Un puñado de ciudades con alcaldes de izquierdas son la última frontera que ha contenido el tsunami global de la derecha y la ultraderecha de los últimos años. Roma, Budapest y cómo no Nueva York se han erigido en algunos de los baluartes que los progresistas han empleado como altavoz y modelo de gestión para confrontar a la ola reaccionaria que ha llegado a los gobiernos de algunas de las grandes potencias occidentales de la mano de Donald Trump o Giorgia Meloni y que se acaba de llevar su primer revés serio en Hungría. “En países como Estados Unidos e Italia”, declaró el regidor de Barcelona, el socialista Jaume Collboni, “la esperanza de los ciudadanos está en las ciudades y las regiones”. “Empieza a haber signos de que el ciclo [político] se acaba y lo hará en la medida de que demos respuestas a los problemas de los ciudadanos“, añadió uno de los anfitriones de la primera edición de la Cumbre Global Progresista junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el president catalán Salvador Illa.
“La marea está cambiando”, pronostica el regidor de Roma, convertida junto a Nueva York en uno de los baluartes contra los gobiernos extremistas
Un puñado de ciudades con alcaldes de izquierdas son la última frontera que ha contenido el tsunami global de la derecha y la ultraderecha de los últimos años. Roma, Budapest y cómo no Nueva York se han erigido en algunos de los baluartes que los progresistas han empleado como altavoz y modelo de gestión para confrontar a la ola reaccionaria que ha llegado a los gobiernos de algunas de las grandes potencias occidentales de la mano de Donald Trump o Giorgia Meloni y que se acaba de llevar su primer revés serio en Hungría. “En países como Estados Unidos e Italia”, declaró el regidor de Barcelona, el socialista Jaume Collboni, “la esperanza de los ciudadanos está en las ciudades y las regiones”. “Empieza a haber signos de que el ciclo [político] se acaba y lo hará en la medida de que demos respuestas a los problemas de los ciudadanos“, añadió uno de los anfitriones de la primera edición de la Cumbre Global Progresista junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el president catalán Salvador Illa.
“Nuestro papel es fundamental, somos los que estamos en primera línea”, asentía a su lado Roberto Gualtieri, regidor de Roma, en el cierre del cónclave, al que han asistido 40 alcaldes de ciudades como Bruselas y Atenas y representantes de regiones como Axel Kicilof, gobernador de la provincia de Buenos Aires. El contexto internacional, tras las derrotas de Viktor Orban el pasado fin de semana y la de Meloni en el referéndum para reformar la magistratura, combinados con los bandazos de Trump con la guerra de Irán y sus críticas al Papa, que le han enfrentado a su aliada Meloni, abren un escenario moderadamente optimista, sin caer en la euforia, por primera vez en años. “Esta cumbre llega en un momento importante, la gente empieza a ver la realidad, que la marea está cambiando. La extrema derecha dice que dará más seguridad y lo que da son guerras. Dice que la gente será más próspera y la gente pierde poder adquisitivo. Lo que prometen o no lo cumplen o no funciona. Los únicos que están ganando son los superricos”, compartió Gualtieri.
Los alcaldes progresistas se han organizado en una red global de ciudades en la que se cuentan sus experiencias y extenderlas si dan resultado, adaptándolas a la realidad de cada territorio. La vivienda y la pérdida de poder adquisitivo son las grandes inquietudes comunes. Collboni se ha comprometido a cerrar los 10.500 pisos turísticos de la ciudad. Una cifra que equivale a las viviendas construidas en Barcelona en diez años. Dos años después, la medida se ha extendido al entorno de Barcelona y se baraja más allá de los Pirineos. El nuevo alcalde de París, Emmanuel Grégoire, no ha dicho literalmente que vaya a prohibir los pisos turísticos, pero ha transmitido que le gusta la senda abierta por Barcelona. La lucha contra la especulación inmobiliaria será su principal caballo de batalla: “La vivienda fomenta la competencia entre individuos, lo que inevitablemente genera resentimiento. Continuaremos con nuestros esfuerzos, pero serían vanos si no se comparten a nivel internacional, especialmente en las grandes áreas metropolitanas”, ha advertido en un mensaje de vídeo tras excusar su ausencia en la cumbre.
Las elecciones locales francesas han supuesto un respiro tras salvarse los Ayuntamientos de París, Marsella y Lyon, aunque los pactos con la Francia Insumisa han penalizado al bloque progresista en Toulouse y otras urbes. En España queda un año para las municipales. El PSOE, que logró salvar el Gobierno tras las elecciones generales del verano de 2023, perdió unos meses antes buena parte de su poder territorial. Su músculo local se redujo a una decena de capitales de provincia y otras urbes con regidores socialistas: Barcelona, A Coruña, León, Soria, Tarragona, Lleida, Palencia, Mérida, Vigo, Fuenlabrada, Alcorcón, Getafe y poco más. La recuperación del Ayuntamiento de Jaén en 2025 tras una moción de censura fue una de las pocas alegrías en medio de un carrusel de derrotas electorales. “Cuando todo parecía perdido en Estados Unidos”, recordó Collboni, “surgió Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, para demostrar que hay otro camino”. El político demócrata se convirtió en noviembre en el primer socialista en gobernar la Gran Manzana. “En momentos como este, que vemos tantas crisis y confrontaciones en todo el mundo, es fundamental que el liderazgo progresista se reúna”, valoró en otro vídeo entre los gritos y aplausos de los 5.000 asistentes al plenario de la cumbre. Mamdani, que con su victoria insufló un chute de autoestima a la izquierda, definió el cónclave de Barcelona como “un movimiento emergente maravilloso” por su empeño “en luchar por la dignidad”. Ana María Archila, jefa de la Oficina de Asuntos Internacionales de Nueva York, que representó a su ciudad en Barcelona, explicó que “para plantar cara a las fuerzas del fascismo hay que restaurar la confianza” de los ciudadanos. Las banderas de Mamdani, que acaba de cumplir sus primeros 100 días, son la congelación de los alquileres, que los autobuses públicos sean gratuitos y el cuidado universal infantil gratis. “La ultraderecha quiere que los gobiernos progresistas no funcionen. Nosotros creemos que la ideología no se demuestra con palabras, sino con acciones”, resumió Archila.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires considera que también hay que librar la batalla cultural, en la que el presidente argentino, Javier Milei, es uno de los referentes de la galaxia ultra. “Milei es un desastre y un fracasocuyas consecuencias recaen sobre intendentes y gobernadores que deben ser la red para sostener la vida cotidiana de las personas», observó. “Estamos aquí para que se acaben las motosierras en Argentina -símbolo de los recortes de Milei- y también en Madrid, donde hay alguien que defiende la motosierra”, concluyó Collboni, en alusión a la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, antes de instar a la movilización del electorado progresista.
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