Si te gustó la maternidad, la menopausia te va a encantar

“Te miras en el espejo y dices: ¿quién coño es esa señora?” explica una mujer con menopausia.

Vale que te engañen con que la maternidad será maravillosa: aquellos familiares que te visitan en el hospital con hijos adolescentes y ocultan ese infierno que te llegará un día mientras te sonríen, todo irá bien. Pase que te cuelen que la conciliación entre el trabajo y la familia es algo posible, que funciona bien. Pero ya es el colmo que intenten convencerte de que la menopausia es una etapa esplendorosa. Hasta aquí. Esta crónica quiere reflejar las voces de mujeres que se han visto sorprendidas por esta fase de la vida, de la que poco o nada te cuentan. Y el título se inspira, directamente se roba, de uno de los cuentos de Irvin Welsh, Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo. Pues eso: bienvenida a la menopausia, anunciado por tu algoritmo.

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 Mujeres reflexionan sobre esta etapa vital: sofocos, ansiedad y niebla  

Vale que te engañen con que la maternidad será maravillosa: aquellos familiares que te visitan en el hospital con hijos adolescentes y ocultan ese infierno que te llegará un día mientras te sonríen, todo irá bien. Pase que te cuelen que la conciliación entre el trabajo y la familia es algo posible, que funciona bien. Pero ya es el colmo que intenten convencerte de que la menopausia es una etapa esplendorosa. Hasta aquí. Esta crónica quiere reflejar las voces de mujeres que se han visto sorprendidas por esta fase de la vida, de la que poco o nada te cuentan. Y el título se inspira, directamente se roba, de uno de los cuentos de Irvin Welsh, Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo. Pues eso: bienvenida a la menopausia, anunciado por tu algoritmo.

“Sufro a menudo la niebla mental, estás como de resaca, lenta, te cuesta procesar las cosas, te despistas. Ahora llevo papelitos por todos lados porque soy capaz de olvidarme de mi apellido. Son cosas absurdas. Muy raro. Y luego están los cambios de humor, un día estás muy blandita y otros días serías capaz de invadir Israel de la mala hostia que te llega. Hay días que yo misma me caigo fatal. Y el tema top: hormona sí, hormona no. Ya toca que las parejas entiendan por dónde estamos transitando”, explica Laura con todo lujo de detalles. Menopáusica declarada, igual que declara que no puede más y que no tiene claro el camino a seguir.

Además de los síntomas como irritabilidad, cansancio, insomnio, sofoco y sequedad vaginal, la ginecóloga Silvia P. González, presidenta de Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, cuenta que en consulta ve mucho niebla mental y trastornos del deseo. “Hay un 15% de mujeres que tienen la suerte de no tener ni un solo síntoma en menopausia. Otras los tienen leves. Pero un 25% tienen síntomas intensos que afectan su calidad de vida personal, familiar, social y laboral. Venían a las consultas con un miedo atroz, pero decididas: ‘Da igual, yo no puedo vivir así, dame algo”.

“La maternidad ha sido un paseo comparado con la menopausia. Es otra liga, tengo 51 años y hace seis entré en menopausia, pero los últimos tres han sido demoledores. Lo peor es la parte emocional, es como vivir una montaña rusa emocional y no he comprado la entrada. Y luego está la ansiedad sin motivo”, reconoce Marta. ¿Y el cuerpo? “Haciendo pilates, contando calorías, comiendo bien… Te miras en el espejo y dices: ¿quién coño es esa señora?”. Marta se libra de los sofocos, reconoce, y duerme sus ocho horas. “En definitiva, nadie te prepara para esto y cuando llegas, dices: perdón, ¿nadie pensó en avisarnos? Porque vaya festival…”.

“Ya estoy menopáusica oficialmente. Cosas que me pasan, por ejemplo, cada noche tengo que levantarme como mínimo una vez para ir al baño. Antes, jamás. Sufro sudores bestiales. Dolores en las articulaciones: al levantarme, los primeros 20 pasos son como de una abuela. Y lo peor: se me van las cosas, no tengo retentiva. Estoy hablando, pero si me cortas, ya no sé qué te estaba diciendo. Es una mierda, y tienes que elegir entre hormonas o cosas naturales. Estamos abandonadas en este sentido, tienen que investigar más, pero, tradicionalmente, como es una cosa de mujeres, no ha interesado”, explica Eva, enganchada a todas las historias que le saltan en Instagram. Un verdadero ejército de influencers que te cuentan cómo vivir lo que te está pasando. Aunque como en todo, se crean bandos. Pasó con la lactancia, con las técnicas de sueño de los bebés, y también pasa con la menopausia. No todo el mundo lo ve tan mal. Dice Anna Freixas, psicóloga, que hay “un pánico cultural que se transmite a las mujeres. Y este pánico cultural es la madre de todas las polémicas y de todo el temor con que las chicas se acercan a la menopausia”.

¿Somos invisibles? “Históricamente ha sido así, pero en los últimos años está cambiando la tendencia. El problema no es que haya poca información, sino que hay que filtrar si es de calidad y ver de qué fuentes proviene. Estamos intoxicadas. Las mujeres deben saber que las sociedades científicas tenemos contenidos específicos para ellas, que difundimos por redes y que, por favor, filtre bien”, explica la presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia.

Y así, cuando la literatura barata dice que entras en una de las grandes épocas de la vida, un día te encuentras en una boda a la chica más atlética de la clase de sexto abanicándose con tanta fuerza que casi te da un manotazo. Al menos, ella lo reconoce sin reparos. Otras mujeres prefieren fingir que no han entrado en esta galaxia, igual que años atrás sostenían que sus hijos eran los únicos del colegio que no tenían piojos. “¿Menopausia? No sé lo que es”, asegura una de las que lo niegan todo, mientras suda como si estuviera corriendo un maratón.

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