La salud de los españoles toca techo a los 75 desde los años 80: solo cuatro de cada diez la percibe como buena

En las últimas cuatro décadas ha aumentado la población que se considera con buena salud, pero la mejora se estanca a partir de esa edad.
Más información: Ni la dieta ni el ejercicio: la biología explica por qué envejecemos de golpe a los 44 y a los 60 años en España En las últimas cuatro décadas ha aumentado la población que se considera con buena salud, pero la mejora se estanca a partir de esa edad.
Más información: Ni la dieta ni el ejercicio: la biología explica por qué envejecemos de golpe a los 44 y a los 60 años en España  

Las claves

nuevo
Generado con IA

Solo el 40% de los españoles mayores de 75 años percibe su salud como buena, una cifra apenas superior al 37% registrado en 1987.

La percepción de buena salud ha mejorado significativamente en personas de 45 a 74 años, con incrementos de hasta 19 puntos porcentuales en algunos grupos.

A pesar de los avances médicos y el aumento de la esperanza de vida, la percepción de salud entre los mayores de 75 años se mantiene prácticamente estancada.

Factores como la soledad, el edadismo y una mayor exigencia cultural afectan la percepción de salud de los mayores, a pesar de vivir más años.

Son muchas cosas las que han cambiado en nuestro país desde 1987. Una nación que se debatía entre la modernidad y la tradición —o abrazaba ambas, como el cine de Almodóvar— y de la que apenas queda rastro hoy en día.

Una de las cosas que más ha cambiado desde entonces es la salud de los españoles, y lo ha hecho para bien.

No hay más que ver las diferencias en esperanza de vida: si a finales de los 80 estaba en torno a los 76 años (y fuera del top 10 de países más longevos), en 2023 casi alcanzaba los 84 (y consolidados en el podio mundial).

Pese a ello, estos casi 40 años no parecen haber hecho mella en nuestros mayores, cuya percepción de la salud sigue prácticamente igual.

Así lo detalla una revisión de las encuestas de salud en España, un estudio periódico nacional que se inició en 1987 y cuya última edición es la de 2023.

Mientras que la salud de las personas de mediana edad ha mejorado drásticamente y la de los jóvenes ya era de por sí buena, al llegar a los 75 años hay un frenazo.

A pesar de la distancia entre una persona mayor de 75 en los años 80 y en la actualidad, la percepción de la salud de ambas es igualmente mala.

En 1987, solo el 37% de las personas en esta franja de edad afirmaba gozar de buena salud. Pasados 36 años, el porcentaje solo aumenta ligeramente, hasta el 40%.

Un aumento de tres puntos porcentuales que también se produce en otras franjas de edad más jóvenes, pero por una razón: la salud percibida era tan buena que no tiene mucho más espacio para crecer.

Así, la franja de edad de 5 a 14 años llega al 94% de buena salud; entre los 15 y los 24, al 90%, y de los 25 a los 34 años, al 86%.

En cambio, quienes experimentan una mejora espectacular son los individuos que tenían entre 45 y 74 años.

Si de los 45 a los 54 años, la percepción de buena salud ha pasado del 63% al 72%, entre los 55 y 64 aumentó nada menos que 17 puntos porcentuales (del 48% al 65%) y, de los 65 a los 74 años, aún más: 19 puntos (del 40% al 59%).

«Al observar la evolución de la percepción favorable en cada grupo de edad se aprecia una mejora en todos ellos excepto el de 75 y más años», observan los autores del análisis.

«Esa mejora en cada grupo queda enmascarada en el total de la población por el peso creciente de los grupos de mayor edad».

Y es apenas ha cambiado el porcentaje de población que percibe su salud como buena en este tiempo (en torno al 74%), a pesar de que la composición de la misma lo ha hecho notablemente: si la edad media se situaba en 35,5 años en 1987, en 2023 era de 44,2.

«Las mejoras en salud son innegables», afirma Pedro Abizanda con rotundidad. No en vano es director científico del Ciberfes, la red de centros de investigación española sobre fragilidad y envejecimiento saludable.

«Avances en el diagnóstico precoz, en los tratamientos médicos y quirúrgicos, hacen que vivamos más años y más calidad de vida que antes».

Sin embargo, no se pone suficiente énfasis en medidas tan importantes como el ejercicio físico, el mejor tratamiento para conseguir un envejecimiento saludable y reducir la fragilidad, o los aspectos nutricionales estimulando la dieta mediterránea y con un elevado contenido proteico en mayores».

Abizanda señala que se han producido otros cambios, como la disminución del tabaquismo, el mayor número de cribados para la detección temprana del cáncer y la disponibilidad de vacunas, pero eso no parece haber sido suficiente.

«A partir de esa edad se hacen más presentes los problemas de salud importantes que condicionan la fragilidad, discapacidad y dependencia«, pero también surgen los «problemas cognitivos, afectivos, psicológicos, el dolor, las pérdidas, la soledad», etc.

No basta con cumplir años

Algo similar señala Ander Matheu, jefe del grupo de Oncología Celular del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa e investigador del Ciberfes.

Aspectos recientes como el edadismo y la soledad no deseada «pueden influir en que la mejora [de la salud] no haya sido tan alta como en otros grupos poblacionales».

Si bien el investigador sostiene que el aumento, aunque pequeño, es significativo («casi un 10% en términos relativos, el mismo porcentaje que se observa de los 0 a los 54 años»), señala que una mayor atención y seguimiento médico puede hacerles pensar «que están peor de lo que [realmente] están ya que tienen y reciben más información que antiguamente».

El sociólogo y gerontólogo social Santiago Cambero profundiza en lo que implica el cambio en la percepción de la propia salud de las personas mayores.

«Cumplir 75 años en 1985 significaba haber sobrevivido ante circunstancias adversas. Cumplir 75 años en 2026 significa, además, tener que demostrar que se sabe envejecer bien».

La gran diferencia es cultural. «No basta cumplir años; hay que hacerlo bien». Por eso cree que «hay que recuperar una vejez no heroica»

Los límites que se aceptaban de forma natural con el paso del tiempo no sirven ahora, en un «marco cultural de exigencia permanente» y que afecta a los mayores igual que a los más jóvenes.

Es lo que ha definido como «felicracia», la obligación de estar activo, ser vital, resiliente y autónomo.

Y esto es un problema al llegar a una edad que marca «un incremento estadístico del riesgo de dependencia y fragilidad» y en un tiempo de transformación de las redes sociales.

«Las familias son más pequeñas, los hogares unipersonales más frecuentes, los vínculos comunitarios tradicionales más débiles. La vejez contemporánea puede ser más autónoma, pero también más solitaria».

 El Español – Salud

Noticias Relacionadas