Los inversores ponen la deuda pública en el punto de mira y exigen intereses tan altos como en la gran crisis

La deuda pública de los principales países occidentales está en el punto de mira. Durante el verano, los bonos americanos y europeos sufrieron una notable pérdida de valor, con caída de la demanda, y eso ha llevado a los inversores a la situación actual en la que cada vez se exigen rentabilidades más altas para comprar papeles de los Estados. Un conjunto de factores mantiene en tensión este mercado de renta fija en el que los intereses de la deuda que requieren los inversores se mueven ya en valores de la gran crisis. Eso sí, de momento nadie habla de unas turbulencias similares. Kriti Gupta, estratega de inversiones globales de JPMorgan Banca Privada, destaca que «la marcha alcista de los rendimientos de los bonos sigue marcando la narrativa del mercado» , en un movimiento iniciado a principios de verano. Los factores determinantes, a su juicio, son una combinación de elementos entre la deteriorada situación fiscal de los países, las emisiones privadas de la inteligencia artificial y el encarecimiento de la energía, entre otros.La rentabilidad de los bonos a 10 y 30 años de Estados Unidos supera holgadamente el 5%. En Italia, Francia y España se mueven por encima del 4% (más en los dos primeros que en nuestro país, que apenas supera esa cota por una décima), y en Alemania ronda el 3,6%. Todos ellos son valores que no se registraban, según el caso, desde la gran crisis. En EE.UU. y Francia, desde 2007-2008; y en el resto, entre 2011 y 2013.«El aumento de los niveles de deuda soberana, el fuerte incremento de las emisiones de bonos corporativos relacionadas con la IA y la persistente preocupación por la inflación vinculada a los costes energéticos, y lo que esto implica para la política de los bancos centrales, desempeñan un papel», coinciden desde la gestora Pimco.Raphaël Thuin, jefe de estrategia de mercados de capitales de Tikehau Capital, apunta a que las fuerzas detrás del comportamiento de los bonos «parecen tener un carácter cada vez más estructural», lo que indicaría que el mundo debería prepararse para vivir con rendimientos en estos niveles. «Los déficits fiscales siguen siendo elevados, sin apenas indicios de que vaya a producirse una reversión inminente. Al mismo tiempo, las persistentes presiones inflacionistas, los riesgos geopolíticos en torno al estrecho de Ormuz y el encarecimiento de la energía podrían seguir lastrando las perspectivas. La combinación de déficits más elevados y una inflación más persistente podría marcar los próximos años y reforzar potencialmente un reajuste de los tipos de interés de largo alcance y carácter generacional», recoge, al tiempo que explica que las economías e inversores pueden soportar estos niveles.Así las cosas, todos los analistas hablan en estos momentos de un término, la prima a plazo, que es la compensación extra que exigen los inversores por mantener deuda pública a más largo plazo en medio de una mayor incertidumbre, como recuerda JP Morgan. Felipe Villarroel, socio y gestor de carteras de TwentyFour AM, añade que cuanto mayor sea la incertidumbre, mayor prima exigen los inversores. Y en este caso, la inflación, las tensiones geopolíticas y la situación fiscal de los países impide tener demasiada claridad sobre el futuro a corto, medio y largo plazo.El carácter estructural al que apuntan los déficits y la inflación hace prever, según los analistas, que los países deben acostumbrarse a costes de financiación más elevadosEn un contexto como este, la Reserva Federal lo que está intentando es centrar las emisiones en deuda a corto plazo, recomprando la que está a largo para evitar pagar rentabilidades tan altas a 10 o 30 años. Pero esa estrategia, a juicio de los analistas, es también arriesgada. Thomas Hempell, responsable de análisis macro y de mercados de Generali Investments, comenta que «la financiación a corto plazo puede reducir los costes de endeudamiento esperados porque evita fijar la prima por plazo que los inversores suelen exigir para la deuda con vencimientos más largos», pero que depender más de este tipo de deuda a corto hace aumentar los riesgos de refinanciación y se es más sensible a las subida de tipos de interés. Abdallah Guezour, director de deuda de mercados emergentes y materias primas de Schroders, destaca por su parte que las presiones sobre las rentabilidades de los bonos americanos, que en parte están arrastrando a los europeos, «se han intensificado». «Es evidente que nos estamos acercando a una fase crítica del ciclo de los bonos soberanos de EE.UU. y de los mercados desarrollados», añade.Así las cosas, el conjunto de analistas no ve señales de que la situación vaya a cambiar en un futuro próximo. Incluso es probable, dicen, que las rentabilidades que exige el mercado por la deuda pública sigan creciendo. Más aún cuando los bancos centrales parecen tener por delante un nuevo ciclo de subidas de los tipos de interés oficiales. Esto se trata de un cóctel, en definitiva, que lleva la deuda pública a niveles de cierto riesgo, con intereses cercanos a la gran crisis, pero sin la catástrofe que supuso entonces ya que ahora coge a los países con las economías creciendo y la banca saneada. La deuda pública de los principales países occidentales está en el punto de mira. Durante el verano, los bonos americanos y europeos sufrieron una notable pérdida de valor, con caída de la demanda, y eso ha llevado a los inversores a la situación actual en la que cada vez se exigen rentabilidades más altas para comprar papeles de los Estados. Un conjunto de factores mantiene en tensión este mercado de renta fija en el que los intereses de la deuda que requieren los inversores se mueven ya en valores de la gran crisis. Eso sí, de momento nadie habla de unas turbulencias similares. Kriti Gupta, estratega de inversiones globales de JPMorgan Banca Privada, destaca que «la marcha alcista de los rendimientos de los bonos sigue marcando la narrativa del mercado» , en un movimiento iniciado a principios de verano. Los factores determinantes, a su juicio, son una combinación de elementos entre la deteriorada situación fiscal de los países, las emisiones privadas de la inteligencia artificial y el encarecimiento de la energía, entre otros.La rentabilidad de los bonos a 10 y 30 años de Estados Unidos supera holgadamente el 5%. En Italia, Francia y España se mueven por encima del 4% (más en los dos primeros que en nuestro país, que apenas supera esa cota por una décima), y en Alemania ronda el 3,6%. Todos ellos son valores que no se registraban, según el caso, desde la gran crisis. En EE.UU. y Francia, desde 2007-2008; y en el resto, entre 2011 y 2013.«El aumento de los niveles de deuda soberana, el fuerte incremento de las emisiones de bonos corporativos relacionadas con la IA y la persistente preocupación por la inflación vinculada a los costes energéticos, y lo que esto implica para la política de los bancos centrales, desempeñan un papel», coinciden desde la gestora Pimco.Raphaël Thuin, jefe de estrategia de mercados de capitales de Tikehau Capital, apunta a que las fuerzas detrás del comportamiento de los bonos «parecen tener un carácter cada vez más estructural», lo que indicaría que el mundo debería prepararse para vivir con rendimientos en estos niveles. «Los déficits fiscales siguen siendo elevados, sin apenas indicios de que vaya a producirse una reversión inminente. Al mismo tiempo, las persistentes presiones inflacionistas, los riesgos geopolíticos en torno al estrecho de Ormuz y el encarecimiento de la energía podrían seguir lastrando las perspectivas. La combinación de déficits más elevados y una inflación más persistente podría marcar los próximos años y reforzar potencialmente un reajuste de los tipos de interés de largo alcance y carácter generacional», recoge, al tiempo que explica que las economías e inversores pueden soportar estos niveles.Así las cosas, todos los analistas hablan en estos momentos de un término, la prima a plazo, que es la compensación extra que exigen los inversores por mantener deuda pública a más largo plazo en medio de una mayor incertidumbre, como recuerda JP Morgan. Felipe Villarroel, socio y gestor de carteras de TwentyFour AM, añade que cuanto mayor sea la incertidumbre, mayor prima exigen los inversores. Y en este caso, la inflación, las tensiones geopolíticas y la situación fiscal de los países impide tener demasiada claridad sobre el futuro a corto, medio y largo plazo.El carácter estructural al que apuntan los déficits y la inflación hace prever, según los analistas, que los países deben acostumbrarse a costes de financiación más elevadosEn un contexto como este, la Reserva Federal lo que está intentando es centrar las emisiones en deuda a corto plazo, recomprando la que está a largo para evitar pagar rentabilidades tan altas a 10 o 30 años. Pero esa estrategia, a juicio de los analistas, es también arriesgada. Thomas Hempell, responsable de análisis macro y de mercados de Generali Investments, comenta que «la financiación a corto plazo puede reducir los costes de endeudamiento esperados porque evita fijar la prima por plazo que los inversores suelen exigir para la deuda con vencimientos más largos», pero que depender más de este tipo de deuda a corto hace aumentar los riesgos de refinanciación y se es más sensible a las subida de tipos de interés. Abdallah Guezour, director de deuda de mercados emergentes y materias primas de Schroders, destaca por su parte que las presiones sobre las rentabilidades de los bonos americanos, que en parte están arrastrando a los europeos, «se han intensificado». «Es evidente que nos estamos acercando a una fase crítica del ciclo de los bonos soberanos de EE.UU. y de los mercados desarrollados», añade.Así las cosas, el conjunto de analistas no ve señales de que la situación vaya a cambiar en un futuro próximo. Incluso es probable, dicen, que las rentabilidades que exige el mercado por la deuda pública sigan creciendo. Más aún cuando los bancos centrales parecen tener por delante un nuevo ciclo de subidas de los tipos de interés oficiales. Esto se trata de un cóctel, en definitiva, que lleva la deuda pública a niveles de cierto riesgo, con intereses cercanos a la gran crisis, pero sin la catástrofe que supuso entonces ya que ahora coge a los países con las economías creciendo y la banca saneada.  

La deuda pública de los principales países occidentales está en el punto de mira. Durante el verano, los bonos americanos y europeos sufrieron una notable pérdida de valor, con caída de la demanda, y eso ha llevado a los inversores a la situación actual … en la que cada vez se exigen rentabilidades más altas para comprar papeles de los Estados. Un conjunto de factores mantiene en tensión este mercado de renta fija en el que los intereses de la deuda que requieren los inversores se mueven ya en valores de la gran crisis. Eso sí, de momento nadie habla de unas turbulencias similares.

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