Después de varios tiras y aflojas sobre cómo y en qué condiciones se cerraba el memorando de paz entre Estados Unidos e Irán , era el turno de destripar los puntos del tan ansiado acuerdo (anhelado por todas las partes menos por Israel, que sigue haciendo de las suyas en Líbano). Uno de los puntos más controvertidos por lo que significa –una capitulación para unos; un premio para otros– es el tema del dinero.De lo primero que se habló fue del desbloqueo de 24.000 millones de dólares (21.000 millones de euros) que la República Islámica de Irán tenía congelados por el mundo: desde EE.UU. a Emiratos, pasando por China; más tarde se mencionó el fondo para la reconstrucción de Irán que podría recibir 300.000 millones de dólares (263.100 millones de euros). Lo último ha sido el levantamiento de las sanciones petroleras contra Irán, lo que supondría descongelar un inventario de alrededor de 67 millones de barriles de crudo iraní varados en el Golfo. Una cantidad más que importante para Teherán.Esta exención de 60 días, además, permitirá al régimen de los ayatolás producir y vender crudo, productos petroquímicos y derivados del petróleo en dólares. El rial, que había perdido una cuarta parte de su valor en el mercado negro este año, se ha recuperado desde que se anunció el memorando de entendimiento.Noticia relacionada general No No Las potencias europeas se unen para hacer frente a Donald Trump en la cumbre de la OTAN Rosalía SánchezGrandes cifras que dejan en un segundo lugar lo que los expertos llaman la microeconomía: el dinero del día a día para la gente de a pie.Poco se ha hablado de ello en las últimas semanas, pero la enorme inflación de diciembre, unido a una crisis ya galopante en la república islámica, provocó las mayores manifestaciones desde 2022. Era justo antes de la guerra que comenzó Estados Unidos. Justo antes de que todo saltara por los aires y antes de que Donald Trump prometiera al pueblo iraní un cambio en el régimen que más que producirse, se ha vuelto más fuerte. «La situación económica en el país es peor que nunca». Así resume una residente en Teherán cómo lo están pasando. Le pedimos datos para hacernos una idea de qué significa eso de «peor que nunca».«Al mes, el salario mínimo es de 16,6 millones de tomans, unos 100 dólares. Los precios de la comida cambian cada día. Hoy están a 10 dólares el kilo de carne. El arroz, que es uno de los alimentos más importantes de la cocina persa, a cuatro dólares el kilo; la fruta es prohibitiva y el alquiler en un apartamento de 70 metros cuadrados en un vecindario normal es de 1.500 dólares. Hay gente que compra carne a plazos», enumera. Gran inflaciónY es que la inflación de los precios de los alimentos superó el 131% y la inflación interanual hasta el 84%, más del doble que enero. El bloqueo afectó a las importaciones y unos 3.000 contenedores con destino a Irán se han estado acumulando en puertos paquistaníes desde mediados de abril. Además, los ataques contra la infraestructura energética ya habían provocado el racionamiento de combustible. Incluso las autoridades iraníes instaron a la población a ahorrar combustible, electricidad y agua, lo que indicaba que la crisis económica se estaba extendiendo desde las terminales petroleras y las fábricas hasta la vida cotidiana.Otro dato preocupante lo dio el viceministro de Trabajo, Gholam-Hossein Mohammadi, cuando declaró que cerca de dos millones de personas habían perdido sus trabajos, lo que representa el 7% de la fuerza laboral.Una situación insostenible y que para Alex Vatanka , investigador principal del Instituto de Oriente Próximo en Washington, tenía más riesgo para el régimen de los ayatolás que incluso los riesgos que podrían encontrarse en el campo de batalla. «Los líderes iraníes entienden que el tiempo no está necesariamente de su lado… su cálculo parece ser que el diálogo, incluso un diálogo limitado, es preferible a entrar en un periodo indefinido de desgaste económico e incertidumbre que podría debilitar gradualmente su capacidad para gobernar en el país y proyectar influencia en el extranjero», explicaba a Reuters.Con este panorama, los anuncios de grandes cifras que pueden llegar a las arcas iraníes no parecen paliar las necesidades del pueblo iraní. «Sabemos que el dinero congelado que se va a entregar acabará directamente en los bolsillos de las fuerzas aliadas del régimen, y no solo no mejorará la situación de la población, sino que aumentará la inseguridad en todo Oriente Próximo», se queja una vecina de Isfahán. «Sabemos que el dinero congelado que se va a entregar acabará directamente en los bolsillos de las fuerzas aliadas del régimen» Alex Vatanka AnalistaNo parece ir mal encaminada. Durante años, la Guardia Revolucionaria iraní prosperó a la sombra de las sanciones, construyendo un extenso imperio comercial que abarca desde el petróleo, la construcción hasta el transporte marítimo, las telecomunicaciones y los puertos.Gran parte de la industria pertenece a la Guardia Revolucionaria, por lo que una inversión a gran escala implicaría el levantamiento de las sanciones contra la facción más intransigente y poderosa del régimen. Después de varios tiras y aflojas sobre cómo y en qué condiciones se cerraba el memorando de paz entre Estados Unidos e Irán , era el turno de destripar los puntos del tan ansiado acuerdo (anhelado por todas las partes menos por Israel, que sigue haciendo de las suyas en Líbano). Uno de los puntos más controvertidos por lo que significa –una capitulación para unos; un premio para otros– es el tema del dinero.De lo primero que se habló fue del desbloqueo de 24.000 millones de dólares (21.000 millones de euros) que la República Islámica de Irán tenía congelados por el mundo: desde EE.UU. a Emiratos, pasando por China; más tarde se mencionó el fondo para la reconstrucción de Irán que podría recibir 300.000 millones de dólares (263.100 millones de euros). Lo último ha sido el levantamiento de las sanciones petroleras contra Irán, lo que supondría descongelar un inventario de alrededor de 67 millones de barriles de crudo iraní varados en el Golfo. Una cantidad más que importante para Teherán.Esta exención de 60 días, además, permitirá al régimen de los ayatolás producir y vender crudo, productos petroquímicos y derivados del petróleo en dólares. El rial, que había perdido una cuarta parte de su valor en el mercado negro este año, se ha recuperado desde que se anunció el memorando de entendimiento.Noticia relacionada general No No Las potencias europeas se unen para hacer frente a Donald Trump en la cumbre de la OTAN Rosalía SánchezGrandes cifras que dejan en un segundo lugar lo que los expertos llaman la microeconomía: el dinero del día a día para la gente de a pie.Poco se ha hablado de ello en las últimas semanas, pero la enorme inflación de diciembre, unido a una crisis ya galopante en la república islámica, provocó las mayores manifestaciones desde 2022. Era justo antes de la guerra que comenzó Estados Unidos. Justo antes de que todo saltara por los aires y antes de que Donald Trump prometiera al pueblo iraní un cambio en el régimen que más que producirse, se ha vuelto más fuerte. «La situación económica en el país es peor que nunca». Así resume una residente en Teherán cómo lo están pasando. Le pedimos datos para hacernos una idea de qué significa eso de «peor que nunca».«Al mes, el salario mínimo es de 16,6 millones de tomans, unos 100 dólares. Los precios de la comida cambian cada día. Hoy están a 10 dólares el kilo de carne. El arroz, que es uno de los alimentos más importantes de la cocina persa, a cuatro dólares el kilo; la fruta es prohibitiva y el alquiler en un apartamento de 70 metros cuadrados en un vecindario normal es de 1.500 dólares. Hay gente que compra carne a plazos», enumera. Gran inflaciónY es que la inflación de los precios de los alimentos superó el 131% y la inflación interanual hasta el 84%, más del doble que enero. El bloqueo afectó a las importaciones y unos 3.000 contenedores con destino a Irán se han estado acumulando en puertos paquistaníes desde mediados de abril. Además, los ataques contra la infraestructura energética ya habían provocado el racionamiento de combustible. Incluso las autoridades iraníes instaron a la población a ahorrar combustible, electricidad y agua, lo que indicaba que la crisis económica se estaba extendiendo desde las terminales petroleras y las fábricas hasta la vida cotidiana.Otro dato preocupante lo dio el viceministro de Trabajo, Gholam-Hossein Mohammadi, cuando declaró que cerca de dos millones de personas habían perdido sus trabajos, lo que representa el 7% de la fuerza laboral.Una situación insostenible y que para Alex Vatanka , investigador principal del Instituto de Oriente Próximo en Washington, tenía más riesgo para el régimen de los ayatolás que incluso los riesgos que podrían encontrarse en el campo de batalla. «Los líderes iraníes entienden que el tiempo no está necesariamente de su lado… su cálculo parece ser que el diálogo, incluso un diálogo limitado, es preferible a entrar en un periodo indefinido de desgaste económico e incertidumbre que podría debilitar gradualmente su capacidad para gobernar en el país y proyectar influencia en el extranjero», explicaba a Reuters.Con este panorama, los anuncios de grandes cifras que pueden llegar a las arcas iraníes no parecen paliar las necesidades del pueblo iraní. «Sabemos que el dinero congelado que se va a entregar acabará directamente en los bolsillos de las fuerzas aliadas del régimen, y no solo no mejorará la situación de la población, sino que aumentará la inseguridad en todo Oriente Próximo», se queja una vecina de Isfahán. «Sabemos que el dinero congelado que se va a entregar acabará directamente en los bolsillos de las fuerzas aliadas del régimen» Alex Vatanka AnalistaNo parece ir mal encaminada. Durante años, la Guardia Revolucionaria iraní prosperó a la sombra de las sanciones, construyendo un extenso imperio comercial que abarca desde el petróleo, la construcción hasta el transporte marítimo, las telecomunicaciones y los puertos.Gran parte de la industria pertenece a la Guardia Revolucionaria, por lo que una inversión a gran escala implicaría el levantamiento de las sanciones contra la facción más intransigente y poderosa del régimen.
Después de varios tiras y aflojas sobre cómo y en qué condiciones se cerraba el memorando de paz entre Estados Unidos e Irán, era el turno de destripar los puntos del tan ansiado acuerdo (anhelado por todas las partes menos por Israel, que sigue … haciendo de las suyas en Líbano). Uno de los puntos más controvertidos por lo que significa –una capitulación para unos; un premio para otros– es el tema del dinero.
De lo primero que se habló fue del desbloqueo de 24.000 millones de dólares (21.000 millones de euros) que la República Islámica de Irán tenía congelados por el mundo: desde EE.UU. a Emiratos, pasando por China; más tarde se mencionó el fondo para la reconstrucción de Irán que podría recibir 300.000 millones de dólares (263.100 millones de euros). Lo último ha sido el levantamiento de las sanciones petroleras contra Irán, lo que supondría descongelar un inventario de alrededor de 67 millones de barriles de crudo iraní varados en el Golfo. Una cantidad más que importante para Teherán.
Esta exención de 60 días, además, permitirá al régimen de los ayatolás producir y vender crudo, productos petroquímicos y derivados del petróleo en dólares. El rial, que había perdido una cuarta parte de su valor en el mercado negro este año, se ha recuperado desde que se anunció el memorando de entendimiento.
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Grandes cifras que dejan en un segundo lugar lo que los expertos llaman la microeconomía: el dinero del día a día para la gente de a pie.
Poco se ha hablado de ello en las últimas semanas, pero la enorme inflación de diciembre, unido a una crisis ya galopante en la república islámica, provocó las mayores manifestaciones desde 2022. Era justo antes de la guerra que comenzó Estados Unidos. Justo antes de que todo saltara por los aires y antes de que Donald Trump prometiera al pueblo iraní un cambio en el régimen que más que producirse, se ha vuelto más fuerte.
«La situación económica en el país es peor que nunca». Así resume una residente en Teherán cómo lo están pasando. Le pedimos datos para hacernos una idea de qué significa eso de «peor que nunca».
«Al mes, el salario mínimo es de 16,6 millones de tomans, unos 100 dólares. Los precios de la comida cambian cada día. Hoy están a 10 dólares el kilo de carne. El arroz, que es uno de los alimentos más importantes de la cocina persa, a cuatro dólares el kilo; la fruta es prohibitiva y el alquiler en un apartamento de 70 metros cuadrados en un vecindario normal es de 1.500 dólares. Hay gente que compra carne a plazos», enumera.
Gran inflación
Y es que la inflación de los precios de los alimentos superó el 131% y la inflación interanual hasta el 84%, más del doble que enero. El bloqueo afectó a las importaciones y unos 3.000 contenedores con destino a Irán se han estado acumulando en puertos paquistaníes desde mediados de abril. Además, los ataques contra la infraestructura energética ya habían provocado el racionamiento de combustible. Incluso las autoridades iraníes instaron a la población a ahorrar combustible, electricidad y agua, lo que indicaba que la crisis económica se estaba extendiendo desde las terminales petroleras y las fábricas hasta la vida cotidiana.
Otro dato preocupante lo dio el viceministro de Trabajo, Gholam-Hossein Mohammadi, cuando declaró que cerca de dos millones de personas habían perdido sus trabajos, lo que representa el 7% de la fuerza laboral.
Una situación insostenible y que para Alex Vatanka, investigador principal del Instituto de Oriente Próximo en Washington, tenía más riesgo para el régimen de los ayatolás que incluso los riesgos que podrían encontrarse en el campo de batalla. «Los líderes iraníes entienden que el tiempo no está necesariamente de su lado… su cálculo parece ser que el diálogo, incluso un diálogo limitado, es preferible a entrar en un periodo indefinido de desgaste económico e incertidumbre que podría debilitar gradualmente su capacidad para gobernar en el país y proyectar influencia en el extranjero», explicaba a Reuters.
Con este panorama, los anuncios de grandes cifras que pueden llegar a las arcas iraníes no parecen paliar las necesidades del pueblo iraní. «Sabemos que el dinero congelado que se va a entregar acabará directamente en los bolsillos de las fuerzas aliadas del régimen, y no solo no mejorará la situación de la población, sino que aumentará la inseguridad en todo Oriente Próximo», se queja una vecina de Isfahán.
«Sabemos que el dinero congelado que se va a entregar acabará directamente en los bolsillos de las fuerzas aliadas del régimen»
Alex Vatanka
Analista
No parece ir mal encaminada. Durante años, la Guardia Revolucionaria iraní prosperó a la sombra de las sanciones, construyendo un extenso imperio comercial que abarca desde el petróleo, la construcción hasta el transporte marítimo, las telecomunicaciones y los puertos.
Gran parte de la industria pertenece a la Guardia Revolucionaria, por lo que una inversión a gran escala implicaría el levantamiento de las sanciones contra la facción más intransigente y poderosa del régimen.
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