Muere a los 81 años Robert Mueller, el exdirector del FBI que investigó a Trump por la injerencia rusa

Robert Mueller, una de las figuras más decisivas del aparato judicial y de inteligencia de Estados Unidos en las últimas décadas y convertido con los años en una verdadera bestia negra para Donald Trump, murió el viernes 20 de marzo a los 81 años . El presidente le despidió con estas palabras: «Bien, me alegro de que esté muerto. Ya no puede hacer daño a personas inocentes». Padecía Parkinson desde 2021.Mueller transformó el FBI tras el 11-S en una agencia volcada en la prevención del terrorismo y, años después, encarnó la investigación más delicada sobre Trump durante su primer mandato, al dirigir la pesquisa sobre los contactos entre su campaña y Rusia y dejar documentados los intentos del entonces presidente de controlar o frenar esa investigación.Frente a Trump, Mueller representó durante años la imagen de una institucionalidad sobria, silenciosa y resistente , convertida para sus detractores del presidente en símbolo de escrutinio legal y para el propio Trump en uno de los rostros más detestados del así llamado «Estado profundo».Noticia relacionada general No No Trump amenaza con recurrir a agentes del ICE para la seguridad en los aeropuertos ABC Dirigió el FBI durante 12 años, desde 2001 hasta 2013, y fue el segundo director con más tiempo en el cargo, solo por detrás del mítico J. Edgar Hoover. Bajo su mando, y como parte de esa gran reconversión tras los atentados del 11 de septiembre, el FBI reasignó 2.000 de sus 5.000 agentes dedicados a programas criminales hacia funciones de seguridad nacional.Fue nominado por George W. Bush y permaneció en el cargo dos años más por petición de Barack Obama y con aprobación del Congreso. Más tarde, como fiscal especial, presentó cargos criminales contra seis personas vinculadas al entorno de Trump, entre ellas su jefe de campaña y su primer consejero de seguridad nacional.Fue el autor de la pesquisa de la trama rusa, pero su conclusión no dejó contento a nadie porque no cerró el caso de forma rotunda en ninguno de los dos sentidos: no acusó a Trump de conspiración criminal con Rusia, lo que frustró a sus detractores, pero tampoco lo exoneró con claridad de obstrucción a la justicia, porque dejó descritos intentos del presidente de frenar o controlar la investigación y escribió que, si hubiera podido afirmar que no cometió ese delito, lo habría dicho.Ese punto intermedio, jurídicamente muy calculado y políticamente explosivo, permitió que cada bando leyera el informe a su conveniencia. Sí terminó, sin embargo, con condenas y declaraciones de culpabilidad de varias figuras del entorno de Trump, entre ellas Paul Manafort, Michael Flynn, George Papadopoulos, Rick Gates y Roger Stone, por delitos que incluyeron fraude, falso testimonio, obstrucción y mentiras al FBI o al Congreso.Su informe, de 448 páginas y publicado en abril de 2019, documentó contactos sustanciales entre la campaña de Trump y Rusia, pero no sostuvo que hubiera existido conspiración criminal. También expuso intentos de Trump de controlar o frenar la investigación, aunque Mueller evitó decidir de forma concluyente si el entonces presidente había cometido obstrucción a la justicia.El fiscal general William Barr concluyó por su cuenta que Trump no había obstruido la justicia. Mueller discrepó en privado con la carta de cuatro páginas difundida por Barr porque consideraba que no reflejaba adecuadamente las conclusiones de su informe. Cuando compareció ante el Congreso para defender su trabajo, su testimonio fue breve, seco y por momentos dubitativo, muy lejos de la expectativa que había generado en Washington.Antes de eso, ya había protagonizado una honda polémica por la transformación radical del FBI en plena expansión del terror yihadista en Occidente. Durante su etapa al frente de la agencia, el FBI recibió amplios nuevos poderes de vigilancia y seguridad nacional tras el 11-S. El inspector general del Departamento de Justicia concluyó que el Bureau había burlado la ley para obtener miles de registros telefónicos en investigaciones relacionadas con terrorismo.Mueller decidió además que el FBI no participaría en técnicas abusivas de interrogatorio a sospechosos de terrorismo, aunque esa política no se transmitió de forma eficaz durante casi dos años. También supervisó casos criminales de enorme impacto público, entre ellos el de Bernie Madoff, uno de los mayores fraudes financieros de la historia de Estados Unidos, con un esquema piramidal que arruinó a miles de inversores y provocó pérdidas de decenas de miles de millones de dólares.Como director del FBI, Mueller supervisaba las investigaciones más relevantes del país, y el caso Madoff se convirtió en un símbolo de la persecución del crimen financiero a gran escala en plena crisis económica. Aunque el FBI bajo su mando concentró gran parte de su energía en el terrorismo tras el 11-S, mantuvo también un papel central en casos complejos de fraude y delitos financieros de enorme repercusión.Antes de dirigir el FBI, fue fiscal federal y jefe de la división criminal del Departamento de Justicia, donde supervisó casos contra Manuel Noriega y John Gotti, dos de los procesos penales más emblemáticos del final del siglo XX en Estados Unidos. El caso contra Noriega implicaba a un jefe de Estado acusado de narcotráfico y blanqueo de dinero, con una dimensión internacional y geopolítica evidente. El de Gotti, jefe de la mafia neoyorquina, simbolizaba la ofensiva federal contra el crimen organizado tradicional.Sirvió como oficial de los Marines en Vietnam durante tres años y recibió una Bronze Star, una Purple Heart y dos Navy Commendation Medals. Había nacido en Nueva York, creció en un suburbio de Filadelfia, estudió en Princeton, obtuvo un máster en la Universidad de Nueva York y se licenció en Derecho en la Universidad de Virginia. Robert Mueller, una de las figuras más decisivas del aparato judicial y de inteligencia de Estados Unidos en las últimas décadas y convertido con los años en una verdadera bestia negra para Donald Trump, murió el viernes 20 de marzo a los 81 años . El presidente le despidió con estas palabras: «Bien, me alegro de que esté muerto. Ya no puede hacer daño a personas inocentes». Padecía Parkinson desde 2021.Mueller transformó el FBI tras el 11-S en una agencia volcada en la prevención del terrorismo y, años después, encarnó la investigación más delicada sobre Trump durante su primer mandato, al dirigir la pesquisa sobre los contactos entre su campaña y Rusia y dejar documentados los intentos del entonces presidente de controlar o frenar esa investigación.Frente a Trump, Mueller representó durante años la imagen de una institucionalidad sobria, silenciosa y resistente , convertida para sus detractores del presidente en símbolo de escrutinio legal y para el propio Trump en uno de los rostros más detestados del así llamado «Estado profundo».Noticia relacionada general No No Trump amenaza con recurrir a agentes del ICE para la seguridad en los aeropuertos ABC Dirigió el FBI durante 12 años, desde 2001 hasta 2013, y fue el segundo director con más tiempo en el cargo, solo por detrás del mítico J. Edgar Hoover. Bajo su mando, y como parte de esa gran reconversión tras los atentados del 11 de septiembre, el FBI reasignó 2.000 de sus 5.000 agentes dedicados a programas criminales hacia funciones de seguridad nacional.Fue nominado por George W. Bush y permaneció en el cargo dos años más por petición de Barack Obama y con aprobación del Congreso. Más tarde, como fiscal especial, presentó cargos criminales contra seis personas vinculadas al entorno de Trump, entre ellas su jefe de campaña y su primer consejero de seguridad nacional.Fue el autor de la pesquisa de la trama rusa, pero su conclusión no dejó contento a nadie porque no cerró el caso de forma rotunda en ninguno de los dos sentidos: no acusó a Trump de conspiración criminal con Rusia, lo que frustró a sus detractores, pero tampoco lo exoneró con claridad de obstrucción a la justicia, porque dejó descritos intentos del presidente de frenar o controlar la investigación y escribió que, si hubiera podido afirmar que no cometió ese delito, lo habría dicho.Ese punto intermedio, jurídicamente muy calculado y políticamente explosivo, permitió que cada bando leyera el informe a su conveniencia. Sí terminó, sin embargo, con condenas y declaraciones de culpabilidad de varias figuras del entorno de Trump, entre ellas Paul Manafort, Michael Flynn, George Papadopoulos, Rick Gates y Roger Stone, por delitos que incluyeron fraude, falso testimonio, obstrucción y mentiras al FBI o al Congreso.Su informe, de 448 páginas y publicado en abril de 2019, documentó contactos sustanciales entre la campaña de Trump y Rusia, pero no sostuvo que hubiera existido conspiración criminal. También expuso intentos de Trump de controlar o frenar la investigación, aunque Mueller evitó decidir de forma concluyente si el entonces presidente había cometido obstrucción a la justicia.El fiscal general William Barr concluyó por su cuenta que Trump no había obstruido la justicia. Mueller discrepó en privado con la carta de cuatro páginas difundida por Barr porque consideraba que no reflejaba adecuadamente las conclusiones de su informe. Cuando compareció ante el Congreso para defender su trabajo, su testimonio fue breve, seco y por momentos dubitativo, muy lejos de la expectativa que había generado en Washington.Antes de eso, ya había protagonizado una honda polémica por la transformación radical del FBI en plena expansión del terror yihadista en Occidente. Durante su etapa al frente de la agencia, el FBI recibió amplios nuevos poderes de vigilancia y seguridad nacional tras el 11-S. El inspector general del Departamento de Justicia concluyó que el Bureau había burlado la ley para obtener miles de registros telefónicos en investigaciones relacionadas con terrorismo.Mueller decidió además que el FBI no participaría en técnicas abusivas de interrogatorio a sospechosos de terrorismo, aunque esa política no se transmitió de forma eficaz durante casi dos años. También supervisó casos criminales de enorme impacto público, entre ellos el de Bernie Madoff, uno de los mayores fraudes financieros de la historia de Estados Unidos, con un esquema piramidal que arruinó a miles de inversores y provocó pérdidas de decenas de miles de millones de dólares.Como director del FBI, Mueller supervisaba las investigaciones más relevantes del país, y el caso Madoff se convirtió en un símbolo de la persecución del crimen financiero a gran escala en plena crisis económica. Aunque el FBI bajo su mando concentró gran parte de su energía en el terrorismo tras el 11-S, mantuvo también un papel central en casos complejos de fraude y delitos financieros de enorme repercusión.Antes de dirigir el FBI, fue fiscal federal y jefe de la división criminal del Departamento de Justicia, donde supervisó casos contra Manuel Noriega y John Gotti, dos de los procesos penales más emblemáticos del final del siglo XX en Estados Unidos. El caso contra Noriega implicaba a un jefe de Estado acusado de narcotráfico y blanqueo de dinero, con una dimensión internacional y geopolítica evidente. El de Gotti, jefe de la mafia neoyorquina, simbolizaba la ofensiva federal contra el crimen organizado tradicional.Sirvió como oficial de los Marines en Vietnam durante tres años y recibió una Bronze Star, una Purple Heart y dos Navy Commendation Medals. Había nacido en Nueva York, creció en un suburbio de Filadelfia, estudió en Princeton, obtuvo un máster en la Universidad de Nueva York y se licenció en Derecho en la Universidad de Virginia.  

Robert Mueller, el inflexible exdirector del FBI que documentó la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016 y sus contactos con la campaña de Donald Trump, pero que optó por no presentar cargos penales contra un presidente en ejercicio, ha fallecido a los … 81 años, según informa Reuters, que cita medios internacionales.

 RSS de noticias de internacional

Noticias Relacionadas