La suspensión de este tratamiento se basa en la evidencia «muy débil» que existía para determinar si beneficiaba o perjudicaba a los menores.
Más información: Las operaciones de cambio de sexo en menores, en entredicho: los cirujanos de EEUU piden evitarlas hasta los 19 años La suspensión de este tratamiento se basa en la evidencia «muy débil» que existía para determinar si beneficiaba o perjudicaba a los menores.
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Las claves
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En 2024, Reino Unido fue uno de los primeros países en dar un giro significativo en su política sanitaria respecto a los bloqueadores de la pubertad en menores, prohibiendo su prescripción para el tratamiento de la disforia de género.
Ahora, el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) ha decidido dar marcha atrás, de nuevo, para restringir en este caso el uso de hormonas a los menores de 16 y 17 años que no se identifican con el sexo asignado al nacimiento.
El origen de esta decisión se remonta al informe elaborado por la pediatra retirada Hilary Cass. Tras su publicación final en 2024, el NHS encargó 10 revisiones independientes sobre distintos aspectos del tratamiento con hormonas cruzadas.
Los trabajos confirmaron que la evidencia era «muy débil» para determinar si el tratamiento beneficiaba o perjudicaba a los menores que cuestionan su identidad de género. La medida se someterá a consulta pública para comprobar si se ha pasado por alto alguna prueba.
Una organización en defensa de las personas trans del país ya ha confirmado que considerará emprender acciones legales por esta medida. En el comunicado emitido consideran que es «otro acto incuestionable de discriminación contra la atención sanitaria de los jóvenes transgénero».
Debate de «posturas extremas»
La aplicación de hormonas cruzadas (estrógenos para las chicas transexuales y testosterona para los chicos transexuales) es el paso posterior al tratamiento con bloqueadores de la pubertad, que se suele dar entre los 10 y los 16 años.
Al contrario de lo que sucede con estos últimos, los tratamientos con hormonas cruzadas dan lugar a cambios que son irreversibles, como el crecimiento de vello facial, el engrosamiento de la voz o la interrupción de la menstruación.
Por ello, como apunta a EL ESPAÑOL el coordinador de la Unidad de Identidad de Género del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia, Marcelino Gómez Balaguer, es un tema muy polémico que reabre un debate entre dos posturas extremas.
Hasta el momento es muy difícil hallar evidencia clínica sobre el uso de este tratamiento porque no ha habido ninguna investigación que cumpla con rigor los criterios para otorgarle una validez científica, que haya analizado cuáles son los efectos a largo plazo.
«Habría que preguntarse por qué no existen este tipo de trabajos tras más de 30 años de asistencia transafirmativa en los países occidentales», comenta Gómez Balaguer, quien también es coordinador del Grupo Gónada, Identidad y Diferenciación Sexual (Gidseen) de la SEEN.
No comprende que esta investigación, «que hubiera sido necesaria», no haya recibido el interés oportuno por parte de instituciones públicas ni privadas. Ante esta falta de evidencia, cabe decir que tampoco hay datos en contra sobre los beneficios que algunas personas pueden obtener.
En ausencia de una medicina basada en la evidencia, el trabajo que se está llevando a cabo se basa en la experiencia: «Es indudable que muchos adolescentes trans se han beneficiado claramente de este tipo de intervenciones farmacológicas. No se puede negar».
Esto no ha impedido que se haya hecho «un uso indiscriminado de este tipo de fármacos, dispensándose fuera de equipos multidisciplinares de profesionales», lo que ha ocasionado más inconvenientes que los que se intentaban solucionar.
La situación en España
En España, la actual legislación permite a los menores de entre 16 y 18 años someterse al tratamiento de hormonas cruzadas sin el consentimiento de sus tutores legales, a diferencia de lo que ocurre para los menores de 16.
Antes de iniciar el tratamiento hormonal cruzado, la normativa exige que el menor haya recibido apoyo de profesionales de salud mental infanto-juvenil durante todo el proceso. Si existiera comorbilidad, es imprescindible un informe favorable del profesional que le esté tratando.
Para Gómez Balaguer, la solución no pasa por la prohibición, sino por potenciar los equipos multidisciplinares de profesionales que valoren la necesidad de realizar este tipo de actuaciones, y siempre, considerando que la pubertad no es una enfermedad.
Por su parte, el director médico nacional de Servicios Especializados del NHS, James Palmer, entiende que el NHS ha actuado con «extrema cautela» a la hora de considerar la posibilidad de comenzar este tratamiento en jóvenes.
También cree que las revisiones han sido «excepcionalmente exhaustivas y complejas», estableciendo que las pruebas disponibles no respaldan el uso continuado de hormonas para tratar a jóvenes menores de 18 años con disforia de género.
Esta medida sólo se aplica al NHS, y no a los médicos que ejercen en el ámbito privado. El inconveniente es que sólo hay una clínica de género registrada en el organismo regulador del Reino Unido.
En este centro opinan que la interpretación que hace el servicio de salud inglés contrasta con la de todos los organismos expertos de prestigio en el ámbito de la atención sanitaria transgénero, según han declarado a la BBC.
Desde el NHS han reconocido que este cambio afectará a un número reducido de adolescentes. Aquellos a los que ya se les ha prescrito sí que seguirán recibiéndolas, aunque se les ha pedido a sus médicos que revisen su tratamiento.
Si lleva un tiempo en tratamiento con hormonas cruzadas, determinados cambios físicos ya no desaparecen al interrumpir la medicación; en cambio, hay otros efectos que sí que pueden ser reversibles.
A ello se le suma el impacto psicológico que puede tener la retirada del tratamiento en el caso de que el joven deseara continuar con él pero su médico no lo vea así.
Algunos estudios han advertido que los jóvenes trans que deseaban tratamiento hormonal y no lo terminaron recibiendo presentaban un riesgo significativamente mayor de ideación suicida a lo largo de su vida.
El Español – Salud
