Apenas amanece sobre Beirut, la famosa estatua de la plaza de los Mártires, junto a la mezquita y la catedral maronita de San Jorge, se recorta contra la penumbra. A pocos metros, un convoy humanitario está preparado para ir al sur, escoltado por dos vehículos del Ejército libanés, la única vía de paso. Pero el convoy no ha podido salir, al parecer, por motivos de seguridad. Ayer, Domingo de Resurrección, no se le permitía viajar ni tampoco al anuncio apostólico que iba a acompañarlo. Los camiones transportaban alimentos, productos de higiene, agua y combustible. Todo iba destinado a aldeas cristianas cada vez más aisladas por el avance israelí. Pese a las órdenes de evacuación, los habitantes de Tiro y varias localidades cercanas al río Zahrani, objetivo de la visita, se niegan a abandonar su tierra. Esta guerra no les concierne. Se encuentran atrapados entre el martillo de Hizbolá y el yunque de Israel . Quieren clamar al mundo su determinación a resistir.Para amplificar sus clamores, para intentar evitar el sombrío destino que se cierne sobre ellos, dependen de los pocos visitantes que logran llegar hasta ellos y de los medios de comunicación. Pero el trabajo de los periodistas es complicado en esta guerra, a veces incluso obstaculizado. Además del peligro inherente a cualquier zona de conflicto, la prensa sufre presiones tanto por parte de Hizbolá como de los israelíes.En principio, para acceder a las zonas del interior al sur del río Litani, solo accesibles por carreteras bombardeadas con frecuencia , todo periodista debe obtener permiso de las autoridades libanesas, pero en la práctica, indirectamente, de ambos bandos. Para las ciudades costeras del sur, es posible intentar sortear esta norma. Sin embargo, para cubrir ciertas zonas que requieren una cobertura precisa de la situación, aventurarse fuera de ellas es extremadamente arriesgado.Noticia relacionada general No No Estados Unidos e Israel atacan tres centrales de Irán, pero no provocan fugas radiactivas Marina MartínezLos israelíes pretenden dominar la cobertura mediática y Hizbolá hace un control estricto de sus zonas porque suele ver espías detrás de cada periodista. Durante la guerra de 2024, la presencia de más de 80 periodistas de la televisión estadounidense CNN hizo a muchos pensar que algunos hacían algo más que informar al público. En lugar de estar protegidos por su estatus, los reporteros se convierten así en sospechosos o, peor aún, en objetivos.Los israelíes pretenden dominar la cobertura mediática y Hizbolá hace un control estricto de sus zonas porque suele ver espías detrás de cada periodistaEntre los vehículos de asociaciones católicas, viajan dos cadenas de televisión libanesas, radios internacionales, periodistas de prensa escrita europea. Para minimizar los riesgos, cuentan con la logística establecida por la asociación católica francesa L’Œuvre d’Orient. Su coordinador para el Líbano, Vincent Gelot, explica que «hemos realizado una labor significativa a favor de la libertad de prensa en los últimos años, especialmente en Siria. Durante el régimen de Assad, cuando era prácticamente imposible obtener visados para periodistas, trajimos a unos veinte periodistas con diferentes líneas editoriales y sensibilidades periodísticas para dar voz y rostro a estos sirios aislados del mundo».De igual modo, y según relata Gelot, «hoy en el Líbano incluimos a periodistas en nuestros convoyes para ayudarles en su trabajo, porque creemos que es importante que se ejerza la libertad de prensa. Por supuesto, hay que encontrar un equilibrio para no poner en peligro a nuestros socios en el terreno, nuestras operaciones ni la labor humanitaria. Pero nuestra misión también incluye promover la labor de las iglesias locales que atienden tanto a poblaciones cristianas como no cristianas, y los periodistas pueden informar sobre ello».Varias personas portan fotografías de los periodistas Fatima Ftouni y Ali Shoeib en el centro de Beirut, en protesta por su muerte a causa de un ataque israelí. AFPLas diversas sensibilidades son fáciles de observar: un periodista de radio le saluda a un obispo con un «¡Buenos días, señor!». Otro pregunta quiénes son las figuras religiosas con las que se ha reunido. El hecho de que algunos medios de comunicación, a veces anticristianos, operen bajo la protección del Nuncio Apostólico –la única garantía, hoy, de que el convoy no será bombardeado directamente– dice mucho sobre los obstáculos que se encuentran hoy en día. Sin embargo, todos coinciden en que, a pesar de los bombardeos, la destrucción y los muertos, la guerra aún no ha comenzado realmente.Gaza, punto de inflexiónUna periodista canadiense comenta: « Este conflicto no se parece en nada a los anteriores. En 2006 y 2024, nos movíamos con mayor libertad, aunque seguíamos tomando precauciones». ¿El punto de inflexión? Gaza, con la política de tierra arrasada de Israel y la muerte de 289 periodistas según la ONU, entre octubre 2023 y diciembre 2025. En el Líbano, la profesión periodística también está pagando un alto precio por el conflicto. El sábado 28 de marzo, tres periodistas fueron asesinados: Alí Shaib, veterano reportero de la cadena Al Manar; Fatima Ftouni, del canal Al Mayadeen, y su hermano, Mohamed, que trabajaba como cámara. El Ejército israelí confirmó que Shaib era el objetivo del ataque y le acusó de ser «miembro de la unidad de élite Radwan de Hizbolá, que se hacía pasar por periodista y trabajaba para exponer posiciones del Ejército hebreo en el sur de Líbano y para incitar contra el Estado de Israel», pero sin aportar pruebas. Sus medios de comunicación, Al Manar y Al Mayadeen, son dos cadenas de televisión vinculadas a Hizbolá . Hace unas semanas, el Ejército hebreo también mató en su apartamento de Beirut a Mohamed Sherri, otro rostro veterano de Al Manar que se encargaba de la sección política, junto a su esposa.Joseph el Kosseifi, presidente de la Asociación de Editores de la Prensa Libanesa, explica que «desde octubre de 2023, hemos contabilizado 26 mártires entre los periodistas, ya sean reporteros, camarógrafos o miembros de equipos técnicos. A esto hay que añadir 30 heridos, varios de ellos de gravedad». Una de ellas, la fotógrafa de AFP Christina Assi, perdió una pierna tras resultar herida mientras informaba en octubre de 2023 en el sur de Líbano, y al año siguiente portó la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de París para recordar a los reporteros caídos en acto de servicio.Joseph el Kosseifi denuncia que «Israel sabía que eran periodistas y los atacó deliberadamente. Adraee [el portavoz en árabe del Ejército israelí hasta 2025] emitió comunicados reivindicando la autoría de la muerte de varios colegas, alegando que eran miembros de Hizbolá. Este es un pretexto falso, ya que las personas atacadas son periodistas reconocidos : han publicado cientos de reportajes a lo largo de muchos años». El Kosseifi critica el desprecio de Israel por las convenciones internacionales: «Está prohibido atacar a periodistas en tiempos de guerra. Es natural encontrar a periodistas con afiliaciones políticas, convicciones e ideas políticas. Pero eso no justifica su asesinato. Están sobre el terreno cumpliendo con su deber. Los periodistas, al igual que los rescatistas, son civiles. Todas las resoluciones internacionales y de la ONU prohíben dañar a civiles. Israel debe respetar estas resoluciones. ¡Pero no ha respetado ninguna desde la creación de su Estado! Los periodistas trabajan en condiciones muy difíciles».«Es natural encontrar a periodistas con afiliaciones políticas, convicciones e ideas políticas. Pero eso no justifica su asesinato» Joseph el Kosseifi Presidente de la Asociación de Editores de la Prensa LibanesaAl observar los esfuerzos de los protagonistas de esta guerra por controlar o dirigir la información, se comprende la importancia de documentar los acontecimientos pese a los riesgos. Al final del día, el convoy regresa a Beirut sin mayores incidentes, a pesar de los incesantes combates y el fuego de misiles en los alrededores y de que la mayoría de los puentes están destruidos y algunas carreteras cortadas. Pero ningún reportero ha querido llevar su chaleco antibalas, por temor a que la palabra «Prensa» le convierta en un objetivo en lugar de protegerlo. Apenas amanece sobre Beirut, la famosa estatua de la plaza de los Mártires, junto a la mezquita y la catedral maronita de San Jorge, se recorta contra la penumbra. A pocos metros, un convoy humanitario está preparado para ir al sur, escoltado por dos vehículos del Ejército libanés, la única vía de paso. Pero el convoy no ha podido salir, al parecer, por motivos de seguridad. Ayer, Domingo de Resurrección, no se le permitía viajar ni tampoco al anuncio apostólico que iba a acompañarlo. Los camiones transportaban alimentos, productos de higiene, agua y combustible. Todo iba destinado a aldeas cristianas cada vez más aisladas por el avance israelí. Pese a las órdenes de evacuación, los habitantes de Tiro y varias localidades cercanas al río Zahrani, objetivo de la visita, se niegan a abandonar su tierra. Esta guerra no les concierne. Se encuentran atrapados entre el martillo de Hizbolá y el yunque de Israel . Quieren clamar al mundo su determinación a resistir.Para amplificar sus clamores, para intentar evitar el sombrío destino que se cierne sobre ellos, dependen de los pocos visitantes que logran llegar hasta ellos y de los medios de comunicación. Pero el trabajo de los periodistas es complicado en esta guerra, a veces incluso obstaculizado. Además del peligro inherente a cualquier zona de conflicto, la prensa sufre presiones tanto por parte de Hizbolá como de los israelíes.En principio, para acceder a las zonas del interior al sur del río Litani, solo accesibles por carreteras bombardeadas con frecuencia , todo periodista debe obtener permiso de las autoridades libanesas, pero en la práctica, indirectamente, de ambos bandos. Para las ciudades costeras del sur, es posible intentar sortear esta norma. Sin embargo, para cubrir ciertas zonas que requieren una cobertura precisa de la situación, aventurarse fuera de ellas es extremadamente arriesgado.Noticia relacionada general No No Estados Unidos e Israel atacan tres centrales de Irán, pero no provocan fugas radiactivas Marina MartínezLos israelíes pretenden dominar la cobertura mediática y Hizbolá hace un control estricto de sus zonas porque suele ver espías detrás de cada periodista. Durante la guerra de 2024, la presencia de más de 80 periodistas de la televisión estadounidense CNN hizo a muchos pensar que algunos hacían algo más que informar al público. En lugar de estar protegidos por su estatus, los reporteros se convierten así en sospechosos o, peor aún, en objetivos.Los israelíes pretenden dominar la cobertura mediática y Hizbolá hace un control estricto de sus zonas porque suele ver espías detrás de cada periodistaEntre los vehículos de asociaciones católicas, viajan dos cadenas de televisión libanesas, radios internacionales, periodistas de prensa escrita europea. Para minimizar los riesgos, cuentan con la logística establecida por la asociación católica francesa L’Œuvre d’Orient. Su coordinador para el Líbano, Vincent Gelot, explica que «hemos realizado una labor significativa a favor de la libertad de prensa en los últimos años, especialmente en Siria. Durante el régimen de Assad, cuando era prácticamente imposible obtener visados para periodistas, trajimos a unos veinte periodistas con diferentes líneas editoriales y sensibilidades periodísticas para dar voz y rostro a estos sirios aislados del mundo».De igual modo, y según relata Gelot, «hoy en el Líbano incluimos a periodistas en nuestros convoyes para ayudarles en su trabajo, porque creemos que es importante que se ejerza la libertad de prensa. Por supuesto, hay que encontrar un equilibrio para no poner en peligro a nuestros socios en el terreno, nuestras operaciones ni la labor humanitaria. Pero nuestra misión también incluye promover la labor de las iglesias locales que atienden tanto a poblaciones cristianas como no cristianas, y los periodistas pueden informar sobre ello».Varias personas portan fotografías de los periodistas Fatima Ftouni y Ali Shoeib en el centro de Beirut, en protesta por su muerte a causa de un ataque israelí. AFPLas diversas sensibilidades son fáciles de observar: un periodista de radio le saluda a un obispo con un «¡Buenos días, señor!». Otro pregunta quiénes son las figuras religiosas con las que se ha reunido. El hecho de que algunos medios de comunicación, a veces anticristianos, operen bajo la protección del Nuncio Apostólico –la única garantía, hoy, de que el convoy no será bombardeado directamente– dice mucho sobre los obstáculos que se encuentran hoy en día. Sin embargo, todos coinciden en que, a pesar de los bombardeos, la destrucción y los muertos, la guerra aún no ha comenzado realmente.Gaza, punto de inflexiónUna periodista canadiense comenta: « Este conflicto no se parece en nada a los anteriores. En 2006 y 2024, nos movíamos con mayor libertad, aunque seguíamos tomando precauciones». ¿El punto de inflexión? Gaza, con la política de tierra arrasada de Israel y la muerte de 289 periodistas según la ONU, entre octubre 2023 y diciembre 2025. En el Líbano, la profesión periodística también está pagando un alto precio por el conflicto. El sábado 28 de marzo, tres periodistas fueron asesinados: Alí Shaib, veterano reportero de la cadena Al Manar; Fatima Ftouni, del canal Al Mayadeen, y su hermano, Mohamed, que trabajaba como cámara. El Ejército israelí confirmó que Shaib era el objetivo del ataque y le acusó de ser «miembro de la unidad de élite Radwan de Hizbolá, que se hacía pasar por periodista y trabajaba para exponer posiciones del Ejército hebreo en el sur de Líbano y para incitar contra el Estado de Israel», pero sin aportar pruebas. Sus medios de comunicación, Al Manar y Al Mayadeen, son dos cadenas de televisión vinculadas a Hizbolá . Hace unas semanas, el Ejército hebreo también mató en su apartamento de Beirut a Mohamed Sherri, otro rostro veterano de Al Manar que se encargaba de la sección política, junto a su esposa.Joseph el Kosseifi, presidente de la Asociación de Editores de la Prensa Libanesa, explica que «desde octubre de 2023, hemos contabilizado 26 mártires entre los periodistas, ya sean reporteros, camarógrafos o miembros de equipos técnicos. A esto hay que añadir 30 heridos, varios de ellos de gravedad». Una de ellas, la fotógrafa de AFP Christina Assi, perdió una pierna tras resultar herida mientras informaba en octubre de 2023 en el sur de Líbano, y al año siguiente portó la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de París para recordar a los reporteros caídos en acto de servicio.Joseph el Kosseifi denuncia que «Israel sabía que eran periodistas y los atacó deliberadamente. Adraee [el portavoz en árabe del Ejército israelí hasta 2025] emitió comunicados reivindicando la autoría de la muerte de varios colegas, alegando que eran miembros de Hizbolá. Este es un pretexto falso, ya que las personas atacadas son periodistas reconocidos : han publicado cientos de reportajes a lo largo de muchos años». El Kosseifi critica el desprecio de Israel por las convenciones internacionales: «Está prohibido atacar a periodistas en tiempos de guerra. Es natural encontrar a periodistas con afiliaciones políticas, convicciones e ideas políticas. Pero eso no justifica su asesinato. Están sobre el terreno cumpliendo con su deber. Los periodistas, al igual que los rescatistas, son civiles. Todas las resoluciones internacionales y de la ONU prohíben dañar a civiles. Israel debe respetar estas resoluciones. ¡Pero no ha respetado ninguna desde la creación de su Estado! Los periodistas trabajan en condiciones muy difíciles».«Es natural encontrar a periodistas con afiliaciones políticas, convicciones e ideas políticas. Pero eso no justifica su asesinato» Joseph el Kosseifi Presidente de la Asociación de Editores de la Prensa LibanesaAl observar los esfuerzos de los protagonistas de esta guerra por controlar o dirigir la información, se comprende la importancia de documentar los acontecimientos pese a los riesgos. Al final del día, el convoy regresa a Beirut sin mayores incidentes, a pesar de los incesantes combates y el fuego de misiles en los alrededores y de que la mayoría de los puentes están destruidos y algunas carreteras cortadas. Pero ningún reportero ha querido llevar su chaleco antibalas, por temor a que la palabra «Prensa» le convierta en un objetivo en lugar de protegerlo.
Apenas amanece sobre Beirut, la famosa estatua de la plaza de los Mártires, junto a la mezquita y la catedral maronita de San Jorge, se recorta contra la penumbra. A pocos metros, un convoy humanitario está preparado para ir al sur, escoltado por dos vehículos … del Ejército libanés, la única vía de paso. Pero el convoy no ha podido salir, al parecer, por motivos de seguridad. Ayer, Domingo de Resurrección, no se le permitía viajar ni tampoco al anuncio apostólico que iba a acompañarlo. Los camiones transportaban alimentos, productos de higiene, agua y combustible. Todo iba destinado a aldeas cristianas cada vez más aisladas por el avance israelí. Pese a las órdenes de evacuación, los habitantes de Tiro y varias localidades cercanas al río Zahrani, objetivo de la visita, se niegan a abandonar su tierra. Esta guerra no les concierne. Se encuentran atrapados entre el martillo de Hizbolá y el yunque de Israel. Quieren clamar al mundo su determinación a resistir.
Para amplificar sus clamores, para intentar evitar el sombrío destino que se cierne sobre ellos, dependen de los pocos visitantes que logran llegar hasta ellos y de los medios de comunicación. Pero el trabajo de los periodistas es complicado en esta guerra, a veces incluso obstaculizado. Además del peligro inherente a cualquier zona de conflicto, la prensa sufre presiones tanto por parte de Hizbolá como de los israelíes.
En principio, para acceder a las zonas del interior al sur del río Litani, solo accesibles por carreteras bombardeadas con frecuencia, todo periodista debe obtener permiso de las autoridades libanesas, pero en la práctica, indirectamente, de ambos bandos. Para las ciudades costeras del sur, es posible intentar sortear esta norma. Sin embargo, para cubrir ciertas zonas que requieren una cobertura precisa de la situación, aventurarse fuera de ellas es extremadamente arriesgado.
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Los israelíes pretenden dominar la cobertura mediática y Hizbolá hace un control estricto de sus zonas porque suele ver espías detrás de cada periodista. Durante la guerra de 2024, la presencia de más de 80 periodistas de la televisión estadounidense CNN hizo a muchos pensar que algunos hacían algo más que informar al público. En lugar de estar protegidos por su estatus, los reporteros se convierten así en sospechosos o, peor aún, en objetivos.
Los israelíes pretenden dominar la cobertura mediática y Hizbolá hace un control estricto de sus zonas porque suele ver espías detrás de cada periodista
Entre los vehículos de asociaciones católicas, viajan dos cadenas de televisión libanesas, radios internacionales, periodistas de prensa escrita europea. Para minimizar los riesgos, cuentan con la logística establecida por la asociación católica francesa L’Œuvre d’Orient. Su coordinador para el Líbano, Vincent Gelot, explica que «hemos realizado una labor significativa a favor de la libertad de prensa en los últimos años, especialmente en Siria. Durante el régimen de Assad, cuando era prácticamente imposible obtener visados para periodistas, trajimos a unos veinte periodistas con diferentes líneas editoriales y sensibilidades periodísticas para dar voz y rostro a estos sirios aislados del mundo».
De igual modo, y según relata Gelot, «hoy en el Líbano incluimos a periodistas en nuestros convoyes para ayudarles en su trabajo, porque creemos que es importante que se ejerza la libertad de prensa. Por supuesto, hay que encontrar un equilibrio para no poner en peligro a nuestros socios en el terreno, nuestras operaciones ni la labor humanitaria. Pero nuestra misión también incluye promover la labor de las iglesias locales que atienden tanto a poblaciones cristianas como no cristianas, y los periodistas pueden informar sobre ello».

(AFP)
Las diversas sensibilidades son fáciles de observar: un periodista de radio le saluda a un obispo con un «¡Buenos días, señor!». Otro pregunta quiénes son las figuras religiosas con las que se ha reunido. El hecho de que algunos medios de comunicación, a veces anticristianos, operen bajo la protección del Nuncio Apostólico –la única garantía, hoy, de que el convoy no será bombardeado directamente– dice mucho sobre los obstáculos que se encuentran hoy en día. Sin embargo, todos coinciden en que, a pesar de los bombardeos, la destrucción y los muertos, la guerra aún no ha comenzado realmente.
Gaza, punto de inflexión
Una periodista canadiense comenta: «Este conflicto no se parece en nada a los anteriores. En 2006 y 2024, nos movíamos con mayor libertad, aunque seguíamos tomando precauciones». ¿El punto de inflexión? Gaza, con la política de tierra arrasada de Israel y la muerte de 289 periodistas según la ONU, entre octubre 2023 y diciembre 2025. En el Líbano, la profesión periodística también está pagando un alto precio por el conflicto. El sábado 28 de marzo, tres periodistas fueron asesinados: Alí Shaib, veterano reportero de la cadena Al Manar; Fatima Ftouni, del canal Al Mayadeen, y su hermano, Mohamed, que trabajaba como cámara. El Ejército israelí confirmó que Shaib era el objetivo del ataque y le acusó de ser «miembro de la unidad de élite Radwan de Hizbolá, que se hacía pasar por periodista y trabajaba para exponer posiciones del Ejército hebreo en el sur de Líbano y para incitar contra el Estado de Israel», pero sin aportar pruebas. Sus medios de comunicación, Al Manar y Al Mayadeen, son dos cadenas de televisión vinculadas a Hizbolá. Hace unas semanas, el Ejército hebreo también mató en su apartamento de Beirut a Mohamed Sherri, otro rostro veterano de Al Manar que se encargaba de la sección política, junto a su esposa.
Joseph el Kosseifi, presidente de la Asociación de Editores de la Prensa Libanesa, explica que «desde octubre de 2023, hemos contabilizado 26 mártires entre los periodistas, ya sean reporteros, camarógrafos o miembros de equipos técnicos. A esto hay que añadir 30 heridos, varios de ellos de gravedad». Una de ellas, la fotógrafa de AFP Christina Assi, perdió una pierna tras resultar herida mientras informaba en octubre de 2023 en el sur de Líbano, y al año siguiente portó la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de París para recordar a los reporteros caídos en acto de servicio.
Joseph el Kosseifi denuncia que «Israel sabía que eran periodistas y los atacó deliberadamente. Adraee [el portavoz en árabe del Ejército israelí hasta 2025] emitió comunicados reivindicando la autoría de la muerte de varios colegas, alegando que eran miembros de Hizbolá. Este es un pretexto falso, ya que las personas atacadas son periodistas reconocidos: han publicado cientos de reportajes a lo largo de muchos años». El Kosseifi critica el desprecio de Israel por las convenciones internacionales: «Está prohibido atacar a periodistas en tiempos de guerra. Es natural encontrar a periodistas con afiliaciones políticas, convicciones e ideas políticas. Pero eso no justifica su asesinato. Están sobre el terreno cumpliendo con su deber. Los periodistas, al igual que los rescatistas, son civiles. Todas las resoluciones internacionales y de la ONU prohíben dañar a civiles. Israel debe respetar estas resoluciones. ¡Pero no ha respetado ninguna desde la creación de su Estado! Los periodistas trabajan en condiciones muy difíciles».
«Es natural encontrar a periodistas con afiliaciones políticas, convicciones e ideas políticas. Pero eso no justifica su asesinato»
Joseph el Kosseifi
Presidente de la Asociación de Editores de la Prensa Libanesa
Al observar los esfuerzos de los protagonistas de esta guerra por controlar o dirigir la información, se comprende la importancia de documentar los acontecimientos pese a los riesgos. Al final del día, el convoy regresa a Beirut sin mayores incidentes, a pesar de los incesantes combates y el fuego de misiles en los alrededores y de que la mayoría de los puentes están destruidos y algunas carreteras cortadas. Pero ningún reportero ha querido llevar su chaleco antibalas, por temor a que la palabra «Prensa» le convierta en un objetivo en lugar de protegerlo.
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