La semana pasada, coincidiendo con los nuevos máximos históricos de la Bolsa española, la prestigiosa sección Lex del ‘Financial Times’ destacaba al Ibex 35 como una clara alternativa a un activo, la renta variable global, en el que el peso de las compañías tecnológicas es enorme. La concentración de los índices globales en un puñado de nombres relacionados, de una u otra manera, con la Inteligencia Artificial no tiene precedentes.A las famosas «Siete Magníficas» estadounidenses, cuyo peso en los índices americanos hemos repasado en varias ocasiones en esta página , hay que sumar otros mercados que comparten el mismo denominador común. La Bolsa coreana, que en las últimas semanas ha dado muchos titulares por sus fuertes caídas tras un arranque de año fulgurante, se reduce prácticamente a dos empresas de semiconductores. En la de Taiwán, que es más de cinco veces mayor que la Bolsa española, una empresa de chips representa cerca de la mitad del índice.Por lo tanto, y en contra de lo que se pueda pensar, como enfatiza la columna del ‘Financial Times’, los índices globales no constituyen actualmente una buena forma de diversificar.Y la Bolsa española constituye una buena alternativa que, además, está funcionando. El peso de las compañías ligadas a la IA es menor y, en los últimos tiempos, lo viene haciendo bien sin que, por el momento, sea noticia. El sesgo del Ibex 35 hacia la economía real y, en particular, hacia los bancos, algo que hasta no hace mucho era su principal lastre, se ha convertido en las circunstancias actuales en su mayor ventaja. Además, el evidente mejor comportamiento de la economía española y sus atractivas valoraciones hacen que destaque entre el resto de mercados europeos.El mensaje de la prestigiosa cabecera financiera es bastante sencillo: en un momento en el que muchas de estas compañías todavía tienen mucho que demostrar, la selectivo español constituye una muy buena alternativa para diversificar las carteras. Los argumentos son los que hemos repasado en muchas ocasiones en esta página. Ahora parece que empiezan a compartirlos también en la mesa de los mayores.Nada de vértigoLos 20.000 puntos del Ibex 35 han provocado en algunos una cierta sensación de vértigo. Y es verdad que la Bolsa española ha tenido un comportamiento muy bueno en los últimos tres años. Pero eso, por sí solo, no quiere decir nada. Lo primero es entender de dónde venimos para poder valorar dónde estamos.Importa recordar que la renta variable española, antes de estos últimos tres años, pasó una larga travesía en el desierto durante la cual, por distintas circunstancias, fue el blanco favorito del mercado. Cualquier excusa era buena para castigar al mercado español.En los últimos años, y aunque algunos –muchos, en realidad– todavía no parecen haberse dado cuenta, la española ha sido una de las bolsas de mercados desarrollados que mejor lo ha hecho. Pero eso no ha sido una carambola ni un regalo divino. Al selectivo nacional no le han regalado nada. En los últimos años, los beneficios de las empresas cotizadas han evolucionado en paralelo al comportamiento del Ibex 35 y el múltiplo que el mercado está pagando actualmente por esos beneficios es razonable, sobre todo cuando entramos en el detalle.No hay razones para sufrir el llamado mal del comprador. Los inversores en Bolsa española, o al menos en una parte de ella, están en el momento correcto y en el lugar adecuado. El binomio riesgo-beneficio, que es lo que debería servir de guía en nuestras decisiones de inversión, difícilmente podría ser más favorable. De hecho, hay pocas cosas como el atractivo de nuestra Bolsa.Como veíamos antes, cada vez lo tienen más claro quienes de verdad mueven el mercado. La pena es que el inversor español, a quien más le escuece perderse esta subida, la está contemplando desde la barrera. Hay muchas razones para confiar en que todavía estamos muy a tiempo de subirnos a una ola que todo indica que nos llevará muy lejos. Confíen.DatosEn los últimos días hemos conocido algunos datos que permiten reflexionar sobre lo que hay detrás del mejor comportamiento de la economía española durante los últimos años. Por las cifras que se van conociendo, todo apunta a que vamos camino de un nuevo récord de visitantes y que este año superaremos los 100 millones, una cifra a la que solo pueden aspirar, además de nosotros, Francia y Estados Unidos.Además, el incremento de los ingresos por turismo está siendo todavía más pronunciado: vienen más visitantes y con más ganas de gastar. Por otra parte, también hemos conocido otro récord: la compra de viviendas por extranjeros. Nunca antes los no residentes habían adquirido tantas casas en España.Estas cifras son el mejor ejemplo del cambio tan profundo que la covid provocó en el comportamiento humano y que claramente ha beneficiado a la economía española. Las ganas de recuperar el tiempo perdido –’carpe diem’– han modificado las prioridades. Toca disfrutar de la vida, y de eso por aquí sabemos bastante. Nunca habíamos recibido tantos visitantes ni con tanta disposición a gastar.Pero este cambio de prioridades no se limita al turismo. También se ha trasladado a la compra de segundas residencias. Cuando el componente emocional se impone al financiero, uno compra esa casa en la costa que sabe perfectamente que no tiene mucho sentido económico. Y tras la pandemia, las emociones pesan más porque somos más conscientes de que estamos aquí de paso.Y eso es particularmente beneficioso para una economía como la española. Por un lado, a los españoles no nos tienen que insistir demasiado para que enterremos una parte importante de nuestros ahorros en ladrillo, aunque sea para disfrutarlo apenas cuatro semanas al año. Y los extranjeros, puestos a hacerlo, en muchos casos prefieren España por razones evidentes. La semana pasada, coincidiendo con los nuevos máximos históricos de la Bolsa española, la prestigiosa sección Lex del ‘Financial Times’ destacaba al Ibex 35 como una clara alternativa a un activo, la renta variable global, en el que el peso de las compañías tecnológicas es enorme. La concentración de los índices globales en un puñado de nombres relacionados, de una u otra manera, con la Inteligencia Artificial no tiene precedentes.A las famosas «Siete Magníficas» estadounidenses, cuyo peso en los índices americanos hemos repasado en varias ocasiones en esta página , hay que sumar otros mercados que comparten el mismo denominador común. La Bolsa coreana, que en las últimas semanas ha dado muchos titulares por sus fuertes caídas tras un arranque de año fulgurante, se reduce prácticamente a dos empresas de semiconductores. En la de Taiwán, que es más de cinco veces mayor que la Bolsa española, una empresa de chips representa cerca de la mitad del índice.Por lo tanto, y en contra de lo que se pueda pensar, como enfatiza la columna del ‘Financial Times’, los índices globales no constituyen actualmente una buena forma de diversificar.Y la Bolsa española constituye una buena alternativa que, además, está funcionando. El peso de las compañías ligadas a la IA es menor y, en los últimos tiempos, lo viene haciendo bien sin que, por el momento, sea noticia. El sesgo del Ibex 35 hacia la economía real y, en particular, hacia los bancos, algo que hasta no hace mucho era su principal lastre, se ha convertido en las circunstancias actuales en su mayor ventaja. Además, el evidente mejor comportamiento de la economía española y sus atractivas valoraciones hacen que destaque entre el resto de mercados europeos.El mensaje de la prestigiosa cabecera financiera es bastante sencillo: en un momento en el que muchas de estas compañías todavía tienen mucho que demostrar, la selectivo español constituye una muy buena alternativa para diversificar las carteras. Los argumentos son los que hemos repasado en muchas ocasiones en esta página. Ahora parece que empiezan a compartirlos también en la mesa de los mayores.Nada de vértigoLos 20.000 puntos del Ibex 35 han provocado en algunos una cierta sensación de vértigo. Y es verdad que la Bolsa española ha tenido un comportamiento muy bueno en los últimos tres años. Pero eso, por sí solo, no quiere decir nada. Lo primero es entender de dónde venimos para poder valorar dónde estamos.Importa recordar que la renta variable española, antes de estos últimos tres años, pasó una larga travesía en el desierto durante la cual, por distintas circunstancias, fue el blanco favorito del mercado. Cualquier excusa era buena para castigar al mercado español.En los últimos años, y aunque algunos –muchos, en realidad– todavía no parecen haberse dado cuenta, la española ha sido una de las bolsas de mercados desarrollados que mejor lo ha hecho. Pero eso no ha sido una carambola ni un regalo divino. Al selectivo nacional no le han regalado nada. En los últimos años, los beneficios de las empresas cotizadas han evolucionado en paralelo al comportamiento del Ibex 35 y el múltiplo que el mercado está pagando actualmente por esos beneficios es razonable, sobre todo cuando entramos en el detalle.No hay razones para sufrir el llamado mal del comprador. Los inversores en Bolsa española, o al menos en una parte de ella, están en el momento correcto y en el lugar adecuado. El binomio riesgo-beneficio, que es lo que debería servir de guía en nuestras decisiones de inversión, difícilmente podría ser más favorable. De hecho, hay pocas cosas como el atractivo de nuestra Bolsa.Como veíamos antes, cada vez lo tienen más claro quienes de verdad mueven el mercado. La pena es que el inversor español, a quien más le escuece perderse esta subida, la está contemplando desde la barrera. Hay muchas razones para confiar en que todavía estamos muy a tiempo de subirnos a una ola que todo indica que nos llevará muy lejos. Confíen.DatosEn los últimos días hemos conocido algunos datos que permiten reflexionar sobre lo que hay detrás del mejor comportamiento de la economía española durante los últimos años. Por las cifras que se van conociendo, todo apunta a que vamos camino de un nuevo récord de visitantes y que este año superaremos los 100 millones, una cifra a la que solo pueden aspirar, además de nosotros, Francia y Estados Unidos.Además, el incremento de los ingresos por turismo está siendo todavía más pronunciado: vienen más visitantes y con más ganas de gastar. Por otra parte, también hemos conocido otro récord: la compra de viviendas por extranjeros. Nunca antes los no residentes habían adquirido tantas casas en España.Estas cifras son el mejor ejemplo del cambio tan profundo que la covid provocó en el comportamiento humano y que claramente ha beneficiado a la economía española. Las ganas de recuperar el tiempo perdido –’carpe diem’– han modificado las prioridades. Toca disfrutar de la vida, y de eso por aquí sabemos bastante. Nunca habíamos recibido tantos visitantes ni con tanta disposición a gastar.Pero este cambio de prioridades no se limita al turismo. También se ha trasladado a la compra de segundas residencias. Cuando el componente emocional se impone al financiero, uno compra esa casa en la costa que sabe perfectamente que no tiene mucho sentido económico. Y tras la pandemia, las emociones pesan más porque somos más conscientes de que estamos aquí de paso.Y eso es particularmente beneficioso para una economía como la española. Por un lado, a los españoles no nos tienen que insistir demasiado para que enterremos una parte importante de nuestros ahorros en ladrillo, aunque sea para disfrutarlo apenas cuatro semanas al año. Y los extranjeros, puestos a hacerlo, en muchos casos prefieren España por razones evidentes.
La semana pasada, coincidiendo con los nuevos máximos históricos de la Bolsa española, la prestigiosa sección Lex del ‘Financial Times’ destacaba al Ibex 35 como una clara alternativa a un activo, la renta variable global, en el que el peso de las compañías tecnológicas es … enorme. La concentración de los índices globales en un puñado de nombres relacionados, de una u otra manera, con la Inteligencia Artificial no tiene precedentes.
A las famosas «Siete Magníficas» estadounidenses, cuyo peso en los índices americanos hemos repasado en varias ocasiones en esta página, hay que sumar otros mercados que comparten el mismo denominador común. La Bolsa coreana, que en las últimas semanas ha dado muchos titulares por sus fuertes caídas tras un arranque de año fulgurante, se reduce prácticamente a dos empresas de semiconductores. En la de Taiwán, que es más de cinco veces mayor que la Bolsa española, una empresa de chips representa cerca de la mitad del índice.
Por lo tanto, y en contra de lo que se pueda pensar, como enfatiza la columna del ‘Financial Times’, los índices globales no constituyen actualmente una buena forma de diversificar.
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Y la Bolsa española constituye una buena alternativa que, además, está funcionando. El peso de las compañías ligadas a la IA es menor y, en los últimos tiempos, lo viene haciendo bien sin que, por el momento, sea noticia. El sesgo del Ibex 35 hacia la economía real y, en particular, hacia los bancos, algo que hasta no hace mucho era su principal lastre, se ha convertido en las circunstancias actuales en su mayor ventaja. Además, el evidente mejor comportamiento de la economía española y sus atractivas valoraciones hacen que destaque entre el resto de mercados europeos.
El mensaje de la prestigiosa cabecera financiera es bastante sencillo: en un momento en el que muchas de estas compañías todavía tienen mucho que demostrar, la selectivo español constituye una muy buena alternativa para diversificar las carteras. Los argumentos son los que hemos repasado en muchas ocasiones en esta página. Ahora parece que empiezan a compartirlos también en la mesa de los mayores.
Nada de vértigo
Los 20.000 puntos del Ibex 35 han provocado en algunos una cierta sensación de vértigo. Y es verdad que la Bolsa española ha tenido un comportamiento muy bueno en los últimos tres años. Pero eso, por sí solo, no quiere decir nada. Lo primero es entender de dónde venimos para poder valorar dónde estamos.
Importa recordar que la renta variable española, antes de estos últimos tres años, pasó una larga travesía en el desierto durante la cual, por distintas circunstancias, fue el blanco favorito del mercado. Cualquier excusa era buena para castigar al mercado español.
En los últimos años, y aunque algunos –muchos, en realidad– todavía no parecen haberse dado cuenta, la española ha sido una de las bolsas de mercados desarrollados que mejor lo ha hecho. Pero eso no ha sido una carambola ni un regalo divino. Al selectivo nacional no le han regalado nada. En los últimos años, los beneficios de las empresas cotizadas han evolucionado en paralelo al comportamiento del Ibex 35 y el múltiplo que el mercado está pagando actualmente por esos beneficios es razonable, sobre todo cuando entramos en el detalle.
No hay razones para sufrir el llamado mal del comprador. Los inversores en Bolsa española, o al menos en una parte de ella, están en el momento correcto y en el lugar adecuado. El binomio riesgo-beneficio, que es lo que debería servir de guía en nuestras decisiones de inversión, difícilmente podría ser más favorable. De hecho, hay pocas cosas como el atractivo de nuestra Bolsa.
Como veíamos antes, cada vez lo tienen más claro quienes de verdad mueven el mercado. La pena es que el inversor español, a quien más le escuece perderse esta subida, la está contemplando desde la barrera. Hay muchas razones para confiar en que todavía estamos muy a tiempo de subirnos a una ola que todo indica que nos llevará muy lejos. Confíen.
Datos
En los últimos días hemos conocido algunos datos que permiten reflexionar sobre lo que hay detrás del mejor comportamiento de la economía española durante los últimos años. Por las cifras que se van conociendo, todo apunta a que vamos camino de un nuevo récord de visitantes y que este año superaremos los 100 millones, una cifra a la que solo pueden aspirar, además de nosotros, Francia y Estados Unidos.
Además, el incremento de los ingresos por turismo está siendo todavía más pronunciado: vienen más visitantes y con más ganas de gastar. Por otra parte, también hemos conocido otro récord: la compra de viviendas por extranjeros. Nunca antes los no residentes habían adquirido tantas casas en España.
Estas cifras son el mejor ejemplo del cambio tan profundo que la covid provocó en el comportamiento humano y que claramente ha beneficiado a la economía española. Las ganas de recuperar el tiempo perdido –’carpe diem’– han modificado las prioridades. Toca disfrutar de la vida, y de eso por aquí sabemos bastante. Nunca habíamos recibido tantos visitantes ni con tanta disposición a gastar.
Pero este cambio de prioridades no se limita al turismo. También se ha trasladado a la compra de segundas residencias. Cuando el componente emocional se impone al financiero, uno compra esa casa en la costa que sabe perfectamente que no tiene mucho sentido económico. Y tras la pandemia, las emociones pesan más porque somos más conscientes de que estamos aquí de paso.
Y eso es particularmente beneficioso para una economía como la española. Por un lado, a los españoles no nos tienen que insistir demasiado para que enterremos una parte importante de nuestros ahorros en ladrillo, aunque sea para disfrutarlo apenas cuatro semanas al año. Y los extranjeros, puestos a hacerlo, en muchos casos prefieren España por razones evidentes.
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