Un reciente estudio sugiere que la exposición prolongada a altas temperaturas aumenta la edad biológica de forma comparable al consumo de tabaco.
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La serie histórica de olas de calor de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) arranca en 1975. Desde aquel año hasta 1985, hubo nueve. En la última década, ya se han registrado 32 olas de calor.
Los episodios de calor no solo han aumentado en su frecuencia, sino que también son cada vez más largos y más intensos. Esta exposición prolongada a las altas temperaturas tiene un impacto en cómo envejecemos.
Y es que según un estudio, publicado este lunes en la revista Nature Climate Change, las olas de calor aumentan la edad biológica de una persona.
La biológica no tiene por qué coincidir con la edad cronológica. En esta última nos referimos al tiempo que ha pasado desde la fecha de nacimiento.
La primera, en cambio, es un proceso más difícil de medir, puesto que se tiene en cuenta el envejecimiento de las células y los tejidos.
«Es posible incluso que el organismo de un mismo individuo haya envejecido a ritmos diferentes», señala a EL ESPAÑOL Alejo Rodríguez-Fraticelli, investigador del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona.
33 días más ‘viejo’
Anteriores estudios ya habían demostrado que las olas de calor causan picos de mortalidad prematura a corto plazo. Pero esta investigación es una de las primeras que evalúa los efectos a largo plazo.
Para ello, se ha analizado el estado de salud de casi 25.000 adultos de Taiwán durante 15 años. En este periodo, el país asiático sufrió alrededor de 30 olas de calor.
Los investigadores utilizaron los datos de varios exámenes médicos; entre ellos, pruebas de la función hepática, pulmonar y renal, la presión arterial y la inflamación, para calcular la edad biológica.
La compararon con la temperatura acumulada a la que probablemente habían estado expuestos en los dos años anteriores a su última visita médica.
Los resultados demostraron que cuanto más calor extremo experimentaban, más envejecían: por cada 1,3 ºC a los que se exponían, se añadía a su reloj biológico entre 0,023 y 0,031 años de media.
Esto significa que si en dos años habían estado expuestos a cuatro días más de olas de calor, su edad biológica había aumentado en unos nueve días.
El impacto en las personas que realizaban trabajos manuales fue mayor, ya que suelen pasar más tiempo al aire libre. En este caso, su edad biológica aumentó hasta 33 días.
Aunque parezca un incremento pequeño, los autores recuerdan que se produjo en un periodo de sólo dos años.
«Si la exposición a las olas de calor se acumula durante varias décadas, el impacto sobre la salud será mucho mayor de lo que hemos señalado», apunta Cui Guo, profesor adjunto de la Universidad de Hong Kong y quien ha dirigido el estudio.
La edad media de los participantes era de unos 46 años. Es probable que el impacto hubiera sido mayor de haber incluido población de edades más avanzadas, quienes son más vulnerables al calor.
Daños en el ADN
Guo considera que el impacto que tiene la exposición prolongada a las olas de calor es comparable a los daños que pueden causar en la salud el tabaquismo, el consumo de alcohol o la falta de ejercicio físico.
Su investigación no es la primera que demuestra que el calor te hace envejecer un poco más rápido de lo normal.
Un estudio, publicado en 2023, descubrió que las temperaturas más extremas se asocian con más marcadores epigenéticos del envejecimiento.
A una conclusión parecida llegó otro trabajo en el que los más de 3.600 participantes envejecían prematuramente debido al calor extremo.
Una investigación más reciente, publicada en Science Advances, también constató que la exposición a temperaturas altas a largo plazo incrementa la edad biológica más de dos años.
Aún se desconoce con exactitud por qué las altas temperaturas prolongadas provocan que el envejecimiento sea más rápido. Una de las posibles causas son los daños que se producen en el ADN.
Como explica Rodríguez-Fraticelli, a día de hoy se sabe ya que la edad biológica responde a los cambios en la metilación del ADN.
Lo que sucede con esta modificación química del ADN es que va cambiando a medida que vamos envejeciendo.
La metilación que se utiliza para los ‘relojes epigenéticos‘ está muy relacionada con la oxidación y el daño que se produce en el ADN.
«Solamente con vivir el ADN se va dañando«. Es posible, no obstante, que este daño se acelere con la exposición prolongada a las olas de calor.
Los episodios de calor extremo se asocian con procesos de inflamación excesiva, los cuales se relacionan, a su vez, con una mayor oxidación y un envejecimiento acelerado.
Una población más acondicionada
Pese a que las olas de calor son cada vez más frecuentes, la población también está tomando medidas para intentar que la exposición sea lo menos dañina posible.
En el estudio que encabeza este artículo, de hecho, el efecto nocivo de las olas de calor disminuyó con el tiempo, aunque seguía siendo significativo.
Esto sugiere que la ciudadanía está buscando formas de hacer frente a las altas temperaturas, ya sea pasando más tiempo a la sombra o utilizando el aire acondicionado.
Además de evitar la exposición prolongada al calor, también se espera que haya nuevas terapias con las que retrasar el envejecimiento.
El propio Rodríguez-Fraticelli participó en un estudio, publicado en Nature, cuyo principal hallazgo (haber identificado huellas en el código genético que guardan relación con el envejecimiento sanguíneo) podría allanar este camino.
El investigador asegura que en los próximos 10 años llegarán importantes avances con los que se podrán retrasar los relojes epigenéticos.
elespanol – Salud