La ciencia ha sugerido que lo más importante para perder peso no siempre es tener fuerza de voluntad ni disciplina, sino la evidencia científica.
Más información: Bruno, 61 años, alto y claro sobre la mejor rutina saludable para perder peso en España: «En 7 meses perdí 33 kilos» La ciencia ha sugerido que lo más importante para perder peso no siempre es tener fuerza de voluntad ni disciplina, sino la evidencia científica.
Más información: Bruno, 61 años, alto y claro sobre la mejor rutina saludable para perder peso en España: «En 7 meses perdí 33 kilos»
Perder peso es un objetivo para mucha gente. Según la Academia Española de Nutrición y Dietética, siete de cada 10 personas han probado dietas para perder peso, al menos, una vez en la vida. Junto con ello, cada vez es más frecuente que los gurús y coaches que pueblan las redes sociales, viralicen el mensaje de que perder peso es, sobre todo, una cuestión de fuerza de voluntad y de disciplina.
Sin embargo, estas visiones tan simplistas, pero muy populares, ignoran una compleja red de factores biológicos, genéticos, ambientales y socioeconómicos que influyen en nuestro peso. Para arrojar luz sobre este tema Rachel Woods, profesora titular de Fisiología en la Universidad de Lincoln, ha compartido cinco afirmaciones con las que promover un enfoque más realista sobre la salud y el bienestar.
A pesar de las numerosas políticas de salud, las tasas de obesidad siguen siendo elevadas. Esto sugiere que los enfoques centrados únicamente en la responsabilidad personal no son efectivos. La investigación muestra que la mayoría de las personas que pierden peso lo recuperan. Esto no es un fallo personal, sino una respuesta fisiológica predecible.
Cuando adelgazamos, nuestro cuerpo activa un mecanismo de defensa evolutivo conocido como adaptación metabólica. En este contexto, el metabolismo se ralentiza y hormonas como la grelina, que aumentan el hambre, se disparan. Esto, que en el pasado como cazadores-recolectores garantizaba la supervivencia en tiempos de escasez, hoy, en un entorno de fácil acceso a alimentos ultraprocesados, hace que sea difícil mantener el peso perdido.
La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición explica que hay una base genética en este hecho: «el organismo tiene una mayor resistencia a la pérdida de peso que a la ganancia de peso. Algo tiene que ver la genética: somos los descendientes de las personas que fueron capaces de sobrevivir en épocas de escasez de alimentos, aquellas que aprovechaban mejor la energía de la poca comida».
Fuerza de voluntad
Si bien algunas personas mantienen un peso estable con relativa facilidad, la diferencia no radica solo en la fuerza de voluntad. Según Woods, la genética juega un papel importante, afectando desde la velocidad a la que quemamos calorías hasta la sensación de saciedad. Algunas personas están genéticamente predispuestas a sentir más hambre o a desear alimentos ricos en energía, lo que hace que la pérdida de peso sea un reto aún mayor.
Además, existen factores sociales y ambientales. Un artículo publicado en la revista Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria, señala que la capacidad para elegir alimentos saludables está directamente ligada a las diferencias socioeconómicas y educativas. Los cambios en los patrones de vida urbanos, como las largas jornadas laborales, la falta de tiempo para cocinar y la disponibilidad de alimentos procesados, baratos y ricos en calorías, han modificado los hábitos de alimentación.
Una de las prácticas que más seguimiento ha tenido para perder peso es el de centrarse en contar calorías. Y sí, es cierto que las calorías son importantes. La Fundación Española de Nutrición señala que «lo único que nos engorda son las calorías consumidas de más, procedan de donde procedan, y que no son gastadas por nuestro organismo, almacenándose en forma de grasa». No obstante, es necesario hacer algunas matizaciones.
Según Woods, la realidad es mucho más compleja. Las etiquetas de los alimentos son solo estimaciones y nuestras propias necesidades energéticas varían. Incluso la forma en que el cuerpo absorbe la energía de los alimentos puede ser diferente, dependiendo de cómo se cocinan o de la composición de la flora intestinal.
No todas las calorías son iguales
Además, es importante tener en cuenta otros valores nutricionales. No es igual una caloría de un alimento ultraprocesado repleto de azúcares que una caloría de un alimento natural rico en proteínas y sin azúcar. Por ejemplo, con calorías similares, un huevo cocido y una galleta pueden tener efectos muy distintos en el cuerpo. Mientras que la galleta puede causar un pico de azúcar en sangre, el huevo proporciona una saciedad duradera y valor nutricional.
Por tanto, la especialista defiende que, en lugar de obsesionarse con los números, un enfoque más sostenible es centrarse en cambios a largo plazo, como elegir alimentos integrales y reducir los procesados.
Hacer ejercicio es algo fantástico para la salud. Mantenernos activos mejora nuestro cuerpo y nuestra mente. El problema, según Woods, es que mucha gente asume que más ejercicio significa más peso perdido, pero la ciencia deja claro que no siempre es así. Una de las principales razones es que el cuerpo humano es muy eficiente conservando energía, de modo que si quemamos más, buscará formas para contrarrestarlo
Diversas investigaciones señalan que el cuerpo se ajusta y se vuelve más eficiente, lo que hace que con el tiempo, la pérdida de peso a través del ejercicio sea más difícil de lo esperado. En este sentido, la Fundación Hipercolesterolemia Familiar advierte de que «muchas personas que sacan tiempo para ir al gimnasio, se quejan de no tenerlo para cocinar y probablemente, si pasaran sólo la mitad del tiempo que invierten en el gimnasio en la cocina, conseguirían mejores resultados».
La última afirmación de Woods es que es posible mejorar la salud sin necesidad de adelgazar. Si bien la pérdida de peso puede reducir el riesgo de ciertas enfermedades, estudios demuestran que mejorar la dieta y ser más activo puede mejorar significativamente indicadores de salud como el colesterol, la presión arterial, el azúcar en sangre y la sensibilidad a la insulina, incluso si tu peso se mantiene.
De hecho, según John Scharffenberg, médico de 102 años, estar delgado sirve de poco si no se siguen otros hábitos saludables. «Estar delgado es bueno solo si haces ejercicio, de lo contrario no tiene ninguna ventaja«, afirma el centenario experto en longevidad, en consonancia con lo expuesto por Woods.
Por tanto, en lugar de obsesionarse con la báscula, es más interesante centrarse en el comportamiento: nutrir el cuerpo, moverse con regularidad de forma que se disfrute, dormir bien y manejar el estrés. El peso es solo una pieza del rompecabezas, y la salud es mucho más que eso.
elespanol – Salud