Suma cero

En la nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China , la carrera por el predominio en la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una fuente de riesgos globales. Las dos superpotencias no están dispuestas a introducir normas suficientes para proteger los derechos individuales y tampoco quieren pactar entre ellas unos mínimos que les permita contribuir a la seguridad global. Entienden que el primero que se pare a civilizar el progreso tecnológico se quedará atrás y perderá en la rivalidad existencial con el otro. Los modelos de gobernanza de la IA de los dos contendientes son bien distintos: Estados Unidos lo fía todo a un nuevo ‘Proyecto Manhattan’, ser el primero en conseguir, con escasas reglas y una inversión ilimitada, los máximos rendimientos y los modelos más avanzados, que después monetizaría al exportarlos al resto del mundo.China va por detrás, pero cada día da pasos nuevos asombrosos . Sus modelos están sujetos a un control político férreo de contenidos, propio de una dictadura, y fían su éxito a la difusión rápida y barata o inicialmente gratis de sus avances.Por ahora existe un cierto equilibrio, basado en ‘puntos de estrangulamiento’ , que algunos, inspirándose en las categorías de la primera Guerra Fría, califican de disrupción mutua asegurada. Estados Unidos tiene ventaja sobre los semiconductores más avanzados, gracias a sus grandes empresas tecnológicas, a las que hay que sumar el papel imprescindible de la holandesa ASML y la taiwanesa TSMC . Washington también utiliza su influencia sobre el sistema financiero internacional. China, por su parte, utiliza como ‘punto de estrangulamiento’ su control sobre la minería y el comercio de tierras raras , mientras se afana por reducir su dependencia de semiconductores importados. Por desgracia, ante una revolución tecnológica que cambia casi todo y trae consigo enormes oportunidades, la mentalidad de sus dos principales protagonistas es la de estar inmersos en un juego de suma cero, en el que para que haya un ganador el otro tiene que perder. En la nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China , la carrera por el predominio en la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una fuente de riesgos globales. Las dos superpotencias no están dispuestas a introducir normas suficientes para proteger los derechos individuales y tampoco quieren pactar entre ellas unos mínimos que les permita contribuir a la seguridad global. Entienden que el primero que se pare a civilizar el progreso tecnológico se quedará atrás y perderá en la rivalidad existencial con el otro. Los modelos de gobernanza de la IA de los dos contendientes son bien distintos: Estados Unidos lo fía todo a un nuevo ‘Proyecto Manhattan’, ser el primero en conseguir, con escasas reglas y una inversión ilimitada, los máximos rendimientos y los modelos más avanzados, que después monetizaría al exportarlos al resto del mundo.China va por detrás, pero cada día da pasos nuevos asombrosos . Sus modelos están sujetos a un control político férreo de contenidos, propio de una dictadura, y fían su éxito a la difusión rápida y barata o inicialmente gratis de sus avances.Por ahora existe un cierto equilibrio, basado en ‘puntos de estrangulamiento’ , que algunos, inspirándose en las categorías de la primera Guerra Fría, califican de disrupción mutua asegurada. Estados Unidos tiene ventaja sobre los semiconductores más avanzados, gracias a sus grandes empresas tecnológicas, a las que hay que sumar el papel imprescindible de la holandesa ASML y la taiwanesa TSMC . Washington también utiliza su influencia sobre el sistema financiero internacional. China, por su parte, utiliza como ‘punto de estrangulamiento’ su control sobre la minería y el comercio de tierras raras , mientras se afana por reducir su dependencia de semiconductores importados. Por desgracia, ante una revolución tecnológica que cambia casi todo y trae consigo enormes oportunidades, la mentalidad de sus dos principales protagonistas es la de estar inmersos en un juego de suma cero, en el que para que haya un ganador el otro tiene que perder.  

En la nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China, la carrera por el predominio en la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una fuente de riesgos globales. Las dos superpotencias no están dispuestas a introducir normas suficientes para proteger los derechos individuales … y tampoco quieren pactar entre ellas unos mínimos que les permita contribuir a la seguridad global. Entienden que el primero que se pare a civilizar el progreso tecnológico se quedará atrás y perderá en la rivalidad existencial con el otro.

 RSS de noticias de internacional

Noticias Relacionadas