, siguen siendo «estratégicamente dependientes de Estados Unidos en toda la cadena de operaciones militares», afirma un informe del Instituto de Kiel, un centro de estudios alemán.La amenaza rusa y el ‘America First’La urgencia con la que Europa necesita cambiar depende de dos grandes cuestiones que planean sobre la cumbre. En primer lugar, ¿hasta qué punto representa Vladímir Putin una amenaza? Rusia ha reorganizado su frente ante la OTAN con nuevas unidades, bases y cuarteles generales preparados para futuras fuerzas de combate. La OTAN estima que Rusia podría convertirse en una amenaza para sus miembros pocos años después de que cesen o disminuyan los combates en Ucrania, Alemania quiere estar preparada para 2029 y Polonia sostiene que el peligro podría estar aún más cerca.La otra cuestión es qué augura el ‘America First’ para Europa. Imaginemos cuatro encarnaciones de Trump, todas ellas plausibles: una es la del adulto de mano dura, que empuja a Europa a reforzarse mientras la protege en situaciones extremas, de conformidad con el artículo 5 de la OTAN sobre defensa colectiva; otra es la del amigo ausente, reacio a luchar por Europa, pero que sigue proporcionando algún tipo de apoyo indirecto; una tercera es la de la expareja tóxica, que abandona a Europa sin abandonar el hogar común de la OTAN, convirtiendo en un infierno la vida de los europeos que intentan organizarse; la última es la del depredador que amenaza lugares como Groenlandia, en el flanco occidental de Europa, mientras Rusia amenaza el flanco oriental.Los militares, desde el cuartel general supremo de la OTAN en Mons hasta las unidades de primera línea, pasando por los mandos subordinados, ven hoy, sobre todo, la encarnación del «amor duro»: los soldados europeos y estadounidenses planifican y se entrenan como lo han hecho durante décadas, y confían en que Estados Unidos coordine su retirada con el refuerzo europeo, sin dejar ningún vacío.Sin embargo, Trump es susceptible y caprichoso. En mayo, el Pentágono anunció de forma abrupta que retiraría 5000 soldados de Alemania, después de que Trump se tomara a mal las críticas del canciller alemán, Friedrich Merz, a la guerra en Irán. Paradójicamente, el Pentágono también ha dado bandazos con respecto a la sustitución de la brigada que se retiró recientemente de Polonia y Lituania —dos de los Estados europeos más proestadounidenses—. Pete Hegseth, secretario de guerra de Estados Unidos, reprendió a los «vergonzosos» aliados europeos que se mantuvieron al margen de la guerra de Estados Unidos en Irán y que, en algunos casos, negaron a sus fuerzas el uso de bases y del espacio aéreo europeos. Asimismo, anunció una revisión de seis meses de las fuerzas estadounidenses desplegadas en Europa, cuyo número ya se ha reducido de unos 100.000 efectivos a alrededor de 80.000.Además de recortar las unidades de primera línea, el Pentágono ha reducido las fuerzas de reacción rápida que se compromete a enviar a la OTAN en caso de guerra, alegando que son necesarias para hacer frente a crisis reales o potenciales en Oriente Medio y el Pacífico. Entre ellas figuran bombarderos, aviones de combate, aviones cisterna y buques de guerra, como un portaaviones y un submarino de ataque. Esto pone en entredicho el «Modelo de Fuerzas de la OTAN», que establece con qué medios pueden contar los comandantes.Una Europa desestabilizada por TrumpAlgunos miembros de la Administración Trump insinúan que no lucharían por los Estados bálticos y, lo que es peor, expresan su preocupación por el riesgo de escalada si la OTAN despliega misiles capaces de alcanzar el interior del territorio ruso. Se ha cancelado el despliegue previsto en Alemania de una unidad equipada con misiles de crucero Tomahawk, con un alcance de hasta 2.500 km. También se está retrasando el pedido de misiles Tomahawk por parte de la propia Alemania y, temporalmente, se impidió a los aliados utilizar los modelos de inteligencia artificial más avanzados. En cuanto a la versión tóxica de Trump, su administración sigue desestabilizando la política europea al fomentar narrativas de extrema derecha.Cuanto más antieuropeo se vuelva Estados Unidos, más se animará Rusia a enfrentarse a la OTAN y más difícil resultará para los europeos defenderse. Rusia no necesita lanzar un ataque frontal. A muchos les preocupa que una acción limitada y ambigua pueda poner de manifiesto, de forma fatal, las divisiones existentes en el seno de la OTAN.Si Rusia invadiera los Estados bálticos, podría intentar cortar el corredor de Suwalki para impedir la llegada de refuerzos de la OTANPara comprender estas complejidades, basta con recorrer en coche el trayecto desde Lituania hasta la ciudad polaca de Suwalki, atravesando la franja de territorio situada entre Bielorrusia y Kaliningrado. Sus cementerios, que acogen a siete confesiones religiosas, dan testimonio de las cambiantes fronteras y de los ejércitos que han pasado por allí. Con unos 65 km en su punto más estrecho, el corredor alberga dos grandes arterias que conectan los Estados bálticos con el interior de Europa: la autopista Vía Báltica y la línea ferroviaria de alta velocidad Rail Baltica. Ambos proyectos permanecen incompletos, en parte debido a desacuerdos entre los propios países bálticos. Sin embargo, son vitales tanto para el comercio en tiempos de paz como para la logística en tiempos de guerra. Incluso hoy, en virtud de acuerdos anteriores, trenes especiales rusos atraviesan el sur de Lituania, transportando pasajeros entre Kaliningrado y el interior de Rusia cuatro veces al día en vagones sellados y vigilados por guardias fronterizos lituanos. El tránsito de mercancías también está restringido. Las repúblicas bálticas se han sentido vulnerables desde hace tiempo debido a su escasa población, a la presencia de minorías de habla rusa y al revanchismo del Kremlin. Se enfrentan con frecuencia a actos de acoso por parte de Rusia en la denominada «zona gris»: ciberataques, incursiones de aviones y drones, sabotajes de cables submarinos y campañas de desinformación, entre otros tipos de agresiones. Vilna se encuentra a solo 35 km de Bielorrusia, cuyas bandas criminales envían migrantes y globos cargados de cigarrillos de contrabando a través de la frontera. Si Rusia invadiera los Estados bálticos, podría intentar cortar el corredor de Suwalki para impedir la llegada de refuerzos de la OTAN, quizá utilizando únicamente drones.El ejemplo de Ucrania¿Cómo podría desarrollarse una guerra de este tipo, con y sin la ayuda estadounidense? La OTAN solía dar por hecho que tendría que replegarse, reunir refuerzos y, posteriormente, intentar recuperar el corredor de Suwalki. Hoy, sin embargo, su objetivo es conservar el mayor territorio posible.Ucrania demuestra que los ejércitos más pequeños pueden detener a Rusia e incluso hacerla retroceder con la combinación adecuada de determinación, tecnología y apoyo. La OTAN ha reforzado su flanco oriental al aumentar de cuatro a nueve sus grupos de combate rotatorios —batallones reforzados—. Algunos, como el alemán desplegado en Lituania, se han ampliado hasta convertirse en brigadas, normalmente compuestas por tres batallones. Los países bálticos y Polonia también han reforzado sus capacidades: el gasto en defensa de todos ellos alcanzará este año el 5% del PIB o incluso lo superará, y Lituania está consolidando sus unidades dispersas en una división blindada pesada —integrada por tres brigadas— que contará con unos 20.000 efectivos y estará equipada con carros de combate Leopard alemanes, vehículos de combate de infantería CV90 suecos, artillería César francesa y misiles HIMARS estadounidenses.Los aviones y misiles de largo alcance de la OTAN neutralizarían las baterías antiaéreas y antibuque rusasGran parte del terreno de Lituania —pantanoso y boscoso— favorece al defensor, especialmente en la era de los drones. Si, a pesar de todo, el corredor de Suwalki quedara cortado, sería más fácil reabastecer a los Estados bálticos por mar, ya que Suecia y Finlandia se han incorporado a la OTAN. Instructores estadounidenses también han estado entrenando a la Unión de Fusileros de Lituania, una milicia voluntaria, en aspectos como las incursiones y los secuestros en caso de ocupación. Si Rusia atacara, afirma el contralmirante Giedrius Premeneckas, uno de los altos mandos lituanos, «cometería un error enorme, mucho mayor que el que cometió al atacar Ucrania».La OTAN reconoce que aún tiene mucho que aprender del campo de batalla ucraniano, dominado por los drones: en los ejercicios de este año, los equipos ucranianos de drones aniquilaron batallones enteros de la OTAN, y en «Freedom Shield» el grupo de combate multinacional utilizó drones y otras armas para repeler a una unidad alemana que simulaba ser las fuerzas invasoras rusas. Aun así, el tanque dista mucho de ser un arma obsoleta, insiste el teniente coronel Hagen. La guerra del futuro requerirá una mejor protección frente a los drones e implicará un mayor uso de vehículos terrestres no tripulados, pero «sigue siendo necesario contar con tanques para conquistar y mantener el terreno».Con Estados Unidos implicado en el conflicto, los mandos de la OTAN calculan que las operaciones «multidominio» en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio —todas ellas posibilitadas por redes de datos que conectan sensores con sistemas de armas y gestionadas mediante inteligencia artificial— les permitirán maniobrar, adelantarse a las unidades de drones y dominar a las fuerzas rusas. Los aviones y misiles de largo alcance de la OTAN neutralizarían las baterías antiaéreas y antibuque rusas. El punto más vulnerable del campo de batalla podría no ser el corredor de Suwalki, sino Kaliningrado, que, según advierte el almirante Premeneckas, «no quedará al margen de las acciones militares si Rusia comete alguna estupidez».De Ismay a la consternación¿Cómo lucharía Europa si Estados Unidos le retirara todo su apoyo? La 45.ª Brigada insiste en que dispone de todo el material que necesita, tanto en Lituania como en Alemania. Ruben Stewart, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un centro de estudios con sede en Londres, sostiene en un artículo reciente que los ejércitos europeos igualan o superan las capacidades rusas en muchos ámbitos. Sin embargo, Estados Unidos sigue proporcionando el «sistema operativo» de la OTAN, que incluye inteligencia, drones y satélites de vigilancia, armas de largo alcance, defensas aéreas y transporte aéreo.Sin Estados Unidos, «lo que desaparecería de forma más crítica no sería la masa, sino la integración», argumenta Stewart. Los ejércitos europeos tendrían que combatir «con más cautela y de forma más deliberada». Dispondrían de menos información previa sobre los movimientos de las tropas rusas y tendrían menos certeza sobre su dirección, por lo que tendrían que desplegarse de forma más dispersa. Además, estarían menos coordinados, ya que las señales de satélite, las comunicaciones y los flujos de datos serían menos fiables. Las fuerzas aéreas y terrestres combatirían en gran medida por separado, y las defensas aéreas rusas podrían sobrevivir y los europeos podrían carecer de los medios necesarios para derribar drones y misiles rusos. Todo ello dificultaría el ataque contra objetivos lejanos y expondría la retaguardia de la OTAN a mayores daños.Europa no podría librar una guerra de maniobras. «Sería una guerra de denegación, desgaste y resistencia, que sacrifica la velocidad en aras de la sostenibilidad y busca la victoria a largo plazo en lugar de desde el principio», escribe Stewart, o, como lo expresa un alto mando de la OTAN, «se parecería más a Ucrania que al campo de batalla que esperaríamos». Una guerra de desgaste, estática, sangrienta y prolongada podría, a su vez, resultar difícil de sostener políticamente.Sin EE.UU., los ejércitos europeos tendrían que combatir «con más cautela y de forma más deliberada»Las armas de «ataque en profundidad», con un alcance de 1.000 km o más, ilustran el dilema al que se enfrenta Europa. Los misiles Taurus, de fabricación alemana, y los misiles franco-británicos SCALP/Storm Shadow tienen un alcance de unos 500 km. Ante la reticencia de Estados Unidos a suministrar misiles Tomahawk, los europeos buscan alternativas con urgencia. Alemania colabora con el Reino Unido en el desarrollo de misiles de crucero hipersónicos y furtivos, y con Ucrania en armas más sencillas, pero ya probadas en combate. Otros actores, entre ellos el consorcio MBDA, también están desarrollando sistemas similares. Sin embargo, para utilizarlos con eficacia, los europeos necesitan redes de vigilancia y comunicaciones espaciales. Alemania tiene previsto invertir 35.000 millones de euros en este tipo de capacidades.La sombra de las armas nuclearesCualquier guerra se libraría también bajo la sombra de las armas nucleares, que Rusia ha amenazado con emplear en Ucrania. La idea de que incluso un Estados Unidos de «mano dura» pueda mantener la disuasión nuclear al tiempo que reduce sus compromisos convencionales es discutible. «Si los estadounidenses dan a entender que no quieren enviar a sus tropas convencionales a luchar por Letonia o Polonia, ¿hasta qué punto resulta creíble que estén dispuestos a arriesgarse a una guerra nuclear?», se pregunta Artur Kacprzyk, del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, un centro de estudios.El Reino Unido y Francia, con arsenales de unas 200 ojivas cada uno, frente a las más de 5.000 de las que disponen tanto Estados Unidos como Rusia, han declarado que «no existe ninguna amenaza extrema para Europa que no provoque una respuesta por parte de nuestras dos naciones». Sin embargo, sin el paraguas nuclear estadounidense, los países europeos se mostrarán inevitablemente más cautelosos ante una guerra con Rusia.Es más, sin el liderazgo de Estados Unidos, una OTAN exclusivamente europea corre el riesgo de caer en la «inercia política», afirma Christian Mölling, de EDINA, un centro de estudios con sede en Berlín. Un simulacro de guerra celebrado el año pasado y patrocinado en parte por el periódico alemán Die Welt imaginaba que Rusia utilizaba una crisis humanitaria en Kaliningrado como pretexto para apoderarse del corredor de Suwalki. Estados Unidos se negaba a invocar el artículo 5 y la brigada alemana no intervenía, en parte porque los drones rusos habían minado las carreteras que salían de su base. El ejercicio presentaba algunas limitaciones —ignoraba las propias fuerzas de Lituania, que no dudarían en resistir—, pero puso de relieve posibles escollos.Los países europeos saben que deben reducir su dependencia de Estados Unidos, pero discrepan sobre cuáles deben ser sus prioridades. ¿Deberían comprar armas ya disponibles, incluidas las estadounidenses, o dedicar tiempo a desarrollar las suyas propias? Para algunos altos mandos franceses, la prioridad consiste en crear sistemas europeos de comunicaciones, nubes de datos y modelos de inteligencia artificial. Alemania, por el contrario, quiere reforzar las unidades convencionales, sobre todo mediante la adquisición de tanques y munición. Muchos aliados se muestran, no obstante, reacios a dar la espalda a Estados Unidos, por miedo a que sus propios temores acaben convirtiéndose en una profecía autocumplida.¿Cuánto tiempo le queda a Europa? El irascible Trump podría darle la espalda en cualquier momentoUn informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, otro centro de estudios, sostiene que la plena autonomía europea está fuera de alcance y propone que el mando de la OTAN adopte una estructura de «doble mando» que permita llevar a cabo operaciones exclusivamente europeas, aunque ello requeriría el consentimiento de Estados Unidos.¿Cuánto tiempo le queda a Europa? El irascible Trump podría darle la espalda en cualquier momento. Putin podría decidir desafiar a los europeos antes de que estén preparados. Otra incógnita es si Europa logrará mantenerse unida si los populistas de extrema derecha llegan al poder en el Reino Unido, Francia o Alemania. En cualquier caso, la defensa de Europa comienza por ayudar a Ucrania: cuanto más tiempo pueda resistir frente a Rusia, mejores condiciones podrá obtener en un eventual acuerdo de paz y más margen tendrán los europeos para prepararse. No debería ser una misión imposible. Como afirma Radek Sikorski, ministro de asuntos exteriores de Polonia, Europa no necesita ser «heroica» ni igualar la capacidad estadounidense: «ni siquiera tenemos que ser tan buenos como Estados Unidos, solo tenemos que ser mejores que Putin». Esas extrañas criaturas emergen del bosque con estruendo, con el cuerpo cubierto de musgo, tela rasgada y hierba de plástico, y la cabeza velada por mallas negras. Los tanques Leopard y los vehículos de combate de infantería Puma de la 45.ª Brigada Panzer alemana llevan un camuflaje especial para ocultarse de los drones enemigos. Durante un mes, la unidad se entrenó a lo largo de la frontera entre Lituania y Bielorrusia, un Estado satélite de Rusia, como parte del ejercicio ‘Freedom Shield’, concluido recientemente. El objetivo: estar preparados para «luchar esta misma noche» con el fin de defender Vilna, la capital de Lituania, y mantener el control del corredor de Suwalki, que conecta los países bálticos con Polonia.Con ese propósito, la 45.ª Brigada no regresará a casa. Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, Alemania despliega de forma permanente unidades militares en el extranjero. Estas tropas constituyen la punta de lanza de un ejército que se está expandiendo con el objetivo de convertirse en el mayor de Europa. Contarán con los modelos más recientes de blindados, artillería, drones y sistemas antiaéreos, a medida que la unidad pase de 1.600 soldados a unos 5.000 a finales de 2027.Las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región, por su parte, se están reduciendo. Una unidad de tanques estadounidense —el 1er Batallón del 12.º Regimiento de Caballería— se entrenó durante meses en la misma zona. Sin embargo, se retiró en junio junto con el resto de su brigada en Polonia. Nadie sabe cuándo la sustituirá otra unidad estadounidense, ni siquiera si tal cosa llegará a suceder algún día.the_economist_0770Tectónica teutónicaAunque Alemania tiene dificultades para reclutar suficientes voluntarios —es posible que sea necesario ordenar a algunos soldados que se incorporen a la brigada—, los lituanos colman de gratitud a las tropas alemanas, afirma el teniente coronel Sebastian Hagen, comandante del grupo de combate multinacional que constituye el núcleo de la brigada. «Lo que estamos haciendo ahora es lo que todos los aliados hicieron por Alemania durante la Guerra Fría», afirma. «El flanco oriental se ha desplazado más hacia el este y ahora le corresponde a Alemania devolver parte del favor».La misión resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que los ejércitos alemanes —teutónicos, prusianos, imperiales y nazis— han sido, por lo general, invasores en esta región. Durante la Segunda Guerra Mundial, conquistaron Polonia, los Estados bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) y gran parte del oeste de Rusia. Tras la rendición de la Alemania nazi en 1945, la Unión Soviética se apoderó de las repúblicas bálticas, que no recuperaron la independencia hasta el colapso de aquella en 1991. Los soviéticos también ocuparon la ciudad alemana de Königsberg, hoy convertida en el enclave ruso de Kaliningrado. «Somos muy conscientes de lo que hizo la Alemania nazi aquí, en Lituania. También somos conscientes de lo que la ocupación soviética le hizo a Lituania», añade el teniente coronel Hagen. Cuando no está entrenándose, la brigada colabora en la conservación de las fosas de guerra y de los cementerios judíos.A finales de la década, Alemania podría estar destinando a sus fuerzas armadas más recursos que el Reino Unido y Francia juntosEl propósito de la OTAN, según declaró Lord Ismay, su primer secretario general, era «mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes sometidos». Sin embargo, mientras el presidente Donald Trump se preparaba para reunirse con los demás líderes de la OTAN en Ankara los días 7 y 8 de julio, Alemania da un paso al frente para mantener a los rusos fuera y, espera, a los estadounidenses dentro. En el marco de un plan denominado «OTAN 3.0», Estados Unidos exige que los europeos asuman el liderazgo de su propia defensa convencional, mientras el país norteamericano proporciona el paraguas nuclear.Este planteamiento encaja con la determinación de Alemania, surgida tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, de dejar de ser un país rezagado en materia de defensa para convertirse en un pilar fundamental de la seguridad europea. Alemania tiene previsto alcanzar el objetivo de la OTAN de destinar el 3,5% del PIB a defensa en 2029, mucho antes de la fecha límite fijada para 2035. A finales de la década, podría estar destinando a sus fuerzas armadas más recursos que el Reino Unido y Francia —ambos con armamento nuclear— juntos.Sin embargo, el dinero por sí solo no bastará para alcanzar la autosuficiencia. En conjunto, los miembros europeos de la OTAN ya gastan más en defensa que cualquier otro país, salvo Estados Unidos. Aun así, siguen siendo «estratégicamente dependientes de Estados Unidos en toda la cadena de operaciones militares», afirma un informe del Instituto de Kiel, un centro de estudios alemán.La amenaza rusa y el ‘America First’La urgencia con la que Europa necesita cambiar depende de dos grandes cuestiones que planean sobre la cumbre. En primer lugar, ¿hasta qué punto representa Vladímir Putin una amenaza? Rusia ha reorganizado su frente ante la OTAN con nuevas unidades, bases y cuarteles generales preparados para futuras fuerzas de combate. La OTAN estima que Rusia podría convertirse en una amenaza para sus miembros pocos años después de que cesen o disminuyan los combates en Ucrania, Alemania quiere estar preparada para 2029 y Polonia sostiene que el peligro podría estar aún más cerca.La otra cuestión es qué augura el ‘America First’ para Europa. Imaginemos cuatro encarnaciones de Trump, todas ellas plausibles: una es la del adulto de mano dura, que empuja a Europa a reforzarse mientras la protege en situaciones extremas, de conformidad con el artículo 5 de la OTAN sobre defensa colectiva; otra es la del amigo ausente, reacio a luchar por Europa, pero que sigue proporcionando algún tipo de apoyo indirecto; una tercera es la de la expareja tóxica, que abandona a Europa sin abandonar el hogar común de la OTAN, convirtiendo en un infierno la vida de los europeos que intentan organizarse; la última es la del depredador que amenaza lugares como Groenlandia, en el flanco occidental de Europa, mientras Rusia amenaza el flanco oriental.Los militares, desde el cuartel general supremo de la OTAN en Mons hasta las unidades de primera línea, pasando por los mandos subordinados, ven hoy, sobre todo, la encarnación del «amor duro»: los soldados europeos y estadounidenses planifican y se entrenan como lo han hecho durante décadas, y confían en que Estados Unidos coordine su retirada con el refuerzo europeo, sin dejar ningún vacío.Sin embargo, Trump es susceptible y caprichoso. En mayo, el Pentágono anunció de forma abrupta que retiraría 5000 soldados de Alemania, después de que Trump se tomara a mal las críticas del canciller alemán, Friedrich Merz, a la guerra en Irán. Paradójicamente, el Pentágono también ha dado bandazos con respecto a la sustitución de la brigada que se retiró recientemente de Polonia y Lituania —dos de los Estados europeos más proestadounidenses—. Pete Hegseth, secretario de guerra de Estados Unidos, reprendió a los «vergonzosos» aliados europeos que se mantuvieron al margen de la guerra de Estados Unidos en Irán y que, en algunos casos, negaron a sus fuerzas el uso de bases y del espacio aéreo europeos. Asimismo, anunció una revisión de seis meses de las fuerzas estadounidenses desplegadas en Europa, cuyo número ya se ha reducido de unos 100.000 efectivos a alrededor de 80.000.Además de recortar las unidades de primera línea, el Pentágono ha reducido las fuerzas de reacción rápida que se compromete a enviar a la OTAN en caso de guerra, alegando que son necesarias para hacer frente a crisis reales o potenciales en Oriente Medio y el Pacífico. Entre ellas figuran bombarderos, aviones de combate, aviones cisterna y buques de guerra, como un portaaviones y un submarino de ataque. Esto pone en entredicho el «Modelo de Fuerzas de la OTAN», que establece con qué medios pueden contar los comandantes.Una Europa desestabilizada por TrumpAlgunos miembros de la Administración Trump insinúan que no lucharían por los Estados bálticos y, lo que es peor, expresan su preocupación por el riesgo de escalada si la OTAN despliega misiles capaces de alcanzar el interior del territorio ruso. Se ha cancelado el despliegue previsto en Alemania de una unidad equipada con misiles de crucero Tomahawk, con un alcance de hasta 2.500 km. También se está retrasando el pedido de misiles Tomahawk por parte de la propia Alemania y, temporalmente, se impidió a los aliados utilizar los modelos de inteligencia artificial más avanzados. En cuanto a la versión tóxica de Trump, su administración sigue desestabilizando la política europea al fomentar narrativas de extrema derecha.Cuanto más antieuropeo se vuelva Estados Unidos, más se animará Rusia a enfrentarse a la OTAN y más difícil resultará para los europeos defenderse. Rusia no necesita lanzar un ataque frontal. A muchos les preocupa que una acción limitada y ambigua pueda poner de manifiesto, de forma fatal, las divisiones existentes en el seno de la OTAN.Si Rusia invadiera los Estados bálticos, podría intentar cortar el corredor de Suwalki para impedir la llegada de refuerzos de la OTANPara comprender estas complejidades, basta con recorrer en coche el trayecto desde Lituania hasta la ciudad polaca de Suwalki, atravesando la franja de territorio situada entre Bielorrusia y Kaliningrado. Sus cementerios, que acogen a siete confesiones religiosas, dan testimonio de las cambiantes fronteras y de los ejércitos que han pasado por allí. Con unos 65 km en su punto más estrecho, el corredor alberga dos grandes arterias que conectan los Estados bálticos con el interior de Europa: la autopista Vía Báltica y la línea ferroviaria de alta velocidad Rail Baltica. Ambos proyectos permanecen incompletos, en parte debido a desacuerdos entre los propios países bálticos. Sin embargo, son vitales tanto para el comercio en tiempos de paz como para la logística en tiempos de guerra. Incluso hoy, en virtud de acuerdos anteriores, trenes especiales rusos atraviesan el sur de Lituania, transportando pasajeros entre Kaliningrado y el interior de Rusia cuatro veces al día en vagones sellados y vigilados por guardias fronterizos lituanos. El tránsito de mercancías también está restringido. Las repúblicas bálticas se han sentido vulnerables desde hace tiempo debido a su escasa población, a la presencia de minorías de habla rusa y al revanchismo del Kremlin. Se enfrentan con frecuencia a actos de acoso por parte de Rusia en la denominada «zona gris»: ciberataques, incursiones de aviones y drones, sabotajes de cables submarinos y campañas de desinformación, entre otros tipos de agresiones. Vilna se encuentra a solo 35 km de Bielorrusia, cuyas bandas criminales envían migrantes y globos cargados de cigarrillos de contrabando a través de la frontera. Si Rusia invadiera los Estados bálticos, podría intentar cortar el corredor de Suwalki para impedir la llegada de refuerzos de la OTAN, quizá utilizando únicamente drones.El ejemplo de Ucrania¿Cómo podría desarrollarse una guerra de este tipo, con y sin la ayuda estadounidense? La OTAN solía dar por hecho que tendría que replegarse, reunir refuerzos y, posteriormente, intentar recuperar el corredor de Suwalki. Hoy, sin embargo, su objetivo es conservar el mayor territorio posible.Ucrania demuestra que los ejércitos más pequeños pueden detener a Rusia e incluso hacerla retroceder con la combinación adecuada de determinación, tecnología y apoyo. La OTAN ha reforzado su flanco oriental al aumentar de cuatro a nueve sus grupos de combate rotatorios —batallones reforzados—. Algunos, como el alemán desplegado en Lituania, se han ampliado hasta convertirse en brigadas, normalmente compuestas por tres batallones. Los países bálticos y Polonia también han reforzado sus capacidades: el gasto en defensa de todos ellos alcanzará este año el 5% del PIB o incluso lo superará, y Lituania está consolidando sus unidades dispersas en una división blindada pesada —integrada por tres brigadas— que contará con unos 20.000 efectivos y estará equipada con carros de combate Leopard alemanes, vehículos de combate de infantería CV90 suecos, artillería César francesa y misiles HIMARS estadounidenses.Los aviones y misiles de largo alcance de la OTAN neutralizarían las baterías antiaéreas y antibuque rusasGran parte del terreno de Lituania —pantanoso y boscoso— favorece al defensor, especialmente en la era de los drones. Si, a pesar de todo, el corredor de Suwalki quedara cortado, sería más fácil reabastecer a los Estados bálticos por mar, ya que Suecia y Finlandia se han incorporado a la OTAN. Instructores estadounidenses también han estado entrenando a la Unión de Fusileros de Lituania, una milicia voluntaria, en aspectos como las incursiones y los secuestros en caso de ocupación. Si Rusia atacara, afirma el contralmirante Giedrius Premeneckas, uno de los altos mandos lituanos, «cometería un error enorme, mucho mayor que el que cometió al atacar Ucrania».La OTAN reconoce que aún tiene mucho que aprender del campo de batalla ucraniano, dominado por los drones: en los ejercicios de este año, los equipos ucranianos de drones aniquilaron batallones enteros de la OTAN, y en «Freedom Shield» el grupo de combate multinacional utilizó drones y otras armas para repeler a una unidad alemana que simulaba ser las fuerzas invasoras rusas. Aun así, el tanque dista mucho de ser un arma obsoleta, insiste el teniente coronel Hagen. La guerra del futuro requerirá una mejor protección frente a los drones e implicará un mayor uso de vehículos terrestres no tripulados, pero «sigue siendo necesario contar con tanques para conquistar y mantener el terreno».Con Estados Unidos implicado en el conflicto, los mandos de la OTAN calculan que las operaciones «multidominio» en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio —todas ellas posibilitadas por redes de datos que conectan sensores con sistemas de armas y gestionadas mediante inteligencia artificial— les permitirán maniobrar, adelantarse a las unidades de drones y dominar a las fuerzas rusas. Los aviones y misiles de largo alcance de la OTAN neutralizarían las baterías antiaéreas y antibuque rusas. El punto más vulnerable del campo de batalla podría no ser el corredor de Suwalki, sino Kaliningrado, que, según advierte el almirante Premeneckas, «no quedará al margen de las acciones militares si Rusia comete alguna estupidez».De Ismay a la consternación¿Cómo lucharía Europa si Estados Unidos le retirara todo su apoyo? La 45.ª Brigada insiste en que dispone de todo el material que necesita, tanto en Lituania como en Alemania. Ruben Stewart, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un centro de estudios con sede en Londres, sostiene en un artículo reciente que los ejércitos europeos igualan o superan las capacidades rusas en muchos ámbitos. Sin embargo, Estados Unidos sigue proporcionando el «sistema operativo» de la OTAN, que incluye inteligencia, drones y satélites de vigilancia, armas de largo alcance, defensas aéreas y transporte aéreo.Sin Estados Unidos, «lo que desaparecería de forma más crítica no sería la masa, sino la integración», argumenta Stewart. Los ejércitos europeos tendrían que combatir «con más cautela y de forma más deliberada». Dispondrían de menos información previa sobre los movimientos de las tropas rusas y tendrían menos certeza sobre su dirección, por lo que tendrían que desplegarse de forma más dispersa. Además, estarían menos coordinados, ya que las señales de satélite, las comunicaciones y los flujos de datos serían menos fiables. Las fuerzas aéreas y terrestres combatirían en gran medida por separado, y las defensas aéreas rusas podrían sobrevivir y los europeos podrían carecer de los medios necesarios para derribar drones y misiles rusos. Todo ello dificultaría el ataque contra objetivos lejanos y expondría la retaguardia de la OTAN a mayores daños.Europa no podría librar una guerra de maniobras. «Sería una guerra de denegación, desgaste y resistencia, que sacrifica la velocidad en aras de la sostenibilidad y busca la victoria a largo plazo en lugar de desde el principio», escribe Stewart, o, como lo expresa un alto mando de la OTAN, «se parecería más a Ucrania que al campo de batalla que esperaríamos». Una guerra de desgaste, estática, sangrienta y prolongada podría, a su vez, resultar difícil de sostener políticamente.Sin EE.UU., los ejércitos europeos tendrían que combatir «con más cautela y de forma más deliberada»Las armas de «ataque en profundidad», con un alcance de 1.000 km o más, ilustran el dilema al que se enfrenta Europa. Los misiles Taurus, de fabricación alemana, y los misiles franco-británicos SCALP/Storm Shadow tienen un alcance de unos 500 km. Ante la reticencia de Estados Unidos a suministrar misiles Tomahawk, los europeos buscan alternativas con urgencia. Alemania colabora con el Reino Unido en el desarrollo de misiles de crucero hipersónicos y furtivos, y con Ucrania en armas más sencillas, pero ya probadas en combate. Otros actores, entre ellos el consorcio MBDA, también están desarrollando sistemas similares. Sin embargo, para utilizarlos con eficacia, los europeos necesitan redes de vigilancia y comunicaciones espaciales. Alemania tiene previsto invertir 35.000 millones de euros en este tipo de capacidades.La sombra de las armas nuclearesCualquier guerra se libraría también bajo la sombra de las armas nucleares, que Rusia ha amenazado con emplear en Ucrania. La idea de que incluso un Estados Unidos de «mano dura» pueda mantener la disuasión nuclear al tiempo que reduce sus compromisos convencionales es discutible. «Si los estadounidenses dan a entender que no quieren enviar a sus tropas convencionales a luchar por Letonia o Polonia, ¿hasta qué punto resulta creíble que estén dispuestos a arriesgarse a una guerra nuclear?», se pregunta Artur Kacprzyk, del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, un centro de estudios.El Reino Unido y Francia, con arsenales de unas 200 ojivas cada uno, frente a las más de 5.000 de las que disponen tanto Estados Unidos como Rusia, han declarado que «no existe ninguna amenaza extrema para Europa que no provoque una respuesta por parte de nuestras dos naciones». Sin embargo, sin el paraguas nuclear estadounidense, los países europeos se mostrarán inevitablemente más cautelosos ante una guerra con Rusia.Es más, sin el liderazgo de Estados Unidos, una OTAN exclusivamente europea corre el riesgo de caer en la «inercia política», afirma Christian Mölling, de EDINA, un centro de estudios con sede en Berlín. Un simulacro de guerra celebrado el año pasado y patrocinado en parte por el periódico alemán Die Welt imaginaba que Rusia utilizaba una crisis humanitaria en Kaliningrado como pretexto para apoderarse del corredor de Suwalki. Estados Unidos se negaba a invocar el artículo 5 y la brigada alemana no intervenía, en parte porque los drones rusos habían minado las carreteras que salían de su base. El ejercicio presentaba algunas limitaciones —ignoraba las propias fuerzas de Lituania, que no dudarían en resistir—, pero puso de relieve posibles escollos.Los países europeos saben que deben reducir su dependencia de Estados Unidos, pero discrepan sobre cuáles deben ser sus prioridades. ¿Deberían comprar armas ya disponibles, incluidas las estadounidenses, o dedicar tiempo a desarrollar las suyas propias? Para algunos altos mandos franceses, la prioridad consiste en crear sistemas europeos de comunicaciones, nubes de datos y modelos de inteligencia artificial. Alemania, por el contrario, quiere reforzar las unidades convencionales, sobre todo mediante la adquisición de tanques y munición. Muchos aliados se muestran, no obstante, reacios a dar la espalda a Estados Unidos, por miedo a que sus propios temores acaben convirtiéndose en una profecía autocumplida.¿Cuánto tiempo le queda a Europa? El irascible Trump podría darle la espalda en cualquier momentoUn informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, otro centro de estudios, sostiene que la plena autonomía europea está fuera de alcance y propone que el mando de la OTAN adopte una estructura de «doble mando» que permita llevar a cabo operaciones exclusivamente europeas, aunque ello requeriría el consentimiento de Estados Unidos.¿Cuánto tiempo le queda a Europa? El irascible Trump podría darle la espalda en cualquier momento. Putin podría decidir desafiar a los europeos antes de que estén preparados. Otra incógnita es si Europa logrará mantenerse unida si los populistas de extrema derecha llegan al poder en el Reino Unido, Francia o Alemania. En cualquier caso, la defensa de Europa comienza por ayudar a Ucrania: cuanto más tiempo pueda resistir frente a Rusia, mejores condiciones podrá obtener en un eventual acuerdo de paz y más margen tendrán los europeos para prepararse. No debería ser una misión imposible. Como afirma Radek Sikorski, ministro de asuntos exteriores de Polonia, Europa no necesita ser «heroica» ni igualar la capacidad estadounidense: «ni siquiera tenemos que ser tan buenos como Estados Unidos, solo tenemos que ser mejores que Putin».
Esas extrañas criaturas emergen del bosque con estruendo, con el cuerpo cubierto de musgo, tela rasgada y hierba de plástico, y la cabeza velada por mallas negras. Los tanques Leopard y los vehículos de combate de infantería Puma de la 45.ª Brigada Panzer alemana … llevan un camuflaje especial para ocultarse de los drones enemigos. Durante un mes, la unidad se entrenó a lo largo de la frontera entre Lituania y Bielorrusia, un Estado satélite de Rusia, como parte del ejercicio ‘Freedom Shield’, concluido recientemente. El objetivo: estar preparados para «luchar esta misma noche» con el fin de defender Vilna, la capital de Lituania, y mantener el control del corredor de Suwalki, que conecta los países bálticos con Polonia.
Con ese propósito, la 45.ª Brigada no regresará a casa. Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, Alemania despliega de forma permanente unidades militares en el extranjero. Estas tropas constituyen la punta de lanza de un ejército que se está expandiendo con el objetivo de convertirse en el mayor de Europa. Contarán con los modelos más recientes de blindados, artillería, drones y sistemas antiaéreos, a medida que la unidad pase de 1.600 soldados a unos 5.000 a finales de 2027.
Las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región, por su parte, se están reduciendo. Una unidad de tanques estadounidense —el 1er Batallón del 12.º Regimiento de Caballería— se entrenó durante meses en la misma zona. Sin embargo, se retiró en junio junto con el resto de su brigada en Polonia. Nadie sabe cuándo la sustituirá otra unidad estadounidense, ni siquiera si tal cosa llegará a suceder algún día.
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Tectónica teutónica
Aunque Alemania tiene dificultades para reclutar suficientes voluntarios —es posible que sea necesario ordenar a algunos soldados que se incorporen a la brigada—, los lituanos colman de gratitud a las tropas alemanas, afirma el teniente coronel Sebastian Hagen, comandante del grupo de combate multinacional que constituye el núcleo de la brigada. «Lo que estamos haciendo ahora es lo que todos los aliados hicieron por Alemania durante la Guerra Fría», afirma. «El flanco oriental se ha desplazado más hacia el este y ahora le corresponde a Alemania devolver parte del favor».
La misión resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que los ejércitos alemanes —teutónicos, prusianos, imperiales y nazis— han sido, por lo general, invasores en esta región. Durante la Segunda Guerra Mundial, conquistaron Polonia, los Estados bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) y gran parte del oeste de Rusia. Tras la rendición de la Alemania nazi en 1945, la Unión Soviética se apoderó de las repúblicas bálticas, que no recuperaron la independencia hasta el colapso de aquella en 1991. Los soviéticos también ocuparon la ciudad alemana de Königsberg, hoy convertida en el enclave ruso de Kaliningrado. «Somos muy conscientes de lo que hizo la Alemania nazi aquí, en Lituania. También somos conscientes de lo que la ocupación soviética le hizo a Lituania», añade el teniente coronel Hagen. Cuando no está entrenándose, la brigada colabora en la conservación de las fosas de guerra y de los cementerios judíos.
A finales de la década, Alemania podría estar destinando a sus fuerzas armadas más recursos que el Reino Unido y Francia juntos
El propósito de la OTAN, según declaró Lord Ismay, su primer secretario general, era «mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes sometidos». Sin embargo, mientras el presidente Donald Trump se preparaba para reunirse con los demás líderes de la OTAN en Ankara los días 7 y 8 de julio, Alemania da un paso al frente para mantener a los rusos fuera y, espera, a los estadounidenses dentro. En el marco de un plan denominado «OTAN 3.0», Estados Unidos exige que los europeos asuman el liderazgo de su propia defensa convencional, mientras el país norteamericano proporciona el paraguas nuclear.
Este planteamiento encaja con la determinación de Alemania, surgida tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, de dejar de ser un país rezagado en materia de defensa para convertirse en un pilar fundamental de la seguridad europea. Alemania tiene previsto alcanzar el objetivo de la OTAN de destinar el 3,5% del PIB a defensa en 2029, mucho antes de la fecha límite fijada para 2035. A finales de la década, podría estar destinando a sus fuerzas armadas más recursos que el Reino Unido y Francia —ambos con armamento nuclear— juntos.
Sin embargo, el dinero por sí solo no bastará para alcanzar la autosuficiencia. En conjunto, los miembros europeos de la OTAN ya gastan más en defensa que cualquier otro país, salvo Estados Unidos. Aun así, siguen siendo «estratégicamente dependientes de Estados Unidos en toda la cadena de operaciones militares», afirma un informe del Instituto de Kiel, un centro de estudios alemán.
La amenaza rusa y el ‘America First’
La urgencia con la que Europa necesita cambiar depende de dos grandes cuestiones que planean sobre la cumbre. En primer lugar, ¿hasta qué punto representa Vladímir Putin una amenaza? Rusia ha reorganizado su frente ante la OTAN con nuevas unidades, bases y cuarteles generales preparados para futuras fuerzas de combate. La OTAN estima que Rusia podría convertirse en una amenaza para sus miembros pocos años después de que cesen o disminuyan los combates en Ucrania, Alemania quiere estar preparada para 2029 y Polonia sostiene que el peligro podría estar aún más cerca.
La otra cuestión es qué augura el ‘America First’ para Europa. Imaginemos cuatro encarnaciones de Trump, todas ellas plausibles: una es la del adulto de mano dura, que empuja a Europa a reforzarse mientras la protege en situaciones extremas, de conformidad con el artículo 5 de la OTAN sobre defensa colectiva; otra es la del amigo ausente, reacio a luchar por Europa, pero que sigue proporcionando algún tipo de apoyo indirecto; una tercera es la de la expareja tóxica, que abandona a Europa sin abandonar el hogar común de la OTAN, convirtiendo en un infierno la vida de los europeos que intentan organizarse; la última es la del depredador que amenaza lugares como Groenlandia, en el flanco occidental de Europa, mientras Rusia amenaza el flanco oriental.
Los militares, desde el cuartel general supremo de la OTAN en Mons hasta las unidades de primera línea, pasando por los mandos subordinados, ven hoy, sobre todo, la encarnación del «amor duro»: los soldados europeos y estadounidenses planifican y se entrenan como lo han hecho durante décadas, y confían en que Estados Unidos coordine su retirada con el refuerzo europeo, sin dejar ningún vacío.
Sin embargo, Trump es susceptible y caprichoso. En mayo, el Pentágono anunció de forma abrupta que retiraría 5000 soldados de Alemania, después de que Trump se tomara a mal las críticas del canciller alemán, Friedrich Merz, a la guerra en Irán. Paradójicamente, el Pentágono también ha dado bandazos con respecto a la sustitución de la brigada que se retiró recientemente de Polonia y Lituania —dos de los Estados europeos más proestadounidenses—. Pete Hegseth, secretario de guerra de Estados Unidos, reprendió a los «vergonzosos» aliados europeos que se mantuvieron al margen de la guerra de Estados Unidos en Irán y que, en algunos casos, negaron a sus fuerzas el uso de bases y del espacio aéreo europeos. Asimismo, anunció una revisión de seis meses de las fuerzas estadounidenses desplegadas en Europa, cuyo número ya se ha reducido de unos 100.000 efectivos a alrededor de 80.000.
Además de recortar las unidades de primera línea, el Pentágono ha reducido las fuerzas de reacción rápida que se compromete a enviar a la OTAN en caso de guerra, alegando que son necesarias para hacer frente a crisis reales o potenciales en Oriente Medio y el Pacífico. Entre ellas figuran bombarderos, aviones de combate, aviones cisterna y buques de guerra, como un portaaviones y un submarino de ataque. Esto pone en entredicho el «Modelo de Fuerzas de la OTAN», que establece con qué medios pueden contar los comandantes.
Una Europa desestabilizada por Trump
Algunos miembros de la Administración Trump insinúan que no lucharían por los Estados bálticos y, lo que es peor, expresan su preocupación por el riesgo de escalada si la OTAN despliega misiles capaces de alcanzar el interior del territorio ruso. Se ha cancelado el despliegue previsto en Alemania de una unidad equipada con misiles de crucero Tomahawk, con un alcance de hasta 2.500 km. También se está retrasando el pedido de misiles Tomahawk por parte de la propia Alemania y, temporalmente, se impidió a los aliados utilizar los modelos de inteligencia artificial más avanzados. En cuanto a la versión tóxica de Trump, su administración sigue desestabilizando la política europea al fomentar narrativas de extrema derecha.
Cuanto más antieuropeo se vuelva Estados Unidos, más se animará Rusia a enfrentarse a la OTAN y más difícil resultará para los europeos defenderse. Rusia no necesita lanzar un ataque frontal. A muchos les preocupa que una acción limitada y ambigua pueda poner de manifiesto, de forma fatal, las divisiones existentes en el seno de la OTAN.
Si Rusia invadiera los Estados bálticos, podría intentar cortar el corredor de Suwalki para impedir la llegada de refuerzos de la OTAN
Para comprender estas complejidades, basta con recorrer en coche el trayecto desde Lituania hasta la ciudad polaca de Suwalki, atravesando la franja de territorio situada entre Bielorrusia y Kaliningrado. Sus cementerios, que acogen a siete confesiones religiosas, dan testimonio de las cambiantes fronteras y de los ejércitos que han pasado por allí. Con unos 65 km en su punto más estrecho, el corredor alberga dos grandes arterias que conectan los Estados bálticos con el interior de Europa: la autopista Vía Báltica y la línea ferroviaria de alta velocidad Rail Baltica.
Ambos proyectos permanecen incompletos, en parte debido a desacuerdos entre los propios países bálticos. Sin embargo, son vitales tanto para el comercio en tiempos de paz como para la logística en tiempos de guerra. Incluso hoy, en virtud de acuerdos anteriores, trenes especiales rusos atraviesan el sur de Lituania, transportando pasajeros entre Kaliningrado y el interior de Rusia cuatro veces al día en vagones sellados y vigilados por guardias fronterizos lituanos. El tránsito de mercancías también está restringido.
Las repúblicas bálticas se han sentido vulnerables desde hace tiempo debido a su escasa población, a la presencia de minorías de habla rusa y al revanchismo del Kremlin. Se enfrentan con frecuencia a actos de acoso por parte de Rusia en la denominada «zona gris»: ciberataques, incursiones de aviones y drones, sabotajes de cables submarinos y campañas de desinformación, entre otros tipos de agresiones. Vilna se encuentra a solo 35 km de Bielorrusia, cuyas bandas criminales envían migrantes y globos cargados de cigarrillos de contrabando a través de la frontera. Si Rusia invadiera los Estados bálticos, podría intentar cortar el corredor de Suwalki para impedir la llegada de refuerzos de la OTAN, quizá utilizando únicamente drones.
El ejemplo de Ucrania
¿Cómo podría desarrollarse una guerra de este tipo, con y sin la ayuda estadounidense? La OTAN solía dar por hecho que tendría que replegarse, reunir refuerzos y, posteriormente, intentar recuperar el corredor de Suwalki. Hoy, sin embargo, su objetivo es conservar el mayor territorio posible.
Ucrania demuestra que los ejércitos más pequeños pueden detener a Rusia e incluso hacerla retroceder con la combinación adecuada de determinación, tecnología y apoyo. La OTAN ha reforzado su flanco oriental al aumentar de cuatro a nueve sus grupos de combate rotatorios —batallones reforzados—. Algunos, como el alemán desplegado en Lituania, se han ampliado hasta convertirse en brigadas, normalmente compuestas por tres batallones. Los países bálticos y Polonia también han reforzado sus capacidades: el gasto en defensa de todos ellos alcanzará este año el 5% del PIB o incluso lo superará, y Lituania está consolidando sus unidades dispersas en una división blindada pesada —integrada por tres brigadas— que contará con unos 20.000 efectivos y estará equipada con carros de combate Leopard alemanes, vehículos de combate de infantería CV90 suecos, artillería César francesa y misiles HIMARS estadounidenses.
Los aviones y misiles de largo alcance de la OTAN neutralizarían las baterías antiaéreas y antibuque rusas
Gran parte del terreno de Lituania —pantanoso y boscoso— favorece al defensor, especialmente en la era de los drones. Si, a pesar de todo, el corredor de Suwalki quedara cortado, sería más fácil reabastecer a los Estados bálticos por mar, ya que Suecia y Finlandia se han incorporado a la OTAN. Instructores estadounidenses también han estado entrenando a la Unión de Fusileros de Lituania, una milicia voluntaria, en aspectos como las incursiones y los secuestros en caso de ocupación. Si Rusia atacara, afirma el contralmirante Giedrius Premeneckas, uno de los altos mandos lituanos, «cometería un error enorme, mucho mayor que el que cometió al atacar Ucrania».
La OTAN reconoce que aún tiene mucho que aprender del campo de batalla ucraniano, dominado por los drones: en los ejercicios de este año, los equipos ucranianos de drones aniquilaron batallones enteros de la OTAN, y en «Freedom Shield» el grupo de combate multinacional utilizó drones y otras armas para repeler a una unidad alemana que simulaba ser las fuerzas invasoras rusas. Aun así, el tanque dista mucho de ser un arma obsoleta, insiste el teniente coronel Hagen. La guerra del futuro requerirá una mejor protección frente a los drones e implicará un mayor uso de vehículos terrestres no tripulados, pero «sigue siendo necesario contar con tanques para conquistar y mantener el terreno».
Con Estados Unidos implicado en el conflicto, los mandos de la OTAN calculan que las operaciones «multidominio» en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio —todas ellas posibilitadas por redes de datos que conectan sensores con sistemas de armas y gestionadas mediante inteligencia artificial— les permitirán maniobrar, adelantarse a las unidades de drones y dominar a las fuerzas rusas. Los aviones y misiles de largo alcance de la OTAN neutralizarían las baterías antiaéreas y antibuque rusas. El punto más vulnerable del campo de batalla podría no ser el corredor de Suwalki, sino Kaliningrado, que, según advierte el almirante Premeneckas, «no quedará al margen de las acciones militares si Rusia comete alguna estupidez».
De Ismay a la consternación
¿Cómo lucharía Europa si Estados Unidos le retirara todo su apoyo? La 45.ª Brigada insiste en que dispone de todo el material que necesita, tanto en Lituania como en Alemania. Ruben Stewart, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un centro de estudios con sede en Londres, sostiene en un artículo reciente que los ejércitos europeos igualan o superan las capacidades rusas en muchos ámbitos. Sin embargo, Estados Unidos sigue proporcionando el «sistema operativo» de la OTAN, que incluye inteligencia, drones y satélites de vigilancia, armas de largo alcance, defensas aéreas y transporte aéreo.
Sin Estados Unidos, «lo que desaparecería de forma más crítica no sería la masa, sino la integración», argumenta Stewart. Los ejércitos europeos tendrían que combatir «con más cautela y de forma más deliberada». Dispondrían de menos información previa sobre los movimientos de las tropas rusas y tendrían menos certeza sobre su dirección, por lo que tendrían que desplegarse de forma más dispersa. Además, estarían menos coordinados, ya que las señales de satélite, las comunicaciones y los flujos de datos serían menos fiables. Las fuerzas aéreas y terrestres combatirían en gran medida por separado, y las defensas aéreas rusas podrían sobrevivir y los europeos podrían carecer de los medios necesarios para derribar drones y misiles rusos. Todo ello dificultaría el ataque contra objetivos lejanos y expondría la retaguardia de la OTAN a mayores daños.
Europa no podría librar una guerra de maniobras. «Sería una guerra de denegación, desgaste y resistencia, que sacrifica la velocidad en aras de la sostenibilidad y busca la victoria a largo plazo en lugar de desde el principio», escribe Stewart, o, como lo expresa un alto mando de la OTAN, «se parecería más a Ucrania que al campo de batalla que esperaríamos». Una guerra de desgaste, estática, sangrienta y prolongada podría, a su vez, resultar difícil de sostener políticamente.
Sin EE.UU., los ejércitos europeos tendrían que combatir «con más cautela y de forma más deliberada»
Las armas de «ataque en profundidad», con un alcance de 1.000 km o más, ilustran el dilema al que se enfrenta Europa. Los misiles Taurus, de fabricación alemana, y los misiles franco-británicos SCALP/Storm Shadow tienen un alcance de unos 500 km. Ante la reticencia de Estados Unidos a suministrar misiles Tomahawk, los europeos buscan alternativas con urgencia. Alemania colabora con el Reino Unido en el desarrollo de misiles de crucero hipersónicos y furtivos, y con Ucrania en armas más sencillas, pero ya probadas en combate. Otros actores, entre ellos el consorcio MBDA, también están desarrollando sistemas similares. Sin embargo, para utilizarlos con eficacia, los europeos necesitan redes de vigilancia y comunicaciones espaciales. Alemania tiene previsto invertir 35.000 millones de euros en este tipo de capacidades.
La sombra de las armas nucleares
Cualquier guerra se libraría también bajo la sombra de las armas nucleares, que Rusia ha amenazado con emplear en Ucrania. La idea de que incluso un Estados Unidos de «mano dura» pueda mantener la disuasión nuclear al tiempo que reduce sus compromisos convencionales es discutible. «Si los estadounidenses dan a entender que no quieren enviar a sus tropas convencionales a luchar por Letonia o Polonia, ¿hasta qué punto resulta creíble que estén dispuestos a arriesgarse a una guerra nuclear?», se pregunta Artur Kacprzyk, del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, un centro de estudios.
El Reino Unido y Francia, con arsenales de unas 200 ojivas cada uno, frente a las más de 5.000 de las que disponen tanto Estados Unidos como Rusia, han declarado que «no existe ninguna amenaza extrema para Europa que no provoque una respuesta por parte de nuestras dos naciones». Sin embargo, sin el paraguas nuclear estadounidense, los países europeos se mostrarán inevitablemente más cautelosos ante una guerra con Rusia.
Es más, sin el liderazgo de Estados Unidos, una OTAN exclusivamente europea corre el riesgo de caer en la «inercia política», afirma Christian Mölling, de EDINA, un centro de estudios con sede en Berlín. Un simulacro de guerra celebrado el año pasado y patrocinado en parte por el periódico alemán Die Welt imaginaba que Rusia utilizaba una crisis humanitaria en Kaliningrado como pretexto para apoderarse del corredor de Suwalki. Estados Unidos se negaba a invocar el artículo 5 y la brigada alemana no intervenía, en parte porque los drones rusos habían minado las carreteras que salían de su base. El ejercicio presentaba algunas limitaciones —ignoraba las propias fuerzas de Lituania, que no dudarían en resistir—, pero puso de relieve posibles escollos.
Los países europeos saben que deben reducir su dependencia de Estados Unidos, pero discrepan sobre cuáles deben ser sus prioridades. ¿Deberían comprar armas ya disponibles, incluidas las estadounidenses, o dedicar tiempo a desarrollar las suyas propias? Para algunos altos mandos franceses, la prioridad consiste en crear sistemas europeos de comunicaciones, nubes de datos y modelos de inteligencia artificial. Alemania, por el contrario, quiere reforzar las unidades convencionales, sobre todo mediante la adquisición de tanques y munición. Muchos aliados se muestran, no obstante, reacios a dar la espalda a Estados Unidos, por miedo a que sus propios temores acaben convirtiéndose en una profecía autocumplida.
¿Cuánto tiempo le queda a Europa? El irascible Trump podría darle la espalda en cualquier momento
Un informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, otro centro de estudios, sostiene que la plena autonomía europea está fuera de alcance y propone que el mando de la OTAN adopte una estructura de «doble mando» que permita llevar a cabo operaciones exclusivamente europeas, aunque ello requeriría el consentimiento de Estados Unidos.
¿Cuánto tiempo le queda a Europa? El irascible Trump podría darle la espalda en cualquier momento. Putin podría decidir desafiar a los europeos antes de que estén preparados. Otra incógnita es si Europa logrará mantenerse unida si los populistas de extrema derecha llegan al poder en el Reino Unido, Francia o Alemania. En cualquier caso, la defensa de Europa comienza por ayudar a Ucrania: cuanto más tiempo pueda resistir frente a Rusia, mejores condiciones podrá obtener en un eventual acuerdo de paz y más margen tendrán los europeos para prepararse. No debería ser una misión imposible. Como afirma Radek Sikorski, ministro de asuntos exteriores de Polonia, Europa no necesita ser «heroica» ni igualar la capacidad estadounidense: «ni siquiera tenemos que ser tan buenos como Estados Unidos, solo tenemos que ser mejores que Putin».
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