Javier Milei ha conseguido que su reforma laboral supere el trámite legislativo más complicado: la aprobación del Senado argentino. Sin embargo, esta feliz noticia ha sentado a cuerno quemado a buena parte de los medios de comunicación españoles que, lejos de analizar la norma con un mínimo de rigor, se han lanzado a difundir infundios y mentiras deliberadas para manipular a la opinión pública. Cuatro de ellos son los más escandalosos.Primero, que Milei va a imponer jornadas de doce horas diarias. Falso. La jornada máxima legal en Argentina no se altera con esta ley: siguen siendo 48 horas semanales. Lo que permite la reforma es ampliar la autonomía de la voluntad de las partes para distribuir irregularmente ese tiempo mediante un banco de horas. Si por un pico de actividad productiva estacional se trabajan doce horas un día, el exceso se compensará forzosamente trabajando menos el resto de la semana. La situación no es tan distinta de lo que ocurre en España , donde el artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores (ET) ya autoriza a la empresa a reorganizar irregularmente el 10% de la jornada anual.Segundo infundio: que se abaratan o eliminan las indemnizaciones por despido. Nada más lejos de la realidad. Los derechos devengados hasta la entrada en vigor de la ley se mantienen absolutamente intactos. Lo que introduce la norma es la opción —no la obligación— de que el trabajador transite, previo acuerdo sindical, hacia un modelo idéntico a la «mochila austríaca». La empresa provisiona mes a mes un fondo que será siempre propiedad del trabajador, cobrándolo al ser despedido o, si no lo ha sido, al finalizar su vida laboral. Hablamos de un indudable avance que instituciones como el Banco de España recomiendan recurrentemente implantar en nuestro país, pero que aquí tildan falazmente de recorte de derechos.La tercera mentira sugiere que los trabajadores argentinos empezarán a cobrar su sueldo en kilos de carne o litros de leche. La reforma simplemente establece que hasta un 20% del salario pueda abonarse en especie… un porcentaje inferior al que autoriza en España el artículo 26 del ET, el cual permite que el pago en especie alcance hasta el 30%. Evidentemente, esto se traduce en cheques restaurante, vivienda o seguros médicos, no en empresarios acarreando filetes a la oficina, una imagen mental que carece de toda lógica económica tanto en España como en Argentina.Por último, la prensa española también ha difundido el bulo de que la reforma laboral argentina fulmina el derecho a la huelga al establecer por ley servicios mínimos del 50% al 75% en sectores esenciales, y al tipificar como despido justificado la participación en piquetes violentos. Olvidan convenientemente que en España es la autoridad gubernamental la que en cada huelga, bajo revisión judicial, impone a dedo servicios mínimos (que en algunos casos críticos pueden alcanzar incluso el 100%), y que coaccionar o agredir a compañeros es también causa de despido disciplinario bajo el artículo 54 de nuestro ET.Por desgracia, Milei no ha liberalizado plenamente el mercado de trabajo argentino, pero sí ha dado pasos decisivos para flexibilizar una legislación laboral peronista datada en 1974 que solo ha engendrado, como todo lo que hizo el peronismo, una economía disfuncional y anquilosada. Javier Milei ha conseguido que su reforma laboral supere el trámite legislativo más complicado: la aprobación del Senado argentino. Sin embargo, esta feliz noticia ha sentado a cuerno quemado a buena parte de los medios de comunicación españoles que, lejos de analizar la norma con un mínimo de rigor, se han lanzado a difundir infundios y mentiras deliberadas para manipular a la opinión pública. Cuatro de ellos son los más escandalosos.Primero, que Milei va a imponer jornadas de doce horas diarias. Falso. La jornada máxima legal en Argentina no se altera con esta ley: siguen siendo 48 horas semanales. Lo que permite la reforma es ampliar la autonomía de la voluntad de las partes para distribuir irregularmente ese tiempo mediante un banco de horas. Si por un pico de actividad productiva estacional se trabajan doce horas un día, el exceso se compensará forzosamente trabajando menos el resto de la semana. La situación no es tan distinta de lo que ocurre en España , donde el artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores (ET) ya autoriza a la empresa a reorganizar irregularmente el 10% de la jornada anual.Segundo infundio: que se abaratan o eliminan las indemnizaciones por despido. Nada más lejos de la realidad. Los derechos devengados hasta la entrada en vigor de la ley se mantienen absolutamente intactos. Lo que introduce la norma es la opción —no la obligación— de que el trabajador transite, previo acuerdo sindical, hacia un modelo idéntico a la «mochila austríaca». La empresa provisiona mes a mes un fondo que será siempre propiedad del trabajador, cobrándolo al ser despedido o, si no lo ha sido, al finalizar su vida laboral. Hablamos de un indudable avance que instituciones como el Banco de España recomiendan recurrentemente implantar en nuestro país, pero que aquí tildan falazmente de recorte de derechos.La tercera mentira sugiere que los trabajadores argentinos empezarán a cobrar su sueldo en kilos de carne o litros de leche. La reforma simplemente establece que hasta un 20% del salario pueda abonarse en especie… un porcentaje inferior al que autoriza en España el artículo 26 del ET, el cual permite que el pago en especie alcance hasta el 30%. Evidentemente, esto se traduce en cheques restaurante, vivienda o seguros médicos, no en empresarios acarreando filetes a la oficina, una imagen mental que carece de toda lógica económica tanto en España como en Argentina.Por último, la prensa española también ha difundido el bulo de que la reforma laboral argentina fulmina el derecho a la huelga al establecer por ley servicios mínimos del 50% al 75% en sectores esenciales, y al tipificar como despido justificado la participación en piquetes violentos. Olvidan convenientemente que en España es la autoridad gubernamental la que en cada huelga, bajo revisión judicial, impone a dedo servicios mínimos (que en algunos casos críticos pueden alcanzar incluso el 100%), y que coaccionar o agredir a compañeros es también causa de despido disciplinario bajo el artículo 54 de nuestro ET.Por desgracia, Milei no ha liberalizado plenamente el mercado de trabajo argentino, pero sí ha dado pasos decisivos para flexibilizar una legislación laboral peronista datada en 1974 que solo ha engendrado, como todo lo que hizo el peronismo, una economía disfuncional y anquilosada.
No ha liberalizado plenamente el mercado de trabajo argentino, pero sí ha dado pasos decisivos para flexibilizar una legislación que solo ha engendrado una economía disfuncional y anquilosada
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