La vida de lujo en Rusia de la exministra austriaca de Exteriores

«La gente piensa que soy un cajero automático andante», dice sobre su privilegiada nueva vida en Rusia la exministra de Asuntos Exteriores de Austria Karin Kneissl. Desde su villa en la provincia rusa de Ryazán, Kneissl sigue haciendo declaraciones prorrusas como «Europa está muerta» y «los rusos no se rinden», que reenvían con fluidez nacionalistas prorrusos de toda Europa. También presume de influir bajo la mesa en posiciones actuales del Gobierno de Austria . A cambio, Putin se asegura de que no le falte de nada a 200 kilómetros de Moscú y la utiliza como escaparate de cómo recompensa el Kremlin a las figuras occidentales dispuestas a desafiar la narrativa europea.Kneissl formó parte del gobierno del canciller Sebastian Kurz desde diciembre de 2017 hasta junio de 2019 y sorprendió a Europa con la asistencia a su boda nada menos que de Vladímir Putin, que acudió con unos pendientes de zafiro montados en oro blanco valorados en 50.000 euros , como regalo, y un coro de cosacos del Don, que hicieron las delicias de los invitados con sus cantos sobre el honor y la nostalgia de las estepas. Lo que comenzó siendo un gesto diplomático, aquel vals con el presidente de Rusia, le abrió la puerta a una nueva vida en la que no faltan el lujo y las prebendas.Actualmente dirige un ‘think tank’ geopolítico en San Petersburgo. Divorciada, a sus 61 años, sigue haciendo propaganda de su «vida en libertad» en Rusia, que en modo alguno desea interrumpir para regresar a su país. «Puedo pasear a mi perro en cualquier sitio tranquilo. Puedo ir donde quiera. Para mí, esto también es una expresión de libertad. Puedo sentarme sola en una estación de tren a altas horas de la noche y sentirme segura», compara en una reciente entrevista con medios locales rusos los beneficios de su mudanza.Kneissl nunca ocultó sus simpatías hacia Rusia. Tras su célebre reverencia a Putin en la boda, la prensa austríaca la acusó de comprometer la neutralidad del país. En 2020 abandonó la política activa y se convirtió en colaboradora de RT, el canal estatal ruso, lo que le cerró puertas en Europa occidental. «He sido reducida a una agente del Kremlin», declaró justificó su decisión, asegurando que no tuvo más opción que radicarse en Rusia.Su traslado definitivo a Rusia tuvo lugar en 2023, tras varias polémicas en Austria. El viaje y la mudanza fueron coordinados directamente con estructuras del Kremlin y contaron con la intervención de Anton Vaino, jefe de la administración presidencial rusa. Kneissl viajó a Rusia desde Siria en un avión militar Il-76, utilizado habitualmente para transporte de equipos bélicos, y en el mismo vuelo trasladó a sus mascotas, incluidos dos ponis que forman parte inseparable de su vida.Veinte propiedades antes de elegir su residenciaKneissl agradeció haber sido recibida «como familia cercana» y relató que se le ofrecieron hasta veinte propiedades antes de elegir su actual residencia en una zona rural a dos horas Moscú. Allí ha reformado con todo lujo de detalles una antigua villa, además de construir una casa de madera adaptada para sus animales.Karin Kneissl, con sus ponis tras mudarse a Rusia RRSSHoy, Kneissl dirige un centro de estudios vinculado a la Universidad de San Petersburgo, donde coordina el Observatorio Geopolítico sobre Problemas Clave del Desarrollo Ruso. En entrevistas con medios rusos como Forpost, difunde las consignas del Kremlin y mete baza en toda crisis de la UE que surja, como experta europea e ‘insider’ del sistema comunitario, que presume de conocer muy bien. «Esla imagen del fracaso de Europa», ha dicho recientemente, por ejemplo, sobre la crisis de Ceuta, que atribuye a la «debilidad» y la «desorientación» de los europeos.La vida de Kneissl en Rusia contrasta con las dificultades que enfrentó en Austria y Francia, donde llegó a declarar que sobrevivía «en un colchón» sin poder abrir cuentas bancarias. En Rusia, en cambio, disfruta de condiciones excepcionales, con unos generosos ingresos, protección estatal y acceso a foros internacionales. Ha participado en la Cumbre Rusia-África en San Petersburgo y en conferencias sobre energía, reforzando su papel como académica y analista.En el pueblo de Petrushovo, en la región de Riazán, da muestras de integración en la vida local. «Este es mi mundo», ha dicho en ruso durante una fiesta de verano, rodeada de niños y animales de granja. «Tuve que dejar mi antigua vida, empezar de nuevo, y a los 60 años no es fácil», ha declarado sobre las dificultades de su «proceso de inmigración». En otra reciente entrevista con medios rusos ha calificado a su país, Austria , de «hiena» y ha recordado los verdaderos orígenes de Adolf Hitler, lo que llevó a sectores políticos en Viena a plantear incluso retirarle la ciudadanía. También ha denunciado que la UE ha pasado «del comercio a la guerra», y ha criticado el envío de miles de millones de euros en ayuda militar a Ucrania.«Es mejor la vida en Rusia» «Disculpe, pero es una pregunta muy estúpida. ¿De verdad cree usted que después de toda la energía, el dinero y varios años de reformas en la nueva villa, de repente me voy a ir? Para mí, esa es una pregunta realmente tonta» Así responde Kneissl a un periodista del diario local «ya62.ru» la pregunta sobre un posible regreso a Austria. «Durante los últimos siete años, prácticamente he reconstruido mi vida», se felicita por su nueva situación. Admite que «el ruso resultó ser un verdadero desafío para mí» y asegura que «nadie me sirvió nada en bandeja de plata». Se describe a sí misma como una «hija del pueblo» y rechaza cualquier deseo o intención de regresar a casa, dando a entender que la seguridad que le ofrece Putin no tiene comparación con ninguna otra que se le pueda procurar.Estas afirmaciones han reforzado su imagen de intelectual crítica con Occidente de cara a la audiencia rusa. Su defensa de Putin y su alineamiento con la narrativa del Kremlin le han abierto puertas que otros europeos no podrían cruzar. Como ejemplar de la supuesta especie de europeos razonables, compite para la opinión pública rusa con el excanciller alemán Gerhard Schröder, que tras dejar el poder se vinculó con multimillonarios contratos a empresas energéticas rusas como Gazprom y Rosneft. Kneissl, de hecho, formó parte del consejo de administración de Rosneft hasta 2022, cuando dimitió tras la invasión de Ucrania. Aunque su papel es menos empresarial y más académico, ambos representan la atracción que Moscú ejerce sobre figuras políticas europeas en busca de un nuevo destino. «La gente piensa que soy un cajero automático andante», dice sobre su privilegiada nueva vida en Rusia la exministra de Asuntos Exteriores de Austria Karin Kneissl. Desde su villa en la provincia rusa de Ryazán, Kneissl sigue haciendo declaraciones prorrusas como «Europa está muerta» y «los rusos no se rinden», que reenvían con fluidez nacionalistas prorrusos de toda Europa. También presume de influir bajo la mesa en posiciones actuales del Gobierno de Austria . A cambio, Putin se asegura de que no le falte de nada a 200 kilómetros de Moscú y la utiliza como escaparate de cómo recompensa el Kremlin a las figuras occidentales dispuestas a desafiar la narrativa europea.Kneissl formó parte del gobierno del canciller Sebastian Kurz desde diciembre de 2017 hasta junio de 2019 y sorprendió a Europa con la asistencia a su boda nada menos que de Vladímir Putin, que acudió con unos pendientes de zafiro montados en oro blanco valorados en 50.000 euros , como regalo, y un coro de cosacos del Don, que hicieron las delicias de los invitados con sus cantos sobre el honor y la nostalgia de las estepas. Lo que comenzó siendo un gesto diplomático, aquel vals con el presidente de Rusia, le abrió la puerta a una nueva vida en la que no faltan el lujo y las prebendas.Actualmente dirige un ‘think tank’ geopolítico en San Petersburgo. Divorciada, a sus 61 años, sigue haciendo propaganda de su «vida en libertad» en Rusia, que en modo alguno desea interrumpir para regresar a su país. «Puedo pasear a mi perro en cualquier sitio tranquilo. Puedo ir donde quiera. Para mí, esto también es una expresión de libertad. Puedo sentarme sola en una estación de tren a altas horas de la noche y sentirme segura», compara en una reciente entrevista con medios locales rusos los beneficios de su mudanza.Kneissl nunca ocultó sus simpatías hacia Rusia. Tras su célebre reverencia a Putin en la boda, la prensa austríaca la acusó de comprometer la neutralidad del país. En 2020 abandonó la política activa y se convirtió en colaboradora de RT, el canal estatal ruso, lo que le cerró puertas en Europa occidental. «He sido reducida a una agente del Kremlin», declaró justificó su decisión, asegurando que no tuvo más opción que radicarse en Rusia.Su traslado definitivo a Rusia tuvo lugar en 2023, tras varias polémicas en Austria. El viaje y la mudanza fueron coordinados directamente con estructuras del Kremlin y contaron con la intervención de Anton Vaino, jefe de la administración presidencial rusa. Kneissl viajó a Rusia desde Siria en un avión militar Il-76, utilizado habitualmente para transporte de equipos bélicos, y en el mismo vuelo trasladó a sus mascotas, incluidos dos ponis que forman parte inseparable de su vida.Veinte propiedades antes de elegir su residenciaKneissl agradeció haber sido recibida «como familia cercana» y relató que se le ofrecieron hasta veinte propiedades antes de elegir su actual residencia en una zona rural a dos horas Moscú. Allí ha reformado con todo lujo de detalles una antigua villa, además de construir una casa de madera adaptada para sus animales.Karin Kneissl, con sus ponis tras mudarse a Rusia RRSSHoy, Kneissl dirige un centro de estudios vinculado a la Universidad de San Petersburgo, donde coordina el Observatorio Geopolítico sobre Problemas Clave del Desarrollo Ruso. En entrevistas con medios rusos como Forpost, difunde las consignas del Kremlin y mete baza en toda crisis de la UE que surja, como experta europea e ‘insider’ del sistema comunitario, que presume de conocer muy bien. «Esla imagen del fracaso de Europa», ha dicho recientemente, por ejemplo, sobre la crisis de Ceuta, que atribuye a la «debilidad» y la «desorientación» de los europeos.La vida de Kneissl en Rusia contrasta con las dificultades que enfrentó en Austria y Francia, donde llegó a declarar que sobrevivía «en un colchón» sin poder abrir cuentas bancarias. En Rusia, en cambio, disfruta de condiciones excepcionales, con unos generosos ingresos, protección estatal y acceso a foros internacionales. Ha participado en la Cumbre Rusia-África en San Petersburgo y en conferencias sobre energía, reforzando su papel como académica y analista.En el pueblo de Petrushovo, en la región de Riazán, da muestras de integración en la vida local. «Este es mi mundo», ha dicho en ruso durante una fiesta de verano, rodeada de niños y animales de granja. «Tuve que dejar mi antigua vida, empezar de nuevo, y a los 60 años no es fácil», ha declarado sobre las dificultades de su «proceso de inmigración». En otra reciente entrevista con medios rusos ha calificado a su país, Austria , de «hiena» y ha recordado los verdaderos orígenes de Adolf Hitler, lo que llevó a sectores políticos en Viena a plantear incluso retirarle la ciudadanía. También ha denunciado que la UE ha pasado «del comercio a la guerra», y ha criticado el envío de miles de millones de euros en ayuda militar a Ucrania.«Es mejor la vida en Rusia» «Disculpe, pero es una pregunta muy estúpida. ¿De verdad cree usted que después de toda la energía, el dinero y varios años de reformas en la nueva villa, de repente me voy a ir? Para mí, esa es una pregunta realmente tonta» Así responde Kneissl a un periodista del diario local «ya62.ru» la pregunta sobre un posible regreso a Austria. «Durante los últimos siete años, prácticamente he reconstruido mi vida», se felicita por su nueva situación. Admite que «el ruso resultó ser un verdadero desafío para mí» y asegura que «nadie me sirvió nada en bandeja de plata». Se describe a sí misma como una «hija del pueblo» y rechaza cualquier deseo o intención de regresar a casa, dando a entender que la seguridad que le ofrece Putin no tiene comparación con ninguna otra que se le pueda procurar.Estas afirmaciones han reforzado su imagen de intelectual crítica con Occidente de cara a la audiencia rusa. Su defensa de Putin y su alineamiento con la narrativa del Kremlin le han abierto puertas que otros europeos no podrían cruzar. Como ejemplar de la supuesta especie de europeos razonables, compite para la opinión pública rusa con el excanciller alemán Gerhard Schröder, que tras dejar el poder se vinculó con multimillonarios contratos a empresas energéticas rusas como Gazprom y Rosneft. Kneissl, de hecho, formó parte del consejo de administración de Rosneft hasta 2022, cuando dimitió tras la invasión de Ucrania. Aunque su papel es menos empresarial y más académico, ambos representan la atracción que Moscú ejerce sobre figuras políticas europeas en busca de un nuevo destino.  

«La gente piensa que soy un cajero automático andante», dice sobre su privilegiada nueva vida en Rusia la exministra de Asuntos Exteriores de Austria Karin Kneissl. Desde su villa en la provincia rusa de Ryazán, Kneissl sigue haciendo declaraciones prorrusas como «Europa está … muerta» y «los rusos no se rinden», que reenvían con fluidez nacionalistas prorrusos de toda Europa. También presume de influir bajo la mesa en posiciones actuales del Gobierno de Austria. A cambio, Putin se asegura de que no le falte de nada a 200 kilómetros de Moscú y la utiliza como escaparate de cómo recompensa el Kremlin a las figuras occidentales dispuestas a desafiar la narrativa europea.

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