La inflación está muy por encima del objetivo del Banco Central Europeo (BCE) , del 2%, y no se prevé una relajación respecto a los precios de la energía. Pero otro problema de todavía mayor calado estará sobre la mesa del consejo de gobierno del BCE este jueves. Los inversores están exigiendo más rentabilidad para prestar dinero a algunos gobiernos europeos, especialmente a Francia , y la preocupación empieza a extenderse a otros países de la eurozona.La rentabilidad de la deuda francesa a diez años llegó a superar el 5,14% el 22 de octubre, su nivel más alto desde 2002. La diferencia con la deuda alemana alcanzó máximos no vistos desde la crisis del euro de 2011. En España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) advirtió el 8 de octubre de que las condiciones de financiación se están endureciendo, hasta el 3% en septiembre. Sólo entre enero y agosto, España ha pagado unos 24.170 millones de euros en intereses de la deuda.Por este motivo, a pesar de que la inflación europea está en el 3,8% y la española rozando el 5%, datos que aconsejan seriamente una subida de los tipos de interés, el BCE optará por congelar su decisión al menos hasta la próxima reunión del consejo de gobierno y Lagarde tendrá que dar explicaciones muy apropiadas para finales de octubre: susto o muerte.La tasa subyacente de inflación en la zona euro, que es la inflación excluyendo energía y alimentos, ha fluctuado entre el 2,4 y el 2,5% en los últimos meses. No es un porcentaje desdeñable, pero será con seguridad el argumento al que se aferren los bancos centrales para no subir los tipos y obligar a los gobiernos europeos, muy especialmente a los más endeudados como es el de España, a pagar todavía más por la financiación de su deuda.La inflación subyacente podría interpretarse como una indicación de que el aumento de la inflación sigue debiéndose casi exclusivamente a los precios de la energía y que apenas hay efectos de segunda ronda. Al menos todo esto no se ha descontrolado tanto como en 2022. En Estados Unidos , la medida de inflación preferida por la Reserva Federal (Fed), el deflactor del gasto de los consumidores, fue un 3,4% más alto en agosto que un año antes. La tasa subyacente de inflación ascendió al 3,0%: ha estado por encima del objetivo durante más de cinco años y medio, y este año la brecha incluso se ha ampliado.«Incluso aunque existe una necesidad fundamental de actuar, es poco probable que ahora ambos bancos centrales cambien sus tipos clave», avanza el economista de Commerzbank, Marco Wagner. Así lo indican recientes declaraciones de representantes del BCE, que han asegurado que «se toman en serio la inflación» y están «siguiendo de cerca» los acontecimientos, que quieren actuar con «mano firme», pero admiten que es «poco probable» que vuelva a subir los tipos de interés esta semana, después de haberlo hecho ya en la reunión de septiembre. Alegan además un argumento de agenda: en diciembre se presentarán nuevas previsiones del equipo de economistas del BCE sobre inflación y crecimiento económico que permitirán tomar la decisión con más base estadística.A pesar de que la inflación europea está en el 3,8% y la española rozando el 5%, datos que aconsejan seriamente una subida de los tipos, el BCE optará por congelar su decisión al menos hasta la próxima reuniónEl economista de ING, Carsten Brzeski, piensa que aún debe hacerse una distinción entre la Fed y el BCE . Para el emisor europeo, dice, las señales de un estancamiento son más claras. «Hasta ahora hemos tenido poco o ningún aumento en la inflación subyacente; al mismo tiempo, tenemos el problema de Francia y el hecho de que el mercado de bonos ha asumido el trabajo del BCE», explica.Esperar a diciembreHolger Schmieding, economista jefe del banco Berenberg con sede en Hamburgo, también está convencido de que esperarán hasta diciembre. En cuanto al BCE, cita dos razones: «Casi no hay señales hasta ahora de que el choque de precios de la energía esté escalando hacia un problema general de inflación» y «los rendimientos de los bonos y, por tanto, los costes de financiación para la economía europea han aumentado considerablemente, lo que está ralentizando la economía y limitando aún más las presiones inflacionarias internas».Cabría recordar que no es tarea del BCE combatir el «aumento fundamentalmente justificado de las primas de riesgo», según su estatuto, que fija como único objetivo de su actividad el mantenimiento de la inflación en la zona euro en torno a 2%, pero la debilidad emergente de la economía del euro será tenida en cuenta sin duda para su política monetaria. La inflación está muy por encima del objetivo del Banco Central Europeo (BCE) , del 2%, y no se prevé una relajación respecto a los precios de la energía. Pero otro problema de todavía mayor calado estará sobre la mesa del consejo de gobierno del BCE este jueves. Los inversores están exigiendo más rentabilidad para prestar dinero a algunos gobiernos europeos, especialmente a Francia , y la preocupación empieza a extenderse a otros países de la eurozona.La rentabilidad de la deuda francesa a diez años llegó a superar el 5,14% el 22 de octubre, su nivel más alto desde 2002. La diferencia con la deuda alemana alcanzó máximos no vistos desde la crisis del euro de 2011. En España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) advirtió el 8 de octubre de que las condiciones de financiación se están endureciendo, hasta el 3% en septiembre. Sólo entre enero y agosto, España ha pagado unos 24.170 millones de euros en intereses de la deuda.Por este motivo, a pesar de que la inflación europea está en el 3,8% y la española rozando el 5%, datos que aconsejan seriamente una subida de los tipos de interés, el BCE optará por congelar su decisión al menos hasta la próxima reunión del consejo de gobierno y Lagarde tendrá que dar explicaciones muy apropiadas para finales de octubre: susto o muerte.La tasa subyacente de inflación en la zona euro, que es la inflación excluyendo energía y alimentos, ha fluctuado entre el 2,4 y el 2,5% en los últimos meses. No es un porcentaje desdeñable, pero será con seguridad el argumento al que se aferren los bancos centrales para no subir los tipos y obligar a los gobiernos europeos, muy especialmente a los más endeudados como es el de España, a pagar todavía más por la financiación de su deuda.La inflación subyacente podría interpretarse como una indicación de que el aumento de la inflación sigue debiéndose casi exclusivamente a los precios de la energía y que apenas hay efectos de segunda ronda. Al menos todo esto no se ha descontrolado tanto como en 2022. En Estados Unidos , la medida de inflación preferida por la Reserva Federal (Fed), el deflactor del gasto de los consumidores, fue un 3,4% más alto en agosto que un año antes. La tasa subyacente de inflación ascendió al 3,0%: ha estado por encima del objetivo durante más de cinco años y medio, y este año la brecha incluso se ha ampliado.«Incluso aunque existe una necesidad fundamental de actuar, es poco probable que ahora ambos bancos centrales cambien sus tipos clave», avanza el economista de Commerzbank, Marco Wagner. Así lo indican recientes declaraciones de representantes del BCE, que han asegurado que «se toman en serio la inflación» y están «siguiendo de cerca» los acontecimientos, que quieren actuar con «mano firme», pero admiten que es «poco probable» que vuelva a subir los tipos de interés esta semana, después de haberlo hecho ya en la reunión de septiembre. Alegan además un argumento de agenda: en diciembre se presentarán nuevas previsiones del equipo de economistas del BCE sobre inflación y crecimiento económico que permitirán tomar la decisión con más base estadística.A pesar de que la inflación europea está en el 3,8% y la española rozando el 5%, datos que aconsejan seriamente una subida de los tipos, el BCE optará por congelar su decisión al menos hasta la próxima reuniónEl economista de ING, Carsten Brzeski, piensa que aún debe hacerse una distinción entre la Fed y el BCE . Para el emisor europeo, dice, las señales de un estancamiento son más claras. «Hasta ahora hemos tenido poco o ningún aumento en la inflación subyacente; al mismo tiempo, tenemos el problema de Francia y el hecho de que el mercado de bonos ha asumido el trabajo del BCE», explica.Esperar a diciembreHolger Schmieding, economista jefe del banco Berenberg con sede en Hamburgo, también está convencido de que esperarán hasta diciembre. En cuanto al BCE, cita dos razones: «Casi no hay señales hasta ahora de que el choque de precios de la energía esté escalando hacia un problema general de inflación» y «los rendimientos de los bonos y, por tanto, los costes de financiación para la economía europea han aumentado considerablemente, lo que está ralentizando la economía y limitando aún más las presiones inflacionarias internas».Cabría recordar que no es tarea del BCE combatir el «aumento fundamentalmente justificado de las primas de riesgo», según su estatuto, que fija como único objetivo de su actividad el mantenimiento de la inflación en la zona euro en torno a 2%, pero la debilidad emergente de la economía del euro será tenida en cuenta sin duda para su política monetaria.
La inflación está muy por encima del objetivo del Banco Central Europeo (BCE), del 2%, y no se prevé una relajación respecto a los precios de la energía. Pero otro problema de todavía mayor calado estará sobre la mesa del consejo de gobierno del … BCE este jueves. Los inversores están exigiendo más rentabilidad para prestar dinero a algunos gobiernos europeos, especialmente a Francia, y la preocupación empieza a extenderse a otros países de la eurozona.
La rentabilidad de la deuda francesa a diez años llegó a superar el 5,14% el 22 de octubre, su nivel más alto desde 2002. La diferencia con la deuda alemana alcanzó máximos no vistos desde la crisis del euro de 2011. En España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) advirtió el 8 de octubre de que las condiciones de financiación se están endureciendo, hasta el 3% en septiembre. Sólo entre enero y agosto, España ha pagado unos 24.170 millones de euros en intereses de la deuda.
Por este motivo, a pesar de que la inflación europea está en el 3,8% y la española rozando el 5%, datos que aconsejan seriamente una subida de los tipos de interés, el BCE optará por congelar su decisión al menos hasta la próxima reunión del consejo de gobierno y Lagarde tendrá que dar explicaciones muy apropiadas para finales de octubre: susto o muerte.
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La tasa subyacente de inflación en la zona euro, que es la inflación excluyendo energía y alimentos, ha fluctuado entre el 2,4 y el 2,5% en los últimos meses. No es un porcentaje desdeñable, pero será con seguridad el argumento al que se aferren los bancos centrales para no subir los tipos y obligar a los gobiernos europeos, muy especialmente a los más endeudados como es el de España, a pagar todavía más por la financiación de su deuda.
La inflación subyacente podría interpretarse como una indicación de que el aumento de la inflación sigue debiéndose casi exclusivamente a los precios de la energía y que apenas hay efectos de segunda ronda. Al menos todo esto no se ha descontrolado tanto como en 2022. En Estados Unidos, la medida de inflación preferida por la Reserva Federal (Fed), el deflactor del gasto de los consumidores, fue un 3,4% más alto en agosto que un año antes. La tasa subyacente de inflación ascendió al 3,0%: ha estado por encima del objetivo durante más de cinco años y medio, y este año la brecha incluso se ha ampliado.
«Incluso aunque existe una necesidad fundamental de actuar, es poco probable que ahora ambos bancos centrales cambien sus tipos clave», avanza el economista de Commerzbank, Marco Wagner. Así lo indican recientes declaraciones de representantes del BCE, que han asegurado que «se toman en serio la inflación» y están «siguiendo de cerca» los acontecimientos, que quieren actuar con «mano firme», pero admiten que es «poco probable» que vuelva a subir los tipos de interés esta semana, después de haberlo hecho ya en la reunión de septiembre. Alegan además un argumento de agenda: en diciembre se presentarán nuevas previsiones del equipo de economistas del BCE sobre inflación y crecimiento económico que permitirán tomar la decisión con más base estadística.
A pesar de que la inflación europea está en el 3,8% y la española rozando el 5%, datos que aconsejan seriamente una subida de los tipos, el BCE optará por congelar su decisión al menos hasta la próxima reunión
El economista de ING, Carsten Brzeski, piensa que aún debe hacerse una distinción entre la Fed y el BCE. Para el emisor europeo, dice, las señales de un estancamiento son más claras. «Hasta ahora hemos tenido poco o ningún aumento en la inflación subyacente; al mismo tiempo, tenemos el problema de Francia y el hecho de que el mercado de bonos ha asumido el trabajo del BCE», explica.
Esperar a diciembre
Holger Schmieding, economista jefe del banco Berenberg con sede en Hamburgo, también está convencido de que esperarán hasta diciembre. En cuanto al BCE, cita dos razones: «Casi no hay señales hasta ahora de que el choque de precios de la energía esté escalando hacia un problema general de inflación» y «los rendimientos de los bonos y, por tanto, los costes de financiación para la economía europea han aumentado considerablemente, lo que está ralentizando la economía y limitando aún más las presiones inflacionarias internas».
Cabría recordar que no es tarea del BCE combatir el «aumento fundamentalmente justificado de las primas de riesgo», según su estatuto, que fija como único objetivo de su actividad el mantenimiento de la inflación en la zona euro en torno a 2%, pero la debilidad emergente de la economía del euro será tenida en cuenta sin duda para su política monetaria.
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